La trama se centra en una joven llamada Aviva, quien
desde niña ansía tener muchos hijos, probablemente para llenar
el vacío emocional de su vida. Eventualmente, a una edad
demasiado temprana, intenta embarazarse, y eso provoca una
reacción de eventos que la llevan por muy diversos lugares,
donde conoce gente muy distinta, desde abusivos hombres que
tratan de aprovecharse de ella, hasta amables samaritanos que
sólo quieren ayudar... a cualquier costo.
Quizás suena simple, pero Solondz implementó un
ingenioso truco para añadir profundidad a la historia, creando
niveles adicionales de significado que cada espectador podrá
interpretar como mejor le parezca. El truco consiste en
emplear a varias personas para interpretar a la protagonista. De
ese modo vemos a Aviva como una delgada niña, o una obesa
adolescente, o una mujer madura... e incluso como un niño. Pero
no se trata de ver a Aviva en diferentes etapas de su vida... no
la vemos como niña, adulta y anciana, sino como personas
totalmente diferentes, incluso de distinta raza.
Puede parecer un truco barato de Solondz en busca de
mérito artístico, pero la razón detrás de esta múltiple
apariencia cobra sentido al final de la película, gracias al
inteligente monólogo de un personaje que pone en nueva
perspectiva todo lo que hemos visto. Además, sobra decir que
Solondz no pierde tiempo en criticar (o al menos señalar) las
fallas e hipocresía de muchos comportamientos humanos que a
primera vista parecen puros y altruistas, pero que no están
exentos de un trasfondo negativo y hasta maligno.
Este extraño experimento fílmico no funcionaría sin un
elenco competente y, aun empleando una combinación de actores
profesionales y amateur, Solondz consigue actuaciones
uniformemente buenas y creíbles, integrando a sus múltiples
actores principales en un personaje sólido que mantiene una
actitud consistente a lo largo de la película. Creo que por sí
mismo eso es un gran logro, doblemente notable por el mensaje
que encierra.
Habiendo dicho eso, debo señalar también que la conocida
falta de sutileza de Solondz sigue presente, ofreciendo
situaciones tragicómicas que pueden variar entre el más extremo
humor negro y la más cruel parodia. Quedará por cuenta de cada
espectador decidir si son mecanismos válidos o simples
indulgencias de un ególatra director.
"Palíndromos" puede ser una experiencia edificante o
deprimente, según la ideología personal. Pero es precisamente
esa ambigüedad moral lo que eleva la cinta por encima de otras
fábulas moralistas que pretenden darnos abstractos de bondad
o maldad que nada tienen que ver con el complejo mundo real. A
fin de cuentas la debo recomendar como excelente muestra del
potencial del cine como expresión artística respaldada por ideas
interesantes, aunque no siempre apetecibles o agradables. Y,
como los palíndromos que le dan título, esta obra se apreciará
más cuando contemplemos en retrospectiva el ingenio de su
estructura y la simplicidad de su propósito.