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TAPAS


cartel
Dirección y guión: José Corbacho y Juan Cruz.
País:
España.
Año: 2005.
Duración: 94 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Ángel de Andrés (Lolo), María Galiana (Doña Conchi), Elvira Mínguez (Raquel), Rubén Ochandiano (César), Darío Paso (Opo), Rosario Pardo (Carmela), Alberto de Mendoza (Don Mariano), Alberto Jo Lee (Mao), Amparo Moreno (Rosalía), Anna Barrachina (Águeda).
Producción: Luisa Matienzo y Julio Fernández.
Música: Pablo Sala.
Fotografía:
Guillermo Granillo.
Montaje: David Gallart.
Dirección artística: Mireia Carles.
Vestuario: Toni Martín.
Estreno en España: 13 Mayo 2005.

 

CRÍTICA
por Tònia Pallejà

Póngame una de simpatía, una de humanidad y una de talento. Oído, cocina.

  No deja de sorprender que una de las propuestas más apetecibles, sim-páticas y, además, mejor logradas que nos ha dado el cine español en lo que va de año, llegue de la mano de dos novatos en lo que al largometraje se refiere y por los que, en principio, pocos apostaban demasiado. Porque si bien el trabajo de Juan Cruz como guionista televisivo y realizador de al-gunos cortometrajes había quedado más en la sombra, no se podría decir lo mismo del estridente, en formas y hasta en vestuario, José Corbacho, personaje omnipresente en la parrilla catódica y otrora integrante del grupo teatral La Cubana, quien ha-bía sobresalido principalmente por sus intervenciones desmelena-das, gamberras y en ocasiones chusco-tabernarias en esa caja tonta que él mismo también se encargaba de parodiar, viendo así eclipsadas sus otras facetas como guionista y ayudante de direc-ción en los escenarios, que tenerlas, las había tenido. Es por eso que la autoría compartida de Corbacho en "Tapas" y el ruido con que se había promocionado su debut detrás de las cámaras aprove-chando su popularidad, hacían presagiar —vistos los estupendos resultados, muy erróneamente— que nos íbamos a encontrar con alguna de esas fantochadas oportunistas con que nos castigan los mediáticos o que tiran del fenómeno de una figura famosa sin tener otra cosa que ofrecer más que su mera presencia, dicho sea de paso, más a menudo de lo que sería conveniente en una industria victimista que no cesa de lamentarse de la crisis económica cuan-do aquí lo que hay es crisis de talento y de vergüenza ajena —si al-guien ha pensado en "El penalti más largo del mundo", "El asom-broso mundo de Borjamari y Pocholo", "Isi/Disi: Amor a lo bestia", "F.B.I. Frikis buscan incordiar" o "Hot milk", entre otras "perlas" re-cientes, se ha ganado el premio—.

  En cualquier caso, lo bueno de los prejuicios es que sólo existen para derribarlos, y dado el éxito unánime de público, crítica y pre-mios que ha cosechado esta película, de lo más cabal, sensible y artesana, no cabe más que admitir que no nos hallamos en el mis-mo caso que las desechables cintas antes mencionadas, sino ante una de esas gratas sorpresas de la temporada que merece la pena descubrir, y que abre las puertas a dos nuevas prome-sas del panorama.

