CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Deslucida adaptación del brillante Douglas Adams
Cuando a finales de los 70 Douglas
Adams decidió transformar sus entregas radiofónicas
para la BBC en una serie de novelas,
el libro
“Guía del autoestopista
galáctico” se convirtió automáticamen-te en un aclamado fenómeno
de la cultura popular, que a lo largo de las décadas ha seducido
a varias generaciones de lectores
de todo el
mundo por la forma delirante e ingeniosa con que supo acercar
dos géneros en principio reñidos como
son la
comedia y
la
ciencia-ficción
a través
de sucesivas
aventuras. A partir de las peri-pecias espaciales del terrícola
Arthur Dent y su amigo extraterres-tre Ford Prefect, Adams creó
un detallista
universo
lleno de
inven-tiva y sentido del humor que se rige por unas
singulares reglas, y debajo del cual asomaba un
sutil
comentario
social muy en
conso-nancia con el espíritu ”hippy” de la época —piensen que
Adams había colaborado con los tardíos Monty Python y se harán
una
idea más aproximada de qué aspecto toma su combinación de
excentri-cidad, elaborada imaginación y contenido crítico—.
Su
concepción era tan novedosa y visualmente apetecible para ser trasladada al
ci-ne que ya desde aquel entonces se empezó a barajar la
posibilidad de realizar una adaptación de esta
obra de culto, que ha conocido una versión televisiva e incluso
un videojuego, pero el proyecto ha-bía sido aplazado tantas veces
como fue impulsado. Ahora, tras un cuarto de siglo de la
publicación del primer libro, el realizador debu-tante
Garth Jennings y
Karey Kirkpatrick (“James y
el meloco-tón gigante”, “Chicken
run: Evasión en la granja”) como
guionista se han encargado de plasmarlo en la gran pantalla,
contando con la implicación del propio Douglas Adams, quien
estuvo trabajando en
diferentes
bocetos del libreto
hasta su fallecimiento en el 2001.
Debo aclarar que no me encuentro entre las filas de fanáticos
seguidores
de
Douglas Adams que han llegado a bautizar a sus hijos con los
nombres de los personajes que creó su gurú li-terario, pero
admiro de manera mani-fiesta el talento de
este
hombre que me ha proporcionado una de las lectu-ras más
estimulante y frenéticamente divertidas que recuerdo
—y
que, pro-bablemente, recuerdan mis vecinos si consideramos las
carcajadas con que los obsequié... a eso me refería con "de manera
manifiesta"—.
Sencilla-mente,
adoro
su
incombustible, ocu-rrente y lunático
sentido del humor.
Lo
peor que puede decirse del largometraje de Jennings es que no
hace honor a la obra que lo
precede, en otras palabras, sospecho que cualquier persona que
vea la película sin haber leído la novela original, seguramente
se estará preguntando cómo algo
tan discreto
e inofensivo pudo llegar a tener semejante trascendencia.
Sin embargo, en su descarga ca-be decir que es mucho más buena
cuanto más se acerca al es-píritu original de Adams, y esto
sucede en bastantes ocasiones. A fin de cuentas, si la
comparamos con la media, “Guía del autoes-topista galáctico” es
un producto original y entretenido que ofrece fantasía, acción y
humor a un público ávido de
ideas menos convencionales y vacías de lo
normal,
pero es tan apenas pasable que sólo se acerca tímidamente a lo
que po-dría haber sido, aprovechando las posibilidades del libro
de manera superficial y, a veces, algo obtusa.
A pesar de algunas variaciones
bastante comprensibles y de cier-tas condensaciones algo más
dañinas,
el guión sigue a grandes rasgos la propuesta argumental de
la novela. Todo comienza cuan-do el inglés, y a pesar de ello humano,
Arthur Dent ve cómo las autoridades echan abajo su casa para
construir una autopista.
No obstante, casi al mismo tiempo, la
Tierra también está a punto de ser borrada del mapa porque se
encuentra en el recorrido de una futura carretera galáctica. Por
suerte, su amigo Ford, un alienígena camuflado que está en nuestro Planeta como redactor de una sofis-ticada guía de
viajes interespacial, le salva de la destrucción, y jun-tos
emprenden un accidentado periplo a bordo de diferentes naves. En
su camino, se tropezarán con criaturas
peculiares e irritantes,
como los Vogones, una desagradable especie cuyo burocrático
funcionamiento es un obstáculo en sí mismo, coincidirán con
Za-phod, el engreído, ambicioso y, principalmente, estúpido
Presiden-te de la Galaxia, o se cruzarán en los planes del tirano
espiritual Humma Kavula, entre otras muchas sorpresas que les
deparará su tránsito por varios planetas.
