CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
Nostálgicos ‘freaks’
sumergidos
La cuarta película de Wes
Anderson es una extraña fábula marina que esconde bajo su humor
surreal un drama coral de relaciones familiares y soledad
Lo
primero que hay que decir de "Life aquatic" es que es una
película arriesgada y heterogénea a cualquier fenómeno fílmico
visto antes en Hollywood, no tanto por el hecho de afrontar una
historia desde un punto de vista subjetivamente surreal o
extravagante, ni de aportar un universo propio creado desde la
más absoluta ambigüedad, incapaz de inscribirse en un género
concreto, sino precisamente porque no se ajusta a ningún
parámetro examinador, descolocando los criterios que se puedan
tener hacia ella a priori e incluso después de haberla visto.
Una de las grandes virtudes que tiene esta película, así como el
cine de Wes Anderson
en general, es que el cineasta reta al público y a la crítica
más angosta a replantearse continuamente qué es lo que se está
viendo en pantalla.
Como en sus respectivos movimientos artísticos, salvando las
distancias, lo hi-cieran Breton, Cocteau, Tzara o Artaud, Wes
Anderson destruye lo preconce-bido, desformalizando los criterios
discurridos, experimentando con el cine, con el arte gráfico,
con el dra-ma y la comedia, con todo aquello que pueda hacer
delimitar sus pelícu-las a un género o a un juicio estipula-do. Anderson es un dinamitador, un gamberro que a base de una
extraña miscelánea innovadora
está logrando una
interesante evolución artística sujeta a un progreso de
reafirmación advirtiendo en todo momento el afianzamiento de un
estilo propio y diferente. Su
cine expone una de las formas narrativas más transformadoras que
han surgido en la cinematografía actual, desarrollando historias
que nada tienen de gracioso, pero que reviste de un ingenioso
sentido del humor basado en unos personajes
desubicados, perdidos en el mundo que les rodea. Un mundo que no
les entiende y que, de repente, se vuelve contra ellos. Algo
parecido a lo que en más de una ocasión le ha su-cedido a este
joven cineasta dentro del mundo del cine. Sus tres ante-riores
filmes "Bottle Rocket",
"Academia Rushmore" y "Los Tenen-baums: Una familia de genios"
eran ejemplos de rarezas, de un sub-mundo poblado por una
maravillosa fauna alejados de la norma que hacen lo posible para
que se les comprenda y se les escuche.
El principio de "Life aquatic" expone esa
lucha honesta de Anderson; en un cine italiano se estrena el
último documental de Steve Zissou, un apático oceanógrafo que
presenta
el documental sobre su último viaje, una expedición que terminó
con una tragedia al morir Esteban, su mejor amigo, devorado por
una nueva especie de tiburón. Al término de la proyección, Zissou plantea la técnica de su trabajo ante un nú-mero reducido
de público (el restante ha abandonado la sala) y afirma que
volverá al mar para encontrar y matar a ese “tiburón-jaguar” que
acabó con la vida de su colega. Nadie parece creer en su
capacidad para volver a sorprender al público, pero el
oceanógrafo no está dis-puesto a perder la confianza que le ha
convertido en un iconoclasta, siendo honesto con su trabajo y su
estrambótica metodología. Para ello necesitará la ayuda de su
inseparable equipo, su millonaria ex mujer, una periodista que
va a cubrir la aventura, un supuesto hijo ilegí-timo, un veterano
alemán de las expediciones marinas, un brasileño que hace
versiones de David Bowie y una aventurera con querencia al top
less, además del resto de la tripulación y los becarios que le
acompañan a bordo del Belafonte, una mixtura a modo de ofrenda
del Calypso, de Jacques-Yves Cousteau (del que Zissou es un
perfecto émulo
surrealista) y del
célebre Nautilus de Julio Verne (con el que la búsqueda
quimérica de lo inexplorado tiene tanto en común con "20.000
leguas de viaje submarino").
Algo tiene "Life aquatic" de los dos
últi-mos trabajos de Anderson; si en "Acade-mia Rushmore" Max
Fischer (Jason Schwartzman), que al igual que Steve Zissou
aparece como un genio fracasado por el que se siente
inevitablemente com-pasión, quería construir un descomunal
acuario con el presupuesto del colegio en el que estudiaba por
conseguir infructuo-samente el amor de la profesora Miss Cross (Olivia
Williams) y "Los Tenen-baums: Una familia de genios" gira en
torno a la edificación de una familia sus-tentada en el
patriarca, figura que desem-peña aquí el flemático oceanógrafo,
sin perder de vista en ningún momento una alta carga irónica
sobre los sueños frustrados, en "Life acuatic" Wes Anderson
adiciona a su particular cosmos una involuntaria asimilación del
metalengua-je fílmico, rodando un filme que se centra en la
filmación de otra película ficticia, variante genérica que ha
dado un pequeño sub-género dentro del cine. Consciente de que sus
personajes transitan por un mundo en el que asumen la irrealidad
de sus acciones (paradig-mática es la situación en la que Zissou
se lía a tiros con los piratas fi-lipinos), la extravagante
expedición acuática no es más que la excusa del cineasta para
aportar con su subjetividad un mundo propio que desvela a través
de una mirada diferente, la de los protagonistas del Belafonte,
que sufragan el difícil reto de alcanzar esos
acuciosos con-trastes
sin desistir de esa comicidad esperpéntica y triste, configurada
como distinción indisoluble de su devastador estilo.
