CÓMO SE HIZO "EL
ASESINATO DE RICHARD NIXON"
Notas de producción © 2004
Manga Films
1. El proyecto
EL ASESINATO DE RICHARD NIXON
es un drama escalofriante que explora y expone el lado oscuro
del sueño americano. Sean Penn protagoniza esta historia basada
en hechos reales acerca de un hombre que tramó un fallido
atentado sobre la vida del trigésimo séptimo presidente de los
EE.UU. Coescrita y dirigida por Niels Mueller en lo que es su
debut en el largometraje, esta cinta puede hacer ostentación de
un reparto de refuerzo capitaneado por Naomi Watts, nominada al
Oscar; Don Cheadle, ganador del Globo de Oro; y el destacado
actor australiano Jack Thompson.
Siendo su
primer papel para la pantalla grande desde Mystic River (Mystic
River, 2003), Penn ofrece una interpretación que no podría estar
más alejada de su oscarizado papel en el film de Clint Eastwood.
Luciendo tatuajes, y rodeado de secuaces a la manera de los
señores de la guerra actuales, Penn aparecía allá de una manera
espectacular y casi mítica. Por el contrario, en EL ASESINATO DE
RICHARD NIXON parece haber encogido de tamaño, encarnando a un
tipo corriente cuyo auténtico problema es que no el respeto en
los distintos ruedos donde se le pide que se pruebe a sí mismo.
Considerado un fracasado tanto en casa como en el trabajo, este
hombre corriente se ve empujado a realizar una gesta ingente que
haga notar su presencia.
A la luz de
ello, resulta particularmente irónico que en realidad se sepa
muy poco acerca de la historia de Samuel Bicke, quien en 1974
intentó secuestrar un avión para después estrellarlo en plena
Casa Blanca asesinando de este modo a Richard Milhouse Nixon. Si
éste era el objetivo de Bicke para lograr dejar su sello en el
mundo, fracasó una vez más. Y no sólo porque ni siquiera lograra
aproximarse al Presidente, sino porque en los anales de los
asesinos y de los aspirantes a tales, ha quedado como una mera
nota a pie de página, eclipsado, incluso en el día de su
intento, por el escándalo Watergate y la consecuente e incesante
cobertura televisiva que empujó a Bicke a elegir como blanco a
Nixon por encima de todo.
Este capítulo
de la historia norteamericana que culmina con las escuchas del
Watergate fue lo primero que empujó al guionista Niels Mueller
(quien debuta como director en este proyecto,) a iniciar el
guión que finalmente se convirtió en EL ASESINATO DE RICHARD
NIXON. “Llevo tiempo interesado en lo que algunos historiadores
denominan ‘la traumática década del sistema americano’,”
—comenta—. “He leído a autores que hablan de esta década,
iniciada en 1963 con el asesinato del primer Kennedy y acabada
en 1974 con la dimisión de Nixon, como aquélla en la que los
EE.UU. pierden la inocencia. Ignoro si ello es cierto o no, pero
la cuestión me interesa”.
Dado que este
periodo se vio aterrorizado por los traumáticos asesinatos de
grandes líderes, Mueller eligió como protagonista precisamente a
un aspirante a asesino de presidente norteamericano. Quería
saber cómo una persona puede ir desde el punto ‘A’ hasta el
punto ’B’, siendo el punto ‘B’ el momento en que se pierde toda
empatía hacia cuantos nos rodean y se arremete con violencia
indiscriminada. Y más importante aún” —continúa—, “quería
finalizar la película de modo que nadie en ella percibiera el
intento de asesinato.” Ello, por supuesto, serviría para
subrayar la alienación a la que está sometido el personaje
principal, y que más tarde acusaría severamente a una sociedad
tan acostumbrada a la violencia que ningún acto individual, por
terrorífico que sea, genera mucho impacto. “Escribí treinta
páginas” —sigue Mueller— “de un guión de ficción que titulaba
‘The Assassination of L.B.J.’ Giraba en torno a ese hombre
separado de su mujer e hijo, que acepta un trabajo como vendedor
para reestablecerse económicamente y, más importante aún, para
reestablecerse a los ojos de su esposa. Es un hombre que anhela
que su esposa e hijos regresen. Le veía hablando a una
grabadora, aunque todavía no sabía el motivo por el que lo
hacía”.
