SINOPSIS
El Sr. Hulot
(Jacques Tati) es un personaje amable y extravagante que vive
en un barrio humilde. De vez en cuando va a visitar a su hermana
que vive en una mansión ultramoderna. Su sobrino Gerald (Alain
Bécourt) adora a
su tío, pero su padre no ve con buenos ojos la estrecha relación
que tiene con su extravagante cuñado.
CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Tiempos modernos
Después de la excelente bienvenida que recibió la fabulosa "Las
vacacio-nes de M. Hulot" e implícitamente su
memorable antihéroe protagonista, este monstruo de la comedia
que fue Jacques Tati decidió
proseguir la aventura cinematográfica cinco años más tarde. En
"Mi tío" la extravagante figura de Monsieur Hulot, su alter ego
delante de las cámaras, regresaba a la vida y acabó por
consolidarse como un personaje fijo en su filmografía, además de
muy querido por el públi-co. La cinta, escrita, dirigida e
inter-pretada por Tati, como ya era habitual, fue merecedora del
Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 1958 y
del Oscar® a la Mejor Película Extranjera en 1959, amén de un
aluvión consi-derable de galardones internacionales en toda
Europa y América.
En esta
ocasión conocemos a la remilgada parentela de Monsieur Hulot,
los Arpel, a quienes visita con frecuencia en su ultramoderno
chalet provisto de los más avanzados electrodomésticos (sólo la
cocina, inmaculadamente blanca, ya es una compleja sala de
má-quinas donde sentirse perdido) y decorado con un estilo tan
van-guardista como poco acogedor y funcional. Su oronda y
avasallado-ra hermana –siempre pasando un trapo para eliminar la
suciedad inexistente y presumiendo de su vivienda “inteligente”
ante los co-nocidos–, su cuñado –empresario del plástico,
aburrido y papana-tas, que cede a los caprichos de su esposa– y
su sobreprotegido sobrino, Gérard –con quien Hulot comparte una
entrañable amistad teñida de complicidad, pese a que el padre
del niño no lo vea con buenos ojos– forman la típica familia
burguesa que cae en los más ridículos comportamientos movidos
por la apariencia, ese “querer ser” de cara a la galería y la
posesión material como reafirmación de su estatus. Como en "Las
vacaciones de M. Hulot", este solte-rón larguirucho será de
nuevo el elemento que desentone en un ambiente no concebido para
él. Su acostumbrada torpeza, junto a sus descuidos, generarán
una serie de situaciones calamitosas cuando el Sr. Arpel le
ofrezca un empleo en su fábrica y la Sra. Ar-pel se empeñe en
emparejarlo con su sofisticada y boba vecina. Al intentar
remediar el entuerto, la buena voluntad de Hulot provocará otras
desgracias...
Con esta nueva incursión humorís-tica, filmada en color, Tati
modera un tanto la carga hilarante que prevalecía en la
disparatada "Las vacaciones de M. Hulot". El discurso de "Mi
tío", aun dejando todavía espacio para la carca-jada, cede más
terreno a esa sonrisa sostenida que embarga al espectador cuando
reconoce la aguda disección que concede la ironía y se siente
con-siderado por el autor como un recep-tor inteligente y
partícipe activo de la obra. El realizador francés levanta
aquí una crítica mucho más ácida contra la sociedad moderna,
tecni-ficada y deshumanizada, en base a dos ejes narrativos:
la indus-tria de mangueras de su cuñado y la vivienda familiar
de su herma-na, ese domicilio completamente automatizado puesto
al servicio de una nueva clase media-alta regida por lo
superficial y lo frívolo, y con unas pretensiones de progreso
tecnológico que no encuentra equivalente a nivel cultural. Es
ésta una tradición temática que ya se inició con la genial "Metrópolis"
de Fritz Lang, allí contada a tra-vés de una titánica fábula
sobre la lucha de clases, pero en "Mi tío" Tati recoge sobre
todo el legado de Charles Chaplin y su célebre "Tiempos
modernos", con un ser humano sometido a la dictadura de la
máquina y despersonalizado por el trabajo en cadena. Esta
prisión mecanizada afecta tanto al obrero como al ama de casa
(véanse los problemas con que se encuentra Hulot cuando entra a
trabajar en la empresa de tubos de plástico o intenta conseguir
un vaso en la cocina de su hermana).
Pero Tati
también es consciente de que cada infraestructura da pie a unas
relaciones sociales de distinta índole, y por eso no sólo centra
su atención en la relación entre sujeto y objeto, o sujeto y
medio, sino también en las conductas y relaciones que nacen en
cada entorno. Posteriormente, en "Playtime", llevaría esta idea
al extremo en el espacio de las terminales de los aeropuertos.
No sorprende, pues, que los arquitectos alabaran su visionaria
concep-ción.
