CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Durante los primeros meses de 2005 se han estrenado en
nuestras pantallas una serie de biopics que comparten idénticas
característi-cas: las adulteraciones que se utilizan para
retratar a un determinado personaje o los cambios que se
introducen en algunos de los hechos que tienen que ver con su
vida. Esto es algo que ha sucedido en "El
aviador", "Ray",
"Descubriendo
Nunca Jamás" y, por supuesto, "Kin-sey", obra en la que se
insertan sin excesiva convicción algunas de las críticas que se
han vertido sobre los métodos empleados por el protagonista del
filme en sus estudios sobre el sexo. Si bien el reali-zador,
Bill Condon, toma partido a
favor de las posiciones de este conocido biólogo, también
introduce, aunque con una mayor sobrie-dad, algunos de los
aspectos más censurados de su trabajo y que se han dado a
conocer en los últimos años en algunas biografías que se han
escrito sobre él.
Pero, no nos engañemos, este tipo de licencias son muy comunes
en películas pertenecientes a este género, resultando únicamente
vomitivas cuando se emplean con el objetivo de construir un mero
pan-fleto, situación que aquí no se da. "Kin-sey" comienza con
una atinada introduc-ción en la que se nos relata la vida del
protagonista a través de las preguntas que él mismo ha elaborado
y que le formulan los estudiantes que colaboran en su proyecto
para así aprender cómo comportarse ante las personas a las que
han de presentarle el cuestionario. Su juventud, los conflictos
con su padre y el momento en el que conoce a Clara McMillen e
intima con ella son algunos de los elementos que conforman esta
parte del largometraje.
Condon
emplea en todo momento una realización que po-dríamos calificar
como clásica, mostrándonos con naturalidad aquellos fragmentos
del filme que algunos incluso calificarían de morbosos. Sin
embargo, no son los apuntes relacionados directa-mente con la
sexología de mediados del siglo pasado los que llaman la
atención del espectador, sino la compleja definición de los
persona-jes, pues en ocasiones sus actuaciones se contradicen
con sus forma de pensar. Fijémonos, por ejemplo, en la manera en
la que Alfred Kin-sey se comporta con sus hijos, muy parecida a
la que su padre em-pleó con él: no les expone su punto de vista,
sino que da a entender que sus reflexiones son la única verdad
posible, imponiéndoles a sus descendientes unos ideales que no
tienen por qué compartir.
A pesar de
la irregularidad de la narración, defecto que también
ha-llábamos en la anterior obra de Bill Condon, "Dioses y
monstruos", y del interés que pueda suscitar en el espectador la
temática del filme, se abordan múltiples historias que tienen
que ver con el modo en el que nos relacionamos los seres humanos
y que, bajo mi punto de vis-ta, se convierten en lo más
interesante de "Kinsey". Así, cabe citar el instante en el que
el protagonista se sincera con su esposa y le con-fiesa que se
ha acostado con uno de sus alumnos para experimentar de este
modo lo que él mismo pretende demostrar con sus estudios, o
aquellos fragmentos en los que Alfred se encoleriza porque
siente que todo el mundo debería pensar como él, que la sociedad
está ciega (su trabajo prácticamente termina convirtiéndose en
una obsesión).
Pero, insisto, son breves pasajes que a veces parecen quedar
inconclusos, pa-sando el director de unos a otros con ex-cesiva
celeridad y generando con ello una evidente insatisfacción en el
espec-tador. Como defensa hacia su labor se puede alegar que es
difícil condensar la vida de una persona tan polémica en ape-nas
dos horas, existiendo además una respetable subjetividad con
respecto al material que se utiliza o el que se dese-cha para
tal fin. Donde no cabe repro-che alguno es a la hora de
hablar del elenco de "Kinsey", empezando por un fabuloso
Liam Neeson, injustamente olvidado
en los Os-cars®, y siguiendo con una no menos espléndida
Laura Linney.
Sería
injusto no mencionar a los intérpretes secundarios, caso de
Peter Sarsgaard,
Timothy Hutton y, sobre todo,
John Lithgow,
Tim Curry,
Oliver Platt y
Dylan Baker (quizás causan
sorpresa las escasas frases que pronuncia
Chris O'Donnell a lo largo de
toda la película). De igual modo, la música de
Carter Burwell, especialmente
agradable cuando observamos cómo se enamoran Alfred y Clara y en
la que encontramos un apropiado uso del piano, contribuye a
mejorar un producto que probablemente se beneficie de la
polémica que en algunos individuos provoque su contenido,
ocultándose de este modo algunas de sus limitaciones
cinematográficas, mas en todo caso no debería obviarse su
apreciable calidad técnica y, especialmente, lo que considero
son los auténticos pilares del relato: las actuaciones de todo
su reparto.
Calificación película:
    
Calificación banda sonora:
    
Imágenes de "Kinsey" - Copyright © 2004 Fox Searchlight
Pictures, Owerty Films, N1 European Film Produktions y Pretty
Pictures. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
reservados.
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