CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Tribus y arqueología en la
ruta del pollo frito
Hay amigos o compañeros que inte-gran familias, y familias que
se com-portan como colegas o compinches obligados por las
circunstancias. Es lo que les ocurre a los Lair, cuatro
ge-neraciones de hombres solteros, di-vorciados o viudos, para
quienes los nombres de pila han pasado a susti-tuir el
tratamiento habitual, porque se conocen demasiado bien o porque
son completos desconocidos. Al bisa-buelo lo llaman Henry, se
refieren al abuelo pródigo como Turner, el padre es simplemente
Jason y Zach su hijo pequeño. La ausencia prolongada de Turner,
un castigado personaje que ha recorrido el consabido ro-sario de
drogas, rock and roll y cárcel, ha señalado al resto de
miembros. A falta de ese eslabón perdido en la cadena
tradicional, Henry ha suplido sus funciones: es el líder
protector y unificador de su tribu, como le gusta denominarlos
absorbido por su afición a otras civilizaciones ancestrales, y
ha ejercido como progenitor del que, en realidad, es su nieto,
un individuo, en comparación, bastan-te anodino que comparte el
cuidado del niño con su ex mujer. La muerte del anciano, más que
anunciada, anticipada, propiciará el regreso de la oveja negra,
forzando reencuentros y arrojando luz so-bre el pasado.
Ésta es la base argumental
que nos propone el ignoto Jordan
Roberts para su debut cinematográfico, una trama en
apariencia bastante sencilla y con un predecible desenlace. A
partir de ahí, el clan, reunido de nuevo pero cojo por ese
fallecimiento reciente, se embarcará en una travesía por el
paisaje desértico del suroeste de los Estados Unidos para
despedir los restos de Henry, un tipo luná-tico, devoto de la
arqueología, los "mapas del tesoro" y el Kentucky Fried Chicken
—como Ramoncín, es el Rey del Pollo Frito—, que les ha preparado
una auténtica gincana física y sentimental con in-tenciones que
no cuesta imaginar.
Así pues, "Around the bend (A la vuelta de la esquina)"
combina
el drama intergeneracional, la road movie y algo que ya se
podría empezar a considerar un subgénero y que consiste en
cumplir la última voluntad del difunto, normalmente dando
se-pultura a su cuerpo de una forma singular o compleja que
requiere ciertos preparativos a los protagonistas. Mientras que
la dinámica familiar sirve como motor de la historia, los
quilómetros de asfalto empujan el desarrollo de la narración y,
en este caso, el esparci-miento de las cenizas en distintos
puntos de la geografía, intencio-nadamente escogidos, no es más
que la zanahoria que espolea su avance, una mera excusa para
favorecer ese otro viaje paralelo, el interior, hacia el
acercamiento y la reconciliación. Como si los muertos
continuaran salvaguardando el destino de aquellos que les
sobreviven, lo que persigue Henry es, en definitiva, que su hijo
Tur-ner y su nieto Jason se descubran y perdonen tras largos años
de separación, rencores y culpas. Ésa es la herencia más valiosa
que les concede.
Se trata de una fórmula que
casi siempre funciona, por poco bien que uno la sepa manejar, y
de la que ya se ha hecho mucho caldo. Pero si a este autor
primerizo se le puede re-prochar que despegue sobre seguro,
deparándonos escasas sorpresas por el camino, también es cierto
que su falta de pretensiones lo beneficia, por-que precisamente
cuando más sale perdiendo es cuando más decide arriesgar. A fin
de cuentas, la pelícu-la no sólo cumple con sus objeti-vos de
manera decorosa y amena, sino que además Roberts le agrega un
toque personal que la rescata de la gris rutina. Lo logra con el
dibujo eficaz de unos personajes pintorescos enzarzados en unas
relaciones no menos peculiares, pero sobre todo introduciendo
genero-sas dosis de un humor que transita entre la travesura, la
iro-nía y una excentricidad carente de complejos. Quizás este
úl-timo ingrediente sea al mismo tiempo un valor añadido y una
ame-naza como la gaseosa para un buen vino, pues le exige el
triple es-fuerzo de balancear los aspectos trágicos con la
comedia, y aun-que sale airoso en bastantes ocasiones, sin que se
pueda hablar tampoco de un resultado desternillante o redondo,
en otros momen-tos su efecto se percibe algo inoportuno. En este
sentido, se po-drían poner varios ejemplos que destriparían el
interés de la cinta, pero sí merece la pena hacer referencia a
Katrina, la novia —no se sabe muy bien si desplazada o
automarginada— de Jason, que constituye la única nota femenina
remarcable, a pesar de que en la práctica su peso sea
irrelevante. La esperpéntica idiosincrasia de esta muchacha
alterable y liberal tan sólo contribuye a una hilari-dad marginal
y un tanto descalabrada, con la que Roberts parece dar rienda
suelta a una fobia contra los daneses, que a saber qué le habrán
hecho los pobrecitos.
