CÓMO SE HIZO "BELLEZA
PROHIBIDA"
Notas de producción
© 2004
Filmax
En 1660, cuando la dinastía
de los Estuardo fue reinstaurada en el trono de Inglaterra con
la coronación de Carlos II, se levantó la prohibición de
representaciones públicas que llevaba 18 años cumpliéndose, y
con ella un parte de la moral puritana que había dominado las
décadas bajo el régimen de Oliver Cromwell. El nuevo Rey había
pasado muchos años exiliado en Francia, donde había desarrollado
el gusto por el teatro, y muy especialmente por la actrices. No
tardó mucho en usar el sello real de aprobación para la
formación de dos compañías teatrales londinenses, y en pocos
meses, actores que se habían visto obligados a practicar su arte
en secreto bajo pena de arresto, volvían a llenar teatros y
tabernas.
Entre los más destacados
talentos del teatro en Londres estaba el actor Edward Kynaston,
famoso por su extraordinaria belleza física y su habilidad en
personificar a las heroínas del teatro inglés.
En su libro, The First
English Actresses, Elizabeth Howe explica: “El público de la
Restauración estaba acostumbrado al drama en dos niveles – eso
es, disfrutaban del espectáculo de las aventuras de los
personajes durante la obra que se representaba ante ellos, pero
a la vez eran poderosamente conscientes de las personalidades de
los actores que había detrás de la ficción. En el S.XX,
conocemos la personalidad de actores y actrices a través de los
periódicos, revistas y televisión. El público de la Restauración
los conocía a través de la rumorología y los ecos de sociedad,
de las sátiras o por conocer a los propios miembros de la
compañía teatral.” Parece claro que el famoso travestido y
bisexual Kynaston fue toda un estrella para los parámetros y
gustos de aquella época o de la actualidad.
“Lo bueno de Ned Kynaston,”
afirma el guionista Jeffrey Hatcher, “Es que hay suficiente
información sobre él como para hacerle parecer interesante, pero
no la suficiente como para que se pierda el misterio”.
Hatcher describe cómo al
hacerse con un volumen de los Diarios de Pepys en una librería
de segunda mano se desató su interés por una olvidada estrella
del S.XVII. “Tan sólo había leído algunos extractos de los
escritos de Pepys, pero encontré este volumen y lo compré.
Empecé a recorrer el índice y, dada mi profesión, lo primero que
ojeé fue el apartado que leía “Teatro”. Así es como me topé con
el nombre de Edward Kynaston. Pepys solía referirse a él como la
mujer más bonita de la fiesta.
Kynaston aparece tres o
cuatro veces en los diarios, primero como un muchacho bellísimo
que interpreta a una mujer, pero más tarde, Pepys denota que su
voz no es particularmente buena (por lo que asumo que la voz de
Kynaston se rompió). Entonces Kynaston es citado por un episodio
de violencia: fue asaltado en un parque por malhechores a sueldo
de un aristócrata, dramaturgo aficionado, llamado Sir Charles
Sedley. Más tarde, después de que a las mujeres se les
permitiera actuar sobre los escenarios, hay un nueva referencia
a Kynaston como actor muy atractivo.
Según supe de varias fuentes,
Kynaston había trabajado clandestinamente como actor durante el
interregno Puritano, período en el que estuvieron prohibidas las
artes escénicas. Sin embargo, la profesión se mantenía viva en
sótanos y bodegas, como si la gente del teatro supiera que la
prohibición no iba a durar eternamente y se preparaban jóvenes
actores para el día en que se abrieran nuevamente las puertas de
los escenarios. Se rumoreaba que Kynaston era el amante del
Duque de Buckingham y sufrió una paliza a manos de tunantes a
sueldo de Charles Sedley, quien fue durante un breve período de
tiempo, amante de Margaret Hughes. Se cree que la señora Hughes
fue la primera mujer de la escena inglesa en participar en un
producción de Othello. Lo último que supe sobre Kynaston fue que
se casó y tuvo hijos.
Bueno, pues aquí tenemos a un
actor famoso por interpretar papeles de mujer, que mantenía
relaciones homosexuales –una especie de juguete sexual de la
clase alta– que fue apaleado por el amante de la actriz más
conocida de su tiempo, lo que sugiere un cierto componente de
rivalidad y conflicto. Llegados a ese punto en mi investigación
pensé, ‘Alguien debería escribir una obra sobre esto y si
Stoppard no lo ha hecho ya, ¡mejor me doy un poco de prisa!”
El productor de Tribeca
Films, Hardy Justice, reconoció enseguida que ‘Compleat Female
Stage Beauty’, la obra de Hatcher sobre el mundo de Kynaston
podría ser transplantada sin problemas a la pantalla grande y
propuso el proyecto al cineasta y exdirector del National
Theatre, Richard Eyre.
“Richard fue una elección
natural para Belleza Prohibida”, afirma Justice. “Tiene
precisamente el tipo de talento que la pieza requería: es un
gran director que ha extraído magníficas representaciones de
algunos actores en el pasado. Tiene un excepcional background
cinematográfico que añadir a su currículo teatral. Esta era una
historia que, a fin de cuentas, saldría adelante o fracasaría
según el nivel de sus actores protagonistas y no cabe duda de
que Richard era un director que podía fabricar una buena
película y atraer un reparto d primera. Parecía tener una visión
precisa para sacarle el máximo partido a cada página del guión.
El mundo del teatro suele dar una sensación de circo decadente,
y una sensación también decadente es la que despide la calle de
aquellos días, pero sin dejar de ser vibrante y estimulante”.