En
realidad, ajustar las páginas del libro a una concepción
cinematográfi-ca tradicional era un reto en sí mis-mo. Si bien la
novela incluye muchos pasajes convencionales que mezclan acción,
descripciones y conversacio-nes, también está plagada de acota-ciones
que recrean los jocosos con-ceptos pseudocientíficos y leyes que
ordenan la Galaxia, además de algu-nos guiños autorreferenciales
al lec-tor. Pero mientras que el lenguaje es-crito hace asequible
una "odisea do-cumental" de este tipo que maneja va-rios niveles,
el cine exige que todos estos aspectos se trencen y ofrezcan
continuidad a través de un mismo hilo narrativo. Para empezar, el guión ha decidido prescindir de su carga épica y descriptiva,
quedando reducido a poco más que una comedia de situaciones en
la que, muy al modo televisivo, prevalecen los diálogos, como
sucede en aquellas escenas que tienen lugar en el interior de la
nave de Zaphod. Pero, además, es-tos eventos no se reúnen en
una trama estructurada y fluida que transmita un sentido
unitario.
Tras
un arranque simpático y cier-tamente prometedor a cargo de unos
delfines, da la sensa-ción de que el largometraje es una
simple
sucesión de
he-chos alineados de manera un tanto caprichosa,
donde se al-ternan momentos inspirados con otras tantas
tentativas falli-das.
Es
como si el cuerpo literario, en lugar de funcionar como
es-queleto, hubiera sido desmembrado y desprovisto de todos sus
ma-tices y conexiones.
Así, "Guía
del autoestopista galáctico" es una película más atenta a
sus partes que a una visión global, por lo que resulta irregular
y floja como conjunto.
Y esta falta de cohesión y profundidad se reproduce en su
sentido del humor.
Pese
a que Adams creó sofisticadas y fascinantes fantasías, creo que su propósito
primordial era el
de hacer reír mediante
una paro-dia del género que le
sirviera para
sacar a la luz
los errores de nuestra sociedad y las miserias
existenciales del hombre a través del funcionamiento de otros universos y
formas de vida —el antro-pocentrismo, el progreso, la ecología,
la burocracía, el gobierno ar-bitrario y corrupto, el culto
religioso, la persecución del conocimien-to y la felicidad o el
machismo son algunos de los temas que apa-recen en el film—.
Su comicidad mezclaba lo netamente absurdo
con la ironía
y el sarcasmo, de manera que bajo una apariencia de-liberadamente
estrambótica se ocultaba siempre una visión lúcida y afilada de
nuestra cultura.
Llama la atención, pues, que una pelícu-la donde debería
dominar
un
humor inteligente,
ácido y efervescen-te
adolezca de tan poca chispa y mordacidad, y sólo provoque la
carcajada con
los
recursos
más
fáciles en instantes puntuales. En este sentido,
su
principal problema
puede
radicar
en haber trasladado el
sutil y
perverso
humor británico a la plana mentalidad de Hollywood. Al pasar la
fina ironía por el filtro nor-teamericano ha quedado convertida
en sus tradicionales chistes burdos y gags aislados con escasa
repercusión porque han perdido
gran parte de su
contenido,
y el humor que daba significado a la obra es ahora solamente un
valor añadido que adereza la acción.
Siendo justos, los números que basaban su impacto en la imagen y
el sonido han ganado al transportarlos al medio audiovisual —por
ejemplo, en el caso de las puertas que emiten suspiros de
satis-facción o en la caída de la ballena al vacío—, y
aquellos en
los que la
voz en off
de la Guía
rescata el texto original
conservan bastante íntegro su ánimo, pero los que dependen de la dramatización
son apenas inocuos y, por desgracia, se encuentran en mayoría.
No es que no sea éste un largometraje razonablemente gracioso,
pero existe una diferencia cualitativa abismal entre
la sátira
continuada
y la payasada
ocasional.
