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BELLEZA PROHIBIDA
(Stage beauty)


Dirección: Richard Eyre.
Países:
Reino Unido, Alemania y USA.
Año: 2004.
Duración: 112 min.
Género: Drama.
Interpretación: Billy Crudup (Ned Kynaston), Claire Danes (María), Rupert Everett (Rey Carlos II), Tom Wilkinson (Thomas Betterton), Ben Chaplin (George Villiars), Hugh Bonneville (Samuel Pepys), Richard Griffiths (Sir Charles Sedley), Edward Fox (Sir Edward Hyde), Zoë Tapper (Nell Gwynn), Fenella Woolgar (Lady Meresvale).
Guión: Jeffrey Hatcher; basado en su obra teatral "Compleat female stage beauty".
Producción: Robert De Niro, Jane Rosenthal y Hardy Justice.
Música: George Fenton.
Fotografía:
Andrew Dunn.
Montaje: Tariq Anwar.
Diseño de producción: Jim Clay.
Dirección artística: Jan Spoczynski.
Vestuario: Tim Hatley.
Estreno en Reino Unido: 3 Sept. 2004.
Estreno en España: 8 Abril 2005.

CÓMO SE HIZO "BELLEZA PROHIBIDA"
Notas de producción © 2004 Filmax

  En 1660, cuando la dinastía de los Estuardo fue reinstaurada en el trono de Inglaterra con la coronación de Carlos II, se levantó la prohibición de representaciones públicas que llevaba 18 años cumpliéndose, y con ella un parte de la moral puritana que había dominado las décadas bajo el régimen de Oliver Cromwell. El nuevo Rey había pasado muchos años exiliado en Francia, donde había desarrollado el gusto por el teatro, y muy especialmente por la actrices. No tardó mucho en usar el sello real de aprobación para la formación de dos compañías teatrales londinenses, y en pocos meses, actores que se habían visto obligados a practicar su arte en secreto bajo pena de arresto, volvían a llenar teatros y tabernas.

  Entre los más destacados talentos del teatro en Londres estaba el actor Edward Kynaston, famoso por su extraordinaria belleza física y su habilidad en personificar a las heroínas del teatro inglés.

  En su libro, The First English Actresses, Elizabeth Howe explica: “El público de la Restauración estaba acostumbrado al drama en dos niveles – eso es, disfrutaban del espectáculo de las aventuras de los personajes durante la obra que se representaba ante ellos, pero a la vez eran poderosamente conscientes de las personalidades de los actores que había detrás de la ficción. En el S.XX, conocemos la personalidad de actores y actrices a través de los periódicos, revistas y televisión. El público de la Restauración los conocía a través de la rumorología y los ecos de sociedad, de las sátiras o por conocer a los propios miembros de la compañía teatral.” Parece claro que el famoso travestido y bisexual Kynaston fue toda un estrella para los parámetros y gustos de aquella época o de la actualidad.

  “Lo bueno de Ned Kynaston,” afirma el guionista Jeffrey Hatcher, “Es que hay suficiente información sobre él como para hacerle parecer interesante, pero no la suficiente como para que se pierda el misterio”.

  Hatcher describe cómo al hacerse con un volumen de los Diarios de Pepys en una librería de segunda mano se desató su interés por una olvidada estrella del S.XVII. “Tan sólo había leído algunos extractos de los escritos de Pepys, pero encontré este volumen y lo compré. Empecé a recorrer el índice y, dada mi profesión, lo primero que ojeé fue el apartado que leía “Teatro”. Así es como me topé con el nombre de Edward Kynaston. Pepys solía referirse a él como la mujer más bonita de la fiesta.

  Kynaston aparece tres o cuatro veces en los diarios, primero como un muchacho bellísimo que interpreta a una mujer, pero más tarde, Pepys denota que su voz no es particularmente buena (por lo que asumo que la voz de Kynaston se rompió). Entonces Kynaston es citado por un episodio de violencia: fue asaltado en un parque por malhechores a sueldo de un aristócrata, dramaturgo aficionado, llamado Sir Charles Sedley. Más tarde, después de que a las mujeres se les permitiera actuar sobre los escenarios, hay un nueva referencia a Kynaston como actor muy atractivo.

  Según supe de varias fuentes, Kynaston había trabajado clandestinamente como actor durante el interregno Puritano, período en el que estuvieron prohibidas las artes escénicas. Sin embargo, la profesión se mantenía viva en sótanos y bodegas, como si la gente del teatro supiera que la prohibición no iba a durar eternamente y se preparaban jóvenes actores para el día en que se abrieran nuevamente las puertas de los escenarios. Se rumoreaba que Kynaston era el amante del Duque de Buckingham y sufrió una paliza a manos de tunantes a sueldo de Charles Sedley, quien fue durante un breve período de tiempo, amante de Margaret Hughes. Se cree que la señora Hughes fue la primera mujer de la escena inglesa en participar en un producción de Othello. Lo último que supe sobre Kynaston fue que se casó y tuvo hijos.

  Bueno, pues aquí tenemos a un actor famoso por interpretar papeles de mujer, que mantenía relaciones homosexuales –una especie de juguete sexual de la clase alta– que fue apaleado por el amante de la actriz más conocida de su tiempo, lo que sugiere un cierto componente de rivalidad y conflicto. Llegados a ese punto en mi investigación pensé, ‘Alguien debería escribir una obra sobre esto y si Stoppard no lo ha hecho ya, ¡mejor me doy un poco de prisa!”