La primera impresión que
extrajo el director Richard Eyre al leer el guión de Hatcher fue
principalmente la de intriga, ya que no encajaba en ningún
género: “Se me cae el mundo encima cada vez que escucho `Es una
comedia romántica ´, o `Es un drama/thriller/romántico´, y cosas
similares. Soy de ese tipo de personas que siempre se confunde
en el videoclub porque no sé si alquilar una comedia romántica o
un drama —tan solo quiero ver una buena película. Para mí, este
guión era imposible de etiquetar”.
Hugh Bonneville, quien
anteriormente había co-protagonizado “Iris”, la oscarizada
película de Eyre, da vida en Belleza Prohibida al omnipresente
gacetillero Samuel Pepys y con acierto, también acuñó su propia
frase para definir el proyecto: “Se trata de un film de época
con un plan de romper esquemas genéricos”.
Sus pensamientos se hacen eco
en Edward Fox, quien interpreta a Hyde, consejero real, un
Puritano de la vieja escuela que desaprueba con estridencia cada
diversión del monarca, ya sean obras de teatro o cenas: “esta
historia trata de un tema muy antiguo: las relaciones entre
hombres y mujeres”.
“Realmente trata sobre
alguien en busca de su propia identidad”, asegura Eyre. “En este
caso se trata de un hombre cuyo trabajo es hacer de mujer ante
un público. Cuando se le prohíbe ejercer su profesión, su
identidad es puesta en peligro. También se trata de alguien
claramente bisexual, y se encuentra determinando cuál es
verdaderamente su identidad sexual. Para Ned, quién es él
profesionalmente y qué es sexualmente son elementos
intrínsecamente ligados. Una de las cosas que me gustan del
guión es que nunca se dice que es bueno, malo o regular el hecho
de ser gay, hetero o bisexual. Se trata simplemente de ser quién
eres”.
Según Justice, el productor,
“En el corazón del film reside una pregunta: ¿es tu ser interior
diferente de tus acciones exteriores y si cambias como actúas,
modifica eso tu interior?” Creo que eso es algo con lo que
cualquiera se puede identificar. La historia también explora
problemas de género – qué es ser un hombre, qué es ser una
mujer. Es algo sexy y bastante relevante, sobretodo teniendo en
cuenta la guerra de sexos de las últimas décadas. ¿Cómo se
comporta la gente ahora en sus relaciones? ¿Cuáles son los
papeles? No se trata de llevar un vestido, es cómo te sientes
interiormente lo verdaderamente importante”.
Hablando de vestidos, había
que encontrar a un actor que pegara con los ropajes de Kynaston.
“Tenía dos condiciones a la hora de coger un actor que
interpretara a Ned”, asegura Richard Eyre al hablar del casting
de su ambiguo personaje principal. “Una era que fuera muy guapo.
Tan simple como eso; tenía que ser un hombre bello y no hay
muchos actores así. En segundo lugar, tenía que tener
experiencia interpretando Shakespeare – eso no sale así como
así. No hay muchos actores británicos que cumplan la primera
condición y que tengan la experiencia de Billy Crudup haciendo
Shakespeare. Sólo se llegaron a discutir tres o cuatro nombres,
y siempre estuvo el primero de mi lista”.
Jeffrey Hatcher asiente:
“Sólo hay unos tres tíos en este planeta a los que me hubiera
podido imaginar como Ned Kynaston, y Billy Crudup es uno de
ellos. Necesitas a un actor de cierta estatura, ni demasiado
alto ni demasiado bajo. No vas a engañar a nadie; no es como en
Juego de lágrimas, donde todo el mundo salta de repente
diciendo, “¡Wow, es un hombre!” Pero tienes que poder creerte
que, en esa época, podría ser aceptado como mujer. Por supuesto,
una vez ha encontrado a un actor guapo que no es muy alto,
entonces tiene que ser un buen actor. Es difícil encontrar las
cualidades necesarias en un actor, y si Billy hubiera dicho no,
no sé si hubiéramos sido capaces de levantar la película”.
Por su parte, Billy Crudup
encontró el desafío de interpretar a Ned Kynaston muy
estimulante, y a la vez agotador. “No le ocurre cada día a un
actor de 35 que le ofrezcan la posibilidad de ser Desdémona y
Othello a la vez”, asegura. “También resulta inusual un guión
que da tanta importancia al lenguaje y al mismo tiempo te
explica una historia intrigante, trágica y divertida sobre la
identidad y el amor. No podía dejar pasar la oportunidad de
embarcarme en este proyecto y creo que hay algo de orgullo
profesional en esa decisión. Una cosa es interpretar a alguien
que es muy mal actor para dar un efecto cómico. Otra cosa es que
te pidan que encarnes a alguien que es bello y maravilloso, y yo
no estaba seguro de poder hacer eso de un modo que fuera
aceptable para el público... que es precisamente lo que me
motivó para aceptar el papel. Es probable que sea un poco
masoquista...”
El diseñador de vestuario Tim
Hatley no compartió las dudas de Crudup. “Fuimos muy afortunados
al poder contar con Billy porque es muy guapo”, comenta.
“Físicamente se deja llevar para interpretar a una mujer – tiene
una cintura que pocos hombres poseen y su estructura ósea vale
para eso. Tenía que llevar un corsé con los vestidos, lo cual él
odiaba por su efecto constrictor, muy extraño para un hombre. La
moda de aquellos tiempos era aplanar los pechos, por lo que no
tuvimos que pensar nada para esa parte. El vestido dictaba sus
movimientos; los tacones y el corsé alteraban su modo de
caminar. ¡Estaba fabuloso y lo sabía!”
Cuando le piden que describa
el efecto de su ropa femenina en su interpretación, Crudup ríe.
