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LA GUERRA DE LOS MUNDOS
(War of the worlds)


Dirección: Steven Spielberg.
País:
USA.
Año: 2005.
Duración: 116 min.
Género: Acción, Ciencia-ficción, aventuras.
Interpretación: Tom Cruise (Ray Ferrier), Dakota Fanning (Rachel), Miranda Otto (Mary Ann), Justin Chatwin (Robbie), Tim Robbins (Ogilvy).
Guión: Josh Friedman y David Koepp; basado en la novela de H.G. Wells.
Producción: Kathleen Kennedy y Colin Wilson.
Música: John Williams.
Fotografía:
Janusz Kaminski.
Montaje: Michael Kahn.
Diseño de producción: Rick Carter.
Vestuario: Joanna Johnston.
Estreno en USA: 29 Junio 2005.
Estreno en España: 29 Junio 2005.

 

CRÍTICA
por David Garrido Bazán

Un sobrecogedor espectáculo

  Precedida de una extraña campaña publicitaria que, más allá de la desmesura que ya es moneda común en este tipo de superpro-ducciones y de la inteligencia con la que se han dosificado los muy cuidados tráilers del filme, se ha destacado por las abusivas y un tanto draconianas condiciones a las que se vieron sometidos los medios en los pases de prensa previos al estreno –donde al pare-cer, los periodistas, además de ser cacheados y despojados de sus móviles, se vieron obligados a firmar un contrato de confiden-cialidad que les impedía publicar su opinión sobre el filme en cues-tión hasta la fecha posterior al estreno, lo que en la práctica equi-valía a no poder ejercer su trabajo de forma normal, un hecho tan insólito como injustificable se mire por donde se mire– llega a nuestras pantallas la esperadísima última película de Steven Spielberg, una obra que sin duda marcará la temporada de verano no sólo por su previsible condición de taquillazo que, la verdad, no necesita en absoluto de extraños reclamos alejados de lo estricta-mente cinematográfico como la campaña de promoción de ese Tom Cruise enamoriscado o la extravagante estrategia publicitaria disfrazada de montaje de seguridad que les describía hace un mo-mento, sino que se basta y se sobra con la enésima demostración de talento de uno de los directores que mejor sabe utilizar la enor-me variedad de recursos a su disposición para ofrecernos un impre-sionante espectáculo que es obligado disfrutar en su hábitat natu-ral, es decir, en la sala de cine.

  Steven Spielberg afrontaba varios re-tos en esta nueva versión, muy libre-mente adaptada, de la novela que H.G. Wells publicó en 1898 en la que se describía, simple y llanamente, la forma en la que una raza alienígena más avanzada que nosotros casi nos barría de la faz de la Tierra con una superioridad insultante, acabando de un plumazo con esa infinita compla-cencia con la que los seres humanos nos hemos enseñoreado como reyes de la creación en nuestro mundo, una mirada crítica y concienciada a la so-ciedad de su tiempo que empapada de un darwinismo llevado a sus últimas consecuencias obligaba a un necesario baño de humildad. Para empezar, Spielberg tenía que lidiar tanto con la existencia de buen puñado de obras precedentes que ya habían sacado excelente partido de las ideas de Wells, co-mo el clásico de 1953 rodado por Byron Haskin o aquel hito radio-fónico, impensable hoy en día, con el que Orson Welles aterrorizó a gran parte de la población estadounidense en 1939; sin olvidar re-ferentes más o menos recientes cuyas temáticas coinciden con la planteada por "La guerra de los mundos", entre las que sin duda destaca con luz propia "Señales", obra de ese excelente director que atiende al nombre de M. Night Shyamalan. Por otro, Spielberg tenía que enfrentarse al peso de su propia filmografía: convertido por méritos propios en el valedor por excelencia de esa visión del alienígena como embajador de buena voluntad en títulos tan señe-ros como "Encuentros en la Tercera Fase", "E.T. El extraterrestre" o incluso en la nota a pie de página de "A.I. Inteligencia artificial", provocaba un innegable morbo ver al realizador hacerse cargo de una producción más cercana al espíritu de títulos como "Indepen-dence Day" o "Mars attacks!", en la que se nos muestra el lado más brutal y salvaje de esos alienígenas que se dedican a destruir sin muchas contemplaciones, ni explicaciones, a cuanto humano se les cruza en el camino, reducidos a poco más que insectos a los que aplastar.