Sin
embargo, aun con
su débil
cons-trucción, altibajos en el ritmo,
inten-ciones
rebajadas
y
parcial efectividad, “Guía del autoestopista galáctico” falla
sobre todo
por unos
personajes sin fondo ni relieve que sostienen huecos vínculos y manifiestan unas pobres reacciones
ante aquello que les ocurre. Y esto es
especialmente grave si tenemos en cuenta que Adams dio un rango
cómi-co a sus
pintorescas personalidades, procurándoles al mismo tiempo una
dimensión íntima y humana.
Cierto que
en el libro los protagonistas son menos atractivos que sus
comparsas, lo cual no significa insopor-tablemente planos e
insípidos como ocurre en la película.
Sus cui-tas y complicaciones sólo se vuelven interesantes cuando
entran en contacto con el resto de
criaturas,
que consiguen arrebatarles la atención —como
los Vogones,
el robot depresivo
o
el
inquietante Humma Kavula—,
pero cuando
el cuarteto principal interactúa en solitario
resultan
insubstanciales. No obstante, aunque
su
estólida idiosincrasia, nula evolución
dramática y la reducción al cliché de sus relaciones —el manido romance entre Arthur y Trillian
es casi lastimoso— son en gran
medida culpa del
libreto,
una de las más severas limitaciones de la película se debe a un
error de casting.
Definitivamente, ni el anodino
Martin Freeman, ni el desencajado
Mos Def, ni mucho menos una
blanda Zooey Deschanel
poseen el carisma
y las tablas suficientes para aportar vida a
los
papeles, y sus interpretaciones se aprecian en todo momento
artificiosas, torpes e incómodas, aunque en ningún caso tan
sobreactuadas como le ocurre a Sam
Rockwell, histriónico como en sus peores
desempeños. Quizás no se trate únicamente de un problema del
elenco principal, sino de la pobre manera en que han sido
asistidos por el director, pero no me cabe duda que con otros
actores con mayor presencia escénica, experiencia y frescura,
sus personajes
habrían ganado en simpatía y la efecacia de la
cinta mejorado con-siderablemente. Como mínimo, el
reparto
incluye a
un anécdotico
y solvente
John Malkovich, que encarna
a un perturbador personaje creado exclusivamente
para la película por Adams,
mientras que
Bill Nighy
se ocupa con
corrección del impronunciable Slartibart-fast.
La
participación de otros prestigiosos nombres, como
Ste-phen Fry, Helen Mirren
y
Alan
Rickman,
queda, lamentable-mente, acotada al terreno de las voces.
Por suerte,
en el
capítulo
visual
las cosas mejoran bastante.
A es-tas alturas de mis poco
entusiastas comentarios, sería una contradicción afirmar que un
realizador novato como Garth Jennings se perfilaba como el
candidato más apropiado para condu-cir este complicado proyecto, pero por lo menos en lo que atañe a la puesta en
escena, arroja un saldo no sólo aceptable sino con una clara
in-tención de desmarcarse de la tónica dominante y respetar
hasta cierto punto
el
espíritu de la novela.
Su di-rección es, desde luego, plana y no demasiado creativa,
pero los recursos que pone en juego se sien-ten esforzados e
ingeniosos, y
conservan
la visión
alternativa,
su-rrealista
y retro de esta especie de "opereta de cartón-piedra".
Frente a la opción habitual de la industria, que usa la
ciencia-ficción como mera excusa para convertir un film en un
circo de ex-cesos digitales, Jennings
delimita
los efectos especiales y la pan-talla azul a aquello
imprescindible y, en cambio, recurre al trabajo artesanal con
muñecos,
decorados
y montajes
para la mayoría de secuencias,
dándole un encanto propio a la producción.
Con
todo lo dicho en su contra,
y a pesar de mi
decepción, no quisiera transmitir la idea de
que la película es un entero fracaso.
“Guía
del autoestopista galáctico” es un estimable intento para pa-sar el rato
que se desvincula de la rutina,
sin embargo,
con
su des-lavazada narrativa, rígidas actuaciones y descafeinado
discurso, re-presenta un pálido
y diluido
reflejo a años luz de su subversivo y
vi-brante potencial, con tantos elementos rescatables como
olvida-bles. De todas formas,
espero que,
en última instancia,
esta deslu-cida
adaptación se convierta
en
una excelente invitación para leer
la brillante
novela que desperdicia.
Calificación:
    
Imágenes de "Guía del autoestopista galáctico" - Copyright ©
2005 Touchstone Pictures, Spyglass Entertainment,
Barber/Birnbaum Productions, Hamer & Tongs y Everyman Pictures.
Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos
reservados.
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