“Se supone que no lo he hecho nunca antes. Por ello creo que se
hace imperativo que conteste a la pregunta del modo más evasivo
posible”.
Andrew Dunn, el director de
fotografía, contribuyó a crear la ilusión de la feminidad de
Kynaston. “En el film, vemos a Ned como hombre y como mujer, y
para mí, iluminar a Billy como hombre era muy fácil ya que es un
hombre guapo”, asegura. “También parece una mujer guapa, pero mi
equipo y yo teníamos que iluminarle de un modo más simpático
cuando iba vestido de mujer; con una luz más suave”.
Claire Danes fue elegida para
interpretar el papel de María, la enamorada de Ned Kynaston y su
encargada de vestuario, quien más tarde se convierte en su rival
profesional. Al igual que Crudup, Danes es una actriz de
Hollywood que ahora se enfrenta al papel de una actriz en la
Inglaterra del S.XVII.
“Curiosamente, no es el
típico caso en que los productores te piden a alguien súper
famoso”, afirma Eyre. “Ninguna de las otras actrices en las que
pensé tenía la fuerza, agudeza, inteligencia y energía de Danes.
Esas cualidades la hacen enormemente. Tanto Claire como Billy
tienen un oído excelente para las lenguas, por lo que supe
enseguida que aquello no acabaría como un batiburrillo de
acentos transatlánticos. La verdad es que creo que eran los dos
mejores actores de habla inglesa para estos papeles”.
“Fue un reto para nosotros,
dos americanos, interpretar a personajes ingleses del S.XVII, y
eso sin mencionar que Billy lleva un vestido de mujer la mayor
parte del tiempo”, afirma Claire Danes. “Dedicamos mucho tiempo
a trabajar en nuestros acentos. En cierta manera, un acento es
una herramienta muy útil a la hora de conformar un personaje.
Crea algunos parámetros que después pueden ser de utilidad”.
“Claire Danes fue otra
elección natural para nosotros”, asegura el productor Hardy
Justice. “Es una actriz maravillosa y tenía muchas ganas de
hacer el papel. Entendió inmediatamente que María era el reflejo
de Ned. La primera vez que se vio con Richard, llegó en medio de
una tormenta, caminando sobre un palmo de nieve para no llegar
tarde a su cita. Como María, ella es capaz de ir desde alguien
que crees que puede ser una encargada de vestuario, una
personalidad de detrás del escenario, hasta una persona que
florece y se encuentra sobre el escenario. Ella tiene que
interpretar mal y hasta eso lo hace bien. Eso es muy difícil.
Tenemos que ver a alguien descubriendo su talento interpretativo
en el transcurso de la película. Es vulnerable pero a la vez
tiene ambición – llega a cambiar el rol de la mujer en el
teatro”.
En cuanto al aspecto
histórico de la historia, Danes comenta: “¿Quién sabe realmente
cómo eran en aquellos tiempos? Leí unos cuantos libros sobre la
vida en el S.XVII y me iluminaron en parte pero supongo que mi
trabajo es mostrar la experiencia humana. Me arriesgué al asumir
que el comportamiento humano es algo universal y consistente en
el tiempo. ¡La única concesión que hice a la Restauración fue
sentarme derecha!”
“Sorprendentemente, la gente
no cambia mucho con el paso de los siglos”, afirma Richard Eyre.
“Si estudias la poesía de la Antigüedad y su Narrativa, todos
hablan del mismo tema: las relaciones humanas. A lo largo de la
historia, la gente se comporta de la misma manera. Uno podría
decir que es algo deprimente. Si por el contrario eres un
romántico, puedes llegar a convencerte de que el comportamiento
de las personas ha ido mejorando con el paso del tiempo, pero
está demasiado claro que no ha sido así. Se portan de la misma
manera que lo han hecho siempre. Tienen las mismas pasiones,
envidias y sentimientos mutuos que siempre – hombre y mujer,
nación y nación, familia y familia. Si miras las historias del
pasado descubrirás que son similares a las que se prodigan hoy
en día, por lo que no es especialmente difícil penetrar en la
mente de una persona del S.XVII o introducir una sensibilidad
contemporánea a una historia del S.XVII. Pienso que Jeffrey
Hatcher fue muy agudo en su guión y espero que le hayamos hecho
justicia”.
“La Restauración fue un
período muy erótico”, apunta Hatcher. “Como los años de la
administración Reagan en los EEUU... Salían del ascético período
de represión moralista que supuso el interregno Puritano
–parecido a los años de Carter - y entonces, de pronto, llega
este rey cachondo, exudando masculinidad y con muchas ganas de
pasárselo bien. Como en los 80 de Reagan (a pesar de su
conservadurismo económico), durante La Restauración la actitud
fue “¡Que vengan las chicas!” “¡Abran el bar!” Con la
Restauración, se prodigaron las gacetillas eróticas y las
mujeres empezaron a enseñar los pechos sobre los escenarios. Eso
nunca se hubiera dado en el período Isabelino o Jacobino ni
mucho menos durante el régimen de Cromwell. Fue un período sexy
y animado, y francamente no sé porque más gente no hace
películas sobre él”.
“Todos hemos aportado nuestra
sensibilidad contemporánea a la historia”, señala Eyre. Lo que
he intentado es unir el pasado y el presente para que el
espectador no sienta estar ante un anacronismo, y a la vez no
ser prisioneros del período histórico. Hay ciertas cosas que los
expertos podrían decir que no eran así o que no sucedieron de
esta manera (y en cierto modo, esa es una parte de la trama),
pero deseo que los espectadores acaben introduciéndose en el
mundo ficticio del S.XVII. Todas las películas crean, en mayor o
menor grado, un universo ficticio, y este es también un universo
ficticio establecido en la visión que yo y el diseñador de
producción tenemos del S.XVII”.
