LA BUTACA
Revista de Cine
Películas
Tráilers
Imágenes

APUNTA  TU CORREO

 
 

De compras de cine por internet
      De compras de cine por internet
De compras de cine por internet

 

ARCHIVO DE PELÍCULAS

A B C D E F G H I J
K L M N Ñ O P Q R
S T U V W X Y Z 0-9


Estrenos | Cartelera | Críticas | Preestrenos | DVD | Carteles | Top10 | Actualidad
 


EL ASESINATO DE RICHARD NIXON
(The assassination of Richard Nixon)


cartel
Dirección: Niels Mueller.
País:
USA.
Año: 2004.
Duración: 95 min.
Género: Drama, thriller.
Interpretación: Sean Penn (Samuel Bicke), Naomi Watts (Marie Andersen Bicke), Don Cheadle (Bonny Simmons), Jack Thompson (Jack Jones), Brad William Henke (Martin Jones), Nick Searcy (Tom Ford), Michael Wincott (Julius Bicke), Mykelti Willliamson (Harold Mann), April Grace (Mae Simmons), Jared Dorrance (Sammy Jr.), Jenna Milton (Ellen).
Guión: Niels Mueller y Kevin Kennedy.
Producción: Alfonso Cuarón y Jorge Vergara.
Producción ejecutiva: Arnaud Duteil, Avram Butch Kaplan, Kevin Kennedy, Frida Torresblanco, Alexander Payne, Leonardo DiCaprio, Jason Kliot y Joana Vicente.
Música: Steven M. Stern.
Fotografía:
Emmanuel Lubezki.
Montaje: Jay Cassidy.
Diseño de producción: Lester Cohen.
Vestuario: Aggie Guerard Rodgers.
Estreno en USA: 29 Diciembre 2004.
Estreno en España: 9 Junio 2006.

CÓMO SE HIZO "EL ASESINATO DE RICHARD NIXON"
Notas de producción © 2004 Manga Films

1. El proyecto

  EL ASESINATO DE RICHARD NIXON es un drama escalofriante que explora y expone el lado oscuro del sueño americano. Sean Penn protagoniza esta historia basada en hechos reales acerca de un hombre que tramó un fallido atentado sobre la vida del trigésimo séptimo presidente de los EE.UU. Coescrita y dirigida por Niels Mueller en lo que es su debut en el largometraje, esta cinta puede hacer ostentación de un reparto de refuerzo capitaneado por Naomi Watts, nominada al Oscar; Don Cheadle, ganador del Globo de Oro; y el destacado actor australiano Jack Thompson.

 

  Siendo su primer papel para la pantalla grande desde Mystic River (Mystic River, 2003), Penn ofrece una interpretación que no podría estar más alejada de su oscarizado papel en el film de Clint Eastwood. Luciendo tatuajes, y rodeado de secuaces a la manera de los señores de la guerra actuales, Penn aparecía allá de una manera espectacular y casi mítica. Por el contrario, en EL ASESINATO DE RICHARD NIXON parece haber encogido de tamaño, encarnando a un tipo corriente cuyo auténtico problema es que no el respeto en los distintos ruedos donde se le pide que se pruebe a sí mismo. Considerado un fracasado tanto en casa como en el trabajo, este hombre corriente se ve empujado a realizar una gesta ingente que haga notar su presencia.

  A la luz de ello, resulta particularmente irónico que en realidad se sepa muy poco acerca de la historia de Samuel Bicke, quien en 1974 intentó secuestrar un avión para después estrellarlo en plena Casa Blanca asesinando de este modo a Richard Milhouse Nixon. Si éste era el objetivo de Bicke para lograr dejar su sello en el mundo, fracasó una vez más. Y no sólo porque ni siquiera lograra aproximarse al Presidente, sino porque en los anales de los asesinos y de los aspirantes a tales, ha quedado como una mera nota a pie de página, eclipsado, incluso en el día de su intento, por el escándalo Watergate y la consecuente e incesante cobertura televisiva que empujó a Bicke a elegir como blanco a Nixon por encima de todo.