  El productor de Tribeca Films, Hardy Justice, reconoció enseguida que ‘Compleat Female Stage Beauty’, la obra de Hatcher sobre el mundo de Kynaston podría ser transplantada sin problemas a la pantalla grande y propuso el proyecto al cineasta y exdirector del National Theatre, Richard Eyre.

  “Richard fue una elección natural para Belleza Prohibida”, afirma Justice. “Tiene precisamente el tipo de talento que la pieza requería: es un gran director que ha extraído magníficas representaciones de algunos actores en el pasado. Tiene un excepcional background cinematográfico que añadir a su currículo teatral. Esta era una historia que, a fin de cuentas, saldría adelante o fracasaría según el nivel de sus actores protagonistas y no cabe duda de que Richard era un director que podía fabricar una buena película y atraer un reparto d primera. Parecía tener una visión precisa para sacarle el máximo partido a cada página del guión. El mundo del teatro suele dar una sensación de circo decadente, y una sensación también decadente es la que despide la calle de aquellos días, pero sin dejar de ser vibrante y estimulante”.

  La primera impresión que extrajo el director Richard Eyre al leer el guión de Hatcher fue principalmente la de intriga, ya que no encajaba en ningún género: “Se me cae el mundo encima cada vez que escucho `Es una comedia romántica ´, o `Es un drama/thriller/romántico´, y cosas similares. Soy de ese tipo de personas que siempre se confunde en el videoclub porque no sé si alquilar una comedia romántica o un drama —tan solo quiero ver una buena película. Para mí, este guión era imposible de etiquetar”.

  Hugh Bonneville, quien anteriormente había co-protagonizado “Iris”, la oscarizada película de Eyre, da vida en Belleza Prohibida al omnipresente gacetillero Samuel Pepys y con acierto, también acuñó su propia frase para definir el proyecto: “Se trata de un film de época con un plan de romper esquemas genéricos”.

  Sus pensamientos se hacen eco en Edward Fox, quien interpreta a Hyde, consejero real, un Puritano de la vieja escuela que desaprueba con estridencia cada diversión del monarca, ya sean obras de teatro o cenas: “esta historia trata de un tema muy antiguo: las relaciones entre hombres y mujeres”.

  “Realmente trata sobre alguien en busca de su propia identidad”, asegura Eyre. “En este caso se trata de un hombre cuyo trabajo es hacer de mujer ante un público. Cuando se le prohíbe ejercer su profesión, su identidad es puesta en peligro. También se trata de alguien claramente bisexual, y se encuentra determinando cuál es verdaderamente su identidad sexual. Para Ned, quién es él profesionalmente y qué es sexualmente son elementos intrínsecamente ligados. Una de las cosas que me gustan del guión es que nunca se dice que es bueno, malo o regular el hecho de ser gay, hetero o bisexual. Se trata simplemente de ser quién eres”.

  Según Justice, el productor, “En el corazón del film reside una pregunta: ¿es tu ser interior diferente de tus acciones exteriores y si cambias como actúas, modifica eso tu interior?” Creo que eso es algo con lo que cualquiera se puede identificar. La historia también explora problemas de género – qué es ser un hombre, qué es ser una mujer. Es algo sexy y bastante relevante, sobretodo teniendo en cuenta la guerra de sexos de las últimas décadas. ¿Cómo se comporta la gente ahora en sus relaciones? ¿Cuáles son los papeles? No se trata de llevar un vestido, es cómo te sientes interiormente lo verdaderamente importante”.

  Hablando de vestidos, había que encontrar a un actor que pegara con los ropajes de Kynaston. “Tenía dos condiciones a la hora de coger un actor que interpretara a Ned”, asegura Richard Eyre al hablar del casting de su ambiguo personaje principal. “Una era que fuera muy guapo. Tan simple como eso; tenía que ser un hombre bello y no hay muchos actores así. En segundo lugar, tenía que tener experiencia interpretando Shakespeare – eso no sale así como así. No hay muchos actores británicos que cumplan la primera condición y que tengan la experiencia de Billy Crudup haciendo Shakespeare. Sólo se llegaron a discutir tres o cuatro nombres, y siempre estuvo el primero de mi lista”.

  Jeffrey Hatcher asiente: “Sólo hay unos tres tíos en este planeta a los que me hubiera podido imaginar como Ned Kynaston, y Billy Crudup es uno de ellos. Necesitas a un actor de cierta estatura, ni demasiado alto ni demasiado bajo. No vas a engañar a nadie; no es como en Juego de lágrimas, donde todo el mundo salta de repente diciendo, “¡Wow, es un hombre!” Pero tienes que poder creerte que, en esa época, podría ser aceptado como mujer. Por supuesto, una vez ha encontrado a un actor guapo que no es muy alto, entonces tiene que ser un buen actor. Es difícil encontrar las cualidades necesarias en un actor, y si Billy hubiera dicho no, no sé si hubiéramos sido capaces de levantar la película”.

  Por su parte, Billy Crudup encontró el desafío de interpretar a Ned Kynaston muy estimulante, y a la vez agotador. “No le ocurre cada día a un actor de 35 que le ofrezcan la posibilidad de ser Desdémona y Othello a la vez”, asegura. “También resulta inusual un guión que da tanta importancia al lenguaje y al mismo tiempo te explica una historia intrigante, trágica y divertida sobre la identidad y el amor. No podía dejar pasar la oportunidad de embarcarme en este proyecto y creo que hay algo de orgullo profesional en esa decisión. Una cosa es interpretar a alguien que es muy mal actor para dar un efecto cómico. Otra cosa es que te pidan que encarnes a alguien que es bello y maravilloso, y yo no estaba seguro de poder hacer eso de un modo que fuera aceptable para el público... que es precisamente lo que me motivó para aceptar el papel. Es probable que sea un poco masoquista...”

