CRÍTICA
por
Javier Quevedo Puchal
Un hombre-lobo americano en Mulholland Drive
Resultaría extremadamente sencillo evaluar las razones por las
que, a fe-cha de hoy, el hombre-lobo continúa siendo el hermano
pequeño cinemato-gráfico del vampiro. Sin duda, una de las más
poderosas residiría en el "Drácula" de Bram Stoker (reconozca-mos
que aún está por escribirse la gran novela del licántropo, ésa
que con el paso del tiempo alcance el es-tatus de piedra angular
de la literatura de terror del que goza la novela de Stoker).
Ahora bien, si nos ceñimos al ámbito puramente fílmico, las razo-nes
se multiplican y, a la vez, se re-sumen en una sola: a ojos del
público en general, el vampiro tiene mayor atractivo. Así de
simple. Será ese aire de extranjero seduc-tor y siniestro, será
la figura de dandy oscuro, será que aparente-mente ofrece
mayores posibilidades de lucimiento para un actor. Será lo que
será pero, en cualquier caso, resulta innegable que el vampiro
sigue pareciendo impepinablemente un grado menos "bi-cho de peli
de serie-B" que el hombre-lobo. A crear esta impresión han ido
contribuyendo, progresivamente, aportaciones de mayor o menor "qualité":
desde el mismo "Drácula" que encarnara Bela Lu-gosi hasta la
"Entrevista con el vampiro" de Neil Jordan, pasando por
personalísimos remakes a la europea como el "Nosferatu, el
vampiro de la noche" de Herzog o piezas de deslumbrante estética
videoclipera como "El ansia" de Tony Scott, que no en vano tenía
por "estilosos" vampiros a ese pedazo de iconos del siglo XX que
son Catherine Deneuve y David Bowie. Sin embargo, pese al
esta-tus "de segunda división" al que se ha querido relegar al
hombre-lo-bo a nivel popular, resulta curioso comprobar que,
como mito, tiene tanta o incluso más solera que el vampiro
(recomiendo, para los in-teresados, "El libro de los hombres
lobo" de Sabine Baring-Gould, un estudio que remonta la
tradición del licántropo a las mismísimas sagas nórdicas).
Aun con todo, hay que reconocer ese par de casos aislados
en los que un cineasta ha sabido ir más allá para acabar
desencorse-tando momentáneamente al mito de sus ataduras de
serie-B. Ahí tenemos a Neil Jordan con "En compañía de lobos",
por ejemplo, una auténtica pieza de orfebrería del cine
fantástico de los 80, poé-tica y perturbadora, hipnótica y
definitivamente única en su espe-cie. O, sin necesidad de ir tan
lejos, aquella estimulante "Ginger
Snaps" dirigida por John Fawcett, que retomaba las
metáforas del film de Jordan para revestirlas de un sentido del
terror sin duda más perverso (me remito a esos títulos de
crédito, absolutamente rom-pedores, con que arrancaba la
película). E incluso podríamos, eso sin ponernos demasiado
exigentes, mencionar ese espléndido gati-llazo de la Fantastic
Factory que fue "Romasanta",
una obra fallida por los cuatro costados, pero que se pretendía
crónica histórica de un hecho supuestamente real y que, pese a
ser espesa como un puré de patatas, se tomaba bastante en serio
a sí misma, amén de regalarnos una de las metamorfosis más
distintamente "verosími-les" que un servidor recuerda.
Resultaba en parte tranquilizador, por tanto, saber que el
encargado de dirigir "La maldición (Cursed)", la últi-ma
aproximación a este subgénero del cine de terror, iba a ser
Wes Cra-ven. No en vano, a su
cargo corre la que considero una de las cumbres del cine de
terror de los 90: me refiero, obviamente, a la primera (y sólo a
la primera) secuencia de "Scream", que hay que admitir que supo
insuflar de aire fresco a una situación vista mil veces en la
gran pantalla, con el re-sultado de que lograba ponerlos por
corbata con un desparpajo insospechado. Desde luego, no habría
sido la primera vez que Craven tomara un material exprimido
hasta la saciedad para exprimirlo una vez más y extraerle unas
gotitas de jugo de primera. Ahí tenemos, por ejemplo, lo que
logró con el cine de zombies ("La serpiente y el arco iris") o
con el de psicópatas ("Pesadilla en Elm Street").
