55ª BERLINALE - Festival Internacional de Cine de Berlín

 

 

 

 

 

 

 

 


 


 


LIFE AQUATIC
(The life aquatic with Steve Zissou)


Dirección: Wes Anderson.
País:
USA.
Año: 2004.
Duración: 120 min.
Género: Comedia, aventuras.
Interpretación: Bill Murray (Steve Zissou), Owen Wilson (Ned Plimpton), Cate Blanchett (Jane Winslett-Richardson), Anjelica Huston (Eleanor Zissou), Willem Dafoe (Klaus Daimler), Jeff Goldblum (Alistair Hennessey), Michael Gambon (Oseary Drakoulias), Noah Taylor (Vladimir Wolodarsky), Bud Cort (Bill Ubell), Seu Jorge (Pelé dos Santos), Robyn Cohen (Anne-Marie Sakowitz).
Guión: Wes Anderson y Noah Baumbach.
Producción: Wes Anderson, Barry Mendel y Scott Rudin.
Música: Mark Mothersbaugh.
Fotografía:
Robert Yeoman.
Montaje: David Moritz.
Diseño de producción: Mark Friedberg.
Dirección artística: Stefano Maria Ortolani.
Vestuario: Milena Canonero.
Estreno en USA: 25 Diciembre 2004.
Estreno en España: 23 Marzo 2005.

 

CRÍTICA
por David Garrido Bazán

De extravagancias y universos temporales

  De toda la reciente hornada de nuevos cineastas estadounidenses que han surgido a lo largo de los últimos diez años y que resultan más bien difíciles de agrupar o clasificar en base a otro criterio que pertene-cer a la misma generación y compartir una cierta voluntad de construir un discurso con pretensiones más o menos autorales y (habitualmen-te, pero no siempre) que suele marcar distancias con el enfoque del Hollywood actual –un grupo formado en principio por gente tan diversa como Paul Thomas Anderson, Todd Solondz, Alexander Payne, Da-rren Aronofsky, Sofia Coppola o Spike Jonze, y en el que sin duda es-taríamos obligados a incluir al guionista Charlie Kaufman–, Wes An-derson es sin duda uno de los que poseen de una forma más acusada eso que suele dar en llamarse un universo personal propio y un estilo claramente reconocible. Con tan solo cuatro películas realizadas des-de su debut en 1996 con "Bottle rocket" (la única de su filmografía que desconozco), Anderson ha conseguido desconcertar a propios y extra-ños con tres obras que desafían abiertamente cualquier intento de en-casillamiento, incluso por parte de la crítica, que se haya dividida ante la disyuntiva de hallarse en presencia de un absoluto genio o de un tipo que disfruta tomándoles el pelo con películas que, en el fondo, no son sino una gigantesca broma y no pueden ser tomadas muy en se-rio.

  "Academia Rushmore" (1998), la segun-da película de Anderson, era una cinta ciertamente estimulante que giraba en torno a un adolescente muy peculiar que, detrás de su pinta de empollón pedante, escondía a un tipo que adivinaba toda la amargura que la vida le iba a servir en grandes raciones a través de su relación con un Bill Murray que, en un papel es-plendoroso, sentaba las bases de los personajes desencantados que luego cla-varía en "Lost in translation" y ahora en esta "Life aquatic". Un film de lo más rei-vindicable que ya apuntaba un sentido del humor bizarro, un ritmo perezoso y un gusto ciertamente excesivo por las disgresiones argumentales, pe-ro que estaba lleno de momentos brillantes, de soluciones visuales ingeniosas y una melancolía irresistible que a veces incluso llegaba a transformarse en rara poesía. Seguidamente, "Los Tenenbaums"  (2001), un extraño retrato de una familia de supuestos genios que en el fondo tendían a comportarse como auténticos imbéciles o tarados emocionales, nos dejaba con la duda de si estábamos ante la come-dia más rematadamente triste o ante el drama más liviano y repleto de toques de amargo humor de los últimos años, sumiéndonos en el des-concierto a quienes nos habíamos enganchado a la peculiar poética de su anterior filme y ahora nos sentíamos tristemente desconectados de su nueva propuesta (cuando no mortalmente aburridos) a pesar de que había elementos en común que sin duda revelaban que estábamos an-te un autor coherente con su propio universo personal, por extravagan-te o marciano que resultara.