Mueller
recuerda: “En esas treinta páginas sueltas escupí todo cuanto
tenía, y luego comencé a investigar acerca de los asesinos
norteamericanos y aspirantes. De los diez libros que pedí
prestados a la biblioteca pública de Los Ángeles, sólo uno
incluía un capítulo breve acerca de Sam Bicke. Jamás había oído
hablar de él, ya que su intento de asesinato pasó ampliamente
desapercibido y luego se olvidó en el mar de confusión del
escándalo Watergate.” Al descubrir a Bicke, Mueller sintió el
aguijonazo del reconocimiento: “Sam estaba separado de su mujer
y de su hijo, se esmeraba cuanto podía como vendedor para
rehacerse económicamente y, más importante aún, para recuperar
el respeto de su mujer. Quería que su familia regresara; los dos
últimos meses, o acaso el último, de su vida, hablaba a una
grabadora, y luego enviaba las cintas a Leonard Bernstein, entre
otros. Esos registros pretendían dar testimonio de las razones
de sus actos. Obviamente, sólo había que efectuar una pequeña
conexión, dado que ya estaba escribiendo la historia de ese
hombre de modo bastante parecido, antes de que me diera cuenta
de que efectivamente ¡existió! La historia verdadera acerca de
la que leí e investigué no hizo sino dar más credibilidad a mi,
digamos, historia ‘original”.
Una vez
combinados su guión con la vida de Bicke, Mueller echó mano de
los hechos de que se tiene constancia aunque de modo
esquemático, con miras a finalizar el drama. Las circunstancias
familiares y profesionales fueron, de hecho, tal y como se
muestran en el film. “Sam trabajó durante un tiempo para un
hermano en la venta de neumáticos” —nos asegura Mueller—,
“aunque la cosa no acabó bien. De hecho, afrontó la posibilidad
de una acusación por disponer de bienes robados, pese a que no
estoy seguro de que esos materiales procedieran de la tienda de
su hermano. Sam tenía un amigo muy apreciado que, como Bonny (el
personaje de Don Cheadle), trabajaba en un establecimiento de
reparaciones del automóvil. En una de las auténticas cintas de
Sam, éste habla acerca del hijo de Bonny abrazándole, y lo mucho
que eso significó para él. En el film, la escena de la cena con
Bonny se erigió en torno a ello”.
“Sam tenía
una serie de trabajos de ventas” —nos informa Mueller—, “y
evidentemente no era ningún gran vendedor. Leyendo las
transcripciones de sus grabaciones, se deduce que esa falta de
éxito le frustraba enormemente y reducía su autoestima. También
es cierto que Sam había solicitado un préstamo para pequeños
negocios con miras a poder financiar el sueño de disponer de un
almacén de neumáticos móvil. Albergaba la idea de llenar un
autobús escolar con neumáticos, como de hecho se muestra en la
película, y resulta particularmente contrariado cuando se le
niega el préstamo. Finalmente, es absolutamente cierto que Sam
pensaba frecuentemente en los Black Panthers y les ofrecía
donaciones, fomentaba grupos de liberación de negros nacidos a
la sombra del anterior, o ambas cosas a la vez”.
