CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
Tópico panegírico a la
palabra y la diplomacia
Sydney Pollack desaprovecha una
interesante trama de thriller polí-tico para sustituir la acción
e investigación por una historia de amor imposible, algo en lo
que es un experto
En un tiempo en que la ONU está tan desacreditada, donde los
Dere-chos Humanos sufren violaciones ca-da día y la pérdida de
confianza se engrandece derivada de una indiferen-cia ante una
reciente guerra ilegal contra Irak sin poder hacer nada por
evitarla, la institución que vela por la integridad pacífica en
el mundo nece-sitaba, aunque fuera en un entorno fic-ticio,
lavar su imagen de cara al mun-do. De ahí que Kofi Annan haya
fiado las instalaciones de la organización internacional para
que un veterano como Sydney Pollack rodara su últi-ma película,
"La intérprete", dentro de ellas. La organización habrá
conseguido un suculento cheque de la productora y Pollack gana
en credibilidad al narrar una historia que supone su aparente
regre-so al thriller político, género en el que cabe subrayar
sus obras "Los tres días del Cóndor", "Ausencia de malicia" y
"La tapadera".
Nicole Kidman es Silvia
Broome, una intérprete de la ONU que accidentalmente escucha una
conversación en la que alguien pla-nea matar al dictatorial y
genocida jefe de Estado africano de Mato-bo (país y lengua
inventada para no levantar aprensiones) durante la Asamblea
General. Cuando advierte que ella misma se ha converti-do en
objetivo de los asesinos, intenta frustrar la conspiración con
la ayuda de Tobin Keller (Sean Penn),
el agente federal encargado de la investigación. Pero la trama
se desdobla en dos frentes; ade-más de esta trama principal, que
nos va a proveer de una línea de pulsión sexual no resuelta (el
primero de sus muchos tópicos), la acción se fracciona ante las
sospechas del agente por el oscuro pasado de Broome, que ha
nacido en el mismo país africano de donde deriva la amenaza y ha
sido activista contra el régimen de un presidente corrompido por
el poder hasta convertirse en un autócra-ta.
Tópicamente definida como un thri-ller político, la nueva
película de Po-llack tiene tan poco de político como de
thriller. Pero no es el veterano di-rector el infractor de tal
infortunio, sino que en este caso el peso de lo más execrable de
este (vayamos avanzán-dolo) correcto filme de intriga recae en
Charles Randolph,
Scott Frank y
Steven Zaillian, guionistas que
han cimentado el mayor despilfarro del fil-me en la profundidad
ética de sus per-sonajes principales, restando acción a la trama
y anulando una más que viable funcionalidad del género en el que
se quiere inscribir esta película. Y es que "La intérprete" se
precipita desde el principio intercediendo por un relato de
persona-jes idealistas que topan con la cruel realidad de la
violencia. Broo-me cree en la eficiencia e inmunidad de la
palabra, mientras Keller es un cínico analista acostumbrado a
catalogar a una persona con una sola mirada. Por si fuera poco,
ella es una huérfana desabrida que desconoce el paradero de su
hermano, una mujer que tuvo que huir del hombre al que ha oído
que van a matar, mientras que él es un torturado marido recién
enviudado por un accidente de tráfico en el que se vieron
implicados su mujer y el amante de ésta. Todo es-te dramatis
personae hace que la cinta caiga en una rémora sin in-terés
que desatiende los elementos del thriller al uso. Durante gran
parte de las dilatadas tramas y subtramas parece más importante
enfrentar dos posturas irreconciliables que apelar a la acción.
Así, la doble secuencia en la que Broome se sube a un autobús
para preguntar por su hermano al opositor político del líder
africano ame-nazado, supone, en un prodigioso y dinámico montaje
paralelo, lo mejor de esta película que cae en demasiados
tópicos como para realzar la por otra parte excelente labor de
Pollack como director.
En todo momento Pollack no se desliga de su intencionalidad
como cineasta de género, rodando con oficio un (a veces
for-zado) sosiego clásico, renunciando a cualquier tipo de
diso-nancia formal y procurando que no decaiga el juego
corrosivo y activista que hubiera necesitado sobre el espionaje,
el suspense y las conspiraciones políticas. Algo que en los
tiempos que corren se antoja difícil. En vez de ello, Pollack se
inclina hacia un territorio que domina y que ha terminado por
infectar su cine: las anémicas historias de amores imposibles.
La conspiración hitchcockiana de ese atentado en las
Naciones Unidas queda en un segundo término para ajustarse a la
intimidad de una romántica y comprensiva con-versación a
distancia (cada protagonista en una ventana), de mira-das
cómplices o de confesiones que gravitan en un silencio
frater-no. Excesiva preeminencia de esta aburrida relación y de
esa bipo-laridad de pensamiento ante determinados conflictos que
se aúnan hacia el final de la cinta con el objetivo de
salvaguardar la dignidad de los pueblos a través de la justicia,
donde la validez de las pala-bras y la diplomacia, en lugar de
la violencia, es lo que defiende en su modélico y vergonzante
desenlace.
Aun así, la cinta tiene sus virtudes, como esa sobria y fría
puesta en es-cena, cargada de una elegancia y mo-deración dignas
de un veterano como Pollack, desviada de efectismos for-males,
que se sustenta en un ejem-plar estilo en el uso de ciertos
recur-sos clásicos por parte del cineasta. Pero sobre todo
ofrece la posibilidad de evidenciar otra portentosa
interpre-tación de una pletórica Nicole Kidman (algo que viene
siendo habitual), que lo compensa todo en una actuación
comedida, sutil, llena de matices, un logro que a Sean Penn se
le escapa por momentos, ya que el injusto ganador del Oscar® por
"Mistyc
river" ofrece un trabajo descompensado, a pesar de su
innegable capacidad para dotar de una veracidad intachable a los
personajes torturados que interpreta. Es una pena, eso sí, ver a
la espléndida Catherine Keener
intentando dignificar un personaje innecesario por cuanto que
nada aporta a la trama.
‘"La intérprete" no ofrece más que un conato de thriller
es-condido en un drama melancólico, elaborado con certera
se-riedad y corrección formal, pero que tiene como mayor
ene-migo un guión que no consigue insuflar ningún incentivo, ya
sea algo de desasosiego (si exceptuamos la citada secuencia
del autobús), hondura o emoción a una historia previsible y
artificio-sa con unos personajes poco creíbles incluidos en un
entorno real que es desaprovechado en lo que podría haber sido
una oportuni-dad inmejorable por recuperar la zona oscura y
clásica de un géne-ro bastante quebrantado.
Calificación:
    
Imágenes de "La intérprete" - Copyright © 2005 Universal
Pictures, Working Tittle, Misher Films y Mirage Entertainment.
Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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