REPORTAJE
por
Tònia Pallejà
"Sin City", la
película
El más reciente estreno a cuenta de Ro-bert Rodríguez, “Frank
Miller's Sin City: Ciudad del Pecado”, es un salvaje thriller de
acción criminal que adapta la ya legen-daria obra gráfica de
Frank Miller de idénti-co título. Concretamente, la película
tras-lada tres de los cómics que componen la colección, "El duro
adiós", verdadero pis-toletazo de salida de la serie, "La gran
masacre" y "Ese cobarde bastardo", es-critos e ilustrados por
este prestigioso his-torietista estadounidense. Miller,
desencantado por su experiencia en Hollywood y poco satisfecho
con las anteriores versiones cine-matográficas de sus trabajos,
se mostró inicialmente reacio ante el proyecto impulsado por el
responsable de “El mariachi” y “Spy
kids”. Sin embargo, Rodríguez logró convencerlo de
sus posibili-dades y, para asegurar el máximo grado de fidelidad
posible res-pecto al material original, del que es un ferviente
admirador, incor-poró al propio autor al equipo, no sólo
entregando a Miller la cons-trucción del guión, sino
compartiendo con él las labores de produc-ción y realización, en
la que también participa de manera anecdóti-ca su colega Quentin
Tarantino. Precisamente, esta última deci-sión, la de incluir a
Miller como codirector, le ha supuesto al cine-asta texano no
pocos enfrentamientos con el Sindicato de Direc-tores. El
resultado de esta colaboración es un largometraje que se ajusta
de manera tan íntima al estilo formal, al espíritu y al
desa-rrollo argumental de las viñetas que toma como fuente, que
Rodrí-guez prefiere hablar de una traducción audiovisual del
tebeo más que de una mera adaptación al uso. Actores consagrados
como Bruce Willis, Benicio del Toro, un recuperado Mickey
Rourke, Clive Owen, Michael Madsen o Michael Clarke Duncan, y
estrellas emer-gentes como Jessica Alba, Rosario Dawson,
Brittany Murphy, Eli-jah Wood, Josh Hartnett o Carla Gugino,
entre otros, dan carnadura a unos personajes arrancados
directamente de las páginas del có-mic y puestos en movimiento
en la que es una de las producciones más esperadas del año. Qué
mejor ocasión que ésta, pues, para hacer un repaso por los
aspectos más destacados de la trayectoria creativa de Frank
Miller y, más en particular, de la ahora homena-jeada “Sin
City”, así como para depararle atención a la nueva edi-ción de
sus novelas gráficas que Norma Editorial ha puesto a
dis-posición de los lectores españoles.
El autor del
cómic: Frank Miller
Perfil
artístico
Frank Miller es, sin ningún género de du-das, uno de los grandes
nombres del có-mic norteamericano moderno y, por exten-sión, uno
de los más influyentes autores del panorama mundial. Reputado
dibujante y guionista, tanto en solitario como en co-laboración
con otros artistas de prestigio, ya sea dando continuidad a
series ajenas o a través de sus propias creaciones, Mi-ller
despuntó desde sus comienzos como un incansable experimentador
del arte se-cuencial que, partiendo de los clásicos, ha sabido
desarrollar e imprimir su propio sello de autor personal y
rompedor a todos sus trabajos. Virtuoso de la ilustración, con
un sobresaliente dominio de los recursos visuales y un rico
bagaje artístico, este amante del género negro, los héroes de
acción entendidos desde su particular concepción y la épica
histórica, debe su merecida fama, por un la-do, al impulso que
inyectó en el agotado universo de los superhé-roes, dotándolos
de un renovado sentido narrativo y de una singular calidad
dramática al arrastrarlos a su terreno y, por otro, a sus obras
de cosecha propia, en las que se recrea más abiertamente en sus
temas predilectos para actualizarlos, explorando en las
po-sibilidades del lenguaje visual y depurando su estilo en
perpetua evolución. Aunque su carácter revolucionario y sus
formulismos no se han visto exentos de controversia, el éxito
unánime de crítica y público que le han acompañado propuesta
tras propuesta, su cons-tante superación y su maestría, lo han
convertido en una leyenda viva y le han permitido una libertad
creativa sólo al alcance de unos pocos privilegiados.
