CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
El crimen con más
fachada que cuerpo
Que
Matthew Vaungh ejerce como amigo,
padrino de boda y, sobre todo, habitual productor de Guy Ritchie
es algo que no se ha molestado en disi-mular, precisamente, en su
debut co-mo
director. Si con algún referente moderno cabe emparentar su
primer largometraje es con esa especie de díptico formado por
"Lock & Stock" y "Snatch.
Cerdos y diamantes", los dos trabajos que encumbraron
a su colega, bautizado como el Tarantino inglés, y ahora de capa
caída desde que contrajo matrimonio con Madonna (ojo, que indico
coincidencia y no causalidad, aunque sea con toda la peor
intención del mundo). Del cine de Ritchie, "Layer cake. Crimen
organizado" no sólo toma los ambientes y personajes del hampa
británica, en lo que ha venido a convertirse en un subgénero
propio, eso sí, elevando el nivel socio-cultural y económico de
sus protagonistas, lo cual repercute en su sentido del humor,
prácticamente inexistente, sino que también adopta su dinámica
narrativa y llamativo tratamiento visual. Sin em-bargo, en este
intento por ser una variante más ambiciosa, elegan-te y seria de
aquél, también se acaba convirtiendo en una propues-ta que peca
de pretenciosidad, rigidez y falta de cohesión, a la par que
resulta mucho menos divertida e intensa. Vaugnh es conocido,
asimismo, por trabajar como marido de Claudia
Schiffer y descen-diente del Rey Jorge VI, pese a que esto no
tiene mayor influencia en la película que una cierta
glamourización de la mafia, respectiva-mente.
Dejando de
lado cuestiones amarillistas y centrándonos en la cin-ta, "Layer
cake. Crimen organizado" sigue las tribulaciones de un
anónimo intermediario del narcotráfico, un tipo cuya
inteligencia, ética y clase le han permitido establecerse en una
buena posición junto a sus leales socios, pero que, poco
antes de retirarse del ne-gocio, deberá enfrentar dos encargos
que obstaculizarán sus pla-nes y pondrán en peligro su vida. Por un lado, uno de sus
contac-tos le meterá en un apuro cuando tenga que encontrar salida
para un
cargamento de pastillas robado; y, por otro, su jefe le pedirá que
localice a la hija de un poderoso capo, una adicta fugada en malas compañías.
Dos asuntos que desembocarán en una red de traicio-nes y
asesinatos de la que será imposible escapar.
Como se puede comprobar, el guión escrito por J.J. Connolly,
según su propia novela, no es en sí mismo un dechado de
originalidad, pero eso es lo de menos, porque tampoco es un
dechado de claridad, humildad, soli-dez, emoción o cualquiera de las
vir-tudes que se le suele pedir a una na-rración. Desde luego, no se puede
ne-gar que la película posea un arranque potente, aunque no se deba
tanto a la calidad como a la acumulación. Así, en los minutos iniciales,
la voz en off del protagonista nos pone al corriente de los
personajes y relaciones que constituyen su entorno,
como si de un vertiginoso álbum de fotos se tratara.
Todo un detalle que le honra, considerando que no son pocos los
participantes en este entuerto, pero que
resulta un es-fuerzo algo baldío: una
tercera parte de dichos personajes ya no vuelven a aparecer en toda
la cinta, otra tercera parte no tendrán mayor relevancia en
adelante que
la de hacer bulto, y, lo peor, irán surgiendo otros tantos nuevos
con mucho más peso que
nadie se habrá acordado de presentarnos antes de que
desaparezcan. Afor-tunadamente, a partir de entonces el
relato se
calma, pero sólo pa-ra empezar a retorcerse, embarullarse y
contorsionarse por todo lo largo, lo ancho y en paralelo.
Para entendernos, la historia más que avanzar, se complica,
abriendo numerosas subtramas mal hilvana-das (y la mitad de
ellas, peor asistidas y resueltas), llenas de per-sonajes que
entran, salen o adornan, y donde todo ocurre y encaja más bien a
la fuerza. En definitiva, el viejo truco de explicar las co-sas
de la manera menos eficaz posible para que la idea parezca más
sorprendente, elaborada y trascendente de lo que en realidad es; un recurso que sólo han empleado las últimas
ochenta pelícu-las que he tenido oportunidad de ver, y eso que
que no cuento a "Aeon Flux", porque ni siquiera la considero una
película.