“Sólo porque estuviéramos
haciendo una película de época, Richard no quiso encerrarnos en
un “gueto de literalismos”, afirma Jim Clay, diseñador de
producción. “Quería que respetásemos el período histórico, pero
no dio libertad para movernos al margen. Por ejemplo,
construimos un decorado sobre unos terrenos de la Real Academia
Naval en Greenwich, un edificio que data de finales del S.XVII.
Los más puristas podrían espetar, “Esa cúpula de Christopher
Wren no se completó hasta 1720...” Pero nosotros intentamos no
constreñirnos tanto y abrir el mundo de la película. La Academia
Naval nos brindó la oportunidad de construir un decorado en el
que podíamos rodar los 360º. También nos aportó una explanada en
la que recrear las calles de Londres y el edificio que hace las
veces de la corte de Carlos II. Tomamos el espíritu de los
edificios de la época y le pusimos un poco de imaginación”.
Hatley, el diseñador de
vestuario se permitió a su vez una cierta libertad de movimiento
dentro del período. Como él mismo explica: “La película está
ambientada en la década de 1660, esa era nuestra ancla creativa,
pero nos permitimos algunas licencias, sobretodo marcha atrás en
el tiempo. Tengo la absoluta seguridad de que la gente corriente
no iba a la última moda de la época, y que todavía vestían ropas
de 20 o treinta años antes. Tienes que recordar que la gente no
tenía ni el dinero para renovar su vestuario que ahora tenemos,
ni tampoco lavaban su ropa como ahora lo hacemos. La ropa era
re-utilizada, recortada y adaptada. Como diseñador de vestuario,
esto es fantástico, ya que te da mucha cancha a nivel creativo y
lo hace todo más interesante. Es erróneo por parte de un
diseñador de vestuario el fijarse sólo en los estandards de la
moda de una época y vestir a todo el mundo de ese modo. Es como
si para saber cómo se viste hoy en día, uno se fijara sólo en
Vogue. Pero con observar cómo viste la gente por la calle verás
que muchas personas llevan la misma ropa que sus padres hace 30
años. Quise dejar claro que tratábamos con gente real y ropa
real”.
En opinión de Jim Clay, “El
Londres de 1660 era cerrado y huraño. Era un lugar sucio,
maloliente y inhospitalario en el que no se veía mucho el
cielo... como un Manhattan de aquella época, con edificios altos
combándose en ángulos imposibles”.
“Jim recreó el Londres de
1660 desde cero porque ese universo quedó destruido en el Gran
Fuego de cinco años después”, comenta Hardy Justice. “Hizo un
trabajo magnífico creando no sólo los teatros sino también las
calles donde habitan nuestros personajes. Es un mundo que ya no
existe pero lo ha recreado de un modo en que la ciudad se
muestra viva y vibrante. Se hace familiar y contemporánea.
Cuando Jeffrey Hatcher y yo hablamos por primera vez sobre
convertir la historia en película, me comentó que no quería que
fuera una película de cartón piedra. Y creo que lo consiguió. No
parece que estemos tratando de tiempos pasados; más bien parece
que nos enfrentemos a los mismos problemas y dilemas con los que
lidian por ejemplo los neoyorquinos de hoy en día”.
Para Richard Eyre y el equipo
de diseño, esas alusiones al Nueva York contemporáneo, se
encuentran en el trabajo del fotógrafo Nan Goldin, cuyas
imágenes estaban colgadas por toda la oficina de producción de
la película junto a postales y retrato de la National Galley y
en las que aparecían las figuras históricas que salen en la
película. El trabajo de Goldin inspiró a Eyre desde un
principio: “Yo quise un estilo que simultáneamente fuera fiel al
período histórico y tuviera un toque contemporáneo”, afirma
Eyre. “Nan Goldin me influyó muchísimo; era un fotógrafo
brillante cuyas fotos tratan mayormente sobre su propia vida,
sus amigos, sus colegas. Sus motivos son a menudo travestidos y
transexuales. Es un mundo algo sombrío. Esas fotografías son
siempre conmovedoras por su espontaneidad. Hay algo muy directo
sobre ellas y sus colores son preciosos. Fue una influencia
importante - reconciliando pasado y presente diciendo «mira
estas fotografías y las postales y retratos del período
histórico». Tampoco quise usar el color indiscriminadamente.
Quería una paleta neutral de la que sacábamos color únicamente
cuando queríamos, por lo que cuando el espectador ve color en la
película, tiene mucha fuerza y significado”.
El director de fotografía
Andrew Dunn encontró un modo de mantener el tono inmediato y
contemporáneo de las imágenes través de una utilización muy
liberal de la cámara en mano y la steadycam. “Nuestro objetivo
principal era hacer sentir al público que se encontraban en ese
tiempo, no mirábamos a un mundo extraño a través de una lupa,
sino que estábamos literalmente allí, involucrados con las
vivencias de esas personas, sus temores y sus anhelos. La
mayoría de los planos son en movimiento, de un modo u otro,
manteniendo ese mundo vivo y en marcha. No nos reducíamos a
observar desde la distancia como si estuviéramos viendo una
función de teatro. Por el contrario, la cámara estaba siempre
ahí con los actores, siguiéndoles a través de la historia con
velocidad y energía”.
Jim Clay diseñó el gran
escenario y los espacios adyacentes del Betterton Theatre, que
fue construido en un enorme estudio de los Shepperton Studios.