  El diseñador de vestuario Tim Hatley no compartió las dudas de Crudup. “Fuimos muy afortunados al poder contar con Billy porque es muy guapo”, comenta. “Físicamente se deja llevar para interpretar a una mujer – tiene una cintura que pocos hombres poseen y su estructura ósea vale para eso. Tenía que llevar un corsé con los vestidos, lo cual él odiaba por su efecto constrictor, muy extraño para un hombre. La moda de aquellos tiempos era aplanar los pechos, por lo que no tuvimos que pensar nada para esa parte. El vestido dictaba sus movimientos; los tacones y el corsé alteraban su modo de caminar. ¡Estaba fabuloso y lo sabía!”

  Cuando le piden que describa el efecto de su ropa femenina en su interpretación, Crudup ríe. “Se supone que no lo he hecho nunca antes. Por ello creo que se hace imperativo que conteste a la pregunta del modo más evasivo posible”.

  Andrew Dunn, el director de fotografía, contribuyó a crear la ilusión de la feminidad de Kynaston. “En el film, vemos a Ned como hombre y como mujer, y para mí, iluminar a Billy como hombre era muy fácil ya que es un hombre guapo”, asegura. “También parece una mujer guapa, pero mi equipo y yo teníamos que iluminarle de un modo más simpático cuando iba vestido de mujer; con una luz más suave”.

  Claire Danes fue elegida para interpretar el papel de María, la enamorada de Ned Kynaston y su encargada de vestuario, quien más tarde se convierte en su rival profesional. Al igual que Crudup, Danes es una actriz de Hollywood que ahora se enfrenta al papel de una actriz en la Inglaterra del S.XVII.

  “Curiosamente, no es el típico caso en que los productores te piden a alguien súper famoso”, afirma Eyre. “Ninguna de las otras actrices en las que pensé tenía la fuerza, agudeza, inteligencia y energía de Danes. Esas cualidades la hacen enormemente. Tanto Claire como Billy tienen un oído excelente para las lenguas, por lo que supe enseguida que aquello no acabaría como un batiburrillo de acentos transatlánticos. La verdad es que creo que eran los dos mejores actores de habla inglesa para estos papeles”.

  “Fue un reto para nosotros, dos americanos, interpretar a personajes ingleses del S.XVII, y eso sin mencionar que Billy lleva un vestido de mujer la mayor parte del tiempo”, afirma Claire Danes. “Dedicamos mucho tiempo a trabajar en nuestros acentos. En cierta manera, un acento es una herramienta muy útil a la hora de conformar un personaje. Crea algunos parámetros que después pueden ser de utilidad”.

  “Claire Danes fue otra elección natural para nosotros”, asegura el productor Hardy Justice. “Es una actriz maravillosa y tenía muchas ganas de hacer el papel. Entendió inmediatamente que María era el reflejo de Ned. La primera vez que se vio con Richard, llegó en medio de una tormenta, caminando sobre un palmo de nieve para no llegar tarde a su cita. Como María, ella es capaz de ir desde alguien que crees que puede ser una encargada de vestuario, una personalidad de detrás del escenario, hasta una persona que florece y se encuentra sobre el escenario. Ella tiene que interpretar mal y hasta eso lo hace bien. Eso es muy difícil. Tenemos que ver a alguien descubriendo su talento interpretativo en el transcurso de la película. Es vulnerable pero a la vez tiene ambición – llega a cambiar el rol de la mujer en el teatro”.

  En cuanto al aspecto histórico de la historia, Danes comenta: “¿Quién sabe realmente cómo eran en aquellos tiempos? Leí unos cuantos libros sobre la vida en el S.XVII y me iluminaron en parte pero supongo que mi trabajo es mostrar la experiencia humana. Me arriesgué al asumir que el comportamiento humano es algo universal y consistente en el tiempo. ¡La única concesión que hice a la Restauración fue sentarme derecha!”

  “Sorprendentemente, la gente no cambia mucho con el paso de los siglos”, afirma Richard Eyre. “Si estudias la poesía de la Antigüedad y su Narrativa, todos hablan del mismo tema: las relaciones humanas. A lo largo de la historia, la gente se comporta de la misma manera. Uno podría decir que es algo deprimente. Si por el contrario eres un romántico, puedes llegar a convencerte de que el comportamiento de las personas ha ido mejorando con el paso del tiempo, pero está demasiado claro que no ha sido así. Se portan de la misma manera que lo han hecho siempre. Tienen las mismas pasiones, envidias y sentimientos mutuos que siempre – hombre y mujer, nación y nación, familia y familia. Si miras las historias del pasado descubrirás que son similares a las que se prodigan hoy en día, por lo que no es especialmente difícil penetrar en la mente de una persona del S.XVII o introducir una sensibilidad contemporánea a una historia del S.XVII. Pienso que Jeffrey Hatcher fue muy agudo en su guión y espero que le hayamos hecho justicia”.

  “La Restauración fue un período muy erótico”, apunta Hatcher. “Como los años de la administración Reagan en los EEUU... Salían del ascético período de represión moralista que supuso el interregno Puritano –parecido a los años de Carter - y entonces, de pronto, llega este rey cachondo, exudando masculinidad y con muchas ganas de pasárselo bien. Como en los 80 de Reagan (a pesar de su conservadurismo económico), durante La Restauración la actitud fue “¡Que vengan las chicas!” “¡Abran el bar!” Con la Restauración, se prodigaron las gacetillas eróticas y las mujeres empezaron a enseñar los pechos sobre los escenarios. Eso nunca se hubiera dado en el período Isabelino o Jacobino ni mucho menos durante el régimen de Cromwell. Fue un período sexy y animado, y francamente no sé porque más gente no hace películas sobre él”.