Sin embargo, "La maldición (Cursed)" está mucho más
próxima a la rentable línea del Craven de "Scream" que del de
"La serpiente y el arco iris". O dicho en otras palabras,
prefiere jugar a la "serie B", aunque en el fondo no lo sea, a
ser abiertamente una película digamos más "seria" y madura.
Decisivo para este posicionamiento es que el guión venga
firmado, naturalmente, por Kevin
Williamson. Lo malo es que allá donde "Scream"
conseguía por momentos ser una divertida vuelta de tuer-ca a las
películas de "slashers", salpicando el metraje con algunos
juegos post-modernos de referencias metacinematográficas que de-lataban
una cierta inteligencia por parte de director y guionista, y que,
por qué no, invitaban al espectador a no ser un elemento pasi-vo...
observamos que no hay absolutamente nada de esto en "La
maldición (Cursed)". Vale que las referencias a otras obras
licantró-picas están presentes en todo momento pero,
lamentablemente, no pasan de ser referencias absolutamente
prescindibles. Ahí está el reloj de cuco con Caperucita Roja y
el lobo, referencia evidente a "En compañía de lobos". O, aún
menos sutil, el Lon Channey de cera que decora ese sucedáneo de
Planet Hollywood que monta el personaje de
Joshua Jackson. Claro que la
referencia definitiva es-tá en esa "Lobo" que protagonizaran
Jack Nicholson y Michelle Pfeiffer hace unos años, con la que
guarda más de una similitud ar-gumental: una noche de luna
llena, dos hermanos (interpretados aquí por
Christina Ricci y
Jesse Eisenberg) sufren un
accidente de automóvil yendo por una carretera casi desierta,
después del cual son atacados por lo que parece un lobo
gigantesco. En los días siguientes, ambos empiezan a
experimentar profundos cam-bios en sus cuerpos, desde un
sex-appeal y auto-confianza en au-mento hasta un desarrollo
sobrenatural de todos sus sentidos.
Es una auténtica lástima, no obstan-te, que las aportaciones que
hace "La maldición (Cursed)" a la tradición del cine de
hombres-lobos sean mínimas y que, en definitiva, se reduzcan a
presentar al Lobo Feroz más feroz vis-to nunca en una pantalla.
No por ca-sualidad, los puntos fuertes de la cinta residen en
los ataques del li-cántropo, verdaderamente furio-sos, que hacen
parecer bastante ridículos cualesquiera otros vistos con
anterioridad. Y, si bien es cier-to que se da algún ejemplo
muy aisla-do de ingenio (ese toque de humor negro, negrísimo,
con el que el personaje de Christina Ricci descu-bre por primera
vez su hiperdesarrollado sentido del olfato), hay que rendirse
ante la evidencia de que "La maldición (Cursed)" es, sim-ple y
llanamente, una película de risas y palomitas. Hasta el punto de
que, tristemente, acaba guardando más semejanzas con aquel
despropósito que fue "Teen wolf (De pelo en pecho)" que con algo
tipo "Aullidos", sin necesidad de exigir mucho más. Ahora bien,
si uno logra tragarse los escrúpulos e ignorar la perezosa caída
en lu-gares comunes, la falta de imaginación, la tentadora
profusión de incongruencias y que la indefinición de tono de la
película termine decantándose en el tercio final por una abierta
bufonada (esas ex-plicaciones del "malo" de la función, esas
acciones más propias de un ninja que de un hombre-lobo...), si
en definitiva uno se resigna a no exigirle nada más que un rato
entretenido a "La maldición (Cur-sed)", hay que reconocer que
sin duda lo obtendrá.
Calificación:
    
Imágenes
de "La maldición (Cursed)" - Copyright © 2004
Dimension Films, Outerbanks Entertainment y Craven/Maddalena
Films. Distribuida en España por Buena Vista
International. Todos los derechos
reservados.
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