CRÍTICA
por
Manuel Márquez
A nadie que haya seguido con un
mínimo de atención la trayecto-ria cinematográfica de
Montxo
Armendáriz debería sorprenderle el que éste haya puesto sus
miras en la obra literaria de Bernardo Atxaga con el objeto de
trasponerla a la pantalla cinematográfica: el mundo, los mundos,
de Obaba ofrecen un perfil en el que pode-mos reconocer con
facilidad la concurrencia de una buena parte de las claves y
referencias del universo narrativo de Armendáriz, ese mismo que
alcanzó sus cotas cimeras con la que, hasta la fecha, constituye
su película más celebrada —y redonda—, "Secretos del corazón",
con la que comparte no pocos elementos, tanto temáti-cos como
visuales.
A diferencia de aquélla, cuya
estructura narrativa era lineal, acor-de con su desarrollo
alrededor de una historia central que constitu-ye su nervio
básico, en "Obaba", Armendáriz trabaja con un ma-terial
fragmentario, el que corresponde al literario de base (un libro
de relatos, no se olvide), que se va entrelazando en su
despliegue dramático a través de un delicado juego de or-febrería
constructiva y la puesta en acción de un pivote, la fi-gura de
una narradora (filmadora), una suerte de alter ego del
realizador, o mirada interpuesta, cuya doble funcionalidad —esa
externa, de receptora/narradora de historias, y otra interna,
co-mo un personaje más de uno de los planos temporales de la
narra-ción— se revela como uno de los elementos más
caracterizadores del film.
Y todo un acierto, a la vista de los
resultados, y gracias a dos factores fundamentales: el excelente
trabajo de encadenamiento de los planos temporales diferenciados
(un pasado en el que se despliegan las historias que constituyen
el trasfondo sobre el que se sustenta el mayor peso dra-mático de
la película, y un presente desde el que leemos, interpretamos y
terminamos de dar sentido, anudando y desanudando relaciones y
senti-mientos, a ese pasado), que se arti-culan en un montaje que
nos va lle-vando de uno a otro sin solución de continuidad, con
una cadencia rítmica impecable; y el aire que im-prime a su
trabajo una sorprendente Bárbara Lennie, a la que la enorme
responsabilidad que se hace recaer sobre su personaje —auténtica
clave de bóveda de todo el armazón constructivo de la obra—
parece no pesarle lo más mínimo, tal es la solvencia con que
despacha el mismo y la liviandad que imprime a todas y cada una
de sus apariciones en pantalla, que siempre desprenden una
sensación de frescura, espontaneidad y sencillez no siempre
fáci-les de hallar en intérpretes con tan corto bagaje como el de
ella.
No son, en cualquier caso, los
únicos elementos dignos de resal-tar en una película que nos
muestra a un autor, como Armendáriz, pleno de madurez y absoluto
dominador de un lenguaje propio y de claves materiales y
formales (en suma, estilísticas) bien definidas. Desde una
perspectiva temática, aquí nos volvemos a encontrar con
historias en las que el amor culpable —o, al menos, condena-do
socialmente (está claro que la visión moral del cineasta es bien
distinta, a la vista del cariño y comprensión con que trata a
los per-sonajes que lo gozan/sufren)—, y la largueza de sus
consecuen-cias y derivaciones, ocupa un lugar central; con la
mirada de los niños como un periscopio desde el que la
observación de las histo-rias adultas se reviste de un halo de
sortilegio que las hace sor-prendentes, casi mágicas; y con el
entorno rural como un ámbito externamente bucólico, en el que la
paz y la calma, siempre sacu-didas por corrientes subterráneas de
una intensidad afectiva desa-forada, quedan reservadas a los
valles y piedras. En cuanto a los aspectos formales, Armendáriz
dota a sus imágenes —foto-grafiadas con un grano grueso y un tono
marronáceo, térreo, plenamente acordes con el mundo que
retratan: otro nuevo trabajo magistral del maestro
Aguirresarobe— de un ritmo moroso, reposado, muy acorde con el
tono de las historias, y las contrapuntea perfectamente con un
acompañamiento musical —a cargo, en esta ocasión, de
Xavier
Capellas— que, desde la levedad y la brevedad, contribuye a
crear un corpus plenamente armónico y coherente. Evidentemente,
no se trata de algo novedoso, pero la constatación de la
capacidad del autor para volver a entregarnos una muestra más de
su solvencia para urdir con tales mimbres un cesto de gran
calidad, no deja de ser reconfortante para aquellos que acudimos
a la sala oscura para algo más que para evadirnos de las cuitas
del mundo real.
Tampoco es desdeñable, a la hora de
hacer reseña en justicia de los mé-ritos del film, el trabajo de
buena parte (por no decir que de la práctica totali-dad) de su
elenco. Aparte de los apuntes ya efectuados acerca del tra-bajo
de la protagonista Bárbara Len-nie, los registros que alcanzan
intér-pretes como Pilar López de Ayala (que dota a su profesora
de la mezcla exacta de rigidez y vulnerabilidad que el dibujo
del personaje le reclama) o Eduard Fernández (su intervención no
es muy extensa, pero es una muestra más del excelso talento de
este hombre: simplemente, magistral) rayan a gran altura,
afirma-ción que cabría hacer extensible a buena parte de los
secundarios —hay que hacer notar que el reparto es extenso, pero
está cuajado de actores y actrices de méritos más que
contrastados—, y res-pecto al cual quizá la única salvedad
reseñable sería la de un Juan Diego Botto, que, en contra de la
que suele ser su pauta habitual, de bastante intensidad
interpretativa, muestra aquí una cierta displi-cencia que,
posiblemente, vaya algo más allá de lo que los requeri-mientos de
su personaje le marcan.
En suma, "Obaba" se constituye
como una propuesta fílmica más que estimable, una obra
claramente de autor, que no defraudará en absoluto a los
seguidores de Montxo Armen-dáriz, y a la cual, quizá, le puede
venir un tanto a contramano la responsabilidad que la ha
otorgado la Academia del Cine Español de representar a nuestro
cine en la carrera hacia los próximos Os-car®: aun cuando "Secretos del corazón" ya consiguiera, en su día, colarse
entre las cinco nominadas, se antoja harto difícil que en estos
tiempos que corren, aun peores, si cabe, para la lírica que
aquellos del 98, vuelva a correr idéntica suerte una película
que se mueve, inequívocamente, en esas coordenadas: las de la
lírica. Y muy hermosa, por cierto...
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Imágenes
de "Obaba" - Copyright © 2005 Oria Films, Pandora
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