CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
"Obabakoak", una colección de hermosos relatos recopilados
por Bernardo Atxaga de ninguna frontera, formaba parte de la
lista de tantos libros que ningún lector o cineasta se
plantearía ver en la pantalla grande. Las trabas para hacerlo se
contaban en una exten-sa geografía literaria aglutinada en pocas
páginas, compuesta por una galería de personajes con
complejidades físicas y psíquicas, una estructura aparentemente
fortuita y un copioso caldo de temas y sensaciones. La versión y
visión de Montxo Armendáriz sobre estos cuentos se salda
victoriosa y no sucumbe en ningún momen-to a la censura de las
adaptaciones y al prejuicio de la fidelidad an-te todo.
Eliminando los relatos más cor-tos, los complicados visualmente y
los que se alejan en exceso de Obaba, Armendáriz construye un
guión sólido y de obvias pero ter-sas trenzas argumentales; a
partir de sólo tres historias, sobre la maes-tra, el alemán y el
loco, se nutre toda una película y todo un universo rural,
sumadas al eje que hace girar la ac-ción y produce la espiral
absorbente de Obaba, el último y más extenso relato del libro
que cuenta las expe-riencias de un hombre cada vez más absorbido
por los misterios del pueblo hasta que le absorben a él mismo.
Esta importante figura es susti-tuida por Lourdes, una estudiante
de Comunicación Audiovisual que, en contra de lo que pudiera
parecer en un principio, no dota de una atmósfera demasiado
moderna a las calles de Obaba; se limita a actuar como ventana —muchas veces literalmente— y a recrear ese ambiente de
documental patrocinado por cadena pública que aún se deleita en
la imagen más provinciana de España.
Los de Obaba —obabakoak— vencen su estatismo de papel y
unen entre sí un destino común más propicio para el material
cine-matográfico, sin tampoco rozar el absurdo de otras películas
cora-les al más puro estilo Altman. Las coincidencias —y
causalida-des— que hacen tropezar a los personajes entre sí, en
una fotogra-fía, en una oficina de correos o en un incendio,
obedecen al fatalis-mo que impregna sus vidas y no al simple
recurso narrativo. Para Armendáriz prima la soledad y el atraso,
dos males que rodean a Obaba como una neblina en la que es muy
fácil entrar e imposible salir. Desde las primeras escenas a
través de un parabrisas noctur-no, nos adentramos en un pueblo
borroso que cobra sentido al apa-recer el lagarto, la figura
supersticiosa y pagana en que se meta-morfosea el espíritu de
Obaba. Aunque podría plantearse como pequeña historia de
misterio, "Obaba" brilla mucho más por su tenue metáfora
del individuo incapacitado para hacerse oír, del arraigo en uno
mismo y en sus consecuentes dificul-tades para desprenderse de
tradiciones, personales y popula-res, tan forjadas. Introducirse
en el mundo de "Obaba", un pueblo con visos vascos pero con
interiores extrapolables, significa volver a lo más oscuro de
uno mismo y a lo más primitivo de un país, y a la vez, persona y
patria, no pueden aliviarse por la carga de un retraso social
insalvable. Los que llegan nuevos a Obaba, como la maestra y la
narradora, Lourdes, caen en las trampas del pueblo y quedan
anclados en él; lo que comienza como un ejercicio de liberación
se transforma en un veneno que aísla del mundo y crea nuevas
criatu-ras, un suceso palpable en las actitudes y las frases de
los perso-najes, aunque utilice el elemento más efectista, y
mágico, de los lagartos que entran por el oído del desprevenido
y carcomen su mente.
Este mismo proceso lo experimenta el que observe "Obaba"
desde fuera, desde un comienzo suave y relajado que rememora las
visitas de cualquie-ra a cualquier pueblo, hasta deslizar-se por
esa espiral, una escalera de caracol que desciende, y levantar
los lienzos más oscuros de la historia. El reparto, todos en su
sitio, desde el primero al último, es sin duda una de las
fuerzas que empuja a la pe-lícula y compensa esa monotonía ñoña
que ya aparecía en anterio-res películas de Armendáriz. La mirada
romántica de "Silencio roto" se repite aquí con peligro,
aunque en este caso juegue a su favor por la carga de la ficción
y no de unos hechos históricos amplifica-dos. Es ésa una
característica del director que produce un sopor narrativo en
los monólogos de Lourdes y al concluir el tercer episo-dio,
aunque en este último tercio de metraje pesan en su contra los
estupendos dos primeros capítulos en que brillan
Eduard
Fernán-dez y la cada vez más racional
Pilar López de Ayala.
El trayecto final se recorre con nota, a pesar de sus pesares, y
ofrece una de esas películas inclasificables por sus elementos
co-rales, arcanos, costumbristas, románticos, proverbiales y
huma-nos. Algo muy fresco, vestido con corte pueblerino, donde
cualquie-ra puede hacer por un rato oídos sordos del exterior,
como los de Obaba.
Calificación:
    
Imágenes
de "Obaba" - Copyright © 2005 Oria Films, Pandora
Film y Neue Impuls Film. Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
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