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ENTRE COPAS (SIDEWAYS)
(Sideways)


Dirección: Alexander Payne.
País:
USA.
Año: 2004.
Duración: 123 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Paul Giamatti (Miles Raymond), Thomas Haden Church (Jack Lopate), Sandra Oh (Stephanie), Virginia Madsen (Maya), Marylouise Burke (Madre de Miles), Jessica Hecht (Victoria), Missy Doty (Cammi), Alysia Reiner (Christine), Shaké Toukhmanian (Sra. Erganian), Duke Moosekian (Mike Erganian), Peter Dennis (Leslie Brough).
Guión: Alexander Payne y Jim Taylor; basado en la novela de Rex Pickett.
Producción: Michael London.
Música: Rolfe Kent.
Fotografía:
Phedon Papamichael.
Montaje: Kevin Tent.
Diseño de producción: Jane Ann Stewart.
Vestuario: Wendy Chuck.
Estreno en USA: 22 Octubre 2004.
Estreno en España: 18 Febrero 2005.

 

CRÍTICA
por David Garrido Bazán

Como la vida misma...

  Antes de entrar en materia, permí-tanme que les invite a participar en un pequeño juego. ¿Qué es lo primero que se les viene a la mente cuando piensan en un crítico de cine? Vamos a hacer una lista de tópicos y lugares comunes. Quizás se les haya apare-cido la figura de un tipo que ronda la cuarentena, cuyo aspecto probable-mente no resulte excesivamente atractivo (es más, seguro que es al-guien más bien pasado de kilos, con una incipiente calvicie y algún tipo de barba o perilla que le dé ese indispen-sable aire intelectualoide), que tiene cierta tendencia a establecer dogmas de fe cuando habla del tema en el que se siente seguro, conocimientos que aprovecha bien para impresionar al interlocutor (no digamos ya si es interlocutora) o apabullar al contrario, pero que a lo mejor exhibe cierta reticencia o timidez al hablar de sí mis-mo o de otros temas que domina menos. Para completar el cuadro, es más que probable que se sienta un fracasado porque no pudo en su momento ser director de cine o escribir un guión decente y por eso se dedica a esta deleznable profesión de decirles a los de-más lo que tienen que ver y por qué. ¿Les sale un retrato más o menos coincidente con lo descrito? Bien, pues ahora cambien la fi-gura de un crítico de cine por la de un profesor de literatura de insti-tuto, gran experto en vinos, que está a la espera de saber si le pu-blican por fin su primera y trabajada novela, cuyo divorcio de hace dos años le ha dejado la autoestima por los suelos y que ya no es-pera gran cosa de la vida, y tendrán ustedes una de las claves (ni mucho menos la única, no seamos injustos) por la que esta agra-dable película ha tenido una acogida tan entusiasta y unánime por parte de la crítica especializada: la clarísima identificación con el personaje que hace Paul Giamatti, una especie de perdedor no muy atractivo pero con indudables virtudes. Y es que ¿quién de los que se dedican a escribir no ha deseado alguna vez en un momen-to de crisis en su vida personal que un día aparezca una Virginia Madsen cualquiera y le descubra en todo lo que vale?

  "Entre copas" (estúpido título castellano para "Sideways", algo así como "Caminos secundarios", lo que en este caso en particular cobra mucho más sentido) habla de forma aparentemente sen-cilla de multitud de cosas que en realidad son bastante com-plejas. Dos viejos amigos de mediana edad emprenden un viaje de una semana para celebrar que uno de ellos se despide de la solte-ría. Miles, el padrino, lo tiene todo bien planificado: harán un recorri-do por la región vinícola del condado de Santa Bárbara, enseñará a Jack, su amigo de hace más de veinte años, a apreciar las virtudes de los buenos vinos ya que es un experto en ellos, jugarán al golf, comerán en buenos restaurantes y disfrutarán de su último tiempo juntos antes de que se case. Pero Jack tiene una idea bien distin-ta: todo lo anterior está muy bien, pero este atractivo actor de se-gunda fila que una vez tuvo su momento de gloria (con un papel fijo en un culebrón, vaya) y que ahora malvive de los anuncios publici-tarios, está a punto de casarse con un buen partido y quiere apro-vechar al máximo su última semana de libertad. Vamos, que lo que tiene en mente es básicamente echar un polvo. O, mejor dicho, muchos polvos. Y, de paso, va a intentar curar el desesperante pe-simismo de su mejor amigo con el método que a él siempre le ha funcionado mejor: buscarle otro buen polvo, que la caza en pareja siempre resulta además mucho más sencilla. Cualquiera que co-nozca la obra anterior de Alexander Payne sabe que este punto de partida de comedia clásica esconderá lecturas mucho más complejas.

  La película funciona con la mis-ma fórmula infalible que lleva fun-cionando en el cine desde hace décadas, contraponer dos perso-najes básicamente opuestos y de-jar que el simple intercambio de ideas, diálogos muy trabajados y situaciones surrealistas se suce-dan de forma fluida en una come-dia ciertamente agridulce, teñida de un desencantado humor entre iró-nico y directamente negro. Miles es un tipo complejo, pesimista, resigna-do, lúcido y un desastre con las muje-res, sobre todo porque aún no ha sido capaz de superar el bache en el que le dejó su esposa cuando se divorció de él hace ya dos años. Jack, por el contrario, es bastante más simple, optimista, aparentemente seguro de sí mismo y un seductor nato, que mide su éxito por la capacidad que tiene de camelar a las mujeres, aun-que sea un mentiroso patológico y, en el fondo, otro fracasado. Cuando a estos dos terribles especimenes masculinos, que ya de por sí dan bastante juego en su química y en su distinta forma de ver y enfrentarse a la vida, se les unen dos mujeres tan decididas como las que se cruzan en su camino, el abanico de temas y posi-bilidades que se abre delante nuestro es enorme: hay en juego co-sas verdaderamente importantes.

