CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
El
Bollywood que nos llega...
A pesar de que el cine Bollywood, que pasó de ser una
denominación de origen a convertirse en un género
ci-nematográfico distintivo, ha experi-mentado una creciente
repercusión in-ternacional durante los últimos años, lo cierto es
que el fenómeno hindú apenas ha arraigado a nivel comercial en países como España,
donde estas producciones romántico-musicales con matizadísima
lectura social que genera la potente industria india se asoman
muy tímidamente en la carte-lera, y casi en calidad de testimonio
anecdótico. En realidad, las escasas cintas de este tipo que se
han estrenado últimamente en nuestras salas —"Lagaan:
Érase una vez en la India" y "La
boda del Mon-zón", a lo largo del 2002, y "El
gurú del sexo", en el 2003—, las tres de muy
diversa índole, no son tanto productos
enteramente Bollywood, ni representativos de esta categoría,
como asimilacio-nes personales y descafeinadas de ese estilo,
incluso llevadas en algunos casos al campo de la
parodia-homenaje, algo que vuelve a repetirse en la película a
la que ahora nos referimos.
"Bodas y
prejuicios", dirigida y coescrita por
Gurinder Chadha, la realizadora keniata afincada en
Inglaterra que saltó a la populari-dad gracias a su anterior
trabajo, "Quiero
ser como Bekcham", adapta en esta ocasión la novela
"Orgullo y prejuicio" de Jane Aus-ten
al desenfadado y vitalista estilo Bollywood. Su argumento, que
saca provecho de los nudos dramáticos y temáticas so-ciales ya
desarrollados por Austen para llevarlos a su terre-no, es, de
hecho, tan simple, llano y previsible como se acos-tumbra en el
género, por más que le den muchas vueltas a las diferentes
subtramas y lo adornen a su peculiar modo para marear la perdiz:
conflictos romántico-familiares en torno a matrimonios
concertados por conveniencia como única vía de prosperidad
posi-ble, el inevitable roce entre tradiciones y modernidad, las
diferen-cias entre clases, y el choque cultural y los prejuicios
derivados, entre otras cuestiones afines, tan recurrentes en los
relatos corta-dos por el patrón Bollywood que se han convertido
en sus señas de identidad. Quizás, la única diferencia notable
entre el trabajo de Chadha, y su esposo y habitual colaborador
Paul Mayeda
Ber-ges, y los Bollywoods
estándar —al margen de su afectuoso tono paródico, y, por tanto,
con tendencia a la exageración—, sea que la protagonista
femenina, Lalita —que no es la novia cuya inminen-te boda
propicia el resto de encuentros y desencuentros, sino una de sus
tres hermanas casaderas— es más "guerrera" de lo habi-tual y que
se ofrecen algunos apuntes interesantes sobre los indios
renegados de su cultura —a través, principalmente, del personaje
de Kholi, nuevo rico venido a más en los Estados Unidos— y la
mentalidad colonialista que pervive en la actualidad en algunos
an-glosajones. Por lo demás, la película se ajusta a la
confección Bo-llywood en todos sus ingredientes, pues nos
presenta los obligados números musicales en que los personajes
arrancan a cantar y a bailar porque sí —eso sí, muchos de ellos
son aquí en inglés—, al-gunas secuencias rodadas
—intencionadamente— en plan video-clip hortera de los 80, otras
dignas de un melodramático culebrón, los caracteres secundarios
esperpénticos que alimentan el humor y la súbita explosión de
color perfumado por doquier.
Tengo bastante querencia por el exotismo, dinámica y desparpajo
de este tipo de largometrajes, especial-mente en lo que se
refiere a la músi-ca Bollywood y a la música india en
general, y "Bodas y prejuicios" no se encuentra entre lo más
divertido, ela-borado y chispeante que he tenido oportunidad de
ver. Se trata de una película aceptable, correctamente
realizada y entretenida, pero bas-tante irregular y rutinaria.
Es ver-dad que en ningún momento pretende tomarse en serio a sí
misma, y así es como uno debe acercarse a esta lige-ra
propuesta, pero frente a algunos arranques ingeniosos, incisivos
y graciosos —como la escena de la danza de la cobra, ciertas
pun-tillas de Lalita, las sentencias lapidarias de su
casamentera madre, algunas de las chorradas que giran alrededor
de Kholi, o esa salida bizarra durante una de las canciones,
cuando un grupo de surfistas y de "vigilantes de la playa" se
suman a los coros—, tenemos otros muchos pasajes flojitos,
forzados o fallidos a la hora de hacer reír. Finalmente, todo se
queda en una apuesta amable y compla-ciente, sólo con aisladas y
puntuales dosis de mala baba, y plana en lo dramático. Sobre los
cortes musicales se podría decir más de lo mismo, ya que
mientras que algunos resultan logrados y conta-giosos, incluso
en sus letras picantonas y en las coreografías, otros parecen
obrar un poco como relleno o justificación, siendo del todo
olvidables.
En cuanto al desempeño del nutrido reparto, el carisma y dimen-siones de
los personajes que interpretan también es relativo y de-sigual.
Si bien la estupenda Nadira Babbar
como jocosa madre controladora e interesada tiene algunas
de las mejores líneas de diálogo, otras figuras poseen un peso
tan pasajero o de mero so-porte que apenas cabe considerar. La
pareja romántica protagonis-ta también se ve algo descompensada,
y es que si la exuberante Aishwarya Rai
—más próxima al canon recauchutado occidental que a los rasgos
raciales que cabría esperar— cumple bien su fun-ción, sin más,
Martin Henderson nos ofrece
un galán soso y blan-do de fofa presencia, vamos, en su línea
tradicional.
En definitiva, se trata de una historia que se entiende
perfectamente dentro de la filmografía de su autora, siempre
interesada en ahondar en el choque cultural desde el benevolente
prisma de la comedia dramática. Quizás re-presente una ocasión
moderadamente buena para que el espectador neófito entre en el
universo Bollywood, pero insisto en mis reservas de que no se
halla ni entre lo mejor ni entre lo más significativo de este
panorama. Y es ahí, probablemente, donde radica su mayor
problema. Los Bollywoods poseen su mejor baza en ese sa-bor
cutre-kistch tan genuino que versiones light como "Bodas y
prejuicios" desvirtúan al tratar de aproximarlos a la visión y
al sistema de producción occidental, aderezándolos con unas
dosis de humor extra innecesario. Sencillamente, no hay color.
Puede que su intención sea acercar al público extranjero al
Bolly-wood, pero el resultado final es que lo ahuyentan del
Bollywood a través de algo que en realidad no lo es. A modo de recomendación personal, disfruté mucho más
con "La boda del Monzón", de Mira Nair, premiada en el Festival
de Venecia, o con "Lagaan: Érase una vez en la India", que pese
a no corresponderse con una concepción pura y estricta del
Bollywood, se encuentran a poca distancia de sus claves, y disponen de un
mejor nivel de calidad y hondura.
Calificación:
    
Imágenes
de "Bodas y prejuicios" - Copyright © 2004
Pathé Pictures, UK Film Council, Kintop Pictures, Bend It Films
e Inside Track. Distribuida en
España por Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
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