  Este capítulo de la historia norteamericana que culmina con las escuchas del Watergate fue lo primero que empujó al guionista Niels Mueller (quien debuta como director en este proyecto,) a iniciar el guión que finalmente se convirtió en EL ASESINATO DE RICHARD NIXON. “Llevo tiempo interesado en lo que algunos historiadores denominan ‘la traumática década del sistema americano’,” —comenta—. “He leído a autores que hablan de esta década, iniciada en 1963 con el asesinato del primer Kennedy y acabada en 1974 con la dimisión de Nixon, como aquélla en la que los EE.UU. pierden la inocencia. Ignoro si ello es cierto o no, pero la cuestión me interesa”.

  Dado que este periodo se vio aterrorizado por los traumáticos asesinatos de grandes líderes, Mueller eligió como protagonista precisamente a un aspirante a asesino de presidente norteamericano. Quería saber cómo una persona puede ir desde el punto ‘A’ hasta el punto ’B’, siendo el punto ‘B’ el momento en que se pierde toda empatía hacia cuantos nos rodean y se arremete con violencia indiscriminada. Y más importante aún” —continúa—, “quería finalizar la película de modo que nadie en ella percibiera el intento de asesinato.” Ello, por supuesto, serviría para subrayar la alienación a la que está sometido el personaje principal, y que más tarde acusaría severamente a una sociedad tan acostumbrada a la violencia que ningún acto individual, por terrorífico que sea, genera mucho impacto. “Escribí treinta páginas” —sigue Mueller— “de un guión de ficción que titulaba ‘The Assassination of L.B.J.’ Giraba en torno a ese hombre separado de su mujer e hijo, que acepta un trabajo como vendedor para reestablecerse económicamente y, más importante aún, para reestablecerse a los ojos de su esposa. Es un hombre que anhela que su esposa e hijos regresen. Le veía hablando a una grabadora, aunque todavía no sabía el motivo por el que lo hacía”.

  Mueller recuerda: “En esas treinta páginas sueltas escupí todo cuanto tenía, y luego comencé a investigar acerca de los asesinos norteamericanos y aspirantes. De los diez libros que pedí prestados a la biblioteca pública de Los Ángeles, sólo uno incluía un capítulo breve acerca de Sam Bicke. Jamás había oído hablar de él, ya que su intento de asesinato pasó ampliamente desapercibido y luego se olvidó en el mar de confusión del escándalo Watergate.” Al descubrir a Bicke, Mueller sintió el aguijonazo del reconocimiento: “Sam estaba separado de su mujer y de su hijo, se esmeraba cuanto podía como vendedor para rehacerse económicamente y, más importante aún, para recuperar el respeto de su mujer. Quería que su familia regresara; los dos últimos meses, o acaso el último, de su vida, hablaba a una grabadora, y luego enviaba las cintas a Leonard Bernstein, entre otros. Esos registros pretendían dar testimonio de las razones de sus actos. Obviamente, sólo había que efectuar una pequeña conexión, dado que ya estaba escribiendo la historia de ese hombre de modo bastante parecido, antes de que me diera cuenta de que efectivamente ¡existió! La historia verdadera acerca de la que leí e investigué no hizo sino dar más credibilidad a mi, digamos, historia ‘original”.

  Una vez combinados su guión con la vida de Bicke, Mueller echó mano de los hechos de que se tiene constancia aunque de modo esquemático, con miras a finalizar el drama. Las circunstancias familiares y profesionales fueron, de hecho, tal y como se muestran en el film. “Sam trabajó durante un tiempo para un hermano en la venta de neumáticos” —nos asegura Mueller—, “aunque la cosa no acabó bien. De hecho, afrontó la posibilidad de una acusación por disponer de bienes robados, pese a que no estoy seguro de que esos materiales procedieran de la tienda de su hermano. Sam tenía un amigo muy apreciado que, como Bonny (el personaje de Don Cheadle), trabajaba en un establecimiento de reparaciones del automóvil. En una de las auténticas cintas de Sam, éste habla acerca del hijo de Bonny abrazándole, y lo mucho que eso significó para él. En el film, la escena de la cena con Bonny se erigió en torno a ello”.