  Spielberg sale triunfante en la mayor parte de esos retos. Para empezar, articula su película desde un punto de vista exclusi-vamente humano e individualizado en las vicisitudes de un más bien desastroso padre de familia divorciado que no tiene ni la más remota idea de cómo debe afrontar la tarea no ya de educar a sus dos hijos, sino de obtener un mínimo de respeto o estima. Por su-puesto, el exterminio provocará en él una reacción instintiva de pro-tección y, al mismo tiempo, le dará un curso acelerado de paterni-dad responsable en un viaje que cambiará para siempre sus vidas. Este recurso de utilizar a esa familia desestructurada y llena de ca-rencias afectivas como centro de la acción entronca de lleno tanto en la propia filmografía del realizador –y muy especialmente en esa inteligente y sutil trilogía sobre el desamparo y el desarraigo com-puesta por "A.I. Inteligencia artificial", "Minority report" y "Atrápame si puedes"– como en una querida corriente argumental muy propia del género del cine de catástrofes en el que la obligación de enfren-tarse a algo que supera las circunstancias personales de cada uno de los protagonistas obligados a colaborar más allá de sus diferen-cias permite una suerte de catarsis emocional que ayuda a los per-sonajes, caso de que sobrevivan, a superar sus problemas e inclu-so a mejorar como personas.

  Esto dista mucho de ser algo ca-sual. En realidad, en la modélica primera hora de "La guerra de los mundos", Spielberg recrea con enorme acierto un ambiente más propio de una película de catás-trofes que de un filme pertene-ciente al género de la ciencia fic-ción. Se limita a describirnos a un conjunto de personajes que nos resul-tan de lo más familiar gracias a una serie de pinceladas que definen con precisión sus personalidades, ya sea la irresponsabilidad de ese padre in-capaz de comunicarse con sus hijos o de atenderlos con el mínimo de cuidado exigible, la rebeldía y la rabia de ese adolescente desencantado o la inteligencia y la sensi-bilidad de esa niña que parece mucho más adulta de lo que en rea-lidad es. Y sin mucho más preámbulo, entramos en materia. Pocas cosas provocan mayor terror o desconcierto que una subversión del orden natural establecido, y Spielberg saca buen partido de ello: la cuidada descripción de esa tormenta que tiñe el cielo de un color especial, seguida de una sucesión de rayos que causan la pérdida de toda fuente de energía provocan una angustiosa sensación de intranquilidad, que llega a su momento más álgido en la impresio-nante aparición de la primera máquina invasora, que emerge del suelo causando una enorme destrucción para el pasmo de los ob-servadores. Spielberg, como ya hiciera en películas como "Salvar al soldado Ryan" o "La Lista de Schindler", fuerza de forma inteligente una completa identificación del espectador con la experiencia de Ray cuando el infierno se desata a base de planos subjetivos y una esmerada puesta en escena nada confusa que permite seguir con precisión todo lo que va aconteciendo, hasta tal punto que su impo-tencia y su angustia es también la nuestra, ya que poco más pode-mos hacer excepto acompañarle en su desesperado viaje.

  Orquestando con precisión los múltiples elementos que confor-man un sobrecogedor espectáculo y tratando de equilibrar ese ven-daval de imágenes de destrucción masiva con el calvario que ape-nas está empezando a pasar esa familia en pleno proceso de huida como hilo conductor del relato, se nos ofrecen numerosas prue-bas del talento visual de Spielberg no ya para contar una his-toria en imágenes de un modo que está al alcance de pocos realizadores, sino para causar una angustia más que genui-na con detalles tan simples en su concepción como efectivos en su resolución. Así, resulta difícil quedarse indiferente ante la dimen-sión del horror que supone observar ese río por el que flota un cuer-po inerte al que siguen decenas de ellos, la destrucción causada por un avión estrellado –un impresionante trabajo de diseño de pro-ducción magníficamente aprovechado– o el plano en el que la multi-tud de un ferry observa con terror cómo uno de los trípodes aparece amenazante en lo alto de una colina próxima.

