CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Los hijos
conservadores de Shrek
Es un tópico que se repite hasta la saciedad, pero que en un
terreno tan acotado como es el de la animación digital reviste
especial validez: pelícu-las como "Shrek",
"Buscando a Ne-mo" o "Los
Increíbles" pusieron el lis-tón tan alto a sus
sucesoras, demos-trando que los dibujos animados po-dían ofertar
algo más que un ligero es-pectáculo visual, que si las nuevas
propuestas de los estudios en pugna no realizan un mínimo
esfuerzo creati-vo para equiparar sus logros, difícil-mente
saldrán indemnes de esa más que inevitable comparación. Es el
ca-so del largometraje que ahora nos ocupa, un trabajo en sí
mismo aceptable, pero que puesto en relación con tan ilustres
preceden-tes no puede ocultar su escaso atractivo, falta de
audacia y parca imaginación. No obstante, para "Madagascar"
existe otro factor que opera todavía más, si cabe, en su contra.
Y es que
no deja de abrigar cierta ironía que la
DreamWorks, que
con su revolu-cionario ogro verde prometía comerse con patatas a
la con-servadora Disney, su legítima competidora, nos ofrezca
aho-ra un producto tan anodino y convencional, incluso diría que
rancio en su discurso, más propio
de esa vieja escuela del tío Walt que de los tiempos que corren.
Se trata, pues, de un im-portante retroceso para esta compañía,
que ya inició su declive con "El
espantatiburones", hermana menor de las aventuras
acuáticas de la Pixar, y que aquí se conforma con darnos dos
tazas de esa misma fórmula que en sus orígenes prometía
subvertir. Por tanto, que nadie espere encontrarse con una obra
de altura como los tí-tulos mencionados al comienzo, sino con un mediocre
y prescindi-ble entretenimiento en la línea
de "Ice
Age. La Edad de Hielo" o la más reciente "Robots".
Pero aun fuera de su
contexto, el film de
Eric
Darnell
("Antz
[Hormigaz]")
y Tom
McGrath
es, en realidad, bastante flojo. Esto se debe principalmente a
su guión, tan blando, previsible y rutinario en su desarrollo
que es probable que conecte mucho mejor con el público infantil,
a quien parecer estar orientado en mayor medida, que con el
espectador adulto, que sólo se sentirá aludido por algún que
otro guiño ocasional.
De entrada, merece la pena dete-nerse unos instantes en el
dudoso mensaje que intenta transmitirnos esta película, si acaso
ese amago de lectura social diluido y lleno de fisuras no sea
más que un intento fallido de dotar de ciertos conteni-dos a lo
que no es más que un hueco divertimento sin propósito alguno.
El relato se centra en cuatro animales que viven felizmente en
un ficticio zoo en el Central Park de Nue-va York, rodeados por
todo lujo de co-modidades y cuidados —como se puede comprobar,
el género es la ciencia-ficción—, sirviendo de mera distracción
circense a unos visitantes por cuya atención compiten. Después
que los anhelos de libertad y conocimiento de uno de ellos
provoque que vayan a parar, medio accidentalmente, a la isla de
Madagascar, los protagonistas descubren que tras largos años en
cautividad han perdido sus ins-tintos de supervivencia para la
vida salvaje y que adaptarse a ese nuevo medio les costará no
pocas penurias. Obviamente, esto últi-mo es una perogrullada a
la que se le pueden poner muy pocas ob-jeciones, pero la
conclusión, en lugar de conducirnos a lo que po-dría haber sido
una loable crítica pro-ecologista, apuesta por un amable
conformismo con el triste destino impuesto por los huma-nos. La
paradoja surge con ese león capaz de sobrevivir tan pronto
escucha la llamada de la naturaleza, pero que es visto como un
elemento negativo en tanto que amenaza con devorar a sus
compa-ñeros. Aunque, a decir verdad, su estancia en ese paraíso
selvático puede considerarse como una especie de minivacaciones,
donde no faltarán todo tipo de experiencias en su contacto con
los dicha-racheros lémures y otras especies autóctonas menos
amistosas. Mientras las contradicciones se suceden, el desenlace
es, del mis-mo modo, harto penoso y ambiguo. Sin ánimo de
desvelar su poco arriesgado final, parece que en definitiva lo
que nos están contando sus autores, tergiversando la realidad
sin el más mínimo rubor, es que para un animal no hay mejor que
pasar su existencia encerra-do en una jaula mientras tenga
cubiertas sus necesidades básicas, y que la libertad, las ansias
de descubrir y prosperar, y en definitiva el hecho de ser uno
mismo tienen un precio que no merece la pena pagar. Si ya de por
sí se trata de una cuestionable lección sobre el mundo natural
dirigida a los niños, mucho peor si trasladamos se-mejante
concepción al ámbito humano por las repercusiones ideo-lógicas
que se desprenden.
