CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Robert Zemeckis y
Joel Silver vuelven a la carga
con una de esas producciones de terror de bajo presupuesto, si
es que se pue-de emplear semejante calificativo para referirnos a
una cinta que ha costado treinta millones de dólares, en la que
unos cuantos acto-res no muy conocidos dan vida a unos jóvenes
que tendrán que en-frentarse a una situación extrema que pondrá a
prueba su afán de supervivencia. Tras "Gothika",
sin duda la mejor película de todas las que ha producido hasta
ahora Dark Castle Entertainment (me-nudo mérito), llega a la
cartelera otro de esos títulos cuyo verdade-ro destino, al menos
desde un punto de vista comercial, es el mer-cado del DVD, ya que
sus responsables son conscientes de que es ahí donde precisamene
conseguirán obtener algún que otro be-neficio.
Lo primero que llamará la atención del espectador español es que "La casa
de cera" está dirigida por un compatriota,
Jaume Collet-Serra, cuyo nombre
probablemente nunca antes había escuchado pero que ha triunfado
en el mundo de la publicidad en los Estados Unidos y que ahora
hace su debut en la gran pantalla. Por desgracia, su realización
es demasia-do impersonal, asemejándose a toda esa serie de filmes
de terror para ado-lescentes que desde hace unos años invaden las
salas de cine. Pero, no nos engañemos, precisamente le han
contratado para eso, para confeccionar un largometraje que se
adapte a las modas que hoy en día imperan en Hollywood dentro de
este género. Y, además, el problema del relato no se halla en
su estética o, por increíble que parezca, en sus intérpre-tes,
sino en su previsible y monótono guión.
Los gemelos Chad y Carey Hayes han
escrito un libreto en el que, para nuestra desgracia, se
permiten el lujo de insertar una te-diosa y extensa introducción
a través de la cual se nos presenta a los diversos personajes de
la narración, a pesar de que no existe profundidad alguna en su
carácter y no tenemos ningún interés en conocer su personalidad
(de hecho, la rebeldía de uno de ellos es tan forzada que
incluso nos provoca la risa). Este tramo de la cinta es, por
tanto, aburrido e intrascendente, un superfluo pasaje que
provoca que la duración de "La casa de cera" sea algo más
exten-sa de lo habitual en este tipo de productos.
El esperpento llega a su punto más extremo cuando una de las
protagonistas, Carly, tiene una reacción de lo más extraña ante
un olor desagradable que le llega del bosque que está situado
justo al lado de donde han acampado ella y sus amigos. Ni corta
ni perezo-sa, y a pesar de que el hedor le resulta insoportable,
la muchacha se pasea entre los árboles para saciar su curiosidad
y descubrir de dónde proviene semejante tufo. Por supuesto, esto
supone el inicio de las desventuras de estos jovenzuelos, una
serie de odiseas en las que abundan los sustos fáciles y en las
que, por suerte para los amantes del gore, también observamos
alguna que otra escena truculenta (en este sentido, cabe elogiar
la labor de los responsables del departamento de maquillaje).
No obstante, y entre tanto contenido intrascendente (en ocasio-nes alguno
llega a pensar que los personajes son tan tontos que hasta
merecen morir), cabe citar algunas escenas que se salvan del
suspenso general, en especial el instante en el que Carly entra
en la iglesia y se percata de que todos los que asisten al
oficio son "muñecos" de cera, por no hablar del clímax de la
película, momen-to en el que observamos un espectacular incendio
que poco a poco va consumiendo la estructura del museo en el que
se encuentran atrapados dos de las estrellas de la función.
Porque, no nos enga-ñemos, lo que busca el público al que van
dirigidas este tipo de producciones es precisamente eso, que le
entretengan con estas secuencias, aun reconociendo su nula
originalidad.
Respecto al reparto, en general muy televisivo, cabe destacar la labor de
Elisha Cuthbert en los
minutos fina-les de la película, es decir, cuando habla lo justo,
compartiendo minutaje con el pasota de
Chad Michael Mu-rray, que da vida a su hermano, y
Ja-red Padalecki, en este caso
inter-pretando a su novio. Robert
Ri'chard y Paris Hilton
comparten algo más que arrumacos en la historia y, desde luego,
no hay que ser muy astutos para averiguar cuál va a ser su
destino en "La casa de cera". No quisiera fi-nalizar este
comentario sin hacer refe-rencia a la banda sonora de
John Ottman, compositor que
última-mente se ha encasillado en películas de terror y de
superhéroes. Lo cierto es que su música posee variados
registros, pasando de la espléndida pieza que escuchamos durante
el prólogo, donde crea una necesaria tensión y utiliza de forma
adecuada los coros, a las típicas notas ambientales de la zona
media del largometraje, hasta terminar con los vibrantes cortes
que se superponen a las secuen-cias de acción.
Calificación película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes de "La casa de cera" - Copyright © 2005 Warner Bros. Pictures,
Village Roadshow Pictures y Dark Castle Entertainment.
Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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