CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Póngame una de simpatía,
una de humanidad y una de talento. Oído, cocina.
No deja de sorprender que una de las
propuestas más apetecibles, sim-páticas y, además, mejor logradas que nos ha dado el cine
español en lo que va de año, llegue de la mano de dos novatos en
lo que al largometraje se refiere y por los que, en
principio, pocos apostaban demasiado. Porque si bien el trabajo de
Juan Cruz como guionista
televisivo y realizador de al-gunos cortometrajes había quedado
más en la sombra, no se podría decir lo mismo del estridente, en
formas y hasta en vestuario, José Corbacho,
personaje omnipresente en la parrilla catódica y otrora integrante del
grupo teatral La Cubana, quien ha-bía sobresalido principalmente por
sus intervenciones desmelena-das, gamberras y en ocasiones
chusco-tabernarias en esa caja tonta que él mismo también se encargaba
de parodiar, viendo así eclipsadas sus otras facetas como guionista
y ayudante de direc-ción en los escenarios, que tenerlas, las
había tenido. Es por eso que la autoría compartida de
Corbacho en "Tapas" y el ruido con que se había promocionado su
debut detrás de las cámaras aprove-chando su popularidad, hacían
presagiar —vistos los estupendos resultados, muy erróneamente—
que nos íbamos a encontrar con alguna de esas fantochadas
oportunistas con que nos castigan los mediáticos o que tiran del
fenómeno de una figura famosa sin tener otra cosa que ofrecer
más que su mera presencia, dicho sea de paso, más a menudo de
lo que sería conveniente en una industria victimista que no cesa
de lamentarse de la crisis económica cuan-do aquí lo que hay es
crisis de talento y de vergüenza ajena
—si al-guien ha pensado en "El
penalti más largo del mundo", "El
asom-broso mundo de Borjamari y Pocholo", "Isi/Disi:
Amor a lo bestia", "F.B.I.
Frikis buscan incordiar" o "Hot
milk", entre otras "perlas" re-cientes, se ha
ganado el
premio—.
En cualquier caso, lo bueno de los prejuicios es que
sólo existen para derribarlos, y dado el éxito unánime de público,
crítica y pre-mios que ha cosechado esta película, de lo más
cabal, sensible y artesana, no cabe más que admitir que no nos
hallamos en el mis-mo caso que las desechables cintas antes
mencionadas, sino ante una de esas gratas sorpresas de la
temporada que merece la pena descubrir, y que abre las puertas a
dos nuevas prome-sas del panorama.
"Tapas" es una de esas
comedias dramáticas corales que cuentan histo-rias cotidianas
sobre personajes anó-nimos, normales y corrientes, que cruzan sus
destinos alrededor de un bar en el que se sirven los típicos
tentempiés del título —título que co-bra un doble, y hasta un
triple senti-do, por lo que se oculta en cada una de esas
vivencias, y por estar servi-das tal cual así, en forma de
variadas porciones—. Película pequeña, en medios y
pretensiones, pero que alcanza grandes logros, tiene en la
cercanía, naturalidad y frescura con que está explicada una de
sus mejores bazas, así como en el carisma y la verosimilitud que
aportan las magníficas actuaciones de un reparto bien
cohesionado, quienes terminan de dar vida a un relato que
siempre la respira —desde los más ve-teranos e intachables a los
menos conocidos o consolidados, todos están fabulosos—. La solitaria
entrada en años pero de buen ver (Elvira Mínguez),
que mantiene un romance por internet con un argentino al que
nunca ha visto (un fugaz
Eduardo Blanco); la anciana
pensionista (María Galiana),
que se saca unos extras pa-ra sobrevivir junto a su esposo
enfermo (Alberto de Mendoza)
ven-diendo droga, y que cae en forzosas contradicciones; los dos jóve-nes amigos,
reponedores en un supermercado, que sólo piensan en pasarlo bien
mientras no afecte a su relación (por cierto, dos
pseudo-descubrimientos los de
Rubén Ochandiano
y, sobre todo, ese
Darío Paso
que tiene una mirada y un desparpajo que se co-men la pantalla, y
que podrían dar qué hablar en un futuro);