Técnicamente hablando, "Madagascar" es un ejemplo de anima-ción
irreprochable. Tal vez su efecto no parezca tan espectacular por
el estilo visual que le han querido dar, más clásico y caricatu-resco
que realista, y porque no alardea de efectos digitales en
complejas secuencias de acción o vanidosas composiciones, pero
si uno le presta atención a los detalles —la melena del felino, el
mar, la arena o la vegetación— podemos comprobar su minucioso
grado de elaboración. Y desde
el punto de vista narrativo también consigue un resultado eficiente,
dinámico y por momentos
original.
Sin embargo, como ya avanzaba,
el principal problema está en la his-toria que nos explica.
Entre los cuatro artífices del libreto no han logrado aportar
ninguna novedad y se han limitado a repetir los mis-mos lugares
comunes que funcio-nan desde siempre,
introduciéndo-los de forma idéntica a como se con-cibieron en su
origen, sin que a ningu-no de los cuatro se le haya ocurrido
pensar que a estas alturas ya no tie-nen maldita gracia. Tópicos
alrededor de la amistad y la solidaridad frente al abuso de los
más dotados o de la ad-versidad se combinan en un relato de
aventuras que a pesar de su interesante punto de partida termina
deambulando por caminos ar-chiconocidos dando la impresión de
que sus responsables no te-nían muy claro qué se proponían
contar, cómo ni para qué.
Otro de los motivos que dificultan la empatía con el espec-tador
son sus planos protagonistas, construidos en base a ras-gos muy
simples y primitivos sobre los que reincide una y otra vez su
supuesta comicidad
—la jirafa hipocondríaca, el león muerto de hambre o la cebra
optimista, rebelde y alocada...—, ca-reciendo de algún tipo de
encanto especial e incluso haciéndose cargantes en muchas
ocasiones. Además, su comportamiento es-tá tan próximo al de los
humanos, en esa dinámica del urbanita neoyorkino que termina
náufrago en una isla y actúa como un rela-mido turista en un
entorno tropical, que no despiertan excesiva sim-patía y vuelven
a poner en evidencia la consistencia interna del guión —para
ilustrarlo, debo referirme por enésima vez al sufrido león—.
Mucha más chispa y carisma desprenden algunos de los caracteres
secundarios, como los fiesteros lémures, destacando por encima
del resto ese grupo de pingüinos que con su, por des-gracia,
breve intervención acaparan en cambio todos los halagos.
Nuevamente, cabe lamentar que el único personaje femenino, la
hi-popótomo Gloria, no sólo es el que está peor dibujado sino al
que se le concede menos relieve argumental, y su función de
mueble auxiliar no hace más que reproducir el ya irritante
cliché, exprimido hasta la náusea, de mujer presumida, boba,
pasiva y maternal, con lo cual vuelvo a poner en entredicho que
la película aporte a las ge-neraciones en ciernes esos válidos
valores que por otro lado presu-me.
Tampoco podemos hablar de un gran
nivel de ingenio con respecto al humor. De nuevo, se
ha echado mano a los mismos recursos faci-lones de toda la vida
que pode-mos encontrar sin problemas en cualquier discreto cartoon
para la televisión:
un generoso despliegue de golpes y caídas, un buen número de chistes tontos
y bromas insípidas, y ciertos gags que parodian otras pe-lículas
e iconos populares, apoyándo-se en la música, como "Fiebre del sá-bado noche",
"Carros de fuego" o "Náufrago", por citar
sólo algunos. Lo cierto es que el film sólo
cuenta con dos o tres momentos más o menos estelares, el resto
apenas levanta la sonrisa y a ratos in-cluso aburre. Si bien el
sentido del humor es algo tan personal que una misma gracia
puede despertar reacciones dispares, empieza a resultar
preocupante que en lugar de perseguir números más traba-jados y
rompedores que apelen a la inteligencia y complicidad del
público, se recurra en cambio a rutinas agotadas que van sobre
se-guro y que poco o nada tienen que ver con el talento.
Para finalizar, en el doblaje original es posible
escuchar las voces de rostros famosos como
Ben Stiller,
Chris Rock,
David Sch-wimmer,
Jada
Pinkett Smith,
Sacha
Baron Cohen
o Cedric
The Entertainer,
entre otros, que oscilan entre lo correcto y lo inadecuado. La
ausencia de riesgo se traslada al apartado musical, básicamente
integrado por canciones marchosas y otros temas populares, arrinconando
así las composiciones de
Hans Zimmer
a un papel meramente testimonial.
Así las cosas, no se puede
afirmar que "Madagascar" sea una película incompetente y
desechable, pero sí una pobre y olvidable distracción, con la
que pasar un rato moderadamente ameno si no se le exige
demasiado, pero que, tras conocerla, nadie lamentaría haberse
perdido. Es una pena que ese discurso conservador aho-gue tanto
su reprobable fondo como sus más agradables formas. Y, a mi
entender, es lo bastante deshonesta y confusa, a pesar de su
inocente apariencia, como para que los padres la revisen de
ma-nera conveniente con los más pequeños después de su
visionado.
Calificación:
    
Imágenes de "Madagascar" - Copyright © 2005 Pacific Data
Images y DreamWorks. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Madagascar"
Añade "Madagascar" a tus películas favoritas
Opina sobre "Madagascar" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "Madagascar" a un amigo
|