  Alexander Payne, irónico y certero observador de las amplias mi-serias del ser humano (como ya demostró en sus anteriores y es-tupendas "Ciudadana Ruth", "Election" y "A propósito de Schmidt"), construye un guión en el que se hace un preciso re-trato emocional de esos dos hombres perdidos por las esqui-nas de la vida y víctimas de sus propias limitaciones, a los que trata con cierto cariño, pero de los que en ningún mo-mento esconde sus múltiples defectos, defectos que se hacen más patentes cuanto más tratan de profundizar (bueno, es un de-cir) en sus relaciones con Maya y Stephanie, y cuanta más con-ciencia toman de sí mismos y de su incapacidad para hacer frente a sus fantasmas o a sus responsabilidades.

  Paul Giamatti (un excelente actor que aquí da buena muestra de su enorme calidad, habitualmente ensombrecida en papeles secun-darios) compone un desolador personaje que despierta las simpa-tías del espectador por su infinita torpeza y cobardía a la hora de relacionarse con Maya (una felizmente recuperada Virginia Mad-sen), otra recién divorciada que tampoco se siente especialmente segura de sí misma en este momento de su vida. La melancolía y tristeza que desprende Miles, un hombre acostumbrado a una sole-dad que, sin embargo, sobrelleva bastante mal, se resiente aún más ante la infantil forma de comportarse de su amigo, que le lleva a tener un, en el fondo, más que discutible éxito allí donde él más fracasa. Bastan unos cuantos planos de Miles comiendo solo en el restaurante o leyendo en su habitación del hotel para transmitir to-da la tragedia del personaje, toda la frustración con la que carga. Tampoco Jack lo lleva mucho mejor. Su forma de enfrentarse a la vida entra de lleno en el tópico (recuerden: los tópicos lo son por-que conllevan algo de verdad) del cuarentón que se resiste a sentar la cabeza y hacer frente a sus responsabilidades, pero entre polvo y polvo hay que detenerse de vez en cuando a pensar hacia dónde lo lleva esa huida hacia delante que a menudo entra en el más puro desatino. Y, amigo, tomar conciencia de eso es francamente jodi-do, por no mencionar que ser un mentiroso patológico y vivir enga-ñando a todo el mundo (incluyéndose a sí mismo) siempre acaba por tener un precio de lo más doloroso.

  "Entre copas (Sideways)" maneja un material fácilmente reconocible para todo aquel que tenga una cierta edad y haya vivido un poco. Es cierto que hay momentos en los que la auto-compasión alcanza cierto regodeo y que la película sufre de algún que otro bache de interés, pero la verdad es que el rico guión ideado por Payne según una novela de Rex Pickett da como resultado una de esas intere-santes películas en las que lo ver-daderamente importante es la his-toria que se cuenta y los persona-jes que la interpretan. Apoyado en un grupo de actores magnífico (Giamatti destaca, pero el sorprendente Thomas Haden Church y las dos chicas no le andan a la zaga), Payne recupera el viejo en-canto del cine hecho de una forma sencilla que habla de cosas que no lo son en absoluto, y que además consigue en determinados momentos que la emoción se apodere del espectador, especial-mente cuando Miles tiene que enfrentarse a sucesivos reveses o si-tuaciones delicadas, como las noticias sobre su ex-esposa, segui-das por esa cena doble en el restaurante que no puede llegar en peor momento, la hermosa secuencia del porche en la que Maya le revela a Miles qué es lo que le gusta del vino, o la forma en la que éste observa la salida de la iglesia en silencio (hay que ver cómo sostiene ese primer plano Payne y cómo lo defiende Giamatti en un momento prodigioso), reflexiona sobre todo lo que ha vivido en los últimos días y toma una decisión que sabe a derrota definitiva.

  Quizás lo mejor que pueda decirse de "Entre copas (Sideways)" es que su historia, con su nada inocente carga de profundidad, va calando en el espectador como (y perdónenme la imagen facilona) un buen vino que se bebe despacio, sorbo a sorbo. Busca en todo momento la complicidad del espectador y juega con ese sen-tido del humor que la mayor parte de las veces surge preci-samente de cierta tragedia vital (aunque a veces incluso se per-mita cierto guiño al gag visual, como la antológica escena del acci-dente), que es el poso que permanece a la salida del cine y que puede dar lugar a interesantes reflexiones sobre cuestiones que nos afectan a todos en mayor o menor medida. No pasará a la his-toria del cine, qué duda cabe, pero no deja de ser cierto que a algu-nos nos gustaría ver más a menudo en los cines películas tan bien escritas e interpretadas, con el poder de hacernos reflexionar sobre nosotros mismos y el sentido que tienen nuestras vidas, como esta "Entre copas (Sideways)" con la que Alexander Payne sigue de-mostrando que por suerte subsiste una forma de hacer cine en el que lo que verdaderamente importa es lo que siempre ha importa-do: las historias y los personajes que los interpretan. A veces es tan sencillo como eso.

Calificación:


Imágenes de "Entre copas (Sideways)" - Copyright © 2004 Fox Searchlight Pictures y Michael London Productions. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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