Por lo que
respecta a su desdichado complot contra la vida de Nixon,
Mueller destaca que el plan de destrucción concebido por Sam “se
había inspirado en el caso del francotirador Jimmy Essex de
Nueva Orleáns, y por un incidente auténtico en el que un piloto
de helicóptero aterrizó en un aparato robado en el césped de la
Casa Blanca.” Pese al hecho de cuan alarmantemente premonitorio
resulta por parte de Bicke prever (hace más de treinta años) el
uso de un avión a manera de proyectil, Mueller puntualiza que es
completamente cierto. “Todo el plan consistente en estrellar un
avión contra la Casa Blanca se basa en hechos reales.
El asalto al
avión está extraído de los informes de noticias y de los
archivos del F.B.I.: disparar al copiloto; hacerse con una mujer
como rehén y pedirle que le ayude a hacer volar el aparato, la
liberación de la misma tras el hecho de que suplica por su vida,
e incluso el modo en que Sam recibe los disparos a través de la
ventana de la puerta del avión... todo ello es verídico, casi
calcado. Las noticias que se escuchan y van hacia el desenlace
del film son auténticos clips de la cobertura de la información
por parte de la CBS y la NBC en torno al rapto del avión.” El
hecho de que el objetivo final de Bicke era acabar con la vida
de Nixon se supo más tarde, porque otro destinatario de las
cintas confesionales de Sam era el periodista Jack Anderson del
Washington Post, quien escribió acerca del incidente.
Inicialmente, se había creído que el asalto de Sam no era otra
cosa que un intento de secuestro. Mueller sólo ha cambiado
ciertos detalles mínimos como nombres y lugares. “Los personajes
que rodean a Sam y los nombres de los niños y de la esposa
también se han cambiado para proteger su privacidad. Hemos
cuidado esto mucho, con todo respeto, para preservar el
anonimato”.
A la luz de
esto, Mueller se apresura a puntualizar que no existe lazo
alguno entre su protagonista y Travis Bickle, el aspirante a
asesino político en el clásico de Martín Scorsese Taxi Driver
(Taxi Driver, 1976). EL ASESINATO DE RICHARD NIXON se basa en
una historia auténtica” —subraya—. “Por lo tanto, creímos
importante usar el auténtico nombre del aspirante a asesino de
Nixon, como así se refiere en los auténticos fragmentos
informativos de la CBS y la NBC que se muestran al final de la
película. El nombre de ‘Sam Bicke’ no se escogió, y está lejos
de ser una referencia cinematográfica. Es un nombre auténtico,
aunque deletreado de modo distinto, que puede verificarse
fácilmente viendo metraje auténtico y leyendo los documentos
históricos”.
Aunque la
película no deba nada a Taxi Driver —mientras que el personaje
de Travis Bickle puede que se haya basado en pequeña medida en
Sam Bicke y en otros por el estilo—, Mueller es consciente de
que su Sam tiene una serie de predecesores tanto en el cine como
en la literatura. “Ha sido fascinante, y en cierta medida
gratificante” —expresa—, “escuchar a gente que ha visto la
película cómo compara a Sam Bicke con otros significativos
‘hombres solitarios.’ Sin embargo, de todas las comparaciones
que he escuchado, la que le relaciona con Willy Loman —alguien
describió a Sam como un ‘Willy Loman con venganza que ejecutar’—
resuena con fuerza en mí. Sam, como Willy, es un hombre que cree
fervientemente en el sueño americano y en su derecho de poder
disponer de un pedazo del mismo. Sam, como Willy, es un vendedor
que necesita hacer una venta, y, también, pasa de una absoluta
esperanza al más completo de los desesperos en un instante”.
Mueller cree
que es importante destacar que, como Loman (y a diferencia de,
por ejemplo, Travis Bickle) Sam no es un marginado que cuando le
conocemos esté viviendo fuera de la sociedad. “Sam es un marido
y padre de tres críos que acaba de cambiar de trabajo”
—comenta—. “Ese trabajo es una fuente de grandes esperanzas para
Sam: Esperanza de recuperar la esposa, los niños, y su vida
pasada. Su viaje desde la normalidad a la desesperación y,
finalmente, a la locura que rige sus actