CÓMO SE HIZO "YA NO
SOMOS DOS"
Notas de producción
© 2004
Vértigo Films
Publicados en la segunda
mitad de los años 70, las dos obras en las que se basa YA NO
SOMOS DOS –el cuento homónimo y “Adulterio”– son las historias
reflexivas y provocadoras de dos parejas que se enfrentan a la
infidelidad. “Ya no somos dos”, contado desde el punto de vista
de Jack, es la crónica de su aventura con Edith y cómo culmina
con un lío entre sus respectivas parejas. “Adulterio”, contado
desde el punto de vista de Edith un tiempo después de su
aventura con Jack, hace un seguimiento de su creciente
desilusión con su matrimonio. En esta historia revive la primera
época de su matrimonio y su descubrimiento de la infidelidad de
Hank.
Cada uno de los esposos en
estas historias tiene una actitud distinta hacia (y distintos
motivos para) sus transgresiones. Infundidas de las ácidas e
incisivas observaciones sobre la naturaleza humana que hace
Dubus, las historias retratan a cuatro adultos luchando con
ambivalencia con el lento, gradual y poco excitante paso hacia
la mediana edad y la vida familiar.
Cuando leyó los cuentos de
Dubus, al guionista Larry Gross le pareció que estaba ante un
complejo retrato tanto vital como realista de la crisis entre
dos parejas, que exploraba en las numerosas fuerzas que tiran de
cada uno de los personajes. Los cuentos se enfrentaban a
preguntas difíciles sobre la vida en pareja con una clara
honradez, reflejando las decepciones, las menudencias y las
distintas formas de engaño que pueden entrar en un matrimonio
antes de que exista siquiera una traición.. Gross comenta
“Describen una combinación de cosas que pasan en la vida de
cuatro personajes principales que se mezclan para encerrarlos en
situaciones difíciles: las presiones, la debilidad, el
cansancio, el miedo, la compasión, la nostalgia, las exigencias
de los hijos, el dinero, la ambición, la falta de ambición, la
oportunidad, la inercia, la pena, el deseo. Dubus demuestra que
aunque a menudo el amor y el matrimonio son asimétricos, siguen
estando completamente entrelazados. Los cuentos de Dubus
articulan una idea que puede incomodar a algunos: Que el amor no
implica necesariamente la tranquilidad, la sinceridad y el
bienestar. El amor no implica necesariamente la felicidad”.
Los cuentos de Dubus nos
proporcionan una punzante disección de las distintas clases de
amor que pueden complicar la vida en pareja y la amistad así
como la tensión que puede surgir en un conflicto de lealtades.
Gross explica: “El tema de los desconcertadores efectos del amor
es lo que obsesionó a Andre Dubus en todos sus cuentos. En estos
cuentos en concreto, se contrastan toda clase de amores: el amor
entre esposos, el amor entre amantes clandestinos, el amor entre
amigos del mismo sexo, el amor entre padres e hijos, el amor
sexual, el amor nacido de la amistad, el amor que se ha quedado
reducido a la compasión, el amor que provoca engaños, el amor
que conduce a la violencia”.
Al adaptar los cuentos, Gross
se basó fundamentalmente en los hechos de “Ya no somos dos”,
incorporando la visión del matrimonio entre Edith y Hank de
“Adulterio”. Además, optó por cambiar el punto de vista del
personaje central a una combinación de los puntos de vista de
los cuatro personajes principales, elaborando una pieza de
cámara en la que cada uno de los personajes actúa como
contrapunto de los demás.
Gross afirma “Me interesaba
complicar la estructura del punto de vista del material
original.. seguía el dictado de Jean Renoir en La Regla del
Juego, ‘El problema en la vida es que cada cual tiene sus
razones’. Quería reflejar los puntos de vista de los demás
personajes. También me pareció que incluir la perspectiva de los
cuatro personajes era la forma de convertirlo en material
cinematográfico”.
Al modificar el punto de
vista, Gross permite al público identificarse con cada uno de
los personajes, realzando las complejas corrientes ocultas de
emociones que existen en la historia y los conflictos de
lealtades. Este delicado equilibrio de perspectivas enriquece
las posibilidades dramáticas del material, añadiendo capas de
interpretación a escenas aparentemente normales debido a los
distintos grados de conocimiento de los personajes. ¿Parece que
Hank anima a Jack para que traicione a su mujer para poder hacer
él lo mismo, o sólo intenta que su amigo se relaje? ¿Jack es
consciente de que está empujando a su mujer en brazos de su
mejor amigo o sólo expresa su frustración con su matrimonio? Con
el mismo realismo que se encuentra presente en los cuentos, las
complejidades del corazón infiel se muestran no sólo en las
acciones de los amantes infieles, sino también en su interacción
con aquellos a quienes traicionan.