  “Sam tenía una serie de trabajos de ventas” —nos informa Mueller—, “y evidentemente no era ningún gran vendedor. Leyendo las transcripciones de sus grabaciones, se deduce que esa falta de éxito le frustraba enormemente y reducía su autoestima. También es cierto que Sam había solicitado un préstamo para pequeños negocios con miras a poder financiar el sueño de disponer de un almacén de neumáticos móvil. Albergaba la idea de llenar un autobús escolar con neumáticos, como de hecho se muestra en la película, y resulta particularmente contrariado cuando se le niega el préstamo. Finalmente, es absolutamente cierto que Sam pensaba frecuentemente en los Black Panthers y les ofrecía donaciones, fomentaba grupos de liberación de negros nacidos a la sombra del anterior, o ambas cosas a la vez”.

  Por lo que respecta a su desdichado complot contra la vida de Nixon, Mueller destaca que el plan de destrucción concebido por Sam “se había inspirado en el caso del francotirador Jimmy Essex de Nueva Orleáns, y por un incidente auténtico en el que un piloto de helicóptero aterrizó en un aparato robado en el césped de la Casa Blanca.” Pese al hecho de cuan alarmantemente premonitorio resulta por parte de Bicke prever (hace más de treinta años) el uso de un avión a manera de proyectil, Mueller puntualiza que es completamente cierto. “Todo el plan consistente en estrellar un avión contra la Casa Blanca se basa en hechos reales.

  El asalto al avión está extraído de los informes de noticias y de los archivos del F.B.I.: disparar al copiloto; hacerse con una mujer como rehén y pedirle que le ayude a hacer volar el aparato, la liberación de la misma tras el hecho de que suplica por su vida, e incluso el modo en que Sam recibe los disparos a través de la ventana de la puerta del avión... todo ello es verídico, casi calcado. Las noticias que se escuchan y van hacia el desenlace del film son auténticos clips de la cobertura de la información por parte de la CBS y la NBC en torno al rapto del avión.” El hecho de que el objetivo final de Bicke era acabar con la vida de Nixon se supo más tarde, porque otro destinatario de las cintas confesionales de Sam era el periodista Jack Anderson del Washington Post, quien escribió acerca del incidente. Inicialmente, se había creído que el asalto de Sam no era otra cosa que un intento de secuestro. Mueller sólo ha cambiado ciertos detalles mínimos como nombres y lugares. “Los personajes que rodean a Sam y los nombres de los niños y de la esposa también se han cambiado para proteger su privacidad. Hemos cuidado esto mucho, con todo respeto, para preservar el anonimato”.

  A la luz de esto, Mueller se apresura a puntualizar que no existe lazo alguno entre su protagonista y Travis Bickle, el aspirante a asesino político en el clásico de Martín Scorsese Taxi Driver (Taxi Driver, 1976). EL ASESINATO DE RICHARD NIXON se basa en una historia auténtica” —subraya—. “Por lo tanto, creímos importante usar el auténtico nombre del aspirante a asesino de Nixon, como así se refiere en los auténticos fragmentos informativos de la CBS y la NBC que se muestran al final de la película. El nombre de ‘Sam Bicke’ no se escogió, y está lejos de ser una referencia cinematográfica. Es un nombre auténtico, aunque deletreado de modo distinto, que puede verificarse fácilmente viendo metraje auténtico y leyendo los documentos históricos”.

  Aunque la película no deba nada a Taxi Driver —mientras que el personaje de Travis Bickle puede que se haya basado en pequeña medida en Sam Bicke y en otros por el estilo—, Mueller es consciente de que su Sam tiene una serie de predecesores tanto en el cine como en la literatura. “Ha sido fascinante, y en cierta medida gratificante” —expresa—, “escuchar a gente que ha visto la película cómo compara a Sam Bicke con otros significativos ‘hombres solitarios.’ Sin embargo, de todas las comparaciones que he escuchado, la que le relaciona con Willy Loman —alguien describió a Sam como un ‘Willy Loman con venganza que ejecutar’— resuena con fuerza en mí. Sam, como Willy, es un hombre que cree fervientemente en el sueño americano y en su derecho de poder disponer de un pedazo del mismo. Sam, como Willy, es un vendedor que necesita hacer una venta, y, también, pasa de una absoluta esperanza al más completo de los desesperos en un instante”.

