CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
¿A qué se están refiriendo
Inés París y
Daniela Fejerman cuan-do dicen que su Semen es una
historia de amor al revés? ¿Hablan de voltear las historias de
cine, que empiezan mal y acaban bien, o las historias de verdad,
que —incluso estadísticamente— muchas veces empiezan bien y
acaban mal? En cualquier caso, al voltear una obtendrán la otra.
La mesa siempre cojea de alguna pata. Co-mo cojean los segundos
trabajos, la trampa de caer en la fórmula que lanzó al éxito una
ópera prima, y estas dos directoras corrían el riesgo de repetir
"A mi madre le gustan las mujeres", y "Semen, una historia de
amor" podría
ser una especie de "A mi ‘padre’ le gustan los líos".
La suerte de
"Semen, una historia de amor" es que no quiere
ser una mesa recta, sino que los vaivenes le sientan bien y sus
personajes disfru-tan viendo volar los cubiertos por los aires. O
ellos mismos, ya que la pro-tagonista, Ariadna (Leticia Dolera),
es una trapecista que, haciendo honor a su nombre de origen
mitológico, lan-za de un lado a otro de la pista, de la película,
los hilos que confundirán a su enamorado, Serafín (Ernesto
Alte-rio), y dibuja una tela de araña no tan enrevesada y
original como pueden hacernos creer. Es cierto que su
planteamiento es contrario al típico —primero el amor sin hi-jos
y luego los hijos sin amor—pero del mismo modo que lo es
cualquier tropiezo que dé paso a la comedia de enredo. Katherine
Hepburn y Cary Grant tampoco se comportaban como parejas
habituales en sus cinematográficos romances. Puede ser que el
azar y el caos convivan con este tipo de historias del mismo
modo que la costumbre y el aburrimiento coinciden con tantas
his-torias reales. De ahí que "Semen, una historia de amor" no sea más que sus
compañeras de género, pero al menos, para algunos, sí puede ser
algo más que las distintivas reglas del amor.
En "Semen,
una historia de amor" se cumple la irritante
sentencia de que ya está todo inventado. Los nuevos mode-los de
familia también, y por eso sus juegos paterno-filiales no suenan
tan descabellados ni pueden servir de guía para un mensaje más
serio, dado el tono de la película. Sin embar-go, lo más original
de ésta y del saturado panorama de comedias españolas es
ese uso de los impulsos familiares y sanguíneos, y sus lazos
cambiantes con ese otro tema, el amor, tan lejano, a ve-ces, a la
familia y a la sangre. Se produce en un tiempo en que bromear
con la institución de la familia parece casi necesario, co-mo lo
es cada vez que un tema se recarga con demasiado hierro, y el
resultado es inocente, ingenuo y blanco. En cambio, en el otro
apartado, el del amor, las novedades se perciben mucho más
lige-ras, o incluso pueden llegar a repetirse los nuevos tópicos
del siglo XXI. Ya no importa tanto quiénes se enamoren como que
lo hagan y, a poder ser, en la más estrambótica de las
situaciones. Ellos, además, no son nada sin los secundarios de
turno que les aconse-jen en vano. Y, sobre todo —y sobre todo en
España—, que aviven el romanticismo moderno regado con el
progresismo de cama que sólo es progre en pantalla. A partir de
ahí, la relación entre Ariadna y Serafín sigue los mismos cauces
marcados por otras películas que quisieron —algunas pudieron—
ser originales en su momento, como "Amelie" —las peripecias
que el destino le monta a Serafín, especialmente aquella en que
consigue unas entradas de circo, pe-can del mismo modo narrativo
y operandi que la fantasía en verde y rojo de Jeunet—; "Notting Hill", con ese socorrido paso del tiempo y las
estaciones a lo largo de un mercadillo, aunque con canción
popera y españolera; y las aventuras de Tati, ésta una
referencia confesa por Ernesto Alterio, si bien es el personaje
del otro Alterio, Héctor, quien más se acerca al espontáneo
humorista francés —especialmente si lo dotáramos de una labia
empedernida e incan-sable—.
Son esos momentos entre padre e hijo los
que alcanzan con mayor logro la comedia, la familia y el amor,
aunque se eche en falta un desarrollo del curioso personaje de
Héctor Alterio. Mientras, a otros, se les echa de más, tanto
personajes fugaces como deseosos de cámara, entre los que se
incluye la doble mu-jer, sosa a partes iguales, de Leticia
Dolera, fallos que se producen por la falta de inspiración de
sus actores. Y suele decirse que sin historia ni per-sonajes no
hay película que valga, pe-ro con "Semen, una historia de amor" todo depende de
qué se tome por válido. ¿Contar una historia al re-vés puede ser
también adaptar reseñas extranjeras al producto na-cional? ¿Que
las risas se evalúen más por la calidad que por la cantidad?
¿Que se pueda abordar la película reticente y acabarla bien?
Bueno, en tal caso habría que voltear el veredicto y hacer
sal-tar las estrellas por los aires, y si la sentencia es ni fu
ni fa, en el mundo de "Semen, una historia de amor" sería... ¿ni fa ni fu?
Calificación:
    
Imágenes
de "Semen, una historia de amor" - Copyright © 2005
BocaBoca Producciones y Future Films Limited. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos
reservados.
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