Trayectoria
profesional
Frank Miller nació en el estado de Mary-land en 1957 y a los 19
años se trasladó a la ciudad Nueva York en busca de empleo como
dibujante que, dado su prometedor talento, no tardaron en
concederle. Miller se había iniciado como aficionado en el cómic
a través de algunos fanzines loca-les y, tras una participación
no acreditada en “Twilight Zone”, vio cómo sus primeros
contratos profesionales le llegaron en la década de los 70 de la
mano de las dos grandes compañías, Marvel y DC Comics, en forma
de pequeños encargos que no tuvieron mayor repercusión. No fue
hasta 1979 cuando le llegó su esperada oportunidad y empezó a
llamar podero-samente la atención de los aficionados al hacerse
cargo de “Dare-devil” —primero como ilustrador para McKenzie y
más tarde tam-bién como escritor—, un título menor de la Marvel
que en sus ma-nos se transformó en un auténtico éxito de ventas
al ofrecer un nuevo empuje al personaje y crear, con
posterioridad, la figura de Elektra. La buena acogida le
facilitó lanzar tres años más tarde “Ronin”, una miniserie
protagonizada por samuráis donde se mez-claban elementos del
Japón medieval con la ciencia-ficción. Miller destaca esta etapa
como la más liberadora de su carrera, puesto que rompió con
todas las ideas preconcebidas en cuanto a estilo gráfico se
refiere y encontró un terreno inmejorable para seguir
ex-primiendo su potencial. Después de ocuparse de las
ilustraciones del “Lobezno” guionizado por Chris Claremont, y de
regresar suce-sivamente al pesonaje de Daredevil en diversas
ocasiones, Miller se consolida definitivamente entre las
primeras filas cuando en 1986 presenta “Batman: El regreso del
Señor de la Noche”, y a continua-ción “Batman: Año Uno” con
dibujos de Mazzuchelli, dos obras que dan un giro hacia una
visión más madura, oscura y mundana del por entonces trasnochado
superhéroe, y que son consideradas co-mo dos hitos de la viñeta
norteamericana y el punto cumbre de su trayectoria. Siendo ya un
autor de intachable prestigio, publica en los 90 varios trabajos
en colaboración para la editorial Dark Horse, como “Hard
Boiled”, “Big Guy and Rusty the Boy Robot” y “Martha
Washington”, no obstante, es en 1991, con la primera entrega de
“Sin City”, firmada íntegramente por Miller, cuando vuelve a dar
otro golpe de gracia en el panorama del cómic y su fama como
genio no hace sino fortalecerse. Durante los años siguientes,
prosigue con esta celebrada serie negra, que pasará a la
historia junto a sus pro-ducciones más memorables, mientras
distribuye su dedicación en-tre otros varios proyectos. En 1998
Miller se gana de nuevo el aplauso gracias a “300”, un relato de
corte épico que reproduce el mítico episodio bélico entre
espartanos y persas en el Paso de las Termópilas, una hazaña
histórica que le fascinaba y que ya había apuntado en el tercer
volumen de “Sin City” titulado “La gran ma-sacre”. También la
secuela “Batman DK2: The Dark Knight Strikes Again” le
reportaría otro triunfo.
Si bien la
relación de Frank Miller con el cine es de sobras cono-cida,
puesto que su obra ha sido llevada en diversas ocasiones a la
gran pantalla con desigual fortuna, también ha intervenido de
mane-ra activa en la industria, detrás de las cámaras como
correspon-sable de los libretos de “Robocop 2” y “Robocop 3”, y
delante con ocasionales cameos en algunas de dichas
adaptaciones. No obs-tante, y como mencionaba en la
introducción, ha sido en esta ver-sión fílmica de “Sin City” en
la que se ha volcado con una mayor implicación.