Su imagen para el Bettertone era la de un “gran y viejo barco,
cuya estructura se cae a pedazos sobre aquellos que recorren sus
tenebrosos corredores, donde se pueden sentir los lamentos en
forma de crujidos de sus vigas y columnas”.
“No existe casi material de
investigación sobre el teatro”, apunta Clay. “Muchos teatros se
levantaron sobre antiguas pistas de tenis u otros espacios
vacíos; no fueron diseñados ex profeso para esa utilidad, por lo
que tuvimos mucha libertad a la hora de diseñarlo. Construimos
un decorado grande y multifuncional que podría haber albergado
el mundo entero. Intenté incorporar mucha profundidad a los
planos, para que cuando, por ejemplo, nos encontráramos arriba
en los camerinos, pudiéramos mirar sobre las alas, los pasillos
aéreos, y desde allí a la platea. A menudo construimos grandes
decorados para trabajar en ellos sólo unos pocos días. Pero
aquí, el teatro era todo un mundo, y gran parte de la historia
transcurre en su interior. Era casi un personaje más de la
película y rodamos en él durante cinco semanas. Es una
construcción muy ambiciosa para el presupuesto que teníamos y
había que justificar su construcción. Ya que el 75% de la
historia tiene lugar allí, era la oportunidad perfecta”.
“¡He sido el propietario en
la ficción de dos teatros en este mismo edificio!”, comenta Tom
Wilkinson, que da vida al actor/empresario Thomas Betterton.
“Fui el dueño del teatro en Shakespeare in Love y ahora poseo
Betterton’s. Doble razón para estar orgulloso”.
“He pasado la mayor parte de
mi vida profesional en los backstage de los teatros”, asegura
Richard Eye. “Por lo que es un mundo con el que estoy
familiarizado. A lo largo de la historia, todos los teatros han
sido muy similares. La gente que los ocupa sigue haciendo
prácticamente lo mismo, y los teatros todos se parecen. Si te
metes en el backstage de cualquier teatro del West End, te
puedes horrorizar de lo primitivo que resulta, y el backstage
diseñado por Jim Clay también lo es. Todo muy crudo, de madera
sin tratar. Los teatros siempre tienen un aire de temporalidad
porque están pensados como lugares en los que se representan
funciones a un público sentado en la oscuridad. La belleza del
auditorio no es una prioridad”.
“Todos los detalles ayudan”,
asegura Eyre. “Te des cuenta de su existencia o no, todos esos
detalles, acumulados en la pantalla, impactan en la percepción
del público, haciéndoles sentir que se encuentran en un universo
real y auténtico. Y no existe modo de conseguir esto último sin
la máxima atención al detalle de todos y cada uno de los
departamentos involucrados en la producción. Esa es una de las
cosas que me atraen del cine, y también la esperanza de que cada
película es la suma de todos esos detalles es más importante que
otras consideraciones estructurales”.
Wilkinson, que pasó gran
parte de su tiempo en el decorado del backsatge, bromeaba
diciendo que “un elemento de verosimilitud del que podría haber
prescindido es la grava y la mugre del suelo, extendidas por
doquier. Insistían en que era históricamente auténtica, pero se
metía por todas partes”.
Quejas sobre chinitas en el
zapato aparte, Wilkinson estuvo muy contento e íntimamente
agradecido con el mundo en el que transcurre la película:
“reconocí el lado gracioso de todo ello y de la idea de
interpretar a un actor. Hay aspectos del guión que son muy
realistas sobre cómo los actores se tratan entre ellos”,
asegura. “Lo que le ocurre a Betterton es que ya ha visto todo
antes y no le interesa tanto interpretar como hacer dinero. Ve a
Ned y dice «Ah, bueno, aquí estamos, otra estrellita. Me
adaptaré y la vida seguirá igual». Betterton ya ha lidiado con
este tipo de divas en el pasado (quizás incluso fue una de ellas
en su juventud) y no le preocupa ya que esa nueva figura llene
de culos las butacas de su teatro. Incluso hoy en día, uno
escucha sobre tal o cual estrella de cine que comportándose
fatal (y yo he podido ver a más de una con un comportamiento
execrable) pero la gente sigue yendo a ver sus películas y les
deja portarse de ese modo. Los productores lo toleran porque
saben que van a sacar mucho dinero de esas personas, igual que
Betterton se comporta con Ned, ya que Ned es su gallina de los
huevos de oro”.
“El personaje de Ned contiene
la historia del teatro, de la interpretación”, afirma Hardy
Justice. “Empieza interpretando una especie de Kabuki donde cada
gesto es aprendido y cada movimiento de la mano tiene un
significado específico. Actúa de un modo artificial y
gradualmente, va desgajando un estilo más naturalista. Al mismo
tiempo, va pelando de si mismo todo aquello que es artificial
para llegar a un estado existencial más genuino. Intenta por
primera vez decir quién es en realidad, y no que sencillamente
interpreta un papel para alguien – ya sea un papel para su
amante el rey o el mundo”.
“Disfruté mucho con la escena
de Othello que hacemos al principio de la película, porque se
trata de un estilo interpretativo que no se usa ya”, comenta
Wilkinson. “De hecho, lo imaginamos, basándonos más en el teatro
victoriano que en el de la Restauración. No creo que nadie sepa
realmente como era; está demasiado lejos en el pasado. Pero
crear algo tan artificial es muy divertido. No está hecho para
parecer real o convincente”.