Gross dice “Todo el que se ve
envuelto en una crisis emocional es consciente de distintas
partes de la situación en distintos momentos. Sigues lo que
pasa, lo que sabe cada uno de los personajes por separado y lo
que sabe cada personaje sobre lo que saben los demás personajes.
Esta variación en el grado de consciencia de los personajes
produce un suspense completamente heterodoxo”.
Escrito hace más de veinte
años, el guión y sus derechos subyacentes se cortaron cuando
Columbia Pictures compró los derechos sobre los cuentos. Gross y
el productor Jonas Goodman, cuyo padre había sido el editor de
Dubus, intentaron vincular el guión a estos derechos a lo largo
de los años, consiguiendo algo tras el éxito de En la
habitación, la adaptación de Todd Field’s del cuento de Dubus
“Killings”. Gross y Goodman, ya productor de Front Street
Productions, renovaron sus esfuerzos para poner en marcha el
proyecto y su perseverancia finalmente dio sus frutos. Gross,
Goodman y los otros productores de Front Street Harvey Kahn y
Ruth Epstein empezaron a poner en marcha el proyecto, con
Epstein como productora ejecutiva.
Al pensar en directores para
la película, los productores dieron rápidamente en el clavo con
John Curran. El director respondió de forma inmediata y con tal
pasión que los productores supieron que la película se
beneficiaría de su visión y de su interpretación del material.
Curran dice “lo primero y principal que me atrajo del guión fue
su brutal sinceridad, su tratamiento compasivo de unos
personajes principales tocados y la idea valiente y elemental
que estaba en su base: que el verdadero compromiso exige ciertos
sacrificios personales y que, en distintos grados, las mentiras
y el doble juego forman parte de todas las relaciones. En
segundo lugar, me atrajo lo bien que se explora esta idea a
través de los puntos de vista cambiantes, construyendo un drama
siguiendo la línea de un thriller emocional, con esa sensación
de no saber quién sabe qué o cuándo lo sabrán por fin o qué
harán entonces”.
Curran se dio cuenta de la
gran importancia de encontrar un elenco capaz de capturar las
sutilezas de la dinámica en juego en este inusual
ménage-a-quatre desde el principio. Quería encontrar actores que
pudieran incorporar el calor y la humanidad de cada personaje a
pesar de las cosas cuestionables que cada uno hace en la
historia, empezando por el personaje central de Jack. Curran
tenía a Mark Ruffalo en mente para el papel y se alegró
muchísimo cuando vio la entrega que mostró el actor por el
material.
Curran afirma “Mark es una de
las personas más sinceras y agradables que he conocido en mucho
tiempo y creo que esto se refleja en cualquier cosa que haga en
la pantalla, independientemente de las decisiones morales que
tomen sus personajes. Le horrorizaba gran parte de lo que hace
Jack, pero estaba decidido a no restar nada en el retrato que
hacía de él”.
Cuando Ruffalo leyó el guión
por primera vez, el retrato de dos matrimonios en crisis le
pareció perturbador. Ruffalo cuenta “En Estados Unidos, algo más
del 50% de los matrimonios acaban en divorcio. Esta gente está
inmersa en uno de los empeños más difíciles al que nos podamos
enfrentar en la vida. El sufrimiento es sincero, los problemas y
las personas son complejos y el diálogo está maravillosamente
escrito. El guión refleja las dudas morales y el maduro examen
que Dubus hace las dificultades que atraviesan los matrimonios.
Lo describe en sus peores momentos, pero deja espacio para la
sencillez y belleza que hay en la capacidad de volver al amor
inicial que hizo que todo aquello funcionara para empezar.
Evidentemente este tema se ha tratado en incontables ocasiones,
pero nunca lo he visto reflejado con tal sinceridad ni con un
sentido del humor tan sutil, sin ceder a la intriga ni
menospreciando los motivos ni la humanidad de cada uno de los
personajes”.