  Y ahora, "Life aquatic" lleva al extremo esa capacidad de desconcier-to porque ¿cómo demonios se analiza una película que se nos pre-senta en su formato como una parodia/homenaje (no está nada claro cuál de las dos es, aunque conociendo a Anderson, probablemente ambas) de la figura de Jacques Cousteau y aquellos documentales del mundo submarino que todos recordamos, pero que a la vez cierra una trilogía sobre el desencanto, la amargura y las relaciones padres/hijos con sus dos anteriores filmes, que exhibe un nuevo catálogo de perso-najes excéntricos y situaciones extravagantes, que mezcla sin disimu-lo drama con comedia y hasta aventura, que está repleta de homena-jes cinéfilos y que, de propina, tiene de fondo una estupenda aunque algo descolocante banda sonora formada por canciones de David Bo-wie versioneadas a ritmo de suave bossa nova y cantadas en portu-gués? Respuesta: pues con mucho cuidado y con una más que reco-mendable, obligatoria, falta de prejuicios.

  Empecemos con el personaje alrededor del cual gira todo. Steve Zissou (un Bill Murray tan impecable como en sus últi-mos trabajos) no parece dar muchas muestras de estar contento con su vida. Es más, su gesto indica todo lo contra-rio: un extraño tiburón se acaba de co-mer a su mejor amigo durante la filma-ción de su último documental, su esposa (una hierática y divertida Anjelica Hus-ton) no puede mantener una actitud más distante con él, no encuentra financiación para otra expedición (esta vez de vengan-za) porque parece que su trabajo ya no interesa a casi nadie, mientras que su colega de profesión Hennessey –un estupendo Jeff Goldblum, a quien considera básicamente un gilipollas, vive en la abundancia, y, para colmo, acaba de conocer a un joven que puede ser (o no) hijo su-yo –el imprescindible en toda película de Anderson Owen Wilson– y que acaba enrolado en su tripulación, más que nada porque representa para él una posibilidad de ajustar cuentas pendientes con el pasado ahora que intuye que sus expediciones están próximas al fin. Su tri-pulación, con la que se conduce más como un padre de familia deseo-so de reconocimiento que como un capitán de barco al uso, es todo un catálogo de personajes extravagantes que se desdoblan en sus fun-ciones, desde el fiel ingeniero Klaus (Willem Dafoe) –que le sigue con particular devoción– hasta el cámara hindú –que registra todo lo que sucede incluso cuando no debe– o esos becarios maltratados que viven su experiencia en un estado de semiesclavitud. Para más inri, por allí anda una embarazada periodista (Cate Blanchett) que va a ha-cer un reportaje sobre Zissou y de la que éste se encapricha pero que a su vez prefiere a su hijo Ned; y aún quedan un buen montón de reve-ses en esta aventura tipo Moby Dick, pero en clave surrealista, porque esto no ha hecho sino comenzar.

  El sarcasmo y el cinismo presiden los actos de Zissou, en el fondo un tipo que se sabe fracasado en casi todos los aspectos de su vida y de vuelta de casi todo, un adulto con arrebatos infantiles que no obs-tante recibe con el implacable estoicismo del que sabe que van a se-guir viniendo mal dadas todas las cosas que van aconteciendo y que se esfuerza, si bien no en exceso, en dejar cierto legado y en poner parches a los enormes agujeros de su pasado antes de abandonar esa especie de eterna y muy amarga infancia en la que se ha convertido su existencia. El universo construido por Anderson, como suele suceder en sus filmes (si bien aquí de una manera mucho mas extrema) sólo tiene sentido dentro de sí mismo, es decir, en cuan-to que es un espacio aislado, desgajado de esa molesta realidad con la que apenas mantiene un contacto esporádico. Los personajes de la película, extraños como ellos solos (en el fondo, siguiendo a su inefa-ble líder, todos son en mayor o menor medida adultos que se compor-tan como niños), no están demasiado alejados de los que han poblado con anterioridad otros filmes del director y, curiosamente, algunos de ellos consiguen vencer la reticencia inicial con la que son recibidos por parte del espectador para, en un rasgo bastante habitual en el cine de Anderson, convertirse en entrañables dentro de su disfuncional com-portamiento. Lo que distingue a Anderson de otros cineastas de su ge-neración es su casi absoluta libertad creativa y la tenacidad con la que se aferra a esos personales universos que surgen de su mente, sin du-da imperfectos, incoherentes y caóticos para cualquier observador ex-terno pero que sí parecen tener sentido, por extraño que pueda parece-rnos, para aquellos que los pueblan. Mal que a alguno le pese, es un rasgo autoral clarísimo.