  La segunda parte del filme, en que la acción se aleja de las multitudes –ca-paces de lo mejor y de lo peor en tiempos de crisis, como la película se esfuerza por mostrar– y se centra en la lucha por la supervivencia de Ray y su hija en ese sótano en el que son acogidos por el desquiciado personaje que interpreta un Tim Robbins qui-zás un poco pasado de vueltas, sirve, además de para que Spielberg vuelva a hacer alarde de cierto virtuosismo técnico en una escena de suspense un tanto alargada (y, reconozcámos-lo, mucho menos efectiva que una bastante similar que acontece en "Señales"), para que comprobe-mos hasta qué punto puede evolucionar el personaje de Ray en su lucha por la supervivencia y la de su hija. Quizás es en esas esce-nas donde mejor se puede apreciar la complejidad de la composi-ción que Tom Cruise imprime a su personaje en un trabajo bastante más inspirado de lo que en él es habitual, bien acompañado por esa inquietante niña-actriz, Dakota Fanning, que más allá de al-gún que otro exceso vocal comprensible, cumple de sobra con un papel que le exige cierta variedad de registros.

  Sin embargo, este segundo tramo resulta por comparación bastante menos interesante y logrado que todo lo que los artífi-ces de esta producción habían conseguido hasta entonces. Princi-palmente porque no resulta muy de recibo que, tras todo el esfuer-zo que supone construir la historia alrededor de las acciones de un hombre corriente enfrentado a algo que le supera en todos los sen-tidos y aun siendo lógico que ese proceso le lleve a hacer algún que otro acto audaz, el personaje de Tom Cruise disfrute de un par de momentos puramente heroicos que van completamente en con-tra no sólo de la condición de hombre normal de ese personaje, si-no de todo lo hasta entonces esgrimido por el filme, una obra casi modélica en ese aspecto en gran parte de su metraje, aunque su retrato dramático y emocional sea de bastante menor calado que en algunas obras anteriores del propio Spielberg. No menos decep-cionante, por más que resulte coherente con la resolución que to-dos conocemos de la novela original de Wells (de la que Spielberg no tiene inconveniente en alejarse cuando le resulta útil a sus inte-reses, razón por la cual la falta de decisión en este extremo resulta de lo más criticable), es ese desenlace un tanto ingenuo a estas alturas que desemboca en un final que, como por otra parte le su-cede demasiado a menudo a este magnífico realizador, malogra un tanto sus logros por ese inevitable exceso de emotividad que siem-pre le acompaña y una solemnidad complaciente que resulta un tanto fuera de lugar precisamente por todo lo apuntado a lo largo de la cinta.

  Aun y con todos esos peros (y algún otro en el que no conviene detenerse demasiado, como la insostenible teo-ría del filme de que esos cientos de máquinas invasoras han estado ente-rradas bajo nuestras narices durante siglos sin que nosotros supiéramos de su existencia), "La guerra de los mundos" es una película notable, una obra angustiosa que consigue de sobra su propósito de hacernos sentir esa necesaria impotencia ante la enormidad de todo lo que acontece. Spielberg consigue de-jar en nuestras retinas imágenes de una contundencia difícil de olvidar –como esa inenarrable escena en la que asistimos al uso que los invasores hacen de la sangre humana o la pesadillesca aparición de un tren que circula a toda velocidad envuelto en llamas ante la atónita mirada de los que buscan refugio en el ferry, por poner sólo dos ejemplos– sin perder en ningún momento ese sentido de gran espectáculo que domina la pantalla y que es fruto tanto de su gran inventiva visual como del ta-lento de todos aquellos que le han ayudado a plasmar su visión de la historia. Spielberg nos ofrece todo aquello que queremos experi-mentar en una sala de cine, y nos lo sirve con una calidad y una maestría muy, pero que muy por encima de la media.

Calificación:


Imágenes de "La guerra de los mundos" - Copyright © 2005 Paramount Pictures, DreamWorks Pictures, Amblin Entertainment y Cruise/Wagner Productions. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos reservados.

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