CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Pocos
podían imaginar que, tras haber protagonizado una de las sagas
cinematográficas más populares de los últimos años ("Ma-trix"),
Keanu Reeves se embarcaría
en un proyecto como "Cons-tantine", una cinta que es obvio ha
nacido con el propósito de gene-rar una nueva franquicia si
finalmente consigue triunfar en la taquilla (de hecho, el propio
Reeves ha confirmado que no le importaría par-ticipar en sus
posibles continuaciones). He de reconocer que ja-más he leído
ninguna aventura de John Constantine en "Hellblazer", de ahí que
no pueda incluir en esta reseña un comentario acerca de si la
película es fiel o no al cómic en el que se basa. No obstan-te,
soy de los que piensan que, salvo que se cometan verdaderos
disparates y no se respete el espíritu de la obra original, es
lógico que el cine se permita ciertas licencias para adecuar a
sus peculia-ridades una historia que proviene de otro medio.
Por otra parte, considero justo que el lector sepa que no siento
demasia-da simpatía por aquellos relatos en los que aparecen
demonios o se reali-zan exorcismos, existiendo, pues, un
condicionamiento subjetivo que se ha de tener en cuenta a la
hora de com-prender la valoración que hago de es-ta película. No
disfruto con los largo-metrajes de terror, salvo que éste se
base principalmente en componentes psicológicos o se muestre de
forma sutil en la pantalla (por supuesto, no incluyo dentro del
género a cintas como "Scream: Vigila quién llama" o "House
of the dead", insulsas fantochadas que nadie puede
tomar-se en serio). Al menos esta película de
Francis Lawrence preten-de ser
más circunspecta, a pesar de ciertos defectos que atesora a lo
largo de su metraje. Y es que "Constantine" reúne elementos
interesantes aunque no del todo innovadores. No son pocas
las narraciones en las que el Bien y el Mal se nos muestran de
tal forma que no podemos hablar de la existencia de una división
ta-jante entre ambos mundos, sino de una conexión entre Dios y
Sa-tán, siendo los movimientos de cada uno de ellos un mero
juego en el que se ven involucrados los humanos. Sin embargo,
tanto el per-sonaje interpretado por Keanu Reeves como aquel al
que da vida Rachel Weisz
poseen atractivo y carisma para el espectador, quien observa
cómo la distancia que los separa se va haciendo ca-da vez menos
amplia, existiendo una paulatina transformación en ellos.
El
protagonista es un hombre socarrón (atención a algunas de las
frases que suelta por su boca), algo engreído y maleducado que
afronta su cometido en el mundo de los vivos con una única
espe-ranza: la de obtener una redención divina que le permita
descansar en la eternidad. En su obstinación no se percata de
que su deseo no se cumplirá por el simple hecho de realizar unas
determinadas misiones que agraden a Dios, ya que ha de brotar en
su interior un sentimiento altruista que hasta el momento no ha
sabido encontrar. Angela es la mujer que le ayudará a que esto
suceda, pero a su vez ella también recibirá el auxilio de
Constantine y aceptará un don que se le ha concedido pero que
hasta entonces ha querido olvidar, considerándolo más una
maldición que otra cosa.
Son estos diálogos entre ambos personajes y las revelaciones
que encontramos en sus almas uno de los aspectos más
interesantes del filme, aparte de su insana ambien-tación,
no por la aparición de unos cuantos poseídos, sino por el uso de
una oscura fotografía, la atípica visua-lización de una ciudad
como Los An-geles, lluvia incluida, o los padeci-mientos de
determinados personajes (Constantine tiene un cáncer que le hace
escupir sangre, algo que se nos muestra sin remilgos, por no
hablar del suicidio de Isabel). Los efectos especiales no son
nada del otro mundo, aunque hay que reconocer que resultan
particularmente efectivos en las escenas en las que contemplamos
el infierno o en el fragmento en el que Angela atra-viesa las
paredes de un edificio. Por desgracia, los pasajes de acción se
asemejan por momentos a los acontecimientos que podemos vivir en
cualquier videojuego, tal y como sucede cuando Constantine se
enfrenta a múltiples demonios antes de acceder a la sala en la
que ha de nacer el hijo de Satán.
Reconozco
que nos hallamos ante una película que se deja ver y que al
menos no produce sopor en el público, mas su temática no es de
mi agrado y, desde luego, pocos serán los que salgan del ci-ne
con la acuciante necesidad de que se haga cuanto antes una
secuela. Incluso los actores se toman bastante en serio sus
pape-les, con un correcto Keanu Reeves y una acertadísima Rachel
Weisz. Por contra, la partitura de
Brian Tyler y Klaus Badelt,
es-te último un discípulo de Hans Zimmer, es demasiado
convencio-nal, convirtiéndose en ocasiones en un mero ruido que
nos avisa de los peligros antes de que éstos sucedan en la
pantalla. Cabe reco-nocer, sin embargo, la existencia de alguna
pieza musical destaca-ble, sobre todo en aquellas escenas, no
demasiadas, en las que impera el intimismo.
Calificación película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes y notas
de cómo se hizo "Constantine" - Copyright © 2005 Warner Bros.
Pictures, Village Roadshow Pictures, Donners' Company, Batfilm
Productions, Weed Road Pictures y 3 Arts Entertainment.
Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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