SINOPSIS
Jimmy Stark (James Dean),
estudiante de instituto, es un chico particularmente difícil:
confuso y desorientado, se ve frecuentemen-te envuelto en peleas
y conflictos, a consecuencia de los cuales su familia,en la cual
es el hijo único, se ve obligada a un permanente peregrinaje de
una ciudad a otra. Llegado a una nueva localidad, en la que
también encontrará nuevos sentimientos hasta entonces
desconocidos (el amor, de Judy [Natalie Wood]; y la amistad
admi-rativa de ‘Platón’ Crawford [Sal Mineo], un muchacho aún más
jo-ven que él), no tarda en sostener su enésimo enfrentamiento,
aun-que, en esta ocasión, las consecuencias serán mucho más
terri-bles...
CRÍTICA
por
Manuel Márquez
Estados Unidos, mediados de los 50: un país empieza a
recupe-rar el aliento, tras el esfuerzo de la Gran Guerra, y,
erigiéndose en potencia hegemónica enfrentada a su antagonista
soviética (esta-mos en pleno despegue de la guerra fría...),
vuelve a marcar las pautas sociales de referencia, no sólo para
sí, sino para todo el mundo occidental cuyo bloque lidera. Es el
american way of life, exportado junto a las generosas remesas
económicas del plan Marshall, con todas sus notas
características de modelo de orden, aseado y confortable, al
menos en su superficie. Porque al fondo, muy al fondo (los
convulsos 60 aún están por llegar), algo se mue-ve...
Parte de
ese algo es lo que pretende retratar "Rebelde sin causa", una
película condenada (no sé si para bien o para mal: me limito a
constatar la circunstancia) a constituirse en un icono, un mito,
un referente en el que pesan más sus connotaciones no
estrictamente cinematográficas (la condición de outsider de su
director, Nicholas Ray; o la de auténtica leyenda del imaginario
hollywoodiense en que, debido a su prematura muerte, muy poco
tiempo después, se convirtió su protagonista,
James Dean), que
sus calidades técni-cas, las cuales, por cierto, hacen que quepa
considerarla, si no un film excepcional, sí, al menos, una obra
bastante estimable.
Nicholas
Ray –un hombre al que Ho-llywood terminó negando el pan y la sal,
confinándolo en producciones marginales y abocándolo a un final
tan trágico como patético– urde la historia con solvencia y
seguridad, anclándola muy sólidamente en tres pilares narrativos
bien definidos: el inicio, que gira sobre el protagonista, Jimmy
Stark, cuya borrachera ya nos permite apreciar no sólo los
talentos interpretativos de Dean (ligeramente “moteados” por
algún puntito de his-trionismo), sino, y ahí radica su inte-rés,
la idiosincrasia y los condicionan-tes de su personaje (su
inseguridad y su rebeldía quizá carecen de causa, pero no están
faltas de motivos: una madre castrante y un padre pusilánime,
incapaces de ubicarlo en un mundo en constante movimiento, sin
puntos de equilibrio); un episodio central, desarro-llado a
través de una escena coral –y en el que los aspectos
com-positivos (movimientos de cámara, planificación) juegan un
papel fundamental, mostrándonos, por otro lado, la maestría
técnica de Ray–, en el que se va a desencadenar una tragedia que
no va a constituir un punto final, sino una premisa argumental
previa al clí-max final; y este último, cuyo desarrollo se
sustenta en la acción de los tres personajes principales (Jim,
Judy y ‘Platón’ Crawford), un triángulo en cuyo vértice central
se sitúa nuestro protagonista, arropado por sus dos partenaires,
cada uno de los cuales asumirá una posición respecto a Jimmy que
le conducirá, inexorablemente, a cada una de los dos vías (el
amor, para Judy; la muerte, para ‘Platón’), a través de las
cuales nuestro héroe se terminará redi-miendo, en una suerte de
viaje iniciático, al más puro estilo de la tragedia clásica
griega, tras el cual arriba a un puerto que cabe asi-milar,
aunque sea tímidamente, a lo que podemos entender como madurez
(en este aspecto, resulta particularmente significativo que este
episodio final se desarrolle en esa suerte de metáfora del
uni-erso que viene a ser un planetario).
Estamos,
pues, ante un desarrollo narrativo muy coherente y equilibrado,
en el que a cada punto álgido, de máxima in-tensidad dramática,
se contrapone un anticlímax de carácter reflexivo –en el que
asumen mayor protagonismo los personajes secundarios, aportando
menos acción, menos movimiento, y más diálogo: el comisario de
policía, en el primero de ellos; o el padre de Jimmy, en el
segundo; en el último no hay pie a ello, porque la tragedia ya
se ha consumado, y sólo cabe asumir sus funestas consecuencias–,
aunque con una alternancia muy suave, y desple-gando siempre la
historia con el ritmo más adecuado al momento que se refleja.
Hay más
elementos dignos de re-saltar en este film: desde la muy ajus-tada
presencia de sus secundarios, a la que antes aludíamos, cuyo
peso e influencia en el devenir de la trama no sólo adquiere un
fuerte relieve por su propia entidad, sino también por su
significación en la de los protagonis-tas, hasta la portentosa
actuación de una jovencísima y deslumbran-te
Natalie Wood –con
una Judy que ofrece una explosiva mezcla de mali-cia,
inconsciencia y desencanto–, que, con sólo 17 años, se ajusta
mu-chísimo mejor al perfil de edad del personaje de “tierna”
chica de instituto al que da vida, que el ya al-go talludito para
tales menesteres James Dean –cuya interpreta-ción, por otro lado,
alterna momentos súblimes con otros en los cuales un cierto
punto de sobreactuación la emborrona ligeramen-te–. Tampoco cabe
pasar por alto la sorprendente y estimulante presencia de un más
joven aún Sal Mineo, otra estrella en ciernes que se destapó con
esta película –con la cual debutaba–, y al que lo errático de su
carrera posterior (también truncada precipitada-mente con su
muerte siendo aún joven) impidió confirmar los altos designios a
que parecía apuntar.
La crítica
anacrónica juega con sus propias reglas: lo que se pier-de en
contexto (a corto), se gana en perspectiva (a largo), y no hay
alternativa posible al respecto, porque el paso del tiempo no
admite componendas... Desde esa atalaya del tiempo, casi
cincuenta años después de su estreno, "Rebelde sin causa" ha
perdido bue-na parte de su barniz icónico, superado por el curso
de aconteci-mientos posteriores, así como por un buen puñado de
películas que, posiblemente, han sabido reflejar con mayor
fidelidad sus tiempos y sus circunstancias; pero sigue siendo
una pieza de buen cine, disfrutable sin más aditamentos que los
de su pro-pio tejido fílmico, olvidándonos de añadidos
legendarios y parafernalias mortuorias –puritito morbo...– a las
que Hollywood siempre fue tan aficionado.
Calificación:
    
ENLACES
Ficha en
IMDb
Otras películas del reparto: Dennis
Hopper ("Ajuste de cuentas", "Tiempo límite", "Apocalypse now")
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