CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Sobre capitalismos y relaciones filiales
Repasar la filmografía de Paul Weitz es algo que en un primer
mo-mento provoca no poco desconcierto. Cuesta creer que películas
como la funesta "American
pie"
—no tanto por la película en sí,
que también, sino por todo lo que trajo consigo el desmesurado
éxito de esta come-dia estudiantil sobre picores adolescentes en
forma de subproductos a cual más deleznable que inundaron
nuestras pantallas en años poste-riores, un hecho que por sí solo
bastaría para odiar eternamente al in-directo responsable del
mismo— y la mucho más lograda e interesan-te "Un
niño grande" —un
retrato bastante amargo en el fondo de la in-madurez masculina—
sean obras que lleven la firma del mismo cine-asta, acompañadas,
eso sí, por su, hasta este último filme, insepara-ble hermano Chris,
con el que había compartido las tareas de direc-ción y guión. Sin
embargo es posible rastrear en ambas películas un cierto interés
por las relaciones poco convencionales que se estable-cen entre
los padres e hijos, ya sean biológicos o sorpresivamente
asumidos como tales, que pueblan ambos filmes. Casi todo el
mundo recuerda de "American pie" a ese entrañable padre
comprensivo y dia-logante que siempre acababa compartiendo con
su hijo las más extra-ñas y surrealistas situaciones, y "Un
niño grande" se articulaba de manera casi exclusiva en la relación
entre ese chaval necesitado de un referente paterno y ese
egoísta Hugh Grant que acababa contra todo pronóstico asumiendo
tal rol.
Desde ese punto de vista, podría de-cirse que "In good company
(Algo más que un jefe)"
guarda cierta coherencia te-mática con su anterior obra, ya que
esta comedia amable ambientada en su ma-yor parte en el mundo
empresarial de hoy en día no es sino otra mirada sobre el mismo
tema, si bien en esta ocasión la cosa tiene el aliciente de que
la relación filial aquí descrita tiene lugar entre el ma-duro
responsable de la publicidad de una conocida revista deportiva y
un joven tre-pa sin muchos escrúpulos que, por aza-res del mercado
y de esas absorciones de empresas por parte de grandes
corporaciones que buscan diversifi-car lo más posible su campo de
actividades, es puesto al frente de di-cha revista y, por lo
tanto, acaba convertido en su jefe. "In good com-pany (Algo más
que un jefe)" se configura
también desde este aspecto (y siempre como telón de fondo del
verdadero tema de la película) como una puesta al día de
aquellas películas que a lo largo de las dos últimas décadas nos
han familiarizado con una forma de hacer negocios que busca el
enriquecimiento a toda costa sin reparar mucho en las
consecuencias que ello tiene para los em-pleados de esas
empresas. Suelen ser los que pagan muy a menudo con sus puestos
de trabajo, conseguidos a lo largo de años de esfuer-zo, el que no
cuadre la cuenta de resultados previstos por gestores que poco o
nada saben del negocio que les ha tocado en suerte dirigir, que
lo mismo podría consistir en vender cereales que teléfonos
móviles en forma de dinosaurio para menores de cinco años. Dicho
de otra forma, "In good company (Algo más que un jefe)" confronta dos formas de entender
el capitalismo —uno, el especulativo, despiadado e inhu-mano en
su afán de conseguir el dinero fácil aunque sea abaratando
costes en forma de sueldos; y otro, el viejo capitalismo
compasivo de toda la vida, quizás anticuado en cuanto a los
méto-dos de trabajo, pe-ro a cambio mucho más preocupado por el
bienestar de los empleados al servicio de la empresa—,
inclinándose el punto de vista de la pelícu-la por la segunda opción, ya que no en vano resulta lo más justo y
co-rrecto.
La película, eso sí, se esfuerza por ofrecer un retrato bastante
completo de los dos personajes sobre cuya relación gira casi
to-do el entramado. Por un lado tenemos a Dan, un
eficaz gestor, gran conocedor de los entresijos de un negocio al
que lleva dedicado la ma-yor parte de su vida y buen padre de
familia, que de la noche a la ma-ñana ve cómo su mundo se
tambalea por tres circunstancias: una, su mujer se queda
inesperadamente embarazada, con lo que tiene que volver a
plantearse un capítulo de su vida, la paternidad, que ya creía
definitivamente cerrado; dos, su hija mayor, a la que le une una
exce-lente relación, se va a la costosa universidad de Nueva York,
lo que supone por un lado el consabido esfuerzo económico y por
otro asumir su marcha del núcleo familiar; y tres y no menos
importante, ha de en-frentarse al hecho de que su puesto de
trabajo acaba de ser ocupado por un jovenzuelo que bien podría
ser su hijo y defender en la medida de lo posible a sus antiguos
subordinados (e incluso a sí mismo) de la constante amenaza del
despido.
