CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
El cínico a
las puertas del infierno
Hay
ocasiones en las que uno no puede ni en realidad quiere ser muy
objetivo a la hora de enjuiciar una obra. Puede ocurrir por
mu-chas razones, pero una de las más habituales es cuando la
pelícu-la en cuestión es una adaptación de otra obra anterior que
conoce-mos bien, e incluso admiramos, y uno acude a la sala de
cine con la prevención de quien es más que consciente de lo que
Hollywood puede haber perpetrado con aquella historia que tanto
nos apasionó o esa novela que nos hizo estremecer. Cuando eso
sucede, resulta extremadamente difícil no juzgar el resultado
final de la película más en función de su fidelidad al texto
original que a sus auténti-cas virtudes o defectos como producto
fílmico. Claro, eso hasta que uno cae en la cuenta, como en el
caso que nos ocupa, de que nueve de cada diez personas que lean
esta reseña probablemente no han leído jamás (y para su
desgracia, quizá nunca lo harán) un cómic de Hellblazer ni
tienen otra idea del personaje de John Cons-tantine que no sea la
imagen de Keanu Reeves que
hemos podido ver en los tráilers. Ese es el momento en el que
uno tiene que exor-cizar al freak de los cómics que lleva
dentro del crítico que ha de escribir estas líneas para los
interesados en la película.
Y la
verdad, eso que sale ganando "Constantine", porque si bien uno
po-dría poner ciertos reparos sobre algu-nas libertades que se han
tomado los responsables con el fascinante perso-naje salido de la
genial mente del es-critor Alan Moore
(autor a su vez de dos interesantes obras destrozadas en su paso
del cómic al cine como "Desde
el infierno" y "La
liga de los hombres extraordinarios"), una espe-cie de
mezcla entre exorcista y mago que ha dedicado toda su vida a
com-batir a los demonios que viven entre nosotros sin detenerse
mucho en consideraciones sobre los métodos que utiliza y al que
la conciencia de la verdadera cara de la realidad ha convertido
en un arrogante, cínico y despiadado cabronazo, un antihéroe de
libro, lo cierto es que los autores han conseguido respetar
lo suficiente la esencia del personaje para que los
familiarizados con el mismo no se sientan traicionados en
exceso. Pero además han construido una entretenida pelícu-la que
navega un poco a contracorriente de algunas de las últimas
tendencias del cine comercial actual, circunstancia todavía
más meritoria si tenemos en cuenta la diversidad de géne-ros que
maneja "Constantine", una cinta en la que se dan cita el
thriller paranormal, algunas gotas de cine de terror, el género
de aventuras y hasta el drama, todo ello aderezado con un
sentido del humor repleto de un sano cinismo e ironía (una de
las señas más reconocibles del cómic original) que permite a la
película no tomar-se excesivamente en serio a sí misma a pesar de
la seriedad de los problemas que plantea para sus protagonistas,
lo que es todo un acierto.
La
secuencia de arranque de "Constantine" da buena idea de las
posibilidades del personaje: vemos como éste realiza un
exorcismo en una niña a través de la cual un demonio trata de
entrar en nues-tro mundo. Queda claro que no es un exorcista
clásico –en el sen-tido de como el cine nos ha habituado a
verlos– y que en la actitud sarcástica, hasta cierto punto
despreocupada del personaje hay una clara intención de demostrar
su falta de entusiasmo por las co-sas que hace. Expulsar demonios
de este mundo no es algo que le cause un excesivo placer (es
simplemente algo que debe hacerse), ni tampoco parece sentirse
cómodo con las habilidades que tiene porque el papel que le toca
jugar en el complicado juego de ajedrez que ángeles y demonios
practican con nosotros, atrapados como peones, no le ofrece al
protagonista recompensa alguna por sus actos.
