CRÍTICA
por
Miguel Laviña Guallart
Vivir y morir en L.A.
Varias historias se
entrecruzan durante día y medio en esa espe-cie de autopista
interminable que es la ciudad de Los Ángeles.
Paul Haggis, guionista de la
prestigiosa “Million
dollar baby”, en su intención de realizar un gran
fresco de esa sociedad, escribe y diri-ge una película demasiado
ambiciosa, en el que un arbitrario azar pone en contacto el
destino de una serie personajes que sobreviven en el caos.
La estructura narrativa y temática de “Crash (Colisión)” remite
directamente a dos obras que a principios de los 90 reflejaron
de forma contundente el cli-ma social y moral de Los Ángeles. En
“Grand Canyon. El alma de la ciudad” Lawrence Kasdan hilvanaba
unos he-chos violentos que eran punto de unión de unos
personajes de distintas clases sociales. La empatía surgida
entre estos desconocidos servía para construir una hermosa
sinfonía sobre la ciudad, en la que había sitio para un futuro
esperanzador. Poco des-pués, Robert Altman alcanzó una de las
cumbres creativas de su larga carrera adaptando los relatos de
Raymond Carver en la espléndida “Vidas cruzadas”. Concebida
co-mo una pieza de jazz, transmitía similar confusión y
desencanto, no exentos de la sutileza, humor y socarronería del
viejo cineasta. A la hora de abordar esta revisitación, Paul
Haggis parece preferir en sus planteamientos la grandilocuencia
de la ópera, mediante el logro de unas cuantas secuencias
realmente impactantes, que descansan sobre un hábil envoltorio,
pero cuyo conteni-do adolece de la novedad, intensidad emocional
e ironía de sus predecesoras.
La envolvente construcción
argumental, junto con unos agudos diálogos, es uno de los
aspectos más sólidos de este proyecto. Es innegable que el
director construye un sugerente entramado que capta la atención
mediante pistas e incógnitas que progresivamen-te desvela.
Realiza un minucioso trabajo de montaje en el que las historias
se van reabsorbiendo unas en otras con fluidez. Con esti-mable
capacidad visual, y un estilo sin duda deudor a “Traffic”
de Soderbergh, combina el ritmo ágil y directo de la cámara en
mano, granulado y claroscuros, con toda un gama de tonalidades
cromáti-cas, que cambian según los personajes y ambientes
sociales.
Estos elementos están al servicio de las numerosas líneas
argumentales que pone en marcha, con el evidente deseo de trazar
una panorámica com-pleta de los conflictos de la ciudad. La
pretensión de acaparar todos los estratos sociales acaba siendo
ina-barcable, y no da un respiro al espec-tador con un
incontable número de tragedias y personajes sufrientes. La
reiteración de la situación perma-nente de miedo y violencia es
ex-cesiva, incluso en última instan-cia, resulta
autocomplaciente. El guión va perdiendo aliento conforme
avanza, y el empuje de los distintos puntos de partida se diluye
por unos caminos mucho más convencionales. El conjunto se ve
las-trado por el abuso de la música de
Mark Isham, que una y otra vez subraya los momentos
intensos, y por un innecesario lirismo en su tramo final, que no
hace ningún favor a la credibilidad de lo narrado. La
previsibilidad en la que se instala es contrarrestada por varias
secuencias efectistas y eficientes, algunas realmente vibrantes,
co-mo el accidente automovilístico.
Así, de manera que parece
inevitable, la cinta se desliza hacia te-rrenos conocidos, y
reformula unas premisas ya estudiadas, cris-pación, abuso de las
armas o incomunicación, en un lugar en el que, como postula,
nadie se toca, ni tan siquiera se roza, en el que parece que el
único contacto posible puede ser la colisión. Aun así, nunca
está de más una nueva mirada sobre la realidad, y deja caer
algunas interesantes reflexiones, como la consta-tación de
una segregación racial que, al igual que el título de la cin-ta,
choca en cadena de unos grupos a otros. También tiene la vir-tud
de cubrir a la mayoría de los personajes de una perceptible
am-bigüedad moral, en la que nadie está libre de culpa. Así, no
existen héroes o comportamientos irreprochables, y, según las
circunstan-cias, todos son capaces de acciones encomiables o de
las más despreciables.
El reparto coral reúne a un curioso grupo que integra el reclamo
de unas estrellas que a menudo sufren bataca-zos en taquilla,
dispuestas a realizar un pequeño papel dramático en un film “de
prestigio”, junto al sostén de unos efectivos intérpretes.
Destaca el reencuentro con Matt Dillon
en el pa-pel de un policía corrupto. El actor de "Drugstore
cowboy" continúa con su errática carrera, y tiene aquí la
oportu-nidad de realizar su mejor trabajo en mucho tiempo. Junto
a la estupenda Thandie Newton,
protagoniza una de las historias más espinosas del film. Audaz
en su planteamiento, pero mucho más acomodati-cia en sus
resoluciones, la propuesta se acaba revelando pretenciosa. A
lo largo del metraje despierta sentimientos encon-trados, que
oscilan entre la sensación cercana a algo ya visto y sus
aciertos. En especial, permite disfrutar de una inteligente
es-tructura que recuerda a un juego de muñecas rusas.
Calificación:
    
Imágenes
de "Crash (Colisión)" - Copyright © 2005 Lions Gate Films, Bob
Yari Productions, DEJ Productions, Syndicate Films
International, Blackfriar's Bridge, Harris
Company, ApolloProScreen & Co. Filmproduktion y Bull's Eye Entertainment. Distribuida
en España por Manga Films. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Crash (Colisión)"
Añade "Crash (Colisión)" a tus películas favoritas
Opina
sobre "Crash (Colisión)" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"Crash (Colisión)" a un amigo
|