CÓMO SE HIZO
"EL REINO DE LOS CIELOS"
Notas de producción
© 2005
Hispano Foxfilm
1. La historia
“Siempre había querido hacer
una película sobre caballeros y la época medieval, sobre las
Cruzadas en especial”, dice Scott. El motivo era natural, dado
la clase de personajes que le interesan. El héroe arquetípico de
Scott es el de un hombre (o una mujer) común y corriente, aunque
dotado de un talento natural, que se ve inmerso en grandes
acontecimientos; un personaje que ha de superar una situación
difícil o una tragedia para emerger como un héroe real, alguien
que toma partido y se niega a apartarse de él. (Piénsese en
Máximo, el ascendido general romano convertido en rebelde de
Gladiator; Deckard, el replicante con conciencia; o la teniente
Ripley de Alien, el 8 pasajero).
“Históricamente, el
caballero, como el vaquero o el policía, representa a una
persona que está a la frontera de su cultura en un determinado
momento”, señala Scott. “Estas figuras siempre nos han brindado
grandes oportunidades para poder contar historias que contengan
los atributos de un héroe. Y uno de los más importantes es que
el personaje lleva consigo sus propias condiciones de
ecuanimidad, fidelidad y caballerosidad”.
Fue el guionista Monahan
quien sugirió a Scott una historia que estuviera centrada en el
reino de Jerusalén durante los reinados de Balduino IV y
Saladino, y en un joven caballero que surgiera como su defensor.
“El caballero representa un ideal”, explica Monahan, “y el
periodo en el que más destaca ese ideal es en el de las
Cruzadas”.
Al impetuoso grito de “¡Dios
lo quiere!” el papa Urbano II urgió en 1095 a la Europa
cristiana a reclamar la ciudad santa de Jerusalén, conquistada
por los ejércitos musulmanes que barrieron Oriente Medio en el
siglo VII. Miles de personas respondieron a la llamada, desde
reyes a campesinos, y sucesivas olas de cruzados viajaron hacia
el este en los siguientes doscientos años, poniendo sitio a
antiquísimas ciudades, fundando reinos y poniendo la semilla de
un conflicto religioso que ha perdurado durante siglos.
Jerusalén fue reconquistada
en la Primera Cruzada (hubo ocho en total) y varias generaciones
de príncipes cristianos gobernaron estos territorios. Pero en el
año de Nuestro Señor de 1186 —cuando empieza nuestra historia—
el reino estaba plagado de desavenencias y el creciente poder de
Saladino amenazaba su misma existencia, mantenida únicamente por
la inyección en las guarniciones de fuerzas de refresco recién
llegadas de Europa. Un vasallo del rey como Godofredo podía
regresar a su tierra natal para reclutar nuevos guerreros para
Tierra Santa. Godofredo, desde luego, tenía otra misión.
La historia se centra en el
joven herrero Balian, cuyo talento triunfa más allá del crudo
forjado del hierro. “Balian es un inventor, un ingeniero”,
explica Orlando Bloom, cuyos papeles en la trilogía de El Señor
de los Anillos, en Piratas del Caribe: La maldición de la Perla
Negra y en Troya han lanzado al joven actor al estrellato
mundial. “Tiene la habilidad de ver un castillo y saber cómo se
puede proteger mejor, lo cual le va a resultar sumamente útil
más adelante en su viaje”.
Cuando comienza la historia,
Balian se encuentra sumido en un estado de desesperación que
Bloom define como una especie de “condena nihilista. Ha perdido
a su mujer. Ha perdido a su hijo. Te encuentras a un hombre que
en esencia vive un infierno”.
Es en ese momento cuando
aparece un caballero con su partida de hermanos. Liam Neeson
interpreta a Godofredo de Ibelin, quien dejó Francia para
convertirse en cruzado y cuya valentía e integridad le han
reservado un lugar cerca del rey Balduino. “Cuando estos
cruzados tomaron Jerusalén, se convirtieron en hombres muy
poderosos”, afirma Neeson. “Se les concedieron grandes
extensiones de tierra. Y crearon una especie de pequeños reinos
en ellas. Godofredo es un líder y un soldado, y se le dieron
tierras fuera de Jerusalén”.
