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MADAGASCAR


Dirección: Eric Darnell y Tom McGrath.
País:
USA.
Año: 2005.
Duración: 80 min.
Género: Animación, comedia.
Doblaje original/español: Ben Stiller/Paco León (Alex el león), Chris Rock/Alexis Valdés (Marty la cebra), David Schwimmer/Gonzalo de Castro (Melman la jirafa), Jada Pinkett Smith/Belén Rueda (Gloria la hipopótamo), Sacha Baron Cohen (Rey Julien el lemur), Cedric The Entertainer (Maurice el lemur), Tom McGrath/Manel Fuentes (Skipper el pingüino), Christopher Knights/Eduardo Aldán (Private el pingüino), Chris Miller/Arturo Valls (Kowalski el pingüino).
Guión: Mark Burton, Billy Frolick, Eric Darnell y Tom McGrath.
Producción: Mireille Soria.
Música: Hans Zimmer.
Montaje: H. Lee Peterson.
Dirección artística:
Kendal Cronkhite.
Estreno en USA: 27 Mayo 2005.
Estreno en España: 17 Junio 2005.

 

CRÍTICA
por Tònia Pallejà

Los hijos conservadores de Shrek

  Es un tópico que se repite hasta la saciedad, pero que en un terreno tan acotado como es el de la animación digital reviste especial validez: pelícu-las como "Shrek", "Buscando a Ne-mo" o "Los Increíbles" pusieron el lis-tón tan alto a sus sucesoras, demos-trando que los dibujos animados po-dían ofertar algo más que un ligero es-pectáculo visual, que si las nuevas propuestas de los estudios en pugna no realizan un mínimo esfuerzo creati-vo para equiparar sus logros, difícil-mente saldrán indemnes de esa más que inevitable comparación. Es el ca-so del largometraje que ahora nos ocupa, un trabajo en sí mismo aceptable, pero que puesto en relación con tan ilustres preceden-tes no puede ocultar su escaso atractivo, falta de audacia y parca imaginación. No obstante, para "Madagascar" existe otro factor que opera todavía más, si cabe, en su contra. Y es que no deja de abrigar cierta ironía que la DreamWorks, que con su revolu-cionario ogro verde prometía comerse con patatas a la con-servadora Disney, su legítima competidora, nos ofrezca aho-ra un producto tan anodino y convencional, incluso diría que rancio en su discurso, más propio de esa vieja escuela del tío Walt que de los tiempos que corren. Se trata, pues, de un im-portante retroceso para esta compañía, que ya inició su declive con "El espantatiburones", hermana menor de las aventuras acuáticas de la Pixar, y que aquí se conforma con darnos dos tazas de esa misma fórmula que en sus orígenes prometía subvertir. Por tanto, que nadie espere encontrarse con una obra de altura como los tí-tulos mencionados al comienzo, sino con un mediocre y prescindi-ble entretenimiento en la línea de "Ice Age. La Edad de Hielo" o la más reciente "Robots".

  Pero aun fuera de su contexto, el film de Eric Darnell ("Antz [Hormigaz]") y Tom McGrath es, en realidad, bastante flojo. Esto se debe principalmente a su guión, tan blando, previsible y rutinario en su desarrollo que es probable que conecte mucho mejor con el público infantil, a quien parecer estar orientado en mayor medida, que con el espectador adulto, que sólo se sentirá aludido por algún que otro guiño ocasional.

  De entrada, merece la pena dete-nerse unos instantes en el dudoso mensaje que intenta transmitirnos esta película, si acaso ese amago de lectura social diluido y lleno de fisuras no sea más que un intento fallido de dotar de ciertos conteni-dos a lo que no es más que un hueco divertimento sin propósito alguno. El relato se centra en cuatro animales que viven felizmente en un ficticio zoo en el Central Park de Nue-va York, rodeados por todo lujo de co-modidades y cuidados —como se puede comprobar, el género es la ciencia-ficción—, sirviendo de mera distracción circense a unos visitantes por cuya atención compiten. Después que los anhelos de libertad y conocimiento de uno de ellos provoque que vayan a parar, medio accidentalmente, a la isla de Madagascar, los protagonistas descubren que tras largos años en cautividad han perdido sus ins-tintos de supervivencia para la vida salvaje y que adaptarse a ese nuevo medio les costará no pocas penurias. Obviamente, esto últi-mo es una perogrullada a la que se le pueden poner muy pocas ob-jeciones, pero la conclusión, en lugar de conducirnos a lo que po-dría haber sido una loable crítica pro-ecologista, apuesta por un amable conformismo con el triste destino impuesto por los huma-nos. La paradoja surge con ese león capaz de sobrevivir tan pronto escucha la llamada de la naturaleza, pero que es visto como un elemento negativo en tanto que amenaza con devorar a sus compa-ñeros. Aunque, a decir verdad, su estancia en ese paraíso selvático puede considerarse como una especie de minivacaciones, donde no faltarán todo tipo de experiencias en su contacto con los dicha-racheros lémures y otras especies autóctonas menos amistosas. Mientras las contradicciones se suceden, el desenlace es, del mis-mo modo, harto penoso y ambiguo. Sin ánimo de desvelar su poco arriesgado final, parece que en definitiva lo que nos están contando sus autores, tergiversando la realidad sin el más mínimo rubor, es que para un animal no hay mejor que pasar su existencia encerra-do en una jaula mientras tenga cubiertas sus necesidades básicas, y que la libertad, las ansias de descubrir y prosperar, y en definitiva el hecho de ser uno mismo tienen un precio que no merece la pena pagar. Si ya de por sí se trata de una cuestionable lección sobre el mundo natural dirigida a los niños, mucho peor si trasladamos se-mejante concepción al ámbito humano por las repercusiones ideo-lógicas que se desprenden.