  “Todos hemos aportado nuestra sensibilidad contemporánea a la historia”, señala Eyre. Lo que he intentado es unir el pasado y el presente para que el espectador no sienta estar ante un anacronismo, y a la vez no ser prisioneros del período histórico. Hay ciertas cosas que los expertos podrían decir que no eran así o que no sucedieron de esta manera (y en cierto modo, esa es una parte de la trama), pero deseo que los espectadores acaben introduciéndose en el mundo ficticio del S.XVII. Todas las películas crean, en mayor o menor grado, un universo ficticio, y este es también un universo ficticio establecido en la visión que yo y el diseñador de producción tenemos del S.XVII”.

  “Sólo porque estuviéramos haciendo una película de época, Richard no quiso encerrarnos en un “gueto de literalismos”, afirma Jim Clay, diseñador de producción. “Quería que respetásemos el período histórico, pero no dio libertad para movernos al margen. Por ejemplo, construimos un decorado sobre unos terrenos de la Real Academia Naval en Greenwich, un edificio que data de finales del S.XVII. Los más puristas podrían espetar, “Esa cúpula de Christopher Wren no se completó hasta 1720...” Pero nosotros intentamos no constreñirnos tanto y abrir el mundo de la película. La Academia Naval nos brindó la oportunidad de construir un decorado en el que podíamos rodar los 360º. También nos aportó una explanada en la que recrear las calles de Londres y el edificio que hace las veces de la corte de Carlos II. Tomamos el espíritu de los edificios de la época y le pusimos un poco de imaginación”.

  Hatley, el diseñador de vestuario se permitió a su vez una cierta libertad de movimiento dentro del período. Como él mismo explica: “La película está ambientada en la década de 1660, esa era nuestra ancla creativa, pero nos permitimos algunas licencias, sobretodo marcha atrás en el tiempo. Tengo la absoluta seguridad de que la gente corriente no iba a la última moda de la época, y que todavía vestían ropas de 20 o treinta años antes. Tienes que recordar que la gente no tenía ni el dinero para renovar su vestuario que ahora tenemos, ni tampoco lavaban su ropa como ahora lo hacemos. La ropa era re-utilizada, recortada y adaptada. Como diseñador de vestuario, esto es fantástico, ya que te da mucha cancha a nivel creativo y lo hace todo más interesante. Es erróneo por parte de un diseñador de vestuario el fijarse sólo en los estandards de la moda de una época y vestir a todo el mundo de ese modo. Es como si para saber cómo se viste hoy en día, uno se fijara sólo en Vogue. Pero con observar cómo viste la gente por la calle verás que muchas personas llevan la misma ropa que sus padres hace 30 años. Quise dejar claro que tratábamos con gente real y ropa real”.

  En opinión de Jim Clay, “El Londres de 1660 era cerrado y huraño. Era un lugar sucio, maloliente y inhospitalario en el que no se veía mucho el cielo... como un Manhattan de aquella época, con edificios altos combándose en ángulos imposibles”.

  “Jim recreó el Londres de 1660 desde cero porque ese universo quedó destruido en el Gran Fuego de cinco años después”, comenta Hardy Justice. “Hizo un trabajo magnífico creando no sólo los teatros sino también las calles donde habitan nuestros personajes. Es un mundo que ya no existe pero lo ha recreado de un modo en que la ciudad se muestra viva y vibrante. Se hace familiar y contemporánea. Cuando Jeffrey Hatcher y yo hablamos por primera vez sobre convertir la historia en película, me comentó que no quería que fuera una película de cartón piedra. Y creo que lo consiguió. No parece que estemos tratando de tiempos pasados; más bien parece que nos enfrentemos a los mismos problemas y dilemas con los que lidian por ejemplo los neoyorquinos de hoy en día”.

  Para Richard Eyre y el equipo de diseño, esas alusiones al Nueva York contemporáneo, se encuentran en el trabajo del fotógrafo Nan Goldin, cuyas imágenes estaban colgadas por toda la oficina de producción de la película junto a postales y retrato de la National Galley y en las que aparecían las figuras históricas que salen en la película. El trabajo de Goldin inspiró a Eyre desde un principio: “Yo quise un estilo que simultáneamente fuera fiel al período histórico y tuviera un toque contemporáneo”, afirma Eyre. “Nan Goldin me influyó muchísimo; era un fotógrafo brillante cuyas fotos tratan mayormente sobre su propia vida, sus amigos, sus colegas. Sus motivos son a menudo travestidos y transexuales. Es un mundo algo sombrío. Esas fotografías son siempre conmovedoras por su espontaneidad. Hay algo muy directo sobre ellas y sus colores son preciosos. Fue una influencia importante - reconciliando pasado y presente diciendo «mira estas fotografías y las postales y retratos del período histórico». Tampoco quise usar el color indiscriminadamente. Quería una paleta neutral de la que sacábamos color únicamente cuando queríamos, por lo que cuando el espectador ve color en la película, tiene mucha fuerza y significado”.