No
nos encontramos ante una película de fracasados, aunque en
pri-mer momento pueda parecerlo, sino que con "Life aquatic"
hallamos un melodrama suavizado donde el desencanto de la vida y
los objeti-vos malogrados se ponderan con ese humor absurdo, las
insólitas si-tuaciones que rodean la tragedia y el ánimo a partes
iguales, desper-tando éstas la búsqueda de respuestas a ese
desaliento y superándo-las para descubrir una nueva etapa más
esperanzadora de la vida. Los personajes de Anderson no aceptan
su condición de perdedores, re-velándose contra el amor, la
muerte y el fracaso, sin conciliarse con la vida. Y en su
posición de resentidos, demostrar su ira con una carac-terística
infantil propia del crío que reniega ante los problemas,
incapa-ces de afrontarlos, pero que en su final asumen su madurez
y recelan de lo insustancial, dando prioridad a cosas vitales
más significativas (Zissou entregándole el anillo del Club
Zissou al sobrino de su tripulan-te alemán). Una característica
que ha perdurado en la obra de este in-surrecto cineasta.
Que la historia de "Life aquatic" nazca
por unas palabras de Seymour Cassell, que manifestó en el show
de Dan Tana que le gustaría morir en las fauces de un extraño
escualo, dan la pauta de hasta qué punto Anderson concibe sus
historias. Esta extraña película se origina en el sarcasmo y el
delirio personal, pero transitando no sólo en la comedia, sino
en el cine de acción más extático, el drama hu-mano sensible, el
melodrama perturbador, el documental de naturaleza acuática y el
musical más extravagante que tiene co-mo protagonista a
Seu Jorge
cantando todos los clásicos de David Bowie,
como ocurría con las
apariciones de Jonathan Richman en "Al-go pasa con Mary".
Todo ello bajo esa nostalgia melancóli-ca
que se rompe imprevistamente por un humor distante, por momentos
muy ele-gante, en otros socarrón y recurriendo al gag (como el
"humor animal" con delfines y perros tullidos) al que en
ocasiones vuelve a abandonar para irrumpir en el drama familiar,
siempre atentando a las imprevistas vacilaciones de unos
perso-najes contradictorios, que no esconden su soledad. "Life
aquatic" es un producto artesanal y emocional, aunque haya
aco-plado un toque colorista, naïf e irreal con extraños seres
acuáticos creados con la ayuda del gran
Henry Selick.
Un hecho visible en el Belafonte (diseccionado en homenaje a
Fellini) que mues-tra a un grupo de optimistas marinos que
carecen de tecnología (sólo hay que ver el material científico
del barco), que tienen que robar los avances técnicos para
llevar a cabo sus investigaciones sobre el tibu-rón-jaguar.
Pero
sigue siendo un pretexto, ya que los descerebrados propósitos
del grupo encabezado por Zissou contrasta, no obstante, con el
arruinado y nulo panorama familiar que le castiga fuera de los
límites sumisos de las labores marinas dentro del barco con un
único apoyo: su admiración al capitán y la nostalgia (consideran
que salvar a una marmota en plena Antártica era emocionante)
como motor de con-tinuidad en
su aventura marítima.
Tal vez lo menos acertado de "Life aquatic"
sea que
esa inten-ción de innovar de Anderson determine en alguna ocasión
el funcionamiento de todo el engranaje recursivo y, sobre todo,
el notable deterioro interpretativo de
Owen Wilson,
que no está a la altura de sus compañeros. Aunque tampoco es
extraño, ya que Bill Murray
vuelve a demostrar por qué es uno de los mejores intérpretes del
cine contemporáneo, ensalzable adjetivo también ajustable a unas
excelentes Cate Blanchett
y Anjelica Huston,
y siendo extensible tanto a
Willem Dafoe como, por
ende, a los secundarios de esta tra-gicomedia coral. Por
último hay que destacar la fotografía de
Robert D. Yeoman
que aporta a la puesta en escena de Anderson un recono-cible
homenaje a las series documentales de divulgación científica de
los setenta, estéticamente deudora de "Mundo submarino", la
maravi-llosa serie creada por Jacques Costeau, y que sirve para
presentar a sus roles como parte de esa extraña fauna que va
mostrando a lo largo del filme incluidos en un barco como un
hábitat más cercano a un acuario que a un embarcación al uso.
Rareza inclasificable,
epatantemente gamberra, melancólica y som-bría en ocasiones,
repleta de detalles ingeniosos, "Life aquatic" destila
ambigüedad y una extraña belleza que la perfilan como uno de los
tí-tulos más sugerentes e incatalogables de este año.
Calificación:
    
Imágenes de "Life aquatic" - Copyright ©
2004 Touchstone Pictures y American Empirical Picture.
Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Life aquatic"
Añade "Life aquatic" a tus películas favoritas
Opina sobre "Life aquatic" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "Life aquatic" a un amigo
|