Sin embargo, el verdadero protago-nista de "In good company
(Algo más que un jefe)" es
Carter, un Topher Grace que incorpora a este último personaje
una serie de característi-cas que lo hacen mucho más intere-sante
de lo que podría parecer en un principio. Lejos de ser el
ambicioso triunfador que parece, Carter está bastan-te perdido:
su breve matrimonio ha sido un fracaso absoluto, se siente muy
inse-guro en su nuevo puesto de trabajo por su falta de
experiencia previa en el cam-po, admira tanto la dedicación de
Dan como la estable vida familiar de la que disfruta y, hasta
cierto punto, le cuesta ejecutar esas decisiones de arriba que
cuestan empleos. El choque incruento entre dos formas tan
distintas de entender el negocio da lugar a esa previsible
relación filial de la que hablábamos en un principio, en la que,
tras una buena ración de esa inevitable moralina tan propia de
ese cine americano destinado al consumo masivo, hará de Carter
una mucho mejor persona. Ni si-quiera su inapropiada relación
sentimental con Alex, la hija mayor de Dan, hará tambalear
seriamente la solidez de esa relación.
"In good company (Algo más que un jefe)" tiene su mejor baza en el trabajo de sus dos
intérpretes principales: un correcto Dennis Quaid al que este
papel le llega en el momento justo para darle el punto de
madurez que necesita, pero, por encima de todo y de todos, un Topher Grace que demuestra un insultante talento para componer
un persona-je que demanda manejar unos cuantos registros de forma
más que no-table. Grace resulta creíble tanto en su papel de
ejecutivo sin escrúpu-los como en su faceta más vulnerable y
necesitada (véase al respecto la secuencia de la cena en casa de
Dan a la que se autoinvita en un esfuerzo por huir de su
soledad) y se revela como un actor al que conviene seguirle la
pista en futuros trabajos. A su lado, la hermosa
Scarlett
Johansson parece aburrirse en un papel testimonial que no le
exige el más mínimo esfuerzo, y el plantel de secundarios oscila
en-tre los siempre eficaces David Paymer (que incorpora un
pesimista vendedor que tiene a su cargo algunas de las líneas
más tristemente divertidas del guión) o
Philip Baker Hall, y el
grotesco, caricaturesco villano corporativo que interpreta
Clark Gregg, pasando por los came-os intrascendentes de
Selma Blair o
Malcolm McDowell. Si deja-mos de lado el discutible mensaje
conservador de la película y la previ-sibilidad de su argumento,
"In good company (Algo más que un jefe)" ofrece una comedia amable que se deja ver sin
apasionamiento pero con agrado, unas correctas interpretaciones
en las que destaca sobremanera el potencial de ese
descubrimiento llama-do Topher Grace y una dirección sobria y
exenta de estriden-cias que narra de forma sencilla una historia
en el fondo bastan-te convencional. El uso, una vez más tras
"Un
niño grande", de una excelente selección de temas musicales que
ayudan a narrar emocio-nalmente la película (y disimulan a veces
ciertas carencias en ese campo) es otro de los pocos atractivos
de un filme en el que sin duda se echa de menos un mayor sentido
del riesgo. O de la realidad.
Para terminar, recomendar la muy ecléctica selección de temas
musicales que componen la banda sonora original de la película, que por un lado
recupera magníficos temazos de autores consa-grados como Peter
Gabriel (la maravillo-sa "Solsbury Hill") o David Byrne ("Glass",
"Concrete and stone") y por otro cuenta con algunas piezas de
gente menos conocida pero igualmente intere-santes como Iron and
wine (atención a "The trapeze swinger", hermosa balada que suena
en los títulos de crédito fina-les) o The soundtrack of our lives
("Ten years ahead"), sin olvidar una elegante música incidental a
cargo de Stephen Trask (el mismo compositor de
cintas
independientes como "Hedwig and the Angry Inch" o
"The
station agent [Vías cruzadas]") que conforman un conjunto de lo más estimulante, diría
que incluso más que la propia película que, dejando aparte el
impacto que siempre causa en este cronista la apabullante Scarlett Johansson (debilidades que tiene uno), resulta una obra
más bien poco o nada proclive a apa-sionarse por ella.
Calificación:
    
Imágenes de "In good company (Algo más que un jefe)" - Copyright © 2004 Universal
Pictures y Depth of Field. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos
reservados.
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