Sus
influencias
La producción creativa de Frank Miller bebe de múltiples fuentes
procedentes de todos los formatos artísticos. Entre sus
reconocidas influencias dentro del cómic, cabe citar a afamados
maestros estadou-nidenses de los años 40 y 50, como Joh-nny
Craig, Harvey Kurtzman, Wallace Wood, Will Eisner, Jack Kirby y
Bernie Krigstein, mientras que en la historieta ja-ponesa sus
preferencias se decantan por la pareja Kazuo Koike y Goseki
Kojima del “Lone Wolf and Cub”. En el terreno de la novela
negra, Miller ha sido un insaciable seguidor de autores como
Micky Spillane (autor del popular Mike Hammer), Raymond Chandler
(padre de Philip Marlowe) o Dashiell Hammett (“El halcón
maltés”). Del cine, mere-ce la pena subrayar su predilección por
la obra de Akira Kurosawa, Alfred Hitchcock, Sam Fuller y todo
el film noir en general. Final-mente, buena parte de su trabajo
tampoco sería entendido sin la huella que le dejaron de niño la
película “The 300 spartans” y el Spi-derman de Stan Lee y Steve
Ditko. Aun así, y tan pronto como co-menzó su rodaje en la saga
de Daredevil, Miller nunca se conformó con reproducir o hacer
una apropiación personal del estilo de los autores que admiraba,
sino que logró hacer desembocar este cú-mulo de referentes en
una caligrafía completamente genuina que le sirvió para
reinventar aquellos géneros clásicos a los que se sus-cribía.
Por eso, Miller deja a sus contemporáneos y sucesores un valioso
legado que lo catapulta a la categoría de maestro.
“Sin City”, el
cómic
Génesis,
repercusión y estructura
Declarado fanático del género negro, tanto en su vertiente
gráfica, como literaria y fílmica, Frank Miller introdujo desde
sus inicios las claves del noir en la mayoría de sus trabajos,
ya fuera disfrazándolas bajo la apariencia de los relatos de
superhé-roes como combinándolas con otros de-rroteros
dramáticos. Sin embargo, no fue hasta 1991 con “Sin City” cuando
Miller pudo dar el deseado cambio de rumbo a su carrera y sacar
adelante su proyecto más personal, una creación de corte
íntegramente criminal-poli-cíaco de su propia autoría. Planteada
en su origen como una histo-ria corta de 48 páginas, Miller se
fue viendo cada vez más atraído por el personaje central y el
mundo que había empezado a desa-rrollar, hasta que quedó
convertida en un cómic de 200 páginas, al que seguirían unos
cuantos volúmenes más. Esta serie, publicada originalmente en
Dark Horse, ha sido distribuida en casi todos los formatos
existentes, desde serial por entregas en revista a novela
gráfica, pasando por relatos breves y miniseries.
“Sin City”
supuso en aquella época una arriesgada apuesta para autor y
editorial. Por un lado, el género negro se encontraba en sus
horas más bajas en los Estados Unidos y hacía años que había
dejado de interesar al público. En segundo lugar, Miller había
dese-chado el color habitual para las producciones más
comerciales, y optado por un dibujo en blanco y negro, hasta
entonces reservado sólo para los tebeos underground y
minoritarios. Y, por último, sus potentes contenidos burlaban la
censura con escenas cargadas de violencia y erotismo que nunca
le hubieran permitido en Marvel y DC.
Lo que
ocurrió fue que Miller creó algo totalmente nuevo, un uni-verso
singular retratado con una estética nunca antes vista, con un
sentido del ritmo y un concepto de la narración inusuales, y
unos ingredientes, asimismo, tan atrevidos, que su impacto no se
hizo esperar. “Sin City” cosechó un éxito rotundo que revitalizó
el géne-ro, y hoy día se considera una piedra angular del cómic
norteameri-cano actual.
Así pues,
“Sin City” es una puesta al día de la serie negra de los 40, que
aglutina bajo el mismo título diversos relatos autónomos y
cerrados, pero que a menudo se cruzan a través de personajes
se-cundarios o escenarios recurrentes, lo cual, aunque mantiene
la independencia de cada uno por separado, dota al conjunto de
cierta unidad y coherencia.
Aunque el
primer episodio se considera una pieza fundamental, lo cierto es
que sus sucesoras no conservaron una calidad homogé-nea, y
tampoco faltaron las voces que pusieron en duda la necesi-dad de
seguir estirando la serie a base de repetir una misma fórmu-la.
Con todos las opiniones encontradas de incondicionales y
de-tractores, merece la pena señalar que es “Ese cobarde
bastardo” una de las mejores entregas posteriores.
La Ciudad del
Pecado
El escenario de la serie es esta “ciudad del pecado” —Basin City
en su origen—, una jungla de asfalto comparable al Infier-no,
donde reina la corrupción, el peligro acecha en cada esquina y
la ley se rees-cribe constantemente a golpe de balas y sangre.
Los dos principales focos de ac-ción se encuentran en los bajos
fondos: un antro country llamado Kadie’s, lugar donde se cocinan
todos los negocios su-cios, cancha de improvisadas peleas y
caldo de cultivo para otros encuentros y desencuentros, que
ofrece un espectáculo especializado de voluptuosas strippers; y
el Barrio Viejo, una zona controlada por bellas prostitutas
armadas y despia-dadas que han logrado mantener alejadas a las
mafias, a los chu-los y a las dudosas autoridades de su
territorio gracias a un pacto que pende de un hilo. Aunque mucho
menor, también poseen un protagonismo particular otros
emplazamientos, como La Granja, centro de operaciones del
depravado Kevin y la poderosa familia Roark, o Los Pozos de
Santa Yolanda, un abandonado parque te-mático sobre dinosaurios
que descansa encima de unos yacimien-tos arqueológicos y sirve
como socorrido vertedero para todo aquel que tenga algo o alguien de quien deshacerse.
Los personajes
Por estos
ambientes netamente urbanos, sórdidos, densos, asfi-xiantes y
agresivos, de callejones, tugurios y nocturnidad sempiter-na, en
donde el calor pegajoso se ve repentinamente sacudido por la
lluvia, pululan todo tipo de individuos de mal vivir y peor
pensar: matones a sueldo, prostitutas, perdedores, policías
corruptos, polí-ticos putrefactos, turbias figuras públicas,
psicópatas asesinos, mafiosos, borrachos, gamberros,
delincuentes de todos los rangos, depredadores y víctimas no tan
inocentes...
Los héroes
que protagonizan las convulsas aventuras de Miller no tienen
nada de envidiable: son eternos perdedores al otro lado de la
ley o al margen de ésta, trastornados psíquicamente, a veces
mi-sóginos y comúnmente machistas, bestias sexuales que en
oca-siones confunden la atracción con una idealizada y
destructiva for-ma de amor, rudos, impulsivos y desagradables,
con una fuerza ca-si animal y un físico monstruoso, que actúan
por simple venganza, tienen un primitivo pero efectivo sentido
de la amistad, y un peculiar idea del sacrificio y la redención.
Sus mujeres, de curvas más que vertiginosas, imposibles, y
rostros tan hermosos como agresivos, responden al estereotipo de
la femme fatale manipuladora que mete en apuros a su amante,
traiciona o vende, o, en un papel más acti-vo, a la explosiva
chica guerrera, siempre objetos inalcanzables de deseo sexual,
escaparates andantes de voluminosas y perfectas carnes.
De los personajes más relevantes, halla-mos, entre los primeros,
a Marv, un gigan-te mezcla de Conan y Frankenstein, Dwight,
antiguo periodista que trabaja foto-grafiando a adúlteros, o
John Hartigan, el único policía honrado de la ciudad, y, entre
las segundas, a Gail, la cabecilla del Barrio Viejo, y a su
compañera Miho, la letal asiática experta en artes marciales. El
elenco de secundarios es realmente nutrido, pero por su mayor
relación con las diferentes tramas de la película, merece la
pena mencionar al Senador Roark, al Cardenal Roark y a Roark
Junior / Yellow Bas-tard, poderoso político corrupto, su demente
hermano en el clero y su psicópata hijo, respectivamente; Kevin,
el sanguinario psicópata asesino que devora a sus víctimas;
Goldie, la prostituta, amante de Marv por una noche, cuyo
asesinato cataliza el resto del relato, y su hermana gemela,
Wendy; Nancy Callahan, seductora bailarina del Kadie’s, que es
rescatada por Harrigan de las garras de Roark Jr.; Becky, otra
de las prostitutas, que traiciona a sus colegas pre-sionada por
el Coronel; Lucille, agente de asuntos sociales de Marv y
abogada defensora de Hartigan; Shellie, camarera del Kadie’s y
ocasional novia de Dwight; Jackie Boy, novio buscapeleas de
She-llie; Ava, antigua amante de Dwight, lo abandonó para
casarse con el apoderado Damien Lord; Manute, titánico sirviente
negro del an-terior, implacable matón.
