CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Una madre como Dios manda
A partir de
la historia real vivida por Carmen Avendaño,
Gerardo
Herrero recrea el drama de una madre que descubre la
adicción a la heroína de su hijo mayor, y que se llena de valor
para remover las estructuras que sostienen el negocio y generar
ambientes favo-rables para su recuperación. Preocupado por el
problema de la dro-ga y del narcotráfico, el director y la
guionista Ángeles González-Sinde han querido adoptar el
punto de vista de la madre, sufrir con ella el desconcierto ante
una realidad que no se imaginaba, superar las trabas y enredos
socio-políticos de una auténtica mafia, y sacar todo el coraje
que una madre atesora cuando ve cómo se va la vida de quien
trajo al mundo.
La historia
es dramática en sí mis-ma, y por eso la película ha querido
respetar esa proximidad a la realidad para que no se perdiese su
fuerza al transformarse en ficción. El guión di-buja con acierto
la evolución de Pilar, y el espectador ve cómo se crece an-te las
amenazas de los implicados y las recaídas de su hijo Fito. Sin
em-bargo, la puesta en escena no lo-gra superar cierto
envaramiento y artificio con el que se mueven sus personajes,
sobre todo en la pri-mera mitad. El intento se antoja demasiado
discursivo en su voluntad de denunciar a los nar-cos y a los
poderes públicos condescendientes; los actores pierden así
naturalidad, y su expresividad interpretativa no acaba de brotar
desde su interior sino que más bien parece algo forzada,
obligada por unas circunstancias impuestas por un guión que
bus-ca reflejar la realidad. Con el discurrir del metraje, y
sobre todo en las escenas de mayor protagonismo dramático de
Pilar a raíz de su ingreso en la cárcel, la película va cogiendo
fuerza y vigor, como si Adriana Ozores se desmelenase y
se librase del corsé a que el guión la sometía: es entonces
cuando asistimos a escenas más emotivas y cuando el espectador
sintoniza con el drama y sus per-sonajes.
Aciertan
Herrero y González-Sinde al mantener la mirada
materna como ventana desde la que contemplar todos los
acontecimientos, y al no dejarse arrastrar por subtramas que
hubiesen diluido y quitado fuerza a lo nuclear; pero se echa en
falta una mayor profundización en las causas que generaron esa
situación, y una mayor caracterización del ambiente familiar que
iluminase la soledad o insatisfacción de Fito; también se
perciben ciertos saltos narrativos en una parte final que queda
inconexa y que evidencian fallos de guión. La fotografía recoge
con verosimili-tud los ambientes urbanos y del tráfico de droga,
y la canción de Antonio Vega invade la cinta de comienzo
a fin para hablar de la tragedia de un heroinómano que “se
dejaba llevar”.
Cinta valiente que se acerca a los sufrimientos de una madre por
su hijo drogadicto y a la tibieza de quienes deberían abordar el
problema con ma-yor decisión. En el Festival de Málaga se ha
llevado las Biznagas de Plata a la mejor dirección y guión,
aunque en muchos momentos no convenza por su pérdida de fuerza
dramática, y también por una intención denunciato-ria
excesivamente marcada y reiterati-va. Es necesario reconocer el
esfuer-zo del director por acercarse a esa realidad humana y
social, pero hay al-go que impide que la película llegue con
fuerza y autenticidad, que el espectador sienta la emoción de la
ficción o que se aproveche de la verdad del documental.
Calificación:
    
Imágenes
de "Heroína" - Copyright © 2005 Tornasol Films y
Continental Producciones. Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos
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