  Por eso, Anderson no se esfuerza de-masiado en resultar creíble (por ejemplo, prefiere las magníficas a la vez que añe-jas animaciones artesanales realizadas con la vieja técnica del stop motion de Henry Selick, el mago responsable de maravillas como "Pesadilla antes de Na-vidad", antes que dar forma a las criatu-ras del film con las artes engañosamente más reales de las imágenes CGI creadas por ordenador) sino que lo que verdadera-mente le interesa es lo que surge de la interacción de esos personajes en el irre-al escenario que ha dispuesto para ellos: ver cómo se desarrolla esa relación pa-terno-filial entre Zissou y Ned, complicada con el triángulo amoroso que forma Jane con ellos y en qué medida afecta eso a cada uno de los implicados; prestar atención a los sentimientos heridos del insegu-ro Klaus; comprobar cómo evoluciona la progresiva toma de conciencia de Zissou de su propio fracaso o la lealtad de la tripulación a los des-varíos que a menudo atacan a su líder es muchísimo más importante que hacer mínimamente creíble la surrealista peripecia con los piratas, preguntarse quién en su sano juicio le ha estado subvencionando a se-mejante sujeto hacer esos documentales de dudoso valor (en la mis-ma medida, uno se obliga a preguntarse cómo consigue Anderson que sus películas sean una realidad) o si la misma resolución del filme tie-ne un clímax aceptable según las reglas de la ortodoxia narrativa.

  "Life aquatic" es una de esas películas que, si se tiene la men-talidad abierta para rarezas y, lo más importante, le pilla a uno en un buen día, puede conseguir que sintonicemos con su tono melancólico y vagamente poético o con su sentido del humor construido desde el absurdo y desde esa mirada desencantada y cínica a la realidad que a uno le rodea (lo que es una forma de enfren-tarse a ella tan válida como cualquiera), pero no nos engañemos: lo más probable es que una película como ésta interese más bien poco al espectador común, vagamente acostumbrado a que hagan con él este tipo de experimentos. O aún peor, que odie a esa pandilla de des-cerebrados excéntricos que pueblan la pantalla, se aburra mortalmente y, por ultimo, acabe indignado con ese director listillo cuyo universo personal le importa bastante menos que las dos horas de su tiempo que acaba de perder intentando entender dónde está la maldita gracia del chiste, que no acaba de ver por ninguna parte.

  Y sin embargo, un servidor, que recono-ce que salió del cine con sentimientos contradictorios sobre el filme y que en-tenderá perfectamente cualquier reclama-ción que se le quiera hacer a posteriori por todo lo arriba expuesto, se atreve a recomendar el visionado de "Life aqua-tic". Porque le encanta la ternura con la que Wes Anderson trata a sus criaturas, porque no tiene más remedio que aceptar que, pese a que su yo más crítico se re-bela contra la caprichosa estructura del argumento o la forma en la que los acon-tecimientos se suceden sin que haya el mas mínimo atisbo de una progresión na-rrativa, sintoniza muy bien con esa mirada desencantada al mundo que no hay un actor en este planeta que la exprese mejor que Bill Mu-rray: hay que ver a ese Zissou despotricando contra sus propios delfi-nes cuando éstos se niegan a obedecerle, evadiéndose del mundo real tras el pase de la primera parte de su documental esquivando a golpe de hachazo verbal a todo aquel que se le cruza en el camino, mostran-do una infinita ternura con un perro de tres patas o construyendo su re-lación con Ned desde la ignorancia más absoluta. Pero sobre todo, porque un director que es voluntariamente incapaz de definir si su película va de broma o es una historia terriblemente trágica siempre me interesará más que uno de esos pulcros profesiona-les carentes del más mínimo atisbo de algo parecido a un uni-verso propio, eso que Anderson tiene de sobra. Guste más o me-nos, una cuestión tan personal como disfrutar o no de la música de David Bowie en portugués y a ritmo de bossa nova.

Calificación:


Imágenes de "Life aquatic" - Copyright © 2004 Touchstone Pictures y American Empirical Picture. Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos reservados.

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