“He dirigido Othello en dos
ocasiones en el teatro y es un territorio que me es muy
familiar, pero la dificultad aquí es que está sacado de
contexto”, señala Eyre. “Shakespeare es como interpretar un
idioma extranjero, poético y destilado que tiene su pulso; no
puedes interpretarlo como un habla natural. Por otro lado, Has
de conseguir que los sentimientos sí sean reales y parte de
nuestra historia trata sobre la creación del estilo
interpretativo natural. Al principio de la película, se puede
apreciar un tipo de actuación del S.XVII muy estilizada, y al
final, se puede apreciar un estilo post-Marlon Brando de
actuación. Muy natural, pero también dado que es Shakespeare,
sin ignorar las demandas del lenguaje shakespeariano. Al margen
debo decir que una de las mejores interpretaciones de
Shakespeare que he visto fue Marlon Brando como Marco Antonio en
Julio César de Joseph Mankiewicz”.
Jeffrey Hatcher es el primero
en admitir que el estilo naturalista de interpretación
descubierto por María y Ned al final de la película es, en sus
propias palabras, “engañar al espectador adelantándonos un par
de siglos”. Sin embargo, como él mismo explica, “lo gracioso de
los estilos de actuación es que cada generación de actores
siente que han redescubierto la interpretación haciéndola más
natural. La marcha de la profesión ha ido siempre hacia lo que
era más 'real'. Cuando David Garrick pisaba un escenario, el
público creía que era el actor más realista del mundo, pero si
le viéramos ahora, nos parecería de lo más almidonado... O
tomemos como ejemplo el período en que todo el mundo estaba de
acuerdo en que Laurence Olivier era mucho más natural John
Gielgud. Si uno ve ahora una interpretación del Olivier de los
años 30, con todo lo buena que es, nos parecería muy
melodramática. Por todo ello, creo que en esta película nos
hemos podido permitir una cierta cantidad de licencias
poéticas”.
Billy Crudup añade: “Es un
pequeño engaño en la historia y Richard y yo hablamos sobre ello
al principio, la idea de que Ned y María inventaran el arte
dramático naturalista/realista en el S.XVII cuando eso no
ocurrió en realidad hasta la década de 1940. Pero en el guión,
Ned y María están desesperados por encontrar un modo de
expresión artístico que les permita explicar una historia de un
modo auténtico, que llegue más profundamente al corazón de la
interacción humana que el tipo de interpretación con el que se
encontraban cómodos en aquella época. No creo que eso fuera así
porque la gente de entonces estuviera menos interesada en la
verdad, sino que esos eran los convencionalismos disponibles y
la gente no podía hacer la transición a la vulgaridad que
representa la vida diaria”.
“Es curioso hacer una
película sobre un escenario, en el contexto de un teatro”,
afirma Claire Danes. “Se hace extraño hacer de actor. La
encargada de vestuario me pasaba la ropa con la que se suponía
que yo debía vestir a Billy... y él interpretaba a un actor que
interpreta a una actriz. Había muchos niveles interpretativos en
la historia”.
“Trata sobre el teatro,
literal y metafóricamente”, afirma Ben Chaplin, que da vida al
aristocrático amante y patrón de aristocrático de Kynaston, el
dramaturgo George Villiars, Segundo Duque de Buckingham. “Es
difícil para nosotros imaginar un tiempo cuando las mujeres
tenían prohibido actuar sobre un escenario y aún más duro
resulta saber que los hombres tuvieron que interpretar papeles
femeninos durante décadas. La gente de aquellos tiempos no
parecía tener ningún problema con eso y esa misma idea es algo
ya muy interesante de por sí. A los hombres del público les
debían gustar mucho esos personajes femeninos; seguro que
pensaban, «oooh, ella ha estado fantástica. Me encanta. ¡Es
preciosa!» Eran las Meryl Streep de su tiempo, sólo que eran
hombres”.
“Cuando soy Ned interpretando
a una mujer”, comenta Crudup, “paso la mayor parte del tiempo
asegurándome de que cada detalle esté en su sitio. No pienso en
si soy una chica muy atractiva o no, porque para Ned, ese mero
pensamiento es amenazador, al no saber a ciencia cierta si
realmente es tan 'guapa' como cree ser”.
“El film sugiere que Ned es
en parte culpable del regreso de las mujeres a los escenarios, y
eso no es verdad”, apunta Hatcher, el guionista. “Pero nadie
sabe exactamente porqué se permitió a la primera mujer volver a
subirse a un escenario. El diario de Pepys, la crónica más fiel
que disponemos de aquella época, sólo apunta que una mujer
interpretó a Desdémona en 1661 – no dice si fue el rey quien lo
permitió o fue consecuencia de un debate parlamentario al
efecto; simplemente señala que ese hecho ocurrió. No obstante,
dos semanas después de aquello, Pepys escribe que de pronto los
escenarios londinense se llenaron de mujeres. En pocos meses,
Carlos II proclamó un edicto en el que se prohibía a los actores
masculinos interpretar a mujeres. Debía haber existido una ley
anterior prohibiendo las mujeres aparecer en los escenarios,
aunque no existen pruebas escritas de ello. Pero sabemos a
ciencia cierta que Carlos II promulgó una ley en la que los
hombres no podían hacer papeles de mujer en público. No es
difícil imaginar un mundo en el que las mujeres pudieran
interpretar a mujeres en un teatro, y en el teatro adyacente,
los hombres pudieran hacer de mujer (como Mark Rylance en el
Globe, por ejemplo), pero Carlos II usó lo que los americanos
denominan 'acción afirmativa' cuando decidió eliminar la
competencia. La mayoría de la gente cree que esto se dio porque
el Rey tenía tantas amantes actrices que quiso hacerles a todas
un favor”.