La respuesta inicial de
Ruffalo al material fue profunda, su compromiso con la película
desde el principio le inspiró para involucrarse además como
productor ejecutivo. En cuanto a su participación como actor, le
preocupaban las acciones de Jack y en un principio le interesaba
más interpretar el papel de Hank. Cuando se reunió con Curran,
se le persuadió para que se lo replanteara. Sobre Jack, Ruffalo
comenta “Está pasando por un momento muy difícil. Está llegando
aun punto en su vida en el que cree que lo mejor de sí mismo ya
ha quedado en el pasado. Siente el paso del tiempo, lo ve en la
corriente del río, en la actividad del pueblo que le rodea, en
el tren. Ha perdido el contacto con su mujer y aprende a mentir
sobre su infelicidad así como los que cree que son sus defectos
(de ella). Intenta hacer lo que muchos hombres hacen cuando les
llega la crisis de la mediana edad: recrearse destruyendo su
pasado. Pero acaba por comprender que no es tan sencillo como
tirarlo todo abajo y empezar desde cero. Sus propias acciones le
obligan a ver la realidad de su vida en toa su complejidad y
aceptarla. Ésa es la auténtica hombría. Esta crisis es una fase
más en su desarrollo como ser humano”.
Para el papel de Edith,
Curran tenía, de nuevo, alguien concreto en mente: Naomi Watts.
La dinámica actriz era claramente capaz de proporcionar al
personaje la combinación exacta de vulnerabilidad y decisión y a
Curran le intrigaba la idea de trabajar con una actriz de
semejante talento que, además, hace muchos años que es amiga
suya.
Curran dice “Siempre imaginé
a Naomi como Edith – un personaje enigmático y etéreo—y me gustó
el hecho de que a Naomi le costara mucho respetar y entender al
personaje en un principio. Naomi es en realidad el polo opuesto
de Edith. Se enfrenta a los problemas desde el principio y no
tolera a los idiotas. Me interesaba colaborar con ella con un
personaje que la constriñera emocionalmente”.
Cuando se le propuso el
proyecto, Watts estaba en medio de un rodaje agotador en el
plano emocional y no estaba convencida de meterse en otro
proyecto con tan poco tiempo. Sin embargo, la fuerza del
material así como la oportunidad de trabajar en el proyecto a un
nivel más creativo le resultaron irresistibles. Watts se
enganchó al proyecto como actriz principal y como productora.
Watts comenta “Me daba miedo
atacar otro trabajo tan poco tiempo después de 21 Gramos, pero
llegué a la conclusión de que podía forzarme porque se trataba
de un nuevo reto para mí. John confiaba en mis instintos y
sugerencias sobre el reparto, la fotografía y otra serie de
cosas. Aunque no estuve implicada en la fase de desarrollo del
proyecto, esto abrió una parte de mí misma que quiero seguir
explorando”.
Sobre el guión Watts dice “Me
pareció una maravillosa representación de la verdad sobre la
pérdida de la comunicación en el matrimonio. Trabajar con este
material ha sido una experiencia increíble, intentando
comprender quiénes son estas personas. Son personas que, en su
vida diaria, luchan por hacer que sus relaciones funcionen y eso
es lo que me interesa como actriz en los libros que leo y en
todo lo que observo”.
Watts continúa “Hay muchos
momentos en los que Edith juzga a Hank por sus infidelidades y,
de repente, ella se dedica a lo mismo. Pero ésa es la naturaleza
humana, en parte se trata de una reacción y n parte se trata de
una necesidad básica de intimidad. La falta de comunicación en
su matrimonio lo detiene todo y hace que se convierta en algo
muy triste. Me costó mucho aceptar algunas decisiones de Edith,
pero hace muchos años que ni se la escucha, ni se la ve ni se la
quiere en su matrimonio. Eso me resultaba devastador, que
alguien pudiera vivir así. Ella había aprendido cómo enfrentarse
o no enfrentarse a las cosas, encerrándose. Jack despierta algo
en su interior. Es una especie de efecto “dominó”. Cada uno de
nosotros afecta a otro que a su vez está destrozando a otra
persona y Edith es quien tiene el valor de retirarse de esta
tremenda situación que se está saliendo de madre. La aventura
tiene mucho sentido, pero también es autodestructiva. Es casi
como si a veces tuvieras que provocar una crisis para evitar la
muerte interior, para redescubrirte y bien salvar el matrimonio,
bien abandonarlo”.
