CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Ya nadie
teme a Virginia Woolf
La
forma más económica de definir "Ya no somos dos" sería
emparentán-dola con el reciente trabajo de Mike Nichols "Closer".
Ambas películas se centran en las dinámicas sentimenta-les de
carácter endogámico entre dos hombres y dos mujeres a través de
una puesta en escena teatral donde los tensos diálogos que
sirven para sacar a la luz los más sórdidos trapos sucios y el dibujo
de unos personajes desorientados y patéticos dominan por encima
de la acción; ambas ex-ploran el lado más miserable del amor y la
atracción, poniendo de relevancia cuestiones como la
infideli-dad, los celos, la mentira, la competitividad o el afán
de posesión; ambas cintas parten, también, de un material
literario ajeno; y, ca-sualmente, en ambas aparece la figura de
un escritor frustrado y egocéntrico. Sin embargo, mientras que
los protagonistas de "Clo-ser" son solteros sin mayor compromiso
que el de una relación pa-sajera, los cuatro personajes sobre los
que pivota "Ya no somos dos" forman sendos matrimonios con hijos
y, por tanto, no sólo deben enfrentar unas responsabilidades
familiares difíciles de con-jugar con el adulterio, sino que
conocen sobradamente el desgaste ocasionado por una prolongada
convivencia en común, por lo que sería más oportuno remontarse
hasta el aplaudido debut del propio Nichols en el cine, "¿Quién
teme a Virginia Woolf?", para encontrar todavía mayores
paralelismos, incluso por el hecho de que los dos caracteres
masculinos de "Ya no somos dos" ejercen como profe-sores
universitarios y una de las mujeres acusa un alcoholismo
in-cipiente que recordará al personaje que entonces le valió un
Os-car®
a Elizabeth Taylor. Pero no es sólo "Ya no somos dos" una
versión madura y casera de "Closer", y, del mismo modo, más
pre-ocupada en reflejar el fracaso de unos personajes que no han
al-canzado sus sueños de juventud, puesto que a los conflictos
deri-vados del engaño cabe sumar aquí la antigua amistad que une
a ambas parejas, y que desembocará de igual forma en
sentimientos de traición y connivencia, porque, a fin de
cuentas, "todo queda en familia".
"Ya no
somos dos" (facilón título que adapta el más significativo "We
don't live here anymore") está basada en unos relatos cortos de
Andre Dubus, un autor que ya
fue llevado al cine por Todd Field con "En
la habitación", y, como en aquélla, nos encontramos
con el retrato de alcoba de una serie de crueles batallas que estallan
en la intimidad. Empiezo a sospechar que debo de tener algún tipo
de incompatibilidad con Andre Dubus aun sin haberlo leído, o más
bien con sus adaptaciones para la gran pantalla, porque ninguna
ha logrado convencerme demasiado: no hay duda de que son historias que
rebosan potentes emociones, pero me parecen dramáticamen-te
distantes y
apenas contundentes.
En
cualquier caso, la forma más económica de valorar "Ya no so-mos
dos" sería decir que se trata de una hermana menor de cual-quiera
de los títulos mencionados. Lejos está del nivel alcanzado por
aquel cruel psicodrama de grupo de Nichols y
Albee, así como de otros autores que han profundizado en las
relaciones de pareja como Neil LaBute, John Cassavetes o incluso
Woody Allen. En de-finitiva, no hay nada en "Ya no somos dos"
que no se haya he-cho antes y mucho mejor.
Mientras veía "Ya no somos dos" tenía la sensación de que la
película se encontraba detrás de un grueso cristal cubierto de
polvo, todo sucedía a cámara lenta y el proyector estaba
averiado porque se había saltado algu-nas secuencias y repetía
otras que ya habían pasado. El principal problema es del guión de
Larry Gross (conoci-do por los
libretos de "Límite 48 ho-ras" y su continuadora, "La caja
chi-na", "Ejecución inminente" o "Prozac Nation"), que no dispone
de una es-tructura firme ni de un punto de vista estable, y abusa
de la condensación, sumando sin
excesiva conexión una
serie de discusiones recurren-tes, cargadas de odio e ironía, con
ciertos retazos cotidianos y al-gunas escenas de sexo
intencionadamente anti-eróticas, con una progresión dramática
irrelevante que no parece conducir a ninguna parte —menos mal
que nos la estaban vendiendo como "un drama sexy y provocador
sobre la vida marital y sus decepciones"—. El film arranca en
plena crisis de los matrimonios amigos Linden y Evans, cuando el
marido de los Linden y la esposa de los Evans hace tiempo que se
entienden, aparentemente sin que sus cónyu-ges sospechen nada.