  El director de fotografía Andrew Dunn encontró un modo de mantener el tono inmediato y contemporáneo de las imágenes través de una utilización muy liberal de la cámara en mano y la steadycam. “Nuestro objetivo principal era hacer sentir al público que se encontraban en ese tiempo, no mirábamos a un mundo extraño a través de una lupa, sino que estábamos literalmente allí, involucrados con las vivencias de esas personas, sus temores y sus anhelos. La mayoría de los planos son en movimiento, de un modo u otro, manteniendo ese mundo vivo y en marcha. No nos reducíamos a observar desde la distancia como si estuviéramos viendo una función de teatro. Por el contrario, la cámara estaba siempre ahí con los actores, siguiéndoles a través de la historia con velocidad y energía”.

  Jim Clay diseñó el gran escenario y los espacios adyacentes del Betterton Theatre, que fue construido en un enorme estudio de los Shepperton Studios. Su imagen para el Bettertone era la de un “gran y viejo barco, cuya estructura se cae a pedazos sobre aquellos que recorren sus tenebrosos corredores, donde se pueden sentir los lamentos en forma de crujidos de sus vigas y columnas”.

  “No existe casi material de investigación sobre el teatro”, apunta Clay. “Muchos teatros se levantaron sobre antiguas pistas de tenis u otros espacios vacíos; no fueron diseñados ex profeso para esa utilidad, por lo que tuvimos mucha libertad a la hora de diseñarlo. Construimos un decorado grande y multifuncional que podría haber albergado el mundo entero. Intenté incorporar mucha profundidad a los planos, para que cuando, por ejemplo, nos encontráramos arriba en los camerinos, pudiéramos mirar sobre las alas, los pasillos aéreos, y desde allí a la platea. A menudo construimos grandes decorados para trabajar en ellos sólo unos pocos días. Pero aquí, el teatro era todo un mundo, y gran parte de la historia transcurre en su interior. Era casi un personaje más de la película y rodamos en él durante cinco semanas. Es una construcción muy ambiciosa para el presupuesto que teníamos y había que justificar su construcción. Ya que el 75% de la historia tiene lugar allí, era la oportunidad perfecta”.

  “¡He sido el propietario en la ficción de dos teatros en este mismo edificio!”, comenta Tom Wilkinson, que da vida al actor/empresario Thomas Betterton. “Fui el dueño del teatro en Shakespeare in Love y ahora poseo Betterton’s. Doble razón para estar orgulloso”.

  “He pasado la mayor parte de mi vida profesional en los backstage de los teatros”, asegura Richard Eye. “Por lo que es un mundo con el que estoy familiarizado. A lo largo de la historia, todos los teatros han sido muy similares. La gente que los ocupa sigue haciendo prácticamente lo mismo, y los teatros todos se parecen. Si te metes en el backstage de cualquier teatro del West End, te puedes horrorizar de lo primitivo que resulta, y el backstage diseñado por Jim Clay también lo es. Todo muy crudo, de madera sin tratar. Los teatros siempre tienen un aire de temporalidad porque están pensados como lugares en los que se representan funciones a un público sentado en la oscuridad. La belleza del auditorio no es una prioridad”.

  “Todos los detalles ayudan”, asegura Eyre. “Te des cuenta de su existencia o no, todos esos detalles, acumulados en la pantalla, impactan en la percepción del público, haciéndoles sentir que se encuentran en un universo real y auténtico. Y no existe modo de conseguir esto último sin la máxima atención al detalle de todos y cada uno de los departamentos involucrados en la producción. Esa es una de las cosas que me atraen del cine, y también la esperanza de que cada película es la suma de todos esos detalles es más importante que otras consideraciones estructurales”.

  Wilkinson, que pasó gran parte de su tiempo en el decorado del backsatge, bromeaba diciendo que “un elemento de verosimilitud del que podría haber prescindido es la grava y la mugre del suelo, extendidas por doquier. Insistían en que era históricamente auténtica, pero se metía por todas partes”.

  Quejas sobre chinitas en el zapato aparte, Wilkinson estuvo muy contento e íntimamente agradecido con el mundo en el que transcurre la película: “reconocí el lado gracioso de todo ello y de la idea de interpretar a un actor. Hay aspectos del guión que son muy realistas sobre cómo los actores se tratan entre ellos”, asegura. “Lo que le ocurre a Betterton es que ya ha visto todo antes y no le interesa tanto interpretar como hacer dinero. Ve a Ned y dice «Ah, bueno, aquí estamos, otra estrellita. Me adaptaré y la vida seguirá igual». Betterton ya ha lidiado con este tipo de divas en el pasado (quizás incluso fue una de ellas en su juventud) y no le preocupa ya que esa nueva figura llene de culos las butacas de su teatro. Incluso hoy en día, uno escucha sobre tal o cual estrella de cine que comportándose fatal (y yo he podido ver a más de una con un comportamiento execrable) pero la gente sigue yendo a ver sus películas y les deja portarse de ese modo. Los productores lo toleran porque saben que van a sacar mucho dinero de esas personas, igual que Betterton se comporta con Ned, ya que Ned es su gallina de los huevos de oro”.

  “El personaje de Ned contiene la historia del teatro, de la interpretación”, afirma Hardy Justice. “Empieza interpretando una especie de Kabuki donde cada gesto es aprendido y cada movimiento de la mano tiene un significado específico. Actúa de un modo artificial y gradualmente, va desgajando un estilo más naturalista. Al mismo tiempo, va pelando de si mismo todo aquello que es artificial para llegar a un estado existencial más genuino. Intenta por primera vez decir quién es en realidad, y no que sencillamente interpreta un papel para alguien – ya sea un papel para su amante el rey o el mundo”.