Para equilibrar el conjunto,
John Curran propuso a Laura Dern que interpretara a Terry
Linden, un papel que requería la ingenuidad que ha hecho famosa
a la actriz. Al igual que Ruffalo y Watts, la reacción de Dern
ante el sincero retrato de la vida en pareja fue inmediata, pero
le costaba aceptar en que los personajes estuvieran embebidos en
sí mismos. Dern comenta “Yo tenía una idea muy distinta de la
historia, una idea, en cierto sentido, estrecha de miras, hasta
que me reuní con Mark y John. Me conmovió lo que veían en los
Linden: una historia de amor sobre personas que luchan por tomar
conciencia del otro… Forma parte del viaje emocional que
emprenden y uno de los descubrimientos que hacen por el camino,
quizá ambos, es que ella le quiere de manera absoluta, con
cierta inocencia. No se trata sólo de seguir juntos por los
hijos – Dios sabe que a veces no puedes elegir esa opción cuando
no hay un cariño auténtico o hay mala voluntad – pero se trata
de una mujer que le desea lo mejor y cree en la versión más
auténtica de él. Él quizá haya olvidado quien es esa persona
pero con un poco de suerte podrá volver a ella. Eso es lo que
está en el núcleo de la historia y es lo que haces que quieras
que sigan juntos”.
Curran afirma “Laura no tiene
ningún miedo como actriz y, aunque Terry no le parecía una
víctima inocente, protegió a su personaje en todo momento. En
unas manos menos capaces, Terry podría haberse convertido en una
arpía antipática, pero Laura siempre buscó un equilibrio de
belleza o humor en las escenas para contrarrestar la ira”.
Con cada uno de los nuevos
miembros que se añadía al reparto, los productores se aseguraron
un reto a la hora de la logística, aunque sólo fuera por una
cuestión de disponibilidad. La calidad del reparto era
impecable, sin duda, pero las posibilidades de rodaje eran
complicadas, sobre todo teniendo en cuenta la agenda del actor
que querían que interpretara a Hank: Peter Krause. Muy metido en
la tercera temporada de A dos metros bajo tierra, Krause
reaccionó muy favorablemente al material.
Krause cuenta “Es un material
evocador que tiene numerosas interpretaciones posibles… Me
gustaba el hecho de que el guión no te decía qué debías pensar
de los personajes y sus relaciones y también el hecho de que
tiene un final abierto. Da algo en qué pensar en vez de ser una
historia que te cuenta qué es la vida o cómo es. Simplemente te
deja ver un momento de estas cuatro vidas y sus relaciones”.
Krause añade “Los personajes
encarnan actitudes y comportamientos que me parece que están
presentes en nuestra cultura – en concreto los matrimonios en
ese punto en el que han sobrevivido a la primera infancia de los
hijos. Parece ser que en ese momento sucede algo en que las
cosas se disuelven de manera natural y hay que volver a invertir
en la relación o se descompondrá. No puedes esperar que siga
adelante sin conflictos y sin el crecimiento que deriva de los
grandes conflictos. Creo que los personajes se encuentran en un
momento de grandes conflictos que reflejan un periodo de grandes
conflictos en el mundo, en la cultura que vivimos”.
Una vez reunida la
combinación perfecta de actores para interpretar los papeles
principales, los productores debían dar una respuesta rápida
para poner en marcha el proyecto. Harvey Kahn comenta “Se siguió
un proceso creativo para localizar a estos cuatro actores, todos
ellos muy ocupados, y luego estaba el reto de componer el puzle
financiero en el momento adecuado para poder aprovechar el poco
tiempo de que disponíamos de todos ellos juntos para poder rodar
la película. Expuse esto a los inversores en Front Street y, a
las 24 horas de esa conversación, se metieron del todo y
financiaron la película. Estábamos tan contentos. Son cosas que
no pasan muy a menudo”.
Al preparar la producción,
Curran trabajó estrechamente con el diseñador de producción Tony
Devenyi y el cámara Maryse Alberti para definir la estética
general de la película. El director buscaba crear una atmósfera
atemporal que se complementara con su enfoque de la historia.
Curran explica “No me interesaba hacer un manifiesto
‘contemporáneo’ de la infidelidad porque no creo que sea algo
que cambie a lo largo del tiempo. La gente traiciona y todos
acaban heridos en diverso grado, esto es así y siempre ha sido
así, supongo. Como el guión se escribió en los años 70, me
preocupaba que algunos elementos de la historia resultaran
anticuados así que me empeñé en limpiar los personajes, el drama
y el diseño hasta dejarlo en algo básico y atemporal.
