CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
La saga que llegó del frío... para
dejarnos helados de indiferencia
Cuando una película
prácticamente
surgida
de la nada
como ésta
—pa-dres
desconocidos y el origen
modes-to
de una cinematografía, la
soviética,
sin tradición reciente en
las
primeras filas del género— aterriza en nuestras
carteleras precedida por una ambicio-sa campaña publicitaria
que
no disi-mula su interés en generar expecta-ción de manera
artificial,
sólo
caben
dos sospechas posibles: que se trate de una auténtica joya
oculta con unas más que comprensibles ganas de ser descubierta,
o que
nos
encontremos delante del enésimo producto
dese-chable
cuyos
responsables de marketing han querido convertir en evento
cinematográfico a base de bombardearnos con su promo-ción.
Desafortunadamente,
“Guardianes de la noche” encaja como anillo al dedo en la
segunda opción. Y es que esta
inflada
produc-ción,
que se anuncia como la primera entrega de una
trilogía basa-da en una serie de
novelas multiventas de
Sergei
Lukyanenko,
llega desde
Rusia con muchas ganas de comerse el mundo, pero sus
aspiraciones
superan su talento.
Presentada como la primera gran saga de acción
fantástica moderna realizada en el Este, que ha reventado las taquillas de
su país y rebasado sus fronteras,
e incluso
propuesta para el Oscar® a Mejor Película Extranjera, lo-gra, al
fin y al cabo, demostrar
lo que se proponía: que es
capaz de competir con sus primas hermanas de Hollywood, aunque
esto signifique, además, que las iguala tanto en mediocridad como en
pretensiones.
La historia que se nos plantea es una nueva recreación del
sem-piterno enfrentamiento entre las fuerzas del Bien y del Mal,
en esta ocasión, representadas por
una suerte de protectores de la luz y
de
señores de la oscuridad
que, casi se diría que con el auspicio de la compañía eléctrica,
tienen como escenario de su
precaria tregua
milenaria
el
turbio
Moscú
de nuestros días,
por cuyas noches y macilentos interiores transitan a la espera de que un ser superdota-do incline la balanza a favor
de uno de los dos bandos.
Con
sus saltos en el tiempo desde la época medieval hasta la
actualidad, su teatrillo de vampiros, mutantes, clarividentes y
elegidos, sus hechizos y profecías, y esa parafernalia
tecno-lógico-espiritual, “Guardianes de la noche” maneja un
imaginario más ecléctico que consistente que, a decir verdad, no
hace otra cosa más que mezclar elementos
trasnochados
del
terror, la ciencia-ficción y la fantasía. El relato es, en
definitiva, un batiburrillo a medio camino de “Underworld”,
“Matrix” y “Los in-mortales”,
en cuyo vocabulario e ico-nos no cuesta escuchar ecos de “El
Señor de los Anillos”, “La gue-rra de las galaxias”,
"Blade"
y, si mucho me apuran, hasta de “Ha-rry Potter”;
desde luego, no le han hecho ascos a cualquier influen-cia
que se les
terciara.
Sin embargo, no es menos cierto que sus responsables han agitado
con tal
empeño la coctelera que la com-binación, una vez pasada
por el filtro
ruso y
agregado un sutil toque de parodia,
desprende cierta singularidad, y que la pátina fresca y vistosa
en que la ha sumergido su director,
Timur Bekmambetov, sabe
cómo mantener
engañados los sentidos.
El
menor de sus problemas sería, pues, esa escasa originalidad
salvada con razonables rasgos de exuberancia, pero, en cambio, no puede evitar
que el interés
de la historia se vea arruinado por completo a causa de una
narrativa críptica, inconexa y, lo peor, ar-bitraria.
Quizás porque
los autores
eran conscientes de que partían con una
línea argumental
demasiado
simple
que carecía de solu-ciones imaginativas,
el guión
se
empecina en ensombrecer y retor-cer la trama hasta extremos incomprensibles y, a ratos,
tan absur-dos
que sólo consiguen hacer reír.
Dicho en
otras palabras, es
co-mo si
se
hubieran eliminado deliberadamente todas las
explicacio-nes necesarias y se hubieran
concentrado
en seguir el curso de la acción,
de modo
que los sucesos pierden todo su
significado
e in-tencionalidad dentro del conjunto,
pero además fragmentándolo hasta perder su continuidad natural. Aunque, en este caso, es bas-tante más probable que
la culpa resida únicamente en una obtusa adaptación de la
novela original, que ha preferido sacrificar la pro-fundidad y
fluidez a cambio de rescatar el mayor número de acon-tecimientos
posibles.