  “Disfruté mucho con la escena de Othello que hacemos al principio de la película, porque se trata de un estilo interpretativo que no se usa ya”, comenta Wilkinson. “De hecho, lo imaginamos, basándonos más en el teatro victoriano que en el de la Restauración. No creo que nadie sepa realmente como era; está demasiado lejos en el pasado. Pero crear algo tan artificial es muy divertido. No está hecho para parecer real o convincente”.

  “He dirigido Othello en dos ocasiones en el teatro y es un territorio que me es muy familiar, pero la dificultad aquí es que está sacado de contexto”, señala Eyre. “Shakespeare es como interpretar un idioma extranjero, poético y destilado que tiene su pulso; no puedes interpretarlo como un habla natural. Por otro lado, Has de conseguir que los sentimientos sí sean reales y parte de nuestra historia trata sobre la creación del estilo interpretativo natural. Al principio de la película, se puede apreciar un tipo de actuación del S.XVII muy estilizada, y al final, se puede apreciar un estilo post-Marlon Brando de actuación. Muy natural, pero también dado que es Shakespeare, sin ignorar las demandas del lenguaje shakespeariano. Al margen debo decir que una de las mejores interpretaciones de Shakespeare que he visto fue Marlon Brando como Marco Antonio en Julio César de Joseph Mankiewicz”.

  Jeffrey Hatcher es el primero en admitir que el estilo naturalista de interpretación descubierto por María y Ned al final de la película es, en sus propias palabras, “engañar al espectador adelantándonos un par de siglos”. Sin embargo, como él mismo explica, “lo gracioso de los estilos de actuación es que cada generación de actores siente que han redescubierto la interpretación haciéndola más natural. La marcha de la profesión ha ido siempre hacia lo que era más 'real'. Cuando David Garrick pisaba un escenario, el público creía que era el actor más realista del mundo, pero si le viéramos ahora, nos parecería de lo más almidonado... O tomemos como ejemplo el período en que todo el mundo estaba de acuerdo en que Laurence Olivier era mucho más natural John Gielgud. Si uno ve ahora una interpretación del Olivier de los años 30, con todo lo buena que es, nos parecería muy melodramática. Por todo ello, creo que en esta película nos hemos podido permitir una cierta cantidad de licencias poéticas”.

  Billy Crudup añade: “Es un pequeño engaño en la historia y Richard y yo hablamos sobre ello al principio, la idea de que Ned y María inventaran el arte dramático naturalista/realista en el S.XVII cuando eso no ocurrió en realidad hasta la década de 1940. Pero en el guión, Ned y María están desesperados por encontrar un modo de expresión artístico que les permita explicar una historia de un modo auténtico, que llegue más profundamente al corazón de la interacción humana que el tipo de interpretación con el que se encontraban cómodos en aquella época. No creo que eso fuera así porque la gente de entonces estuviera menos interesada en la verdad, sino que esos eran los convencionalismos disponibles y la gente no podía hacer la transición a la vulgaridad que representa la vida diaria”.

  “Es curioso hacer una película sobre un escenario, en el contexto de un teatro”, afirma Claire Danes. “Se hace extraño hacer de actor. La encargada de vestuario me pasaba la ropa con la que se suponía que yo debía vestir a Billy... y él interpretaba a un actor que interpreta a una actriz. Había muchos niveles interpretativos en la historia”.

  “Trata sobre el teatro, literal y metafóricamente”, afirma Ben Chaplin, que da vida al aristocrático amante y patrón de aristocrático de Kynaston, el dramaturgo George Villiars, Segundo Duque de Buckingham. “Es difícil para nosotros imaginar un tiempo cuando las mujeres tenían prohibido actuar sobre un escenario y aún más duro resulta saber que los hombres tuvieron que interpretar papeles femeninos durante décadas. La gente de aquellos tiempos no parecía tener ningún problema con eso y esa misma idea es algo ya muy interesante de por sí. A los hombres del público les debían gustar mucho esos personajes femeninos; seguro que pensaban, «oooh, ella ha estado fantástica. Me encanta. ¡Es preciosa!» Eran las Meryl Streep de su tiempo, sólo que eran hombres”.

  “Cuando soy Ned interpretando a una mujer”, comenta Crudup, “paso la mayor parte del tiempo asegurándome de que cada detalle esté en su sitio. No pienso en si soy una chica muy atractiva o no, porque para Ned, ese mero pensamiento es amenazador, al no saber a ciencia cierta si realmente es tan 'guapa' como cree ser”.

  “El film sugiere que Ned es en parte culpable del regreso de las mujeres a los escenarios, y eso no es verdad”, apunta Hatcher, el guionista. “Pero nadie sabe exactamente porqué se permitió a la primera mujer volver a subirse a un escenario. El diario de Pepys, la crónica más fiel que disponemos de aquella época, sólo apunta que una mujer interpretó a Desdémona en 1661 – no dice si fue el rey quien lo permitió o fue consecuencia de un debate parlamentario al efecto; simplemente señala que ese hecho ocurrió. No obstante, dos semanas después de aquello, Pepys escribe que de pronto los escenarios londinense se llenaron de mujeres. En pocos meses, Carlos II proclamó un edicto en el que se prohibía a los actores masculinos interpretar a mujeres. Debía haber existido una ley anterior prohibiendo las mujeres aparecer en los escenarios, aunque no existen pruebas escritas de ello. Pero sabemos a ciencia cierta que Carlos II promulgó una ley en la que los hombres no podían hacer papeles de mujer en público. No es difícil imaginar un mundo en el que las mujeres pudieran interpretar a mujeres en un teatro, y en el teatro adyacente, los hombres pudieran hacer de mujer (como Mark Rylance en el Globe, por ejemplo), pero Carlos II usó lo que los americanos denominan 'acción afirmativa' cuando decidió eliminar la competencia. La mayoría de la gente cree que esto se dio porque el Rey tenía tantas amantes actrices que quiso hacerles a todas un favor”.