Con este fin, el equipo
creativo desarrolló una paleta de colores otoñales poco
saturados y el fotógrafo Alberti mantuvo la iluminación suave y
baja, dando la impresión de una localización atemporal y sin
especificar. Un pueblo genérico cualquiera. Como la mayor parte
del conflicto se desarrolla en dos casas, las principales
decisiones de diseño se debieron tomar respecto a esos decorados
y los contrastes entre ellos.
El diseñador de producción
Devenyi cuenta “Las casas tenían que ser muy distintas porque
evidentemente las dos mujeres que se ocupan de cada una de las
casas están en un espacio emocional muy distintos. Las casas
tenían que dar pistas sobre qué es lo que atrae a los maridos a
sus contrarios. En casa de los Linden, usamos una gama de
colores más oscura y todo estaba un poco sucio y tenía una
especie de película encima, la casa está muy gastada, cansada,
cayéndose a pedazos. La casa de los Evans, por otra parte, es
muy limpia, está muy diseñada. Hay un sitio para cada cosa y
cada cosa está en su sitio; cada marco de fotos está
desempolvado y los libros están colocados perfectamente. En gran
medida creamos imágenes opuestas y éramos conscientes de ello:
de la diferencia en las luces, en la diferencia en el desorden”.
Curran también se preocupó de
rodar escenas que contrarrestaran el potencial agobiante de la
serie de enfrentamientos. Curran señala “Tal y como está escrito
el guión, básicamente hay dos interiores. Me preocupaba que
acabáramos con una serie claustrofóbica de cabezas parlantes en
distintos cuartos, algo que sólo haría por agravar la seriedad
del material. Rodé en scope para dar profundidad y ‘aire’, para
acomodar tomas dinámicas y para crear la sensación de paisajes
en los interiores”.
Para contrarrestar la
seriedad del tema, el director escogió una herramienta
conceptual poco común como principio para encuadrar las escenas
que conducen a un estallido emocional. "Jack me parecía un
arquetípico protagonista de una película del oeste que lucha con
el atractivo de la libertad frente al calor doméstico, etc…
Hablé con Mark sobre ello y le gustó mucho la idea. Esta idea
influyó en gran parte de mis decisiones. Decidimos que Jack
necesitaba un caballo, así que le pedimos a Tony que buscara una
bici vieja”.
Curran añade: “En cuanto vi a
Mark montado en ella, supe que la última toma sería de él
montado en la bici cabalgando hacia el horizonte, de vuelta a
los suburbios”.
El rodaje de YA NO SOMOS DOS
comenzó a principios de abril de 2003. La película se rodó en 29
días en Vancouver, British Columbia.
Los personajes secundarios
los escogió Audrey Skalbania en Vancouver, incluyendo a Sam
Charles y Haili Page como los niños Linden y Jennifer Bishop
como Sharon Evans. Curran cometa “Todos eran mucho más maduros
de lo que reflejaba su edad y comprendieron enseguida el hecho
de que lo niños son los barómetros emocionales de sus padres”.
Sonríe al recordar “Sinceramente, creo que lo que más les
gustaba es que les dijera que fueran ariscos y desganados con
sus padres. Es cuando más se divertían”.
Con el talento de los
pequeños actores entró en juego la casualidad. En el guión, el
número de baile de Sharon era de ballet. Después de contratar a
Bishop para interpretar el personaje, Curran supo que era
miembro de un grupo de bailes escoceses. Curran comenta “La idea
me pareció tan graciosa que deseché la idea del ballet y le
pregunté si sus amigos se apuntarían. Fue su madre quien me
habló del baile de ‘La esposa enfadada’ y del vestuario que
llevan. Lo más difícil fue conseguir que la chica de la
izquierda no se riera”.
En el rodaje, los actores se
enfrentaban al reto de capturar los traumáticos trastornos de la
vida de los personajes al mismo tiempo que reflejaban el humor
derivado del hecho de que unos adultos se encuentren en una
situación tan incómoda. Curran afirma: “Buscamos el humor en las
cosas familiares. Todos los actores tenían una relación y la
mayoría tienen hijos, así que se podía sacar mucho de la
experiencia colectiva de todos nosotros. Afortunadamente, todos
teníamos la capacidad de reírnos de nuestros pequeños tics y
debilidades como padres y como parejas y, al compartir estas
experiencias, hubo algo que nos hizo reír y nos unió como
humanos. Trabajamos mucho para conseguir meter estos momentos en
la película”.