  Técnicamente hablando, "Madagascar" es un ejemplo de anima-ción irreprochable. Tal vez su efecto no parezca tan espectacular por el estilo visual que le han querido dar, más clásico y caricatu-resco que realista, y porque no alardea de efectos digitales en complejas secuencias de acción o vanidosas composiciones, pero si uno le presta atención a los detalles —la melena del felino, el mar, la arena o la vegetación— podemos comprobar su minucioso grado de elaboración. Y desde el punto de vista narrativo también consigue un resultado eficiente, dinámico y por momentos original.

  Sin embargo, como ya avanzaba, el principal problema está en la his-toria que nos explica. Entre los cuatro artífices del libreto no han logrado aportar ninguna novedad y se han limitado a repetir los mis-mos lugares comunes que funcio-nan desde siempre, introduciéndo-los de forma idéntica a como se con-cibieron en su origen, sin que a ningu-no de los cuatro se le haya ocurrido pensar que a estas alturas ya no tie-nen maldita gracia. Tópicos alrededor de la amistad y la solidaridad frente al abuso de los más dotados o de la ad-versidad se combinan en un relato de aventuras que a pesar de su interesante punto de partida termina deambulando por caminos ar-chiconocidos dando la impresión de que sus responsables no te-nían muy claro qué se proponían contar, cómo ni para qué.

  Otro de los motivos que dificultan la empatía con el espec-tador son sus planos protagonistas, construidos en base a ras-gos muy simples y primitivos sobre los que reincide una y otra vez su supuesta comicidad —la jirafa hipocondríaca, el león muerto de hambre o la cebra optimista, rebelde y alocada...—, ca-reciendo de algún tipo de encanto especial e incluso haciéndose cargantes en muchas ocasiones. Además, su comportamiento es-tá tan próximo al de los humanos, en esa dinámica del urbanita neoyorkino que termina náufrago en una isla y actúa como un rela-mido turista en un entorno tropical, que no despiertan excesiva sim-patía y vuelven a poner en evidencia la consistencia interna del guión —para ilustrarlo, debo referirme por enésima vez al sufrido león—. Mucha más chispa y carisma desprenden algunos de los caracteres secundarios, como los fiesteros lémures, destacando por encima del resto ese grupo de pingüinos que con su, por des-gracia, breve intervención acaparan en cambio todos los halagos. Nuevamente, cabe lamentar que el único personaje femenino, la hi-popótomo Gloria, no sólo es el que está peor dibujado sino al que se le concede menos relieve argumental, y su función de mueble auxiliar no hace más que reproducir el ya irritante cliché, exprimido hasta la náusea, de mujer presumida, boba, pasiva y maternal, con lo cual vuelvo a poner en entredicho que la película aporte a las ge-neraciones en ciernes esos válidos valores que por otro lado presu-me.

  Tampoco podemos hablar de un gran nivel de ingenio con respecto al humor. De nuevo, se ha echado mano a los mismos recursos faci-lones de toda la vida que pode-mos encontrar sin problemas en cualquier discreto cartoon para la televisión: un generoso despliegue de golpes y caídas, un buen número de chistes tontos y bromas insípidas, y ciertos gags que parodian otras pe-lículas e iconos populares, apoyándo-se en la música, como "Fiebre del sá-bado noche", "Carros de fuego" o "Náufrago", por citar sólo algunos. Lo cierto es que el film sólo cuenta con dos o tres momentos más o menos estelares, el resto apenas levanta la sonrisa y a ratos in-cluso aburre. Si bien el sentido del humor es algo tan personal que una misma gracia puede despertar reacciones dispares, empieza a resultar preocupante que en lugar de perseguir números más traba-jados y rompedores que apelen a la inteligencia y complicidad del público, se recurra en cambio a rutinas agotadas que van sobre se-guro y que poco o nada tienen que ver con el talento.

  Para finalizar, en el doblaje original es posible escuchar las voces de rostros famosos como Ben Stiller, Chris Rock, David Sch-wimmer, Jada Pinkett Smith, Sacha Baron Cohen o Cedric The Entertainer, entre otros, que oscilan entre lo correcto y lo inadecuado. La ausencia de riesgo se traslada al apartado musical, básicamente integrado por canciones marchosas y otros temas populares, arrinconando así las composiciones de Hans Zimmer a un papel meramente testimonial.

  Así las cosas, no se puede afirmar que "Madagascar" sea una película incompetente y desechable, pero sí una pobre y olvidable distracción, con la que pasar un rato moderadamente ameno si no se le exige demasiado, pero que, tras conocerla, nadie lamentaría haberse perdido. Es una pena que ese discurso conservador aho-gue tanto su reprobable fondo como sus más agradables formas. Y, a mi entender, es lo bastante deshonesta y confusa, a pesar de su inocente apariencia, como para que los padres la revisen de ma-nera conveniente con los más pequeños después de su visionado.

Calificación:


Imágenes de "Madagascar" - Copyright © 2005 Pacific Data Images y DreamWorks. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos reservados.

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