Lo peor de todo es que, desde el comienzo, el desarrollo de los personajes es apresurado
e incompleto, muy poco convincente, y descubrimos más acerca de su
personalidad por las afirmaciones de los otros que por lo que
llegan a sugerir con sus actos, a menudo contradictorios. Tampoco quedan claras sus
actitudes y sentimientos, que parecen más sujetas a cambios
ca-prichosos o al puro aburrimiento que a sus propias dudas y
motiva-ciones, impidiendo que se consolide algún tipo de
empatía hacia ellos. Y aunque la relación entre los dos hombres
está algo más construida, se ha sacado muy poco jugo a la de sus
respectivas mujeres o a la interacción de todo el grupo cuando
se reúnen. Es probable que "Ya no
somos dos" sea menos sofisticada y artificio-sa que "Closer", y
que por eso resulte más natural y sincera, pero carece de la
chispa y el poder de incisión de aquélla, y las situa-ciones que
plantea se antojan muy poco juiciosas y creíbles, por no decir
disparatadas.
La dirección del ignoto
John Curran es bastante plana y es-tática, con un
ritmo pausado que asimila la asfixia y la triste-za de los
personajes, y que acaba de hundir el relato en la mediocridad.
En ocasiones emplea algunos flashbacks y voces en off para ilustrar los
recuerdos o los pensamientos de los prota-gonistas, pero se aprecian más como un
pegote que como un re-curso efectivo. "Ya no somos dos" intenta
ser una improvisación jazzística, sin embargo su estimulante
propuesta naufraga en la más aburrida estolidez.
La idea
final que me quedó fue la de unos seres a la deriva, atra-pados
en una situación incómoda que ellos mismos han creado y que
tampoco les satisface, que
intentan nadar y guardar la ropa, pero que ni siquiera están
interesados en meterse en el agua o ves-tirse. Únicamente rescataría esa
visión patética, casi surrealista, del comportamiento adulto,
que les conduce a circunstancias ex-tremas y ridículas, aunque las reiterativas comparaciones con el mundo animal me
parecieron harto forzadas.
Como suele ocurrir en este tipo de películas, las excelentes
actua-ciones del reducido reparto logran hacerla creíble y
salvarla del com-pleto anonimato. Y, como suele su-ceder
cuando se recurre a caras co-nocidas pero que no disponen de un
aura de estrella, su desempeño toda-vía resulta más convincente y
homo-géneo. Mark Ruffalo ("Mi vida sin mí") y
Naomi Watts ("Mulholland
Dri-ve") resuelven sus papeles con una
contención muy expresiva, mientras que
Laura Dern ("Corazón salvaje"), que sorprende con una
imagen más ajada y demacrada de lo que nos tenía acostumbrados,
destaca por encima de sus compañeros con una entregada
interpretación, ajustada en el histerismo, que aprovecha sus dotes mejor que algunos de los
olvidables proyectos en los que últimamente se había embarcado.
Por último, el televisi-vo Peter Krause
("A dos metros bajo tierra") está a la altura con una también
competente ejecución.
Sólo
podría recomendar este largometraje de manera muy margi-nal para
aquellos interesados en conocer toda la filmografía dedica-da a
estas temáticas, aunque no, desde luego, como la mejor muestra
posible, proponiendo, en cambio, el resto de cintas a las que me
refería al comienzo como una alternativa mucho más inteli-gente,
eficaz y entretenida.
Calificación:
    
Imágenes de "Ya no somos dos" - Copyright © 2004 Renaissance
Films y Front Street productions. Distribuida en España por
Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
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