  Mueller cree que es importante destacar que, como Loman (y a diferencia de, por ejemplo, Travis Bickle) Sam no es un marginado que cuando le conocemos esté viviendo fuera de la sociedad. “Sam es un marido y padre de tres críos que acaba de cambiar de trabajo” —comenta—. “Ese trabajo es una fuente de grandes esperanzas para Sam: Esperanza de recuperar la esposa, los niños, y su vida pasada. Su viaje desde la normalidad a la desesperación y, finalmente, a la locura que rige sus actos finales, todo, puede reseguirse hacia atrás, hacia esa esperanza o, más bien, hacia esa pérdida de la misma.” A medida que experimenta un desengaño tras otro y sus sueños mueren, el punto de vista de Sam cambia. Lo que esperaba ganar, o recuperar, deja de ser su prioridad, lo cual ha ocupado los dos primeros actos del film. Ahora, Mueller evidencia cómo Sam empieza a “concentrarse más y más en aquellos que considera responsables”.

  Mueller resalta que incluso en su estado de locura muchas de las respuestas y acciones de Sam son las normales de la mayoría de ciudadanos corrientes: Cuando algo va mal, mira a su líder. Y abundando en este extremo, cuando necesita encontrar algo, lo busca en la televisión. Nixon, y todos los presidentes después de él, han usado la televisión en sus campañas electorales y en su gestión para promocionarse a lo largo de todo el país. “Al hacer esta película, era extremadamente importante para mí” —comenta—, “que la relación entre Sam y el Presidente de los EE.UU. fuera como la relación que casi todo norteamericano mantiene con su líder, es decir, uno que procede de la televisión, que ha ido tomando forma en la sala de estar mientras se está sentado en el sofá. Con respecto a ello, Sam es un hombre corriente, igual que usted y yo. Cuanto menos, es ahí donde él comienza”.

  Era importante que el público de Mueller se vinculara a Sam a partir de estas similitudes, de tal modo que pudiera sentir lo traumático de la situación cuando el personaje queda excluido de la sociedad. “Existen dos razones primeras para que el público se sienta arrastrado por el film hasta el punto que casi se tiene la sensación de haber entrado en la mente de Sam” —explica Mueller—. “La primera y más importante, es la interpretación de Sean. Encarna realmente sus papeles; ciertamente habita el cuerpo de Sam Bicke. En ocasiones, me sentía un tanto incómodo en el plató porque me daba la sensación de estar penetrando en los momentos privados de otro. El mundo que Sean, Naomi, Don, y Jack crearon transmitía toda la impresión de ser real y dar latidos, incluso con todas las cámaras, los focos, y el equipo técnico rodeándoles”.

  El segundo factor que cuenta para incrementar la identificación del público es de naturaleza más formal. “El director de fotografía y yo decidimos rodar todo desde el punto de vista de Sam, tanto como fuera posible. Queríamos que el público estuviera siempre con Sam. Si se mira la película con esto en la cabeza, se constatará que casi siempre hay un trozo de Sam en cada plano. Estamos encima de su hombro cuando sostiene una conversación, así que le sentimos en el encuadre. Aunque no nos veamos, o más específicamente, no veamos nuestro propio hombro cuando hablamos a alguien, creo que en el cine, cuando estamos sobre el hombro de alguien, nos sentimos más conectados con él. Además, reservamos los primerísimos planos sin adulterar para Sam. En otras palabras, cuando se está mirando muy de cerca los ojos de otro en este film, son los de Sam.” También es interesante hacer notar que cuando Bicke se sume en la locura, la cámara en si adopta un ligero desquicie y se hace algo inestable. Se trata de un movimiento sutil, de un ligero temblor, pero añade una tensión subliminal en la confrontación y choque finales del personaje.