Entre las amantes actrices
más populares del monarca estaba Nell Gwyn, una vivaracha y
directa exvendedora de naranjas que consiguió subir desde los
puestos de fruta hasta los escenarios, pasando por la alcoba
real. Habiendo sido anteriormente amante de un actor y de un
noble llamados ambos Charles, apodaba con cariño al Rey como
Carlos el Tercero. Su carrera transcurrió sobre los escenarios
(con la ayuda del monarca) como una de las actrices cómicas más
populares de su tiempo. Una historia apócrifa explica que Nell
consiguió del Rey Carlos II un título para su hijo al requerirle
un día diciendo «Ven aquí, pequeño bastardo». Cuando el rey
reprendió a Nell por dirigirse al chico de esa manera, la mujer
replicó que no había otra forma de llamarle ya que eso era
exactamente lo que su hijo era. Poco después, Carlos II concedió
un ducado al 'pequeño bastardo'.
Para el papel de Nell Gwyn,
Richard Eyre escogió a Zoë Tapper, una vivaz y directa
debutante, recién salida de la academia de arte dramático. “Mi
escuela se suscribió a una revista en la que se anunciaban
próximos castings y cuando vi que iban a hacer uno para el papel
de Nell Gwynn pensé, “¡No hay razón para creer que no puedo
robarle este papel a alguien!”, afirma Tapper. “Algo
impertinente, escribí a la directora de casting Celestia Fox
diciendo: “¡SOY Nell Gwynn! ¡Tenéis que dejarme ir al casting,
por favor!” Sorprendentemente, unos días más tarde recibí una
llamada en la que me decían «OK, enséñanos qué tienes». Fue algo
intimidatorio pero fantástico. Me reuní con el equipo de casting
en un par de ocasiones, y después conocí al director Richard
Eyre (lo que me provocaba mucho respeto ya que él siempre ha
sido uno de mis ídolos desde que empecé en la escuela de arte
dramático.) Me hicieron una prueba de cámara y eso fue todo.
Acabé en la escuela un Viernes, y el Lunes ya estaba rodando.
Los dos primeros días de rodaje fueron muy divertidos. En el
primero, debía vestirme como un hombre, una versión mini del Rey
Carlos II. En la época, se solían representar musicales en
palacio, y en mi primera escena, Nell va vestida como el Rey,
con su peluca y sus coletas. El segundo día, tenía que bajar por
un tramo de escaleras rodeada por los niños de un coro, que
aguantaban un escudo delante de mí, cantando un número corto, y
finalmente se revela que... ¡estoy desnuda detrás del escudo! La
verdad es que fue espantoso. Todo esto es nuevo para mí. Estoy
aprendiendo, sobre todo: quién hace esto, quién se encarga de lo
otro – intentando captarlo todo. La escena del escudo fue de lo
más pedagógica y me alegro de haberla hecho”.
“No sentí que tuviera que
ayudar a Zöe en nada, ella se vale muy bien por sí misma”,
asegura Rupert Everett, que interpreta al Rey Carlos II en
Belleza Prohibida, habiendo encarnado recientemente a su padre,
Charles I en Matar a un Rey. “Zoë controla muy bien sus
emociones, es una buena actriz, y siempre resulta mucho más
fácil trabajar con alguien con calidad”.
“Trabajar con Rupert fue una
gozada”, asegura su joven co-protagonista, “Y supongo que sólo
mirarnos a los dos juntos ya es gracioso ya que él mide casi
metro noventa y yo un metro sesenta pelado. Tenía que empezar
muchas escenas con una carcajada y Rupert siempre tenía listo un
chiste para ayudarme”.
“Nell y María son amigas del
alma, ambas adoran la interpretación y son aliadas porque las
dos provienen del mundo del backstage”, aclara Danes. “Al igual
que Nell, María está repleta de pasión; tiene un gran deseo de
actuar y, aunque no posee experiencia, su entusiasmo es enorme.
Es cariñosa y amable, y también audaz. Creo que a veces las
virtudes de las personas son también sus defectos, y eso se
trasluce en María. Es muy cabezota con sus objetivos, y puede
llegar a ser insensible en ocasiones ante las demandas de otras
personas”.
“Con Nell Gwyn, no hay
censura”, afirma Tapper. “Si algo se le mete en la cabeza, sale
por su boca. No piensa en las consecuencias de sus actos. Nell
nunca olvidó sus raíces, tiene todos esos vestidos bonitos y
está subida a un pedestal por su relación con el monarca, pero
jamás olvidó quién es, una ex vendedora de naranjas y no se
avergüenza. He intentado encarnarla como una persona abierta y
honesta, orgullosa tanto de sus orígenes como de su posición
actual. Hicimos una escena maravillosa con toda esa gente guapa
y elegante sentada a cenar en palacio y Nell grita a todo pulmón
en plena fiesta que su madre era una puta. Las escenas de Nell
son las más cañeras”.
Como todos sus colegas
actores, la debutante Zoë Tapper también cree que fue gracias al
director Richard Eyre que pudo sentirse tan cómoda y segura con
su papel.
Claire Danes afirma: “Richard
es una de las personas más sinceras y honestas que conozco. Yo
era un manojo de nervios al principio porque tiene esa
reputación tan consolidada, pero resultó ser muy cercano y todos
mis temores e inseguridades se desvanecieron al final de los
ensayos. No conozco a nadie que no se deshaga en elogios después
de haber trabajado con él. Aprecia muchísimo el trabajo con los
actores”.