La sensación general
tiende a la dispersión, la confusión y el pasotismo, que viene a
significar que pasan muchas cosas porque sí, sin que esto sea
sinónimo de ritmo, y uno pasa olímpicamente de ellas; una
ausencia de empatía o garra a la que no ayuda demasiado la
interpretación de Daniel
Craig, aquí ya entrenándose
como futuro Agente 007. No es que su ejecución sea buena, más
bien es que su único registro no le sienta mal al papel, de modo
que nunca se sabe si su inexpresivi-dad forma parte voluntaria de
la caracterización o es que ni siquiera está actuando. Algo que
compensa parcialmente con su presencia escénica, quedando en
cualquier caso eclipsado por los siempre infalibles
Colm Meaney y Michael Gambon.
Así las cosas, la principal intriga consiste en temerse con qué
nueva vuelta de tuerca nos saldrán a continuación, y el principal interés de
su desarrollo reside en verla acabar para quitársela de encima.
Al menos, en su parte final se centra y mejora en atractivo,
pero ya es demasiado tarde para que logre ganarse excesivas
simpatías.
Por otro
lado, los diálogos, aun resultando funcionales, no
son na-da del otro mundo, y con esto quiero decir que carecen de
la chis-pa de los de Tarantino o Shane Black, para hacernos una
idea, no obstante, sus responsables han querido envolverlos en
un aire
fata-lista, incisivo y profundo, en el que cualquier perogrullada
del tipo "Una mano cerrada es un puño" suena a revelación
sobre la condi-ción humana o a análisis de la sociedad moderna. También se le puede reprochar que
el tratamiento de los personajes femeninos, al margen de ser
anecdótico, desprenda un tufillo machista-misógino que echa para
atrás, vamos, lo acostumbrado: la que no es una colgada torpe e histérica es un pendón
desorejado, mientras que la chica-florero-reposo-del-guerrero
queda "definida" como una mujer que en cuanto se topa con
nuestro héroe, cae arrebatada a sus pies y halla el sentido de
su existencia: abrírsele de piernas. La verdad es que el asunto
romántico está metido con calzador, y no es más que una excusa
para introducir una escena de escote y muslamen, que constituye
la obligada y única nota de sexo de esta película.
Uno de los aspectos más desta-cados es, en cambio, su vistosa
puesta en escena, a pesar de que en ocasiones responda más al
lu-cimiento de Vaugnh que a exigen-cias puramente narrativas. No
es que se trate de recursos que no haya-mos visto antes, pero sí
poco explota-dos, de manera que la dirección nos obsequia con
algunos rebuscados planos (picados, contrapicados, en-cuadres
descentrados...) que ofrecen una perspectiva inusual de la
acción, y, sobre todo, con unas atractivas transiciones donde
una escena se funde con la posterior. Además, se agradece que
por una vez este ambiente criminal que actualiza el noir
clásico no vaya asociado a la ausencia de higiene y el impago de
las facturas de la luz, por lo que la fotografía es menos
sórdida y oscura de lo que viene siendo habitual, y la
producción cuenta con unos decorados más estilo-sos, que no
estilizados.
Si bien "Layer cake. Crimen
organizado" nos ha llegado con un notable retraso y una pobre
distribución, casi se diría que a remol-que de la reciente
popularidad adquirida por Daniel Craig desde que fue elegido
como el nuevo James Bond, lo cierto es que venía pre-cedida por
una notable aceptación crítica, e incluso respaldada por algunas
nominaciones y premios; algo que sólo se puede explicar por el
escaso nivel de las producciones que colman el actual pano-rama,
provocando que cualquier producto que destile un poco de clase,
ofrezca un renovado corte clásico, y tenga cara y ojos (aun-que
estén mal colocados) sea automáticamente sobrevalorado. Y es
que, pese a que el film posee bastantes aciertos en la
construcción de algunos personajes (pocos), en la planifica-ción
de ciertas escenas (aisladas) y en su cuidada ambienta-ción
(tibia en cuanto a atmósfera se refiere), apoyada por una
certera banda sonora, no pasa de ser un aceptable pero flojo
entretenimiento sin fuerza o personalidad suficiente para
re-calar en la memoria a largo plazo.
Calificación:
    
Imágenes de "Layer cake: Crimen organizado" - Copyright © 2004 Columbia Pictures
y Marv Films. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing
de España. Todos los derechos
reservados.
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