CRÍTICA
por
José Luis Santos
A la hora de valorar una
película son muchos los aspectos que se pueden tener en cuenta.
Uno de todos ellos debería ser si el direc-tor
ha conseguido
utilizar el lenguaje cinematográfico para transmi-tir
lo que quería y cómo
quería, y otro la calidad formal y estética de lo plasmado en
pantalla. En el caso de “7
vírgenes” el saldo por estos dos conceptos
me resulta claramente no sólo favorable,
sino incluso destacable, y los
contenidos que plantea cuando menos in-teresantes.
Alberto Rodríguez, su director, se dio a conocer en
el 2000 jun-to a Santi Amodeo
con “El
factor Pilgrim”. Hoy ambos parecen con-solidar
sus carreras entre
lo más prometedor de nuestro cine. En el caso de Amodeo
por haber presentado una de las mejores cintas
del año pasado, la estupenda y distinta “Astronautas”,
y en el de Rodríguez porque, tras “El
traje”, su nuevo trabajo
nos muestra a un realizador bregado, con
personalidad y dominio de su ofi-cio,
que tiene claro qué historia quiere
contar y cómo hacer-lo, y que se muestra
capaz de dotar a sus imágenes de
la fuerza e intensidad suficientes sin perder el equilibrio,
casi a golpe de videoclip cuando
necesita forzar el ritmo o parando la cá-mara
y centrándola en una mirada si la escena
lo exige. Y lo que es más importante incluso como declaración de
principios, consi-gue que en su
película hablen más los silencios, las miradas y
las acciones que los
diálogos.
Otra de las virtudes de “7
vírgenes” es que no juzga a nadie, no emite ve-redictos,
sino que se limita a exponer unos hechos, sin dejar de mostrar,
eso sí, elementos de juicio suficientes
(familias desintegradas más que de-sestructuradas
y ámbitos marginales dominados por la ley del más
fuerte) para plantearse la posibilidad de que lo
que uno está viendo no sea
fruto de la casualidad ni responsabilidad única
de sus protagonistas.
Dice Rodríguez (no sin razón) que los
protagonistas de su película no existen para noso-tros.
Están ahí pero no los vemos, o los vemos
únicamente cuando nos fastidian, en una especie
de re-chazo mutuo entre
dos mundos paralelos que se estorban y sólo
tienen como punto de encuentro las
crónicas de sucesos. Son out-siders
que hacen funambulismo sobre el filo de la navaja, aferrándo-se
a comportamientos infantiles e
irresponsables como si el vanda-lismo y
la delincuencia fuera un juego, tal vez
porque creen que la otra alternativa, la de afrontar la vida
real y sus consecuencias, no les ofrece mucha más esperanza (tal
y como encarna el hermano del protagonista), pero que acaban
pagando el alto precio de su elección con
la tragedia. La reciente “Lila
dice” de Ziad Doueiri plan-teaba
en nuestra pantalla (con una propuesta
radicalmente distinta a priori, pero con
más puntos de encuentro en su fondo con la cinta que nos ocupa
de los que parece)
la posibilidad de escapar de todo eso si se es especial,
mientras que el filme de Rodríguez pone en tela de juicio de
forma complementaria que se pueda hacer e inclu-so
que merezca la pena intentarlo cuando sólo se es uno más del
montón.
A plantear todo esto
con credibilidad contribuye un reparto perfectamente aprovechado,
desde el premiado en San Sebas-tián
Juan José Ballesta (“He's
a film star!” dicen que repetía Anje-lica
Huston tras verlo), al que hay que reconocer que el papel le vie-ne
hecho a medida (hasta el punto de que escribe gran parte del
guión en su mirada), a los debutantes que
completan el elenco ju-venil
(sacados de un casting por los institutos del barrio de Sevilla
donde se rodó íntegramente la película), entre los que
destaca un demoledor y cautivador
Jesús Carroza, pasando por una compe-tente
representación adulta encabezada por el siempre eficaz
Vi-cente Romero
(el gran Maquea de Benito Zambrano en “Padre co-raje”).
Cabe sin embargo ponerle algunos peros a “7
vírgenes”. El primero, que argumentalmente navega por aguas
previsibles y trilladas por múltiples trabajos anteriores,
hasta el punto de que su estructura recuer-da
demasiado al “Barrio”
de León de Aranoa, si bien logra encontrar en cierta medida su
propia personalidad, especialmente en lo visual. El segun-do,
que tal vez se echa de menos al-go más de
profundización en determi-nados aspectos,
como los comporta-mientos de la novia y
el hermano de Ballesta, cuyos esbozos son buenos,
pero quizás hubieran necesitado un poco
más de desarrollo para terminar de ofrecer el contrapunto que
buscan. Y el tercero, menor y meramente circunstancial, que los
actores debutantes son tan realmente sevillanos que en más de
una ocasión cuesta Dios y ayuda seguir los diálogos. Ninguno de
los tres aspectos logra no obstante ocultar
la sensación de estar ante una
película interesan-te, real, con imágenes
cercanas y de carne y hueso, lo cual en unos tiempos en los que
se le llama sin sonrojo al plástico inerte de Gran Hermano “la
vida en directo“ y a “Torrente
3,
el protector” cine, es de agradecer
sin duda.
Calificación:
    
Imágenes de "7 vírgenes" - Copyright © 2005 Tesela y La
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