Godofredo ha vuelto a Francia
para encontrar a su hijo. “Él sabe que tiene un hijo”, dice
Neeson. “No conoce al chico porque Balian nació de una aventura
que Godofredo debió no haber tenido con la madre de Balian. Pero
ha vuelto para encontrarle y pedirle que se vaya con él a
Jerusalén”.
“No le ofrece ninguna
tierra”, añade Bloom. “No le ofrece dinero. Le ofrece una
familia. Le ofrece la oportunidad de ser su hijo, de trabajar
con él en Tierra Santa”.
Aunque al comienzo Balian se
resiste a los propósitos de Godofredo, las circunstancias no le
dejan otra alternativa que la de unirse a su padre. “Balian está
perdido, básicamente”, narra Bloom. “Su único objetivo es ir
para encontrar las respuestas a las grandes preguntas que le han
estado rondando por la cabeza. Es un hombre joven en un viaje de
crecimiento y descubrimiento espiritual, personal y político que
intenta entender el misterio de la vida. Está buscando el perdón
y el conocimiento. Así que alcanza a Godofredo y siguen camino”.
Godofredo viaja con otros
caballeros, algunos de los cuales son mercenarios, y con el
Hospitalario, un caballero y confesor interpretado por el actor
David Thewlis. “Los hospitalarios surgieron en el siglo XI”,
señala Thewlis. “Eran miembros de una orden monástica que
satisfacían las necesidades de los peregrinos cristianos en
Tierra Santa. Aunque el Hospitalario pueda guerrear, en esencia
es un pacifista”.
Godofredo, dice Thewlis, esta
preocupado. “Siente una gran amargura en su interior, y
encuentra cierta redención al final de sus días al haber
encontrado a Balian. Redescubre que dentro de él hay algo de
amor, algo de calidez humana, viendo cómo su herencia puede
pasar a manos de Balian en el futuro”.
En una emboscada que se
produce durante el viaje, Godofredo es mortalmente herido en
combate. En un acto final de redención, Godofredo hace caballero
a su hijo, confiándole la misión de mantener la paz en
Jerusalén. “Intento convencerle de que vaya a Jerusalén, de que
hay un camino a seguir por todos nosotros, cristianos y
musulmanes, un modo de entenderse y vivir civilizadamente
juntos”, dice Neeson. “Godofredo ha llegado a ese convencimiento
tras muchos, muchos años de absurdas matanzas sin sentido”.
El Hospitalario se convierte
en el compañero y consejero de Balian a la muerte de Godofredo.
“Él plantea ciertas preguntas y deja que Balian encuentre las
respuestas”, dice Scott. “Usa el término ‘acción correcta’
—hacer lo que hay que hacer, a cualquier precio. Es así porque
cree que “es el deseo de Dios. Y el resto es una sandez. No hay
que prestarle oídos a esa gente. No tienes que arrodillarte. Se
trata de hacer la acción correcta”.
En Jerusalén, Balian va a
conocer al elenco de personajes que marcan el devenir de la
ciudad en esa época. Su primer encuentro significativo es con la
hermana del rey, la bella princesa Sibylla (Eva Green), quien ha
sido obligada a casarse en un matrimonio arreglado con Guy de
Lusignan (Marton Csokas). “Ella es muy exótica”, señala la
principiante Eva Green, que hizo su debut en el cine de la mano
del cineasta Bernardo Bertolucci en Soñadores. “Ha vivido toda
su vida en Jerusalén, ha crecido en medio de cristianos, judíos
y musulmanes. Pero siempre ha estado viviendo bajo unas
circunstancias bastante represivas. Su madre la obligó a un
matrimonio de conveniencia contra su voluntad. Odia a su marido;
no siente ningún respeto por sus valores o su afán de poder.
Sibylla y Balian se sienten irremediablemente atraídos el uno
por el otro, a pesar de las complicaciones políticas. “Balian no
está buscando amor”, afirma Bloom, “pero se enamora perdidamente
de ella, porque Sibylla es tremendamente embriagadora, una
criatura de otro planeta para él. Se trata de una relación muy
emocional, algo que siempre había deseado, pero con todo se
muestra reacio a dejarse llevar. Conocer a esa mujer prende una
llama de esperanza en él”.
Green cree que Sibylla halla
cierto refugio y consuelo en su relación con Balian, y que a él
le sucede lo mismo. “Al principio, Balian se encuentra en un
periodo de luto”, dice. “No ve clara su vida y tampoco su fe. Y
Sibylla es el extremo opuesto. Ella quiere a alguien virtuoso en
su vida. Busca la armonía. Cuando se conocen, surge una fuerte
atracción entre ellos. Él es muy puro, muy leal, muy noble. Es
el hombre ideal para ella”.