“Directores que aprecian a
los actores son una especie más rara de lo que convendría”,
confiesa Eyre. “Uno escucha historias terribles sobre directores
que tratan a los actores como si fueran presos convictos o peor
aún, pero los actores son la materia prima de la película. Me
gustan por lo que hacen y quizás, parte de ese cariño y
admiración es recíproco. Yo fui actor y reconozco que saben
hacer algo que yo no sé hacer. No obstante, entiendo el proceso
y realmente sé apreciar cuando lo hacen bien. Poseen la
habilidad de los grandes músicos, la facilidad de arrancar en
medio de un bar. Una cosa es empezar desde el principio de una
pieza y continuar, pero cuando ruedas es ¡Bang! Y tienes que
estar ahí al 100%. Todos los buenos actores que conozco son
inteligentes, tienen que pensar rápido, y poseer una
extraordinaria agudeza mental.
El guionista Jeffrey Hatcher
también pasó gran parte de su vida profesional en el teatro
(como Eyre, es un exactor), y mientras reconoce y se burla
gentilmente de sus manías, simpatiza enormemente con los
miembros de la profesión.
“Cuando esa cosa en la que
eres realmente bueno se convierte en algo artificial, cuando lo
arrancan de ti, te quedas desnudo, sólo con tu piel”, afirma.
“No me gusta nada utilizar frases como esta, pero Ned se
encuentra en un viaje para descubrirse a sí mismo. Tiene que
encontrar algo real para poder sobrevivir. Realmente, la
historia trata sobre el doloroso proceso del cambio. Puedes
verlo en distintos tipos de artista: algunos niños actores,
cuando se hacen mayores ( los Roddy McDowalls de este mundo) o
actrices cuando su belleza juvenil empieza a desvanecerse y son
ya demasiado mayores para algunos papeles. Observa a los
bailarines y los atletas. Con los actores y artistas escénicos,
el proceso del retiro siempre se acelera. Eso, para mí, es el
gancho de la historia: ¿Cómo me sentiría si ya no pudiera usar o
hacer esa actividad por la que soy identificado en la vida?
Muchísima gente se identifica por el talento que despliegan en
su trabajo. Alguien me dijo una vez que Bob Hope fue a China y
nadie le reconocía, y eso le volvió loco. No ser tratado 'como
Bob Hope' le cabreó enormemente porque él estaba acostumbrado a
una cierta reacción por parte de la gente; es como un narcótico;
si te lo quitan, caes en barrena”.
De la noche a la mañana, Ned
Kynaston se convirtió en un paria; como las estrellas del cine
mudo con la irrupción del sonido, de pronto eran malos actores.
Ellos no han cambiado, sino el medio. Durante años, Kynaston fue
aclamado por la prensa y adorado por sus fans, pero en un par de
semanas, se había convertido en un monstruo de feria y la gente
escribía poemas satíricos sobre su persona.: “Grande y patosa,
llamad a Desdémona, que entre el Gigante”. Esa era la misma
gente que días antes le consideraba un gran actor. En realidad,
no hacía nada diferente a lo que había hecho hasta entonces,
pero ahora el público podía compararle con verdaderas actrices.
Por razones obvias, ya no daba el tipo y eso debió
desconcertarle”.
“Ned había conseguido
convertirse en un hombre muy famoso así como seguro, llegando a
ser un glotón de esa misma fama, basada en una identidad que no
sabe si realmente es suya”, explica Billy Crudup. “Es sólo algo
que hace muy bien. Creo que eso le ocurre a mucha gente; acaban
haciendo algo en lo que son buenos y lo convierten en su pasión
porque se hacen adictos a la adoración de la gente. Creo que no
es criticable pero acaba distanciando a la gente de ellos”.
El director, Richard Eyre,
añade: “Estamos obsesionados con la idea de quiénes son los
actores; por ejemplo, ¿Son realmente como el personaje que
interpretan?; ¿sienten de verdad las cosas que muestran en la
pantalla? ¿Están los actores tan confundidos sobre su identidad
como el resto de los mortales?”
“El hecho de que Kynaston
interpretara a Desdémona durante un período de su vida y Othello
en otro, sugiere una transformación”, apunta Hatcher. “Puedo
imaginarme a alguien adaptando esta historia y convirtiendo a
Ned en un asesino antes de suicidarse porque no puede seguir su
vida como hombre. Puedo imaginarme a otros guionista adoptando
un enfoque más melodramático con los hechos de la vida de
Kynaston. Pero me gustó la idea de que se transformara, cambiara
y sobreviviera. Para mí, es infinitamente más interesante
escribir un relato sobre la supervivencia a través de la
transformación que escribir sobre alguien que siente que su vida
ha acabado porque han cambiado las reglas”.
“Ned es una persona difícil
de querer a nivel íntimo por su egocentrismo y su alienación
emocional del resto de la gente”, señala Claire Danes. “Está
siempre a la defensiva con su afilada lengua, pero María
consigue ver lo que se oculta detrás. Una de las cosas que más
me gustó del guión es su ambigüedad, su resistencia a blindar
todos esos sentimientos y conceptos importantes. Creo que María
convierte a Ned en mejor persona, pero no estoy segura de que lo
haga más hombre. A través de su amor, ella le anima a ser más
honesto consigo mismo, y al final de la película, vemos que él
está empezando ese proceso. Eso es algo sin relación con el
género”.
“Aunque está ambientada hace
varios siglos y trata sobre complejos problemas de identidad,
espero que al final el público se conmueva con la película
porque el corazón de la historia es la relación entre dos
personas que se aman”, afirma Richard Eyre.
Imágenes y notas
de cómo se hizo "Belleza prohibida" - Copyright © 2004 Qwerty
Films, Icon Entertainment, Tribeca, N1 European Film
Produktions, BBC Films y Artisan Entertainment. Distribuida en
España por Filmax. Todos los derechos
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