CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Pacifismo a destiempo
Película
más espectacular que rigurosa, y auténtico producto in-dustrial
con escasas aportaciones cinematográficas. El director de "Gladiator" nos da su particular versión de una época que
demues-tra desconocer, con la misma superficialidad y
esquematismo de tantas películas americanas que miran a la
realidad desde su pris-ma taquillero y tópico.
Poco
antes del inicio de la tercera Cruzada (1186), Balian llega a
Jerusalén para purgar su pecado de asesinato y seguir las
huellas de un padre que acaba morir. Transformado en caballero,
asumirá la misión y poder de su progenitor en la capital,
siempre buscando el bien del pueblo y la paz con los musulmanes.
La capital está ahora bajo el control del leproso rey cristiano
Balduino IV, que in-tenta respetar el armisticio sellado con
Saladino, y frenar las pre-siones beligerantes de los templarios y
algunos de sus caballeros. En esta tarea pacificadora, Balian
será una gran ayuda y también una alternativa válida a las
aspiraciones de poder de Guy de Lusig-nan, además de convertirse
en amante de la princesa Sibylla, her-mana del rey y esposa del
ambicioso Guy.
En su
afán por simplificar la rea-lidad y acercarla a un público de
palomitas, Scott cae en constantes anacronismos que
desvirtúan la verdad de la historia, y traslada al siglo XII los
planteamientos que hoy resultan políticamente correc-tos. Es
cierto que no hay que exigirle el rigor de un libro de Historia
y que no se trata de un documental, pero sí que recoja el
auténtico espíritu del ca-ballero medieval y de las Cruzadas,
cosa que brilla por su ausencia: en su mentalidad, la expedición
sólo se ex-plica como cauce para alcanzar rique-zas, redimirse de
un pecado que genera una crisis existencial —puesto de relieve
de una manera impostada— o seguir los dictados de una fe
superficial y fanática; así, a lo largo de la cinta, la procla-ma
pacifista desplaza y sustituye a los ideales del honor y
cual-quier sentido trascendente de la religión, tan presentes en
la épo-ca.
De esta
forma, Balian se convierte —de la noche a la mañana— en un
héroe, en un ser extraño a su época que “lucha por el pueblo y
por la libertad”, como dice en su arenga al ejército poco antes
de la defensa de Jerusalén; se presenta como la mente
clarividente en una “época de oscuridad”, como un ejemplo de
quien actúa según los dictados de su conciencia... pero imbuido
de un individualismo y de un escepticismo de cariz más bien
modernos. Simplificación del personaje principal al servicio de
todos los tópicos sobre la Edad Media, que tiene su continuación
en la construcción esque-mática de otros personajes —los malos de
la película—, patéticos e irrisorios: obispos, templarios o
caballeros como Reinaldo quedan retratados con actitudes
fanáticas y beligerantes, frente a la sensa-tez y mesura de los
defensores del diálogo y bienestar individual. Sólo los
personajes de Saladino y Sibylla adquieren una personali-dad
propia bien dibujada, gracias también a las buenas
interpreta-ciones de Eva Green y
Ghassan Massoud,
con unos silencios cargados de sentimiento o misterio, mientras
que a Orlando Bloom le queda un poco grande el papel de
Balian.
El guión
carece de ritmo en su inicio y se alarga tediosamente en la
parte final, con repetitivas esce-nas en el asedio de Jerusalén;
los diálogos resultan pobres, carga-dos de frases lapidarias a
modo de sentencias, y se advierte un maniqueísmo en las
situaciones presentadas, a la vez que la trama se hace
previsible para una historia más propia de Hollywood que de la
Europa medieval. Las batallas están rodadas con los habituales
primeros planos, y montadas con un ritmo tre-pidante que impide
al espectador ha-cerse cargo de su desarrollo; por otro lado,
abusa del recurso del ralentí para lograr el toque épico, y los
planos de las tropas dis-puestas para el ataque ya están muy
vistas. Por último, hay algu-nos defectos del montaje, aunque
pueden deberse a la edición re-cortada que ha llegado a los cines
con escenas eliminadas y que el DVD recuperará.
A pesar de
todo lo dicho hasta aquí, no hay que negarle a Rid-ley Scott
el mérito de una puesta en escena espectacular, con movimientos
de masas bien orquestados, un esmerado trabajo de atrezzo con un
vestuario y una ambientación conseguidos, y una música y
fotografía de cuidada factura.
Gran
superproducción de aventuras, que se queda en un puro
es-pectáculo hueco, sin vida interior ni espíritu de época,
cansino en su relato de los hechos y poco riguroso en la
propuesta que hace. En definitiva, película lanzada a bombo y
platillo pero fallida, aun-que sirva para entretenimiento de un
público fácil y poco exigente.
Calificación:
    
Imágenes de "El reino de los cielos" - Copyright © 2005 20th
Century Fox, Scott Free y KanZaman. Distribuida en España por
Hispano FoxFilm. Todos los derechos
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