  "Tapas" es una de esas comedias dramáticas corales que cuentan histo-rias cotidianas sobre personajes anó-nimos, normales y corrientes, que cruzan sus destinos alrededor de un bar en el que se sirven los típicos tentempiés del título —título que co-bra un doble, y hasta un triple senti-do, por lo que se oculta en cada una de esas vivencias, y por estar servi-das tal cual así, en forma de variadas porciones—. Película pequeña, en medios y pretensiones, pero que alcanza grandes logros, tiene en la cercanía, naturalidad y frescura con que está explicada una de sus mejores bazas, así como en el carisma y la verosimilitud que aportan las magníficas actuaciones de un reparto bien cohesionado, quienes terminan de dar vida a un relato que siempre la respira —desde los más ve-teranos e intachables a los menos conocidos o consolidados, todos están fabulosos—. La solitaria entrada en años pero de buen ver (Elvira Mínguez), que mantiene un romance por internet con un argentino al que nunca ha visto (un fugaz Eduardo Blanco); la anciana pensionista (María Galiana), que se saca unos extras pa-ra sobrevivir junto a su esposo enfermo (Alberto de Mendoza) ven-diendo droga, y que cae en forzosas contradicciones; los dos jóve-nes amigos, reponedores en un supermercado, que sólo piensan en pasarlo bien mientras no afecte a su relación (por cierto, dos pseudo-descubrimientos los de Rubén Ochandiano y, sobre todo, ese Darío Paso que tiene una mirada y un desparpajo que se co-men la pantalla, y que podrían dar qué hablar en un futuro); o el dueño gallego de ese bar centro de encuentros y desencuentros (Ángel de Andrés), marido y jefe cabrito donde los haya, aunque en el fondo —pero que muy muy en el fondo, y a mano izquierda— no tan mala persona como quiere aparentar, que abandonado por una esposa harta (Amparo Moreno en una breve intervención), contrata a regañadientes a un cocinero chino (Alberto Jo Lee) de lo más espabilado, hacendoso y resolutivo —vamos, un prodigio que ya quisiera tener yo en casa— con el que se irá implicando; por no mencionar a esa prostituta de la vieja escuela interpretada por Rosario Pardo, que suelta verdades como puños, o a ese trío de arpías disfrazadas de clientas de la tienda de legumbres que regenta Raquel... nos regalan momentos simpáticos, entrañables, emotivos, tiernos, amargos e hilarantes, para una película optimista y muy humana que encuentra un juicioso y agradable equilibrio entre el humor y la tragedia, sin decantarse nunca por la burla o la lacrimoginia, conservando el grado justo de realismo y sólo estirán-dose en determinados momentos hacia la exageración o la parodia en busca de una sana comicidad. Como la vida misma, es el sim-ple reflejo de las alegrías y las tristezas diarias, y ese sentido tragi-cómico que aligera estas últimas.

  Son estos personajes, arquetipos de carne y huesos tan identifi-cables y bien dispuestos para verse reconocidos, que tapean y ta-pan durante ese caluroso verano lleno de posibilidades, los que sir-ven, en último término, para tomarle el pulso a una realidad que los autores conocen tan bien como que es aquella que los parió: L'Hospitalet de Llobregat, población colindante con Barcelona, y su tejido social integrado en gran medida por trabajadores emigrantes e hijos de emigrantes que durante las décadas de los años 40 y 60 dejaron otras zonas de España rumbo a Cataluña, son aquí los ho-menajeados en este retrato vívido, cariñoso y detallista tanto en el modesto diseño de producción, atrezzo y dibujo de las distintas idiosincrasias, como en las formas de expresión.

  No se puede negar que aunque "Ta-pas" no vaya a trascender como una lección de técnica y estilo, Cruz y Corbacho saben dónde poner la cá-mara y cómo moverla, que hilvanan los diferentes retales, ya sea a ritmo de guitarra, de tango o de las oportu-nas canciones integradas en su ban-da sonora, con desenvoltura y acierto, y que han conducido a su reparto a un óptimo nivel —inevitables son, también, los cameos de amiguetes, que igual pasan menos desapercibi-dos de lo que debieran—. También es evidente que estos dos noveles han sido capaces de sacar un buen provecho de una película construida en torno a personajes y situaciones,  que entre risas y aparentes menudencias le han extraído el jugo a las aristas de la vida en un notable fresco social y estudio de personalidades, pero, sobre todo, que se han empapado de mu-cho, muchísimo, del cine clásico que aquí se da cita en pequeños destellos, para llevarlo a su terreno y aderezarlo según su peculiar gusto, dándole un sabor nuevo y cargado de chispa.

  En realidad, los pocos "peros" que se le pueden poner a esta me-ritoria cinta son tan pedestres y disculpables que no empañan el positivo balance final. Cierto que su factura formal es un poco tosca y austera, sobre todo a nivel de fotografía, imputable a una humilde producción sin grandes recursos e irrelevante cuando lo que cuenta de verdad son los contenidos; cierto que no asume riesgos ni inno-va, y que está sujeta a mejoras como casi toda ópera prima. Pero ojalá la mayoría mostraran la misma habilidad para lograr tanto con tan poco pero bien hecho; es más, incluso su hora y media de du-ración se me hizo corta, y es que cuando uno está tan a gusto viendo algo, le sabe a poco. ¿Doble ración de "Tapas"?

Calificación:


Imágenes de "Tapas" - Copyright © 2005 Tusitala Producciones y Castelao Productions. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.

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