Se puede
encontrar, además, en la figura del pequeño Gérard una crítica a
los sistemas familiares, con esos padres trabajadores que se
distancian de sus hijos, más cercanos, afectivamente, a otros
parientes como sucede con Hulot y su sobrino.
Para
reforzar lo absurdo de las pautas de comportamiento de la clase
acomodada, Tati crea un marcado contraste entre dos formas de
entender la vida, dos mundos separados por el dinero pero
también por la noción de hogar o de tiempo de ocio. Así, en
otro punto de la ciudad nos presenta el humilde barrio de Hulot,
un ambiente sencillo en el que sobrevive la cordial y viva-racha
dinámica de un pueblecito, con sus gentes reunidas en el mercado
y las calles llenas de actividad. Nada que ver con el frío e
impersonal vacío que reina en la parte alta. Lo mismo se podría
de-cir del edificio donde vive Hulot, antiguo y de acceso
difícil, pero lle-no de vida, frente al chalet de los Arpel,
esnob, gélido y poco prác-tico.
En el plano argumental, "Mi tío" dis-pone de una mayor
complejidad que su anterior trabajo, con distintas sub-tramas
que buscan resolverse, parale-lismos, oposiciones, metáforas,
con-trapuntos y más cambios de escena-rio. También los diálogos,
sin llegar a dominar en ningún caso el relato, ad-quieren una
presencia más consisten-te, evolucionando un paso a partir del
simple sonido ambiental de fondo ca-racterístico de "Las
vacaciones de M. Hulot". No obstante, y como ocurría con
aquélla, "Mi tío" podría ser enten-dida perfectamente si
eliminásemos el volumen. Se trata, una vez más, de un cine
mudo al que se le ha incorporado el sonido, donde la auténtica
protagonista es la imagen, la mímica, la reunión de personas en
torno a una actividad. El uso de planos generales para
captar mejor to-dos los detalles y el clima que se respira en
cada lugar, y la aten-ción que se les concede a todos los
caracteres secundarios son otras constantes que se repiten.
El film
concentra algunos de los gags visuales más conocidos de Tati.
Por poner sólo unos ejemplos, las mangueras que se convier-ten
en salchichas, el surtidor de agua en forma de pez o el ya
men-cionado de la cocina. Mientras en "Las vacaciones de M.
Hulot" el slapstick estaba ligado o propiciado por
objetos o actividades, aquí se añaden una serie de gags
completamente vinculados al propio decorado de la acción, tanto
en la casa de Hulot (cuando le vemos ascender hasta su piso por
el laberinto de escaleras, a través de las aberturas de la
fachada) como en la de los Arpel (las sombras en las ventanas
redondas que las hacen parecer dos ojos obser-vando el
exterior).
Hulot
continúa encontrando en niños y animales un alma gemela, ya sea
porque, al contrario que los adultos, le acep-tan tal como es e
incluso le admiran (su sobrino Gérard), ya sea porque
agradecen su bondad (el canario que canta cuando le proporciona
la luz del sol), ya sea porque los identifica como seres libres,
no atados por las convenciones sociales (los perros
calleje-ros). Por ello, también opone el mundo acartonado de la
burguesía y el de la clase trabajadora. En el caso de los niños,
a quienes les destina varias secuencias, la casualidad hace que
su sobrino se vea seducido por las inocentes trastadas de una
banda de pillos. De igual manera, el perro salchicha de su
hermana, vestido con una tela de cuadros, se mezcla con los
perros vagabundos que buscan comida entre los cubos de basura.
En "Mi
tío" el director galo cuenta como siempre con actores
de-butantes en la gran pantalla, algunos de los cuales, gracias
a su participación en esta película, iniciaron su carrera
cinematográfica.
Seguramente habría bastante más que comentar en torno al
presente film dado el detenimiento con que Tati confeccionaba
cada uno de sus pro-yectos, sujetos a varios niveles de análisis
y repletos de pormenores en diferentes planos, pero manteniendo
en todo momento una apariencia lla-na, próxima, inocente y
encantadora. Película de visionado obligado (les re-comiendo que
hagan una sesión do-ble precedida por "Las vacaciones de M.
Hulot"), que se convierte en un di-vertido bisturí que abre
en canal los males de la sociedad moderna sin salirse nunca de
los amables márgenes del Universo Tati. Personalmente echo
en falta la chispa de su anterior cinta y, tal vez, con la
perspectiva temporal, también haya envejecido menos dignamente,
eso sí, sin perder nunca el interés, la capacidad de in-cisión,
la lucidez o ese poso de ternura que se contagia.
Calificación:
    
ENLACES
Ficha en
IMDb
Web oficial de Jacques Tati:
www.tativille.com
Anterior película del director: "Las vacaciones de M. Hulot"
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Imágenes
y sinopsis de "Mi tío" - Copyright © 1958 Specta Films,
Gray-Films, Alter Films y Film de Centauro. Distribuida en
España por DeAPlaneta. Todos los derechos
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