CÓMO SE HIZO
"GUARDIANES DE LA NOCHE"
Notas de producción
© 2004
Hispano Foxfilm
3. Creando "Guardianes de la
noche": Sobre el look del film
Una gran parte de la emoción
de GUARDIANES DE LA NOCHE (NOCHNOI DOZOR) nace de su
extraordinaria energía visual, cuando crea un universo
fantástico totalmente elaborado al mismo nivel que STAR WARS o
MATRIX, mientras proporciona al mismo tiempo una inusual y
sorprendente visión del Moscú de nuestros días. El mundo de
GUARDIANES DE LA NOCHE (NOCHNOI DOZOR) es uno en el que un
desvencijado viejo apartamento puede servir de escondite para
los vampiros y un técnico de reparaciones común y corriente de
Moscú podría resultar ser un mago encubierto.
Para el director Timur
Bekmambetov, la apariencia y la atmósfera nítidas, espectrales y
viscerales de la película fueran siempre una prioridad clave.
Habiendo estudiado arte dramático y escenografía cinematográfica
en el Tashkent Institute of Theatre Arts, Bekmambetov se encarga
personalmente de todos los detalles físicos de sus películas.
“Soy un artista”, dice. “Me pasé ocho años estudiando dibujo y
es lo que me gusta hacer”.
Su visión para GUARDIANES DE
LA NOCHE (NOCHNOI DOZOR) empezó con la idea de crear una
mitología sobre el decadente estado de los coches, los muebles y
las casas rusas de la era postsoviética. “Quisimos crear una
mitología con esos objetos rusos y hacer que todo que se
consideraba feo y pasado de moda se convirtiera en parte de un
mundo mágico”, explica. “La gente rusa tiende a sentirse
avergonzada de sus enseres, de sus sencillas y viejas sillas o
de sus malos y ruidosos coches; y de sus edificios que son
torres de pisos sumamente sucias. Pensamos que es triste porque
nadie sabe lo que es bueno o malo. Así que creamos pasajes sobre
por qué una vieja silla podría ser la mejor o por qué este viejo
coche es tan resistente y moderno. Y parece que funcionó la
cosa”.
De hecho, el mundo de la
película empezó rápidamente a calar en la cultura popular rusa.
Líneas de diálogos de la película han entrado en el léxico ruso
mientras que el largo abrigo de Antón se ha hecho una pieza de
ropa muy de moda entre ciertos jóvenes de Moscú. “La ropa de los
Guardianes de la Noche, en especial este gran abrigo, es algo
muy a la última”, señala Bekmambetov. “Se ha convertido en algo
de culto en materia de moda”.
Bekmambetov también quería
inyectar una dosis de cafeína visual en el brazo del cine ruso
con GUARDIANES DE LA NOCHE (NOCHNOI DOZOR). En vez del lento y
tedioso ritmo favorecido por años de realización cinematográfica
sufragada por el Estado, GUARDIANES DE LA NOCHE (NOCHNOI DOZOR)
introdujo una velocidad desenfrenada, un montaje centelleante y
una cinematografía hipercinética para las películas rusas – y
quizás no haya ya marcha atrás.
“La gente joven adora este
lenguaje; les gusta la energía de los videos musicales y la
claridad de los anuncios de publicidad”, comenta el director.
“Les gusta la rapidez de la historia, les gusta la acción rápida
y dramática. Y elegimos este estilo porque creímos que llegaría
al corazón de nuestro público, y desde luego, porque como
cineastas también nos gusta”.
Dentro de este universo
visualmente deslumbrante, Bekmambetov también esperaba presentar
un retrato de Moscú que nunca se ha visto antes por gran parte
de los espectadores; el de una vibrante, juvenil y activa
ciudad. “La imagen típica de Moscú es la de una ciudad depresiva
y muy gris”, explica. “Nuestra idea era hacer una película que
cambiara esa imagen por algo mucho más divertido, atractivo y
espectacular. En los últimos dos siglos el gobierno ha cambiado
la imagen del alma rusa y ha convertido todo en gris y blanco,
pero originariamente la cultura rusa era muy colorida, muy
sentimental, muy dramática; y decidimos acudir ahí, volver a
este tipo de intensidad visual. Así que en nuestra realización y
en nuestra edición de color, pusimos el acento en lograr un
Moscú lleno de brillantes salpicaduras de color, casi como si
fuera Méjico”.