Curran continúa: “Laura, por
ejemplo, confesó sufrir la típica preocupación de que su niño
siempre pasa frío, así que le pone dos camisetas para dormir
aunque haya 40 grados. Y mientras lo contaba, todos los padres
asentíamos porque todos hemos pasado por lo mismo, quitando
capas de ropa a niños dormidos que sudan como pollos. Nos
parecía importante salpimentar la película con estos pequeños
momentos que aligeran el ánimo y capturan lo absurdo de la vida
tal y como es un equilibrio entre el pathos y el humor”.
Ruffalo comenta: “Cuando la
situación se encontraba al borde de la sensiblería o la rudeza,
este tipo de humor la alejaba del precipicio. Está claro que no
todas las parejas han traicionado o tenido crisis tan graves
como las que retrata esta película, pero no creo que nadie pueda
decir que nunca hay sido infantil y cruel con sus seres
queridos. Ése es el lugar natural del humor en la película, las
situaciones y la energía nerviosa… y la vergüenza de reconocer
aspectos de ti mismo en unos personajes que se portan tan mal”.
A pesar del humor, los actores tuvieron que enfrentarse a las
distintas traiciones cometidas por los personajes en la película
a lo largo de todo el rodaje. Dern recuerda con humor “Para cada
uno de nosotros, de formas distintas, hubo un momento en el que
nos odiamos interpretando estos papeles”.
Los otros actores se ríen y
están de acuerdo. Watts dice “Entiendo que los hombres se hacen
esas cosas, pero me costaba… No podía con la idea de una mujer
haciéndole eso a su amiga, era muy difícil de aceptar. Me parece
muy real, pero me costó mucho ser esa persona”.
Krause añade “Para mí fue
difícil, como padre, interpretar escenas en las que Hank es tan
irresponsable y egocéntrico estando su hija”.
A pesar de todo, los actores
confiaban en la visión que tenía el director de la película y su
sentido de la compasión para con los personajes. Ruffalo dice
“Después de ver Praise, la primera película de Curran, noté una
madurez en su trabajo y un maravilloso amor por la humanidad de
cada uno de los personajes. No teme mostrar lo feo y lo
vulnerable de las personas – pero sin intentar asustarte o
escandalizarte, sino de tal forma que acabas queriendo abrazar y
amar a estos personajes por sus problemas”.
Dern dice “John tiene un don
increíble como director, trabajando con los actores y como
cineasta en general: el de ver y mostrar lo contrario de lo que
podría sugerir el material. Justo cuando crees que una escena
trata sobre el desprecio de uno por otro, él la ve como una
historia de amor. O si a ti la historia entre Jack y Edith te
parece lujuriosa y sexy, él la muestra como más calmada que la
relación de Jack con su mujer. La vida está formada por polos
opuestos y a John le interesan mucho”.
Según avanzaba la producción,
todos empezaron a preguntarse cuál sería el título de la
película. Titulada “Adulterio” en un principio, la decisión de
cambiar el nombre por el del cuento que más contribuye al guión,
siguió una evolución parecida a la de los personajes cuando
llegan a comprender sus propias acciones y a aceptar las
consecuencias finales.
El productor Goodman cuenta
“El guión trata, en muchos aspectos, del autoengaño. Durante el
rodaje llegamos a la conclusión, como grupo, de que llamarla
‘Adulterio’ era simplificarlo y reducía las intenciones y el
significado de la película”.
Watts elabora esta idea “Lo
pensamos y lo hablamos. ‘Ya no somos dos’ resultaba más poético.
Te hace preguntarte de qué irá la película. Sin embargo
‘Adulterio’ te hace pensar que no vas a ver más que asuntos
sórdidos. Esta película tienen mucho más que eso. Trata las
aventuras y la sexualidad, pero va mucho más allá”.
Tratándose de una palabra tan
llena de prejuicios, no fué difícil decidirse. Curran aclara:
“Dubus estaba obsesionado con el brete en el que se ven inmerso
los pecadores comunes que buscan alguna señal de redención.
Escribía sin juzgar a sus personajes. En todo caso buscaba
compasión o comprensión”.
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de cómo se hizo "Ya no somos dos" - Copyright © 2004 Renaissance
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