  ¿Cómo puede explotar de este modo un hombre aparentemente corriente? ¿Cómo puede llegar a perder su lugar en la sociedad? Éste es uno de los muchos temas de EL ASESINATO DE RICHARD NIXON que conecta esta historia acontecida hace treinta años con nuestro tiempo presente. Definido a grandes trazos, podemos decir que el film dramatiza la empequeñecida calidad de vida bajo una administración republicana corrupta que ha lanzado una guerra impopular, que divide la sociedad, y que ha resultado acusada de falsificar unas elecciones nacionales. Y como tal cosa, no se puede evitar percibir paralelismos muy sorprendentes con los EE.UU. de hoy en día. Sin embargo, Mueller nos recuerda que escribió su guión años antes del 11 de septiembre, mucho antes de la presidencia de George W. Bus, y de las elecciones entre Bus y Gore, y años antes de la Segunda guerra del Golfo.

  “Como saben todos los que han investigado en este proyecto, EL ASESINATO DE RICHARD NIXON se anunció hace más de seis años.” Existen artículos de Hollywood Reporter y Variety desde 1999 informando que Sean Penn iba a protagonizar el film. Sean se comprometió entonces a apoyar el proyecto, y jamás se retractó de ello, sin embargo, todavía necesitábamos mucha ayuda para lograr que el film se hiciera, y ello tiene mucho que ver con el retraso. Alexander Payne es uno de mis amigos más próximos; nos conocimos hace veinte años en la Escuela de cine de la UCLA y, sin otra compensación que simplemente verme hacer mi film, me ayudó a conducir el proyecto durante cinco años; Leonardo DiCaprio leyó el guión en cierta ocasión, cuando estábamos teniendo muchas dificultades para hallar la financiación, y nos ofreció su apoyo. Y por último, Alfonso Cuarón y Jorge Vergara asumieron el tremendo riesgo de hacer la película con su propio dinero, que no era, en su mayor parte, sino las ganancias de Y tu mamá también”.

  Irónicamente, y debido a esta larga gestación, Mueller cree que “el guión, y de este modo el film, ha ido adquiriendo una relevancia creciente, casi mágica, desde que se escribió por primera vez. Siempre me dio la sensación de que la película era en cierto modo intemporal. Desgraciadamente, Sam tiene quien le imite, herederos si se quiere, encarnados en la gran cantidad de gente que actualmente estalla en una violencia indiscriminada. Sin embargo, el hecho de que la película opere, ¡y de qué manera!, como espejo de la sociedad contemporánea y de la historia se hace un poco increíble. Pero finalmente es ese espejo, las similitudes entre la Norteamérica mostrada en el film y la Norteamérica actual, lo que resulta importante para mí, y espero que también para el público en general”.

  “No me imagino a la mayoría del público que vea una película basada en hechos reales acerca de un hombre que intenta estrellar un avión en la Casa Blanca sin pensar acerca de cómo les habla todo eso a sus propias vidas, y cómo se remite a los hechos actuales que nos afectan a todos”.


Imágenes y notas de cómo se hizo  "El asesinato de Richard Nixon" - Copyright © 2004 Anhelo Productions y Appian Way. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos reservados.

Página principal de "El asesinato de Richard Nixon"
Añade esta película a tus películas favoritas
Opina sobre esta película en nuestra Lista de Cine
Suscríbete a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda esta película a un amigo
 


OTRAS PELÍCULAS

Caos (Chaos)     Hard candy     Tránsito (Stay)     El color del crimen (Freedomland) (Freedomland)     Plan oculto (Inside man)

::::: Pincha aquí para añadir LA BUTACA a tus sitios favoritos :::::

LA BUTACA
Revista de Cine online
Copyright © 2006 LaButaca.net. Valencia (España).
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso. Todos los derechos reservados.

estrenos | novedades | críticas | cartelera | preestrenos | DVD | carteles | top10 | de compras
 
sorteos | libros | videojuegos | reportajes | especiales | buscar | afiliación | listas de cine
reseñas de un butaquero | la ventana indiscreta |
quiénes somos | contacto | publicidad