  Entre las amantes actrices más populares del monarca estaba Nell Gwyn, una vivaracha y directa exvendedora de naranjas que consiguió subir desde los puestos de fruta hasta los escenarios, pasando por la alcoba real. Habiendo sido anteriormente amante de un actor y de un noble llamados ambos Charles, apodaba con cariño al Rey como Carlos el Tercero. Su carrera transcurrió sobre los escenarios (con la ayuda del monarca) como una de las actrices cómicas más populares de su tiempo. Una historia apócrifa explica que Nell consiguió del Rey Carlos II un título para su hijo al requerirle un día diciendo «Ven aquí, pequeño bastardo». Cuando el rey reprendió a Nell por dirigirse al chico de esa manera, la mujer replicó que no había otra forma de llamarle ya que eso era exactamente lo que su hijo era. Poco después, Carlos II concedió un ducado al 'pequeño bastardo'.

  Para el papel de Nell Gwyn, Richard Eyre escogió a Zoë Tapper, una vivaz y directa debutante, recién salida de la academia de arte dramático. “Mi escuela se suscribió a una revista en la que se anunciaban próximos castings y cuando vi que iban a hacer uno para el papel de Nell Gwynn pensé, “¡No hay razón para creer que no puedo robarle este papel a alguien!”, afirma Tapper. “Algo impertinente, escribí a la directora de casting Celestia Fox diciendo: “¡SOY Nell Gwynn! ¡Tenéis que dejarme ir al casting, por favor!” Sorprendentemente, unos días más tarde recibí una llamada en la que me decían «OK, enséñanos qué tienes». Fue algo intimidatorio pero fantástico. Me reuní con el equipo de casting en un par de ocasiones, y después conocí al director Richard Eyre (lo que me provocaba mucho respeto ya que él siempre ha sido uno de mis ídolos desde que empecé en la escuela de arte dramático.) Me hicieron una prueba de cámara y eso fue todo. Acabé en la escuela un Viernes, y el Lunes ya estaba rodando. Los dos primeros días de rodaje fueron muy divertidos. En el primero, debía vestirme como un hombre, una versión mini del Rey Carlos II. En la época, se solían representar musicales en palacio, y en mi primera escena, Nell va vestida como el Rey, con su peluca y sus coletas. El segundo día, tenía que bajar por un tramo de escaleras rodeada por los niños de un coro, que aguantaban un escudo delante de mí, cantando un número corto, y finalmente se revela que... ¡estoy desnuda detrás del escudo! La verdad es que fue espantoso. Todo esto es nuevo para mí. Estoy aprendiendo, sobre todo: quién hace esto, quién se encarga de lo otro – intentando captarlo todo. La escena del escudo fue de lo más pedagógica y me alegro de haberla hecho”.

  “No sentí que tuviera que ayudar a Zöe en nada, ella se vale muy bien por sí misma”, asegura Rupert Everett, que interpreta al Rey Carlos II en Belleza Prohibida, habiendo encarnado recientemente a su padre, Charles I en Matar a un Rey. “Zoë controla muy bien sus emociones, es una buena actriz, y siempre resulta mucho más fácil trabajar con alguien con calidad”.

  “Trabajar con Rupert fue una gozada”, asegura su joven co-protagonista, “Y supongo que sólo mirarnos a los dos juntos ya es gracioso ya que él mide casi metro noventa y yo un metro sesenta pelado. Tenía que empezar muchas escenas con una carcajada y Rupert siempre tenía listo un chiste para ayudarme”.

  “Nell y María son amigas del alma, ambas adoran la interpretación y son aliadas porque las dos provienen del mundo del backstage”, aclara Danes. “Al igual que Nell, María está repleta de pasión; tiene un gran deseo de actuar y, aunque no posee experiencia, su entusiasmo es enorme. Es cariñosa y amable, y también audaz. Creo que a veces las virtudes de las personas son también sus defectos, y eso se trasluce en María. Es muy cabezota con sus objetivos, y puede llegar a ser insensible en ocasiones ante las demandas de otras personas”.

  “Con Nell Gwyn, no hay censura”, afirma Tapper. “Si algo se le mete en la cabeza, sale por su boca. No piensa en las consecuencias de sus actos. Nell nunca olvidó sus raíces, tiene todos esos vestidos bonitos y está subida a un pedestal por su relación con el monarca, pero jamás olvidó quién es, una ex vendedora de naranjas y no se avergüenza. He intentado encarnarla como una persona abierta y honesta, orgullosa tanto de sus orígenes como de su posición actual. Hicimos una escena maravillosa con toda esa gente guapa y elegante sentada a cenar en palacio y Nell grita a todo pulmón en plena fiesta que su madre era una puta. Las escenas de Nell son las más cañeras”.

  Como todos sus colegas actores, la debutante Zoë Tapper también cree que fue gracias al director Richard Eyre que pudo sentirse tan cómoda y segura con su papel.

  Claire Danes afirma: “Richard es una de las personas más sinceras y honestas que conozco. Yo era un manojo de nervios al principio porque tiene esa reputación tan consolidada, pero resultó ser muy cercano y todos mis temores e inseguridades se desvanecieron al final de los ensayos. No conozco a nadie que no se deshaga en elogios después de haber trabajado con él. Aprecia muchísimo el trabajo con los actores”.