Bekmambetov rodó toda la
película GUARDIANES DE LA NOCHE (NOCHNOI DOZOR) y el ochenta por
ciento de su secuela en noventa días a finales de 2002 y
comienzos de 2003. La producción rodó en más de doscientas
localizaciones reales de Moscú, incluyendo la turística y famosa
en el mundo entero Plaza Roja de Moscú, así como también en el
inmenso y subterráneo metro de la ciudad. La mayor parte de la
acción está centrada en la Torre Ostankino y en sus alrededores,
la alta torre de comunicaciones que se eleva en el sector
noroeste de la capital rusa, un punto importante tanto para la
ciudad como para la historia.
“Gran parte de la novela
original tienen lugar en los alrededores de la Torre Ostankino,
así que era importante para nosotros rodar allí”, explica
Bekmambetov. “En ruso, Ostankino es un nombre muy místico.
Significa ‘vestigio’, y hay un montón de explicaciones místicas
sobre porqué Sergei ambientó su libro allí. Pero también hay una
razón práctica. Él no es de Moscú, es de Kazajistán; y Ostankino
era el único lugar que siempre sabía encontrar, un punto central
a partir del cual saber dónde están otras cosas”.
Bekmambetov estaba ansioso de
rodar todo lo que pudiera en las calles de Moscú, capturando una
cruda realidad tras los escalofríos de este thriller
sobrenatural. “Era clave para la película que mostrara imágenes
reales de la Rusia contemporánea”, señala. Presentamos imágenes
muy reales, pero con un cierto guiño, intensificando la
proximidad con la fotografía, porque quisimos que todos los
espectadores rusos pensaran ‘ésa es mi casa’, ‘ésa es mi calle’,
‘no es imitado, es la vida real’. Es una de las bazas de la
película y una de las claves de su éxito. Sólo los interiores de
los pisos son platós, pero incluso en éstos, tuvimos a una
magnífica directora artística y creó hogares muy realistas, con
gran detalle. Incluso huelen a reales”.
A la hora de hacer que
GUARDIANES DE LA NOCHE (NOCHNOI DOZOR) cobrara vida, Bekmambetov
contó con los servicios de un equipo artístico con el que ha
trabajado en sus dos anteriores películas así como en numerosos
anuncios de publicidad en la pasada década. “Tengo un equipo muy
bueno con el que he colaborado durante quizás diez años”,
comenta el director. “En él se incluye al director de fotografía
Sergei Trofimov y a la directora artística Valery Victorov, que
es también mi novia. Valery fue la productora creativa que
supervisó todo el estilo de la película, desde los sets al
vestuario, pasando por el maquillaje. Juntos, desarrollamos la
idea de que todos y cada uno de los elementos de la película
tenían que parecer reales, pero dentro de un contexto
surrealista”.
Para este fin, el director
también buscó escenarios naturales que pudieran inspirar
reacciones primarias de miedo y ansiedad. “Empezamos buscando
todos los lugares místicos y terroríficos que había a nuestro
alrededor”, dice. “Para mí, incluso desde que era niño, los
tejados de los edificios rusos son lugares que dan mucho miedo
porque normalmente están muy altos y llenos de antenas que
parecen como arañas. El metro es también un lugar muy místico de
Moscú, quizás porque lo construyó Stalin. Además, empleamos una
estación de metro en concreto, que en la película se llama XXX,
y desde mis días en el colegio he pensado que este nombre era
algo diabólico”.
Bekmambetov incluso situó una
de las primeras y espectaculares secuencias de batalla de la
película entre Antón y dos vampiros en una barbería abandonada,
simplemente porque parecía muy antigua y desconcertante. “Hay
algo muy personal, muy subliminalmente aterrador en la
barbería”, afirma.
Finalmente, una de las vistas
más atractivas de GUARDIANES DE LA NOCHE (NOCHNOI DOZOR) es la
de La Penumbra, el espectral infierno en el que sólo los
Guerreros de la Luz y los de la Oscuridad (conocidos como Los
Otros) pueden vivir. “La Penumbra es una especie de mundo
paralelo en el que los Otros pueden encontrarse unos con otros y
luchar entre ellos”, explica Bekmambetov. “Se sobreentiende que
si estás en La Penumbra eres un Otro, porque no hay humanos en
La Penumbra. Eso también significaba que puedes alejarte bien
lejos de la realidad para crear su apariencia”.
Hay, sin embargo, un
persistente toque de realismo en La Penumbra, el lugar está
repleto de mosquitos. “Hay muchos mosquitos en La Penumbra
porque son mi fobia personal”, se ríe Bekmambetov. “Me
espantan”.
4.
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