De todas formas, el relato discurre por unos cauces
satisfactorios entre lo más trascendente y lo más ligero,
enriqueciéndose con nuevos matices evolutivos y fugaces
intervenciones. Pero si el con-junto termina de cobrar cuerpo y
hondura es por ese esque-leto de metáforas y paralelismos que lo
atraviesa: rutas, le-gados, raíces y antigüedades materiales que
encuentran ré-plica en lo psicológico. La arqueología que tanto
entusiasmaba al bisabuelo es el hilo conductor para recuperar
viejos episodios biográficos a través de los restos. Enterrar
muertos para desente-rrar vivos, cubrir lagunas y descubrir
dolorosos secretos, caminar hacia el futuro sumergiéndose en el
pasado. En el ambiente se res-pira esa camaradería propiamente
masculina, que relaja tensiones y facilita la complicidad y la
disculpa. Es una película sobre hom-bres con muescas y aristas,
pero no exclusiva para hombres, pues el tono amable de aventura
familiar la hace accesible para un am-plio sector del público, y
sortea bastante bien posibles sospechas de machismo. En última
instancia, nos proporciona la oportunidad de practicar el sano
ejercicio de reírse con la muerte y reflexionar en torno al
papel de la familia como estructura, escuela, apoyo y refugio,
algo que en estos días de controversias no está nada mal. La
conclusión comercial corre por otro lado: las furgonetas
Volks-wagen
no sólo son las que más resisten, sino las que más unen, y los
locales de comida rápida se erigen en la piedra angular de la
sociedad norteamericana.
Si el Roberts guionista es un
ar-quitecto convincente y un acepta-ble retratista, el Roberts
director demuestra flexibilidad y presteza como contador,
además de buena mano para arrancar a los actores lo mejor de sí
mismos. Porque una historia sobre personajes y sentimien-tos no
sería nada sin un reparto con-secuente capaz de darles alma y
car-nadura, y en "Around the bend (A la vuelta de la esquina)",
efectivamente, los actores lo son casi todo. Con su corta
intervención, Michael Caine
corrobora lo que ya sabíamos, que es un grandísimo intérprete
que añade elegancia y profundidad a cual-quier papel que se le
ponga por delante. Aquí vuelve a coincidir con
Josh Lucas después de "El
secreto de los McCann" —un largome-traje en el fondo
no demasiado distinto a éste—, quien resuelve el que tal vez sea
el rol menos agradecido, pero también uno de los que precisan
mayor evolución, con corrección, sobre todo si toma-mos en cuenta
que parte con clara desventaja frente a tanta vetera-nía. Lo
mismo cabe decir del jovencito Jonah
Bobo —el apellido es desafortunado, pero, por suerte
para él, en un contexto anglosa-jón pasa desapercibido—, toda una
muestra de frescura y naturali-dad a tener en consideración. Sin
embargo, el que se lleva el gato al agua no es otro que
Christopher Walken, enorme y
perfecta-mente mesurado en cada uno de los registros que se
necesitan para llenar su caracterización. Después de su discreto
paso por al-gunos films harto olvidables, sorprenderá a propios
y extraños por su versatilidad y entrega, regalándonos una
brillante ejecución que se supera a sí misma en esa escena de
redención paternofilial que tiene lugar cerca del final, una de
las más conmovedoras de la pelí-cula.
El resto de valores de la
producción se mantiene en niveles dig-nos. La banda sonora,
integrada por apetecibles temas pop y rock y por las
también interesantes composiciones de
David Baer-wald,
tiene una presencia decisiva
en la narración, respaldando el clima cómico en muchos
instantes, o bien dando colorido y fluidez al tránsito entre
secuencias.
Por razones inexplicables,
"Around the bend (A la vuelta de la es-quina)" fue prácticamente
desestimada por la crítica y los especta-dores estadounidenses,
viéndose, en cambio, recompensada en algunos festivales de
mediano alcance. Y es que, sin ser un lar-gometraje indispensable
ni mucho menos exquisito, su esca-sa hora y media de duración se
convierte en una experiencia agradable y emotiva que ofrece una
carga moderada pero suficiente de lucidez, sensibilidad y
simpatía.
Calificación:
    
Imágenes
de "Around the bend (A la vuelta de la esquina)" - Copyright ©
2004 Warner Bros. Pictures, Warner Independent Pictures y
Kirkham/Lewitt Productions. Distribuida en España por Warner
Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Around the bend (A la vuelta de la esquina)"
Añade esta película a tus favoritas
Opina sobre
esta película en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
esta película a un amigo
|