Y,
a
pesar de que no
resulta
difícil
rellenar
las
lagunas, la ambigüedad es tal que lo único que
obtenemos es un discurso tan fracturado,
precipitado y
plomizo
que repele cualquier atisbo
de
implicación, si
no invita directamente a desconectar por puro aburrimiento. Si a
ello le sumamos un nu-trido número de personajes mal definidos
que aparecen y desapare-cen sin gran justificación, el
desconcierto
puede llegar
a ser com-pleto.
Así
las cosas,
la
potente y estiliza-da puesta en escena, retratada desde
una atmósfera oscura y sórdida,
se
convierte
no
sólo en su
apuesta más
firme, sino también en la
mejor logra-da, lo cual, en la
práctica, sólo es un mérito relativo.
Haciendo
gala de sus inicios televisivos,
Bekmambetov per-sigue
a toda costa el impacto estéti-co,
echando mano a cuantos recur-sos visuales procedentes del
videoclip y la publicidad se le ofrecen.
Su juego de
aceleraciones, ralentizaciones, movimientos congelados y edición
vertiginosa, sin ser novedoso, arroja un saldo atractivo,
aunque demasiado a menudo deja la sensación de que se trata de un
ejercicio de estilo vacío de contenido que sólo contribuye a
aumentar la confusión sobre lo que se nos está contando.
Aun así, no
me cabe duda de que “Guardianes de la no-che” será
comentada sobre todo
por
su
particular y controvertido empleo de la infografía. Tal vez si
los comparamos con los sofisti-cados y pulcros efectos
especiales con que nos deslumbra Holly-wood, éstos sean técnicamente imperfectos,
pero entrañablemente esforzados y artificiosos, dándole una
grata dimensión artesanal a la cinta. Por desgracia,
el espectáculo digital
termina convir-tiéndose en
el auténtico rey de la función, pero tiene un ca-rácter tan
repetitivo y pobre que no compensa la experien-cia, por no
mencionar que
deparará pocas sorpresas a aque-llos espectadores que
hayan visto
el tráiler, pues no hay mu-cho más por descubrir.
Finalmente,
la efectista factura de este realizador,
bautizado temerariamente como el Tarantino ruso, se revela como
un tramposo
intento
de
disimular las limitaciones del libreto, y
la ya débil
narración
acaba perjudicada por
los
excesos
formales, pero
como mínimo
convierte
el visionado
en algo mucho
más
sugerente y
llevadero.
Resulta
imposible decir si los actores desarrollan un desempeño, si no
bueno, al menos decoroso. Sus interpretaciones se ven se-pultadas
por la prolija manipulación digital y el montaje frenético, no
obstante, su mayor obstáculo son unos personajes de cartón
pinta-do que, más que evolucionar, avanzan a trompicones,
funcionando como meras piezas que sustentan la acción.
Honestamente,
mi mayor esperanza al ver la película estaba depositada en el
ingrediente exótico. Como ocurre con una buena parte del cine
asiático actual, una fórmula a priori agotada, al ser adoptada
por el temperamento ru-so y mezclada con su propio bagaje
cultural, podía devolver un producto genuino que marcara una
agradable distancia con los
clichés de la indus-tria. Pero sus impulsores estaban tan
interesados en equipararse a las
pro-ducciones estadounidenses utilizando sus mismas armas, que el
compo-nente local ha quedado diluido, y sólo para prestarse a
desfavorables comparaciones. Por lo menos, no se avergüenzan
de su explícita carga violenta, y detrás de esta te-nebrosa
fantasía urbanita habrá quien quiera ver un reflejo de la
convulsa sociedad soviética. En definitiva, todo su posible
potencial se ha reducido a una historia irrelevante y mal
contada, con un desaprovechado aporte étnico, que podrá seducir
a deter-minados espectadores por su resultón envoltorio visual,
más pendiente de impresionar que de garantizar efectividad, pe-ro
desaconsejable para aquellos que quieran ver rentabiliza-do el
precio de la entrada con un entretenimiento digno y eficiente.
Mucho tendría que ganar esta saga en claridad expositi-va y
humildad para seguirle los pasos.
Calificación:
    
Imágenes de "Guardianes de la noche" - Copyright © 2004
Channel One Russia, Tabbak y Bazelevs Production. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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