o el dueño gallego de ese bar centro de encuentros y
desencuentros (Ángel de Andrés),
marido y jefe cabrito donde los haya, aunque en el fondo —pero
que muy muy en el fondo, y a mano izquierda— no tan mala persona
como quiere aparentar, que abandonado por una esposa harta (Amparo
Moreno en una breve intervención), contrata a
regañadientes a un cocinero chino (Alberto
Jo Lee)
de lo más espabilado, hacendoso y resolutivo —vamos, un prodigio
que ya quisiera tener yo en casa— con el que se irá implicando;
por no mencionar a esa prostituta de la vieja escuela
interpretada por Rosario Pardo,
que suelta verdades como puños, o a ese trío de arpías
disfrazadas de clientas de la tienda de legumbres que regenta
Raquel... nos regalan momentos simpáticos,
entrañables, emotivos, tiernos, amargos e hilarantes, para una película
optimista y muy humana que encuentra un juicioso y agradable equilibrio entre
el humor y la tragedia, sin decantarse nunca por la burla o la
lacrimoginia, conservando el grado justo de realismo y sólo
estirán-dose en determinados momentos hacia la exageración o la
parodia en busca de una sana comicidad. Como la vida misma,
es el sim-ple reflejo de las alegrías y las tristezas diarias, y
ese sentido tragi-cómico que aligera estas últimas.
Son estos personajes,
arquetipos de carne y huesos tan identifi-cables y bien
dispuestos para verse reconocidos, que tapean y ta-pan durante
ese caluroso verano lleno de posibilidades, los
que sir-ven, en último término, para tomarle el pulso a una
realidad que los autores conocen tan bien como que es aquella
que los parió: L'Hospitalet de Llobregat, población colindante
con Barcelona, y su tejido social integrado en gran medida por
trabajadores emigrantes e hijos de emigrantes que durante las
décadas de los años 40 y 60 dejaron otras zonas de España rumbo
a Cataluña, son
aquí los ho-menajeados en este retrato vívido, cariñoso y
detallista tanto en el modesto diseño de producción, atrezzo y
dibujo de las distintas idiosincrasias, como en las formas de
expresión.
No se puede negar que aunque
"Ta-pas" no vaya a trascender como una lección de técnica y
estilo, Cruz y Corbacho saben dónde poner la cá-mara y cómo
moverla, que hilvanan los diferentes retales, ya sea a ritmo de
guitarra, de tango o de las oportu-nas canciones integradas en su
ban-da sonora, con desenvoltura y acierto,
y que han conducido a su reparto a un óptimo nivel —inevitables
son, también, los cameos de amiguetes, que igual pasan menos
desapercibi-dos de lo que debieran—. También es
evidente que estos dos noveles han sido capaces de sacar un buen
provecho de una película construida en torno a personajes y
situaciones, que entre risas y aparentes menudencias le
han extraído el jugo a las aristas de la vida en un notable
fresco social y estudio de personalidades, pero, sobre todo, que se han empapado de mu-cho,
muchísimo, del cine clásico que aquí se da cita en pequeños
destellos, para llevarlo a su terreno y aderezarlo según su
peculiar gusto, dándole un sabor nuevo y cargado de chispa.
En
realidad, los pocos "peros" que se le
pueden poner a esta me-ritoria cinta son tan pedestres y
disculpables que no empañan el positivo balance final.
Cierto que su factura formal es un poco tosca y austera, sobre todo a
nivel de fotografía, imputable a una humilde producción sin
grandes recursos e irrelevante cuando lo que cuenta de verdad son
los contenidos; cierto que no asume riesgos ni inno-va, y que está sujeta a mejoras como casi toda ópera
prima. Pero ojalá la mayoría mostraran la misma habilidad para lograr tanto con
tan poco pero bien hecho; es más, incluso su hora y media de
du-ración se me
hizo corta, y es que cuando uno está tan a gusto viendo algo, le
sabe a poco. ¿Doble ración de "Tapas"?
Calificación:
    
Imágenes
de "Tapas" - Copyright © 2005 Tusitala
Producciones y Castelao Productions. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
reservados.
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