Más bien
al contrario. Cuando a Constantine le diagnostican un cáncer de
pulmón terminal la cosa se pone interesante: por mucho bien que
haya hecho expulsando demonios, sus du-dosos actos condenarán su
alma al infierno (donde, claro, le esperan entu-siasmados sus
muchas víctimas para hacerle pasar por “todo un parque de
atracciones del dolor”) ya que las puertas del cielo le están
vedadas por no haberse atenido a las reglas. Aun-que sólo está
apuntada, hay una inte-resante reflexión sobre esto en la
con-versación que Constantine mantiene con el personaje que
interpreta Tilda Swinton (un gran acierto de casting, por
cierto, dada la naturaleza del mismo), pero la película no
explora demasiado ese camino: ya ha entrado en juego la línea
argumental del personaje de Angela (Rachel Weisz)
–una detecti-ve
que investiga el extraño suicidio de su hermana gemela y que
parece ser una pieza clave de un juego que pone en peligro el
mun-do que conocemos– y la aventura paranormal está servida.
"Constantine" ofrece bastantes elementos de interés bien
orques-tados por el debutante Francis Lawrence. Los magníficos
efectos especiales están, como debe ser, al servicio de la
historia y no el revés como suele ser habitual (es destacable
por ejemplo la visión de ese infierno en Los Angeles que ofrece
el film o el furioso ataque de un demonio compuesto de insectos
y bichos varios), el cuidado diseño de producción (no exento de
multitud de referencias religio-sas) y la tenebrosa fotografía
ayudan a recrear una inquietante at-mósfera a medio camino entre
lo gótico y el cine negro. Pero la verdadera baza de "Constantine"
es, cómo no, el juego que ofrece su protagonista. Pese a esos
más que discutibles peajes obligados por la comercialidad del
producto (los inevitables perso-najes del aprendiz
graciosillo, el suministrador de armas e informa-ción y la chica
que ha de ser introducida en el mundo de lo oculto, o esas
prescindibles secuencias de masacre de demonios al más puro
estilo "Blade"), la cínica forma del personaje de enfrentarse a los
sucesivos problemas de la trama, además de enganchar al
es-pectador a base de actitud, ofrece algún que otro momento
logrado: la forma en la que Constantine prepara su viaje al
infierno en el apartamento de Angela, sus visitas al local de
Medianoche, el in-fructuoso intento del Padre Hennessy (un
acertado Pruitt Taylor Vince) por acallar las voces de su
interior a base de alcohol en una licorería o la brillante
secuencia final (con un delicioso cameo de
Peter Stormare
incluido) sacada directamente del arco argumen-tal Hábitos
Peligrosos, uno de los puntos más álgidos del cómic original;
momentos que conforman una obra entretenida y, en el fondo,
bastante divertida pese a su excesiva duración y a alguna
debilidad argumental evitable.
Por lo
demás, decir que, pese a mis temores iniciales, Keanu Reeves no
sólo consigue no ser especialmen-te insoportable en su retrato de
un personaje tan complejo, sino que a menudo resulta de lo más
con-vincente, y que probablemente la pe-lícula no funcionaría tan
bien como lo hace a ratos si los responsables de la misma no
hubieran tomado la sana decisión de dejarse llevar por esa
mezcla de arrogancia, determinación, cinismo e ironía que
destila el John Constantine original en el sentido del humor que
impregna todo el film, un humor que, como decía antes,
impide tomarse todo lo que ocurre en la cinta de una forma
demasiado seria: basta comprobar hasta qué punto las
advertencias sobre los peligros del tabaco están, en el fondo,
tratadas de una forma harto sarcástica, un hecho bastante
inusual en el cine moderno, que ha declarado la guerra a los
dicho-sos cigarrillos de forma tan sistemática que es
sorprendente ver al protagonista de una superproducción de este
tipo fumar de forma tan compulsiva... por más que el último
plano del metraje suponga la mayor traición que el film perpetra al John
Constantine original.
Calificación:
    
Imágenes y notas
de cómo se hizo "Constantine" - Copyright © 2005 Warner Bros.
Pictures, Village Roadshow Pictures, Donners' Company, Batfilm
Productions, Weed Road Pictures y 3 Arts Entertainment.
Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Constantine"
Añade "Constantine" a tus películas favoritas
Opina sobre "Constantine" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "Constantine" a un amigo
|