CRÍTICA
por
Javier Quevedo Puchal
"American
pie"
entra en la crisis de los cuarenta
La última cinta de Alexander Payne,
"Entre copas (Sideways)", se paladea (con permiso de la
licencia fácil) como una copa de buen vino. Con cuerpo, afrutada
por momentos y con un cierto gra-do de acidez que no deja de
volverla aún más deliciosa al paladar, la película se nos
plantea como el viaje de dos fracasados natos hacia el
autodescubrimiento: por un lado tenemos a Miles (Paul
Giamatti), un profesor de literatura que vive angustiado
tanto por la evidencia como por la posibilidad de fracaso,
refiriéndose en el pri-mer caso a un divorcio no superado y en el
segundo a un manus-crito suyo con muy pocas posibilidades de ser
publicado; y por otro lado tenemos a su amigo Jack (Thomas
Haden Church), un muje-riego trasnochado, actor de
poca monta venido a todavía menos si cabe, que batalla contra su
propio fracaso con un optimismo su-puestamente a prueba de
bombas. En definitiva, dos fracasados natos que difieren en el
modo en que contemplan sus respectivos fracasos o sus
respectivas posibilidades de éxito, es decir, "de soslayo" (de
ahí se podría derivar, quizás, ese "Sideways" del título
original). Mientras Miles desconfía de su potencial para que
algo le salga bien, Jack prefiere creer que nada ha salido tan
mal como pa-rece, aunque en el fondo es consciente de lo que hay
y mira tan de reojo como su amigo.
La premisa de la que arranca
la película es de lo más sencilla e inclu-so extrañamente
familiar. De hecho, en cierto modo no sería tan des-quiciado
contemplar la posibilidad de verla como una revisión cre-puscular
de las comedias desma-dradas de "colegas" en plan "Ameri-can
pie" o "Despedida de soltero": Jack se va a casar
pronto y, con la idea de desfogarse un poco antes de la boda,
propone a su viejo compañe-ro de universidad un viaje de una
se-mana por una región vinícola de Cali-fornia. Claro que las
diferencias entre ambos tipos de propuesta son más que
notables: allá donde la mayor inquietud de los chava-les de "American
pie" es dejar de ser vírgenes, los dos colegas de "Entre copas
(Sideways)" ya han paladeado más de una vez los sinsabores de
una relación de pareja y tienen todo un bagaje que los
condiciona a no poder evitar ser lo que son; allá donde las
chi-cas de "American pie" no son más que rubias macizas con algún
arranque ocasional de feminismo de diseño y pretendida
seriedad, las dos mujeres de "Entre copas (Sideways)" son
personas de car-ne y hueso con sus propias vivencias y
perspectivas sobre la vida, y que por tanto nos pueden regalar
escenas como el breve discurso con que
Virginia Madsen explica a Paul Giamatti
la razón por la que se volvió aficionada a los vinos,
sencillamente antológico. De este viaje, pues, surgen
ocasionalmente un puñado de escenas con grados de desmadre
variables, de acuerdo, pero en cualquier caso siempre
sustentadas sobre una base de amargura evidente.
Por otro lado, una de las
grandes bazas de la película de Payne está, sin duda alguna, en
ese auténtico ejercicio de virtuosismo que es su guión, sólido
como un bloque de hor-migón armado. Y es que, si bien es
cierto que el film parte de una idea que fácilmente podría haber
caído en más de un lugar co-mún, lo cierto es que va
sorteándolos todos con una pericia admira-ble y, al final, logra
exprimir todas y cada una de las posibilidades al máximo, para
acabar ofreciéndonos un retazo de vida de lo más auténtico:
cómica y divertida, amarga y triste pero, en última ins-tancia,
abierta a la esperanza (pese a ese final tan poco concluyen-te
que, al fin y al cabo, sigue siendo muy representativo de los
me-canismos de la vida misma).
Sin embargo, ¿en qué se queda un buen guión sin los actores
adecuados para darle cuerpo? En este caso, Tho-mas Haden Church
parecía la elec-ción perfecta para el papel de Jack (sobre todo
porque su propio currículo profesional parece aproximarse peli-grosamente
al del personaje que en-carna en la ficción). También
Sandra Oh, esposa del propio
director, se re-vela con esa exótica belleza escurridi-za e
intuida como salvaje como una elección bastante razonable para
en-carnar a la madre soltera de la que se encapricha Jack. El
tercer ángulo de la historia lo conforma una más que ajustada
Virginia Madsen, prácticamente desaparecida de las pantallas y
resurgida aquí de sus cenizas como ese Ave Fénix que tanto gusta
de cara a los Oscar®
y que, dicho sea de paso, está estupenda en la película. No
obstante, si alguien debería merecer los aplausos más
entusiastas, ése es Paul Giamatti. Eterno secundario
solvente en títulos como "Man
on the moon" o "Cosas
que no se olvidan", Giamatti se hace cargo aquí de un
agra-decidísimo papel principal que le podría haber venido como
anillo al dedo a alguien de la talla y atractivo de Kevin Spacey.
Y, no obs-tante, a pesar de o gracias a su aspecto ramplón (este
actor sí que es realmente la encarnación del "vecino de al
lado"), Giamatti logra imprimir a ese pequeño gran perdedor
menos perdedor de lo que se cree de una veracidad tan
inconfundible como un copyright.
Calificación:
    
Imágenes
de "Entre copas (Sideways)" - Copyright © 2004 Fox Searchlight
Pictures y Michael London Productions. Distribuida en España por
Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Entre copas (Sideways)"
Añade "Entre copas (Sideways)" a tus películas favoritas
Opina sobre "Entre copas
(Sideways)" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "Entre copas
(Sideways)" a un amigo
|