  “Directores que aprecian a los actores son una especie más rara de lo que convendría”, confiesa Eyre. “Uno escucha historias terribles sobre directores que tratan a los actores como si fueran presos convictos o peor aún, pero los actores son la materia prima de la película. Me gustan por lo que hacen y quizás, parte de ese cariño y admiración es recíproco. Yo fui actor y reconozco que saben hacer algo que yo no sé hacer. No obstante, entiendo el proceso y realmente sé apreciar cuando lo hacen bien. Poseen la habilidad de los grandes músicos, la facilidad de arrancar en medio de un bar. Una cosa es empezar desde el principio de una pieza y continuar, pero cuando ruedas es ¡Bang! Y tienes que estar ahí al 100%. Todos los buenos actores que conozco son inteligentes, tienen que pensar rápido, y poseer una extraordinaria agudeza mental.

  El guionista Jeffrey Hatcher también pasó gran parte de su vida profesional en el teatro (como Eyre, es un exactor), y mientras reconoce y se burla gentilmente de sus manías, simpatiza enormemente con los miembros de la profesión.

  “Cuando esa cosa en la que eres realmente bueno se convierte en algo artificial, cuando lo arrancan de ti, te quedas desnudo, sólo con tu piel”, afirma. “No me gusta nada utilizar frases como esta, pero Ned se encuentra en un viaje para descubrirse a sí mismo. Tiene que encontrar algo real para poder sobrevivir. Realmente, la historia trata sobre el doloroso proceso del cambio. Puedes verlo en distintos tipos de artista: algunos niños actores, cuando se hacen mayores ( los Roddy McDowalls de este mundo) o actrices cuando su belleza juvenil empieza a desvanecerse y son ya demasiado mayores para algunos papeles. Observa a los bailarines y los atletas. Con los actores y artistas escénicos, el proceso del retiro siempre se acelera. Eso, para mí, es el gancho de la historia: ¿Cómo me sentiría si ya no pudiera usar o hacer esa actividad por la que soy identificado en la vida? Muchísima gente se identifica por el talento que despliegan en su trabajo. Alguien me dijo una vez que Bob Hope fue a China y nadie le reconocía, y eso le volvió loco. No ser tratado 'como Bob Hope' le cabreó enormemente porque él estaba acostumbrado a una cierta reacción por parte de la gente; es como un narcótico; si te lo quitan, caes en barrena”.

  De la noche a la mañana, Ned Kynaston se convirtió en un paria; como las estrellas del cine mudo con la irrupción del sonido, de pronto eran malos actores. Ellos no han cambiado, sino el medio. Durante años, Kynaston fue aclamado por la prensa y adorado por sus fans, pero en un par de semanas, se había convertido en un monstruo de feria y la gente escribía poemas satíricos sobre su persona.: “Grande y patosa, llamad a Desdémona, que entre el Gigante”. Esa era la misma gente que días antes le consideraba un gran actor. En realidad, no hacía nada diferente a lo que había hecho hasta entonces, pero ahora el público podía compararle con verdaderas actrices. Por razones obvias, ya no daba el tipo y eso debió desconcertarle”.

  “Ned había conseguido convertirse en un hombre muy famoso así como seguro, llegando a ser un glotón de esa misma fama, basada en una identidad que no sabe si realmente es suya”, explica Billy Crudup. “Es sólo algo que hace muy bien. Creo que eso le ocurre a mucha gente; acaban haciendo algo en lo que son buenos y lo convierten en su pasión porque se hacen adictos a la adoración de la gente. Creo que no es criticable pero acaba distanciando a la gente de ellos”.

  El director, Richard Eyre, añade: “Estamos obsesionados con la idea de quiénes son los actores; por ejemplo, ¿Son realmente como el personaje que interpretan?; ¿sienten de verdad las cosas que muestran en la pantalla? ¿Están los actores tan confundidos sobre su identidad como el resto de los mortales?”

  “El hecho de que Kynaston interpretara a Desdémona durante un período de su vida y Othello en otro, sugiere una transformación”, apunta Hatcher. “Puedo imaginarme a alguien adaptando esta historia y convirtiendo a Ned en un asesino antes de suicidarse porque no puede seguir su vida como hombre. Puedo imaginarme a otros guionista adoptando un enfoque más melodramático con los hechos de la vida de Kynaston. Pero me gustó la idea de que se transformara, cambiara y sobreviviera. Para mí, es infinitamente más interesante escribir un relato sobre la supervivencia a través de la transformación que escribir sobre alguien que siente que su vida ha acabado porque han cambiado las reglas”.

  “Ned es una persona difícil de querer a nivel íntimo por su egocentrismo y su alienación emocional del resto de la gente”, señala Claire Danes. “Está siempre a la defensiva con su afilada lengua, pero María consigue ver lo que se oculta detrás. Una de las cosas que más me gustó del guión es su ambigüedad, su resistencia a blindar todos esos sentimientos y conceptos importantes. Creo que María convierte a Ned en mejor persona, pero no estoy segura de que lo haga más hombre. A través de su amor, ella le anima a ser más honesto consigo mismo, y al final de la película, vemos que él está empezando ese proceso. Eso es algo sin relación con el género”.

  “Aunque está ambientada hace varios siglos y trata sobre complejos problemas de identidad, espero que al final el público se conmueva con la película porque el corazón de la historia es la relación entre dos personas que se aman”, afirma Richard Eyre.


Imágenes y notas de cómo se hizo "Belleza prohibida" - Copyright © 2004 Qwerty Films, Icon Entertainment, Tribeca, N1 European Film Produktions, BBC Films y Artisan Entertainment. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.

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