Sibylla siente mucho miedo
por la suerte que le espera a su hermano Balduino. “No puede
afrontar el hecho de que se vaya a morir”, dice Green. “Es la
única persona en la que puede realmente confiar”.
El rey Balduino IV, como su
homónimo en la historia, es un rey bueno y justo condenado a
morir joven a causa de la lepra; la enfermedad ha causado en él
tantos estragos que ha de taparse la cara tras una máscara de
plata. “Balduino era increíblemente fuerte y robusto, pero se ha
debilitado con la lepra y su muerte es inminente”, dice Scott.
Cuando se conocen, Balduino
deja claro a Balian que, como nuevo señor de Ibelin, tiene que
continuar la misión de su padre de defender la ruta a Jerusalén
para que, de esta forma, permanezca abierta a los peregrinos de
todos los credos. “Todos son bienvenidos”, dice Bloom, “no
porque sea oportuno, sino porque es lo justo”.
Balian también conoce a
Tiberias, el sabio y experimentado consejero militar del rey al
que interpreta el actor Jeremy Irons. “Es el comandante del
ejercito de Jerusalén”, explica Irons. “Su señor, el rey
Balduino, es leproso. Como la enfermedad está bastante
desarrollada no puede dirigir el reino como sería de su agrado,
así que se apoya mucho en la persona de Tiberias”.
Tiberias da a conocer a
Balian la instable paz sobre la que se sustenta la propia
existencia de Jerusalén como tal, acosada por conspiraciones
palaciegas y con Saladino y un ejército de 200.000 hombres
rodeando el reino. Tiberias siente tanto respeto por los
musulmanes como por los cristianos, señala Irons, y a menudo
siente la necesidad de recordar a los ciudadanos el respeto que
han de mantener entre ellos. “En puridad, es un hombre al final
de su carrera que está cansado de luchar y del estúpido
comportamiento que se observa en Jerusalén”.
La tregua entre Balduino y
Saladino (Ghassan Massoud) se encuentra constantemente bajo la
amenaza de las conspiraciones que se desatan dentro del reino.
“Hay muchos intereses contrapuestos en Jerusalén, muchas ganas
de medrar”, afirma Scott. La confusión, las consideraciones
políticas contrapuestas y la corrupción surgen por todos lados,
“dificultades que el rey Balduino y Tiberias tratan de soslayar
haciendo difíciles equilibrios y con un notable esfuerzo”,
añade. “Todo el mundo trata de salirse con la suya en beneficio
propio”.
El carismático líder de los
sarracenos, Saladino es interpretado por el actor y realizador
de origen sirio Ghassan Massoud, quien ha dirigido The
Diplomats, una obra de teatro satírica que aborda los problemas
de liderazgo en el mundo árabe. Massoud ve a Saladino ante todo
como un hombre de estado. “Y en segundo lugar, como un hombre de
guerra”, señala el actor. “Saladino ha ganado muchas batallas, y
al mismo tiempo, ha negociado con el enemigo. Es un punto muy
importante y positivo para un estadista de esa época. Es un
personaje muy carismático pero a la vez muy humano. Y muy dulce
de puertas para adentro. Cree en el diálogo con el enemigo”.
“Saladino es venerado como un
gran líder musulmán, como un político, un caballero y un gran
estratega”, añade Scott. “Y no es únicamente que los sarracenos
le adoren. Es también muy respetado por el otro bando”. Massoud
añade: “Balian y Saladino llegan a respetarse sobremanera el uno
al otro en la historia”.
Guy de Lusignan, el marido de
Sibylla, es miembro de la Orden del Templo, una orden de
carácter religioso y militar. “Los templarios formaban una
facción radical que no querían mantener ninguna relación con los
musulmanes”, explica Scott. “No querían la paz”.
“Guy es un comandante militar
del ejército de Jerusalén”, dice el actor que lo interpreta,
Marton Csokas. “El rey es un inepto, al menos por lo que a Guy
respecta, porque Guy es un militar. Quiere salir allí y luchar,
no tanto por lucirse, sino por el poder que sus logros en el
campo de batalla le pueden reportar. Es un buscador de gloria.
Su ansia de poder es infinita. En muchos sentidos es lo opuesto
de Balian”.
Guy también está enamorado de
Sibylla, aunque ella lo deteste. “No sabe qué hacer, ni
políticamente (pues los cristianos no conforman un ejército
unificado) ni en su vida personal, porque adolece de lo que la
mayoría de nosotros necesitamos, que es amor y una vida
doméstica”, dice Csokas.
A la par que Guy en
radicalidad se encuentra Reynaldo de Chatillon, quien cuenta con
una impresionante fortaleza en Kerak. (Sus ruinas todavía se
mantienen en pie hoy en día, en lo que hoy es Jordania, a algo
más de ochenta kilómetros al sudoeste de Jerusalén.) “Reynaldo
disfruta con la violencia y la destrucción”, afirma Brendan
Gleeson. “Es maligno y brutal, pero al mismo tiempo tiene esta
idea loca de la caballería. En cierta forma, representa todo lo
que se hizo mal en las Cruzadas. Hubo gente que hizo de las
Cruzadas un ejercicio insensato, imperialista y xenófobo de
hedonismo. Todo lo que hace Reynaldo está motivado por la
avaricia y la lascivia”.
Con su impetuosidad y su afán
de caos y dominación, Guy y Reynaldo provocan una reacción en
cadena que, de forma inevitable, conduce a Jerusalén a la guerra
contra los sarracenos. Al acercarse el final del reinado de
Balduino, Reynaldo está encantado de encajar dentro del plan de
Guy para conquistar el poder. El momento clave llega cuando Guy
asesina a un mensajero sarraceno a sangre fría. “Es en gran
parte el final, no sólo para Guy, sino también para todo lo que
Balduino y Saladino han intentando construir y mantener, que es
el pluralismo y una sociedad de tolerancia”, dice Csokas. “Logra
lo que estaba buscando, además de provocar todas esas
consecuencias”.
El acto final de locura de
Guy es encabezar el ejército de Jerusalén, sacándolo de la
ciudad para enfrentarse a campo abierto con el ejército de
Saladino, que es muy superior en número, en la batalla de
Hattin, donde los caballeros cristianos fueron aniquilados. No
vemos esa batalla en la película, porque el clímax de la
historia se produce posteriormente, cuando Saladino conduce a su
ejército delante de las murallas de Jerusalén. Fiel a su código
de caballero, Balian se hace cargo de la defensa de la ciudad y,
con su habilidad como líder e ingeniero, convierte la ciudad en
una fortaleza.
A fin de cuentas, se trata de
una lucha que no puede ganar, pues dispone de un puñado de
combatientes para repeler a un poderoso ejército de 200.000
soldados. Pero sí que logra unir a los defensores y negociar por
su supervivencia. Anteriormente, dice el guionista William
Monahan, “los defensores en el interior de Jerusalén estaban
totalmente desunidos. Y están enfrentándose a un ejército que es
una perfecta máquina sincronizada”.
“Balduino y Saladino hubieran
mantenido la paz si hubiera estado en su mano”, dice Orlando
Bloom. “De no haber sido por fanáticos como Reynaldo y Guy de
Lusignan, que estaban sedientos de sangre y hambrientos de
poder, Jerusalén podría haber sido un lugar al que gente de toda
condición habría ido para rezar; un lugar de paz, de mutuo
respeto por las creencias y las prácticas religiosas de los
demás, fueran cuales fueran”.
Balian hace honor al título
de caballero con una seriedad de la carecen otros muchos, señala
Monahan. “Tus acciones te definen; no lo que dices, lo que
alegas ser, sino lo que haces”, declara. “La película está
construida sobre la base del código de caballería. Como Ridley
ha dicho, la película habla de usar la cabeza y el corazón”.
“EL REINO DE LOS CIELOS
quizás no sea lo que estabas esperando”, añade Bloom. “No
encierra la inmortalidad. Es un lugar en el que puedes ser tal
como naciste, en el que puedes ser fiel a ti mismo. Es un reino
de conciencia. Es un reino de esperanza y de unidad. Es el ideal
de un mundo por el que todos nosotros deberíamos luchar, un
mundo de paz”.
2.
De la
mente a la pantalla >>
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de cómo se hizo "El reino de los cielos" - Copyright © 2005 20th
Century Fox, Scott Free y KanZaman. Distribuida en España por
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