La historia:
la fórmula del éxito
Reduciéndolo a la mínima expresión, la obra de Miller podría ser
definida por la fórmula “sexo más violencia”. Guiones que
persiguen intencionadamente los tópicos y la afectación de la
novela barata de género, parcos en diálogos, generosos en
gastadas frases lapi-darias y salpicados por un negrísimo
sentido del humor; personajes arquetípicos, atmósferas sólidas,
acción explosiva, escenas san-guinarias o de alto voltaje
erótico, y motivaciones primarias son los componentes de esta
salvaje descarga eléctrica de testosterona y adrenalina que
responde al nombre de “Sin City”. Es un noir inso-bornable y
excesivo llevado al extremo.
El estilo
gráfico
Aunque los
pintorescos, crudos y enérgicos contenidos de esta obra son, en
buena parte, su seña de identidad, “Sin City” sobre-sale
principalmente por un marcado estilo visual que ha creado
es-cuela. No en vano, Dark Horse Comics ha dedicado a las
ilustra-ciones de Miller una compilación que Norma Editorial ha
traído a España con el título de “El arte de Sin City”.
Miller quiso acompañar este latigazo temático con un concepción
gráfica que le correspondiera en contundencia y efectivi-dad,
deliberadamente trabajada pero con una apariencia lo
suficientemente esque-mática y depurada. Decidió experimentar
con el blanco y negro para preservar la tra-dición del género,
jugando de manera pro-digiosa con unas luces y sombras de
po-tentes contraluces, a veces invertidos, o bruscos contrastes
que subrayan la grave-dad de la situación, recogen la hostilidad
del medio o la agresión física. Con una economía de medios
modélica, Miller insinúa más que dibuja unas formas que parecen
encerradas dentro de una os-curidad espesa, absorbente como su
fatalidad, de la que sólo esca-pan gracias a un reducido punto
de luz que señala la posición de sus cuerpos. Retratos
dolorosamente iluminados, a ratos surrealis-tas u oníricos, a
ratos despiadadamente reales. Según la ocasión, el uso de la
lína suaviza, enfoca, detalla o añade más munición. Ángulos
mortíferos, composiciones rupturistas, y un atractivo dise-ño de
personajes y lugares son otros de sus recursos estéticos
habituales. De vez en cuando los propios dibujos cumplen una
fun-ción dentro de la narración o se funden con los textos, y a
menudo son obras de arte independientes que hablan del universo
de Miller sin necesidad de un contexto interpretativo, de una
iconografía que se entrega sin dificultad al culto de la cultura
popular, porque se ali-menta de ella para luego volver a
regurgitarla.
Con el
tiempo, Miller incorporó algunas leves notas de color en partes
muy delimitadas de sus viñetas. Primero fue el rojo que rom-pía
la monotonía en “La novia vestía de rojo” y después el amarillo
enfermizo de “Ese cobarde bastardo”. Finalmente, cabe mencionar
que es su propia esposa, Lynn Varley, la que ha coloreado sus
di-bujos durante los últimos años.
La nueva
edición del cómic de Norma Editorial
Con
ocasión del estreno en nuestras salas de “Sin City: Ciudad del
Pecado”, Norma Editorial ha sacado al mercado una nueva edi-ción
del cómic original de Miller, que cuenta con un diseño
realiza-do por el multipremiado Chip Kidd y algunos extras, como
cubier-tas originales, imágenes publicitarias y galerías de
otros artistas, que serán del agrado de los aficionados. La
colección está inte-grada por siete novelas gráficas —por orden
cronológico, “El duro adiós”, “Mataría por ella”, “La gran
masacre”, “Ese cobarde bastar-do”, “Valores familiares”,
“Alcohol, chicas y balas” e “Ida y vuelta al infierno”—, entre
las que se incluyen los relatos que Robert Rodrí-guez y el
propio Miller han transportado a la pantalla, más el espe-cial
“El arte de Sin City”, con un prólogo del teórico H.C. Harvey,
que recoge las mejores páginas y bocetos inéditos de Frank
Miller para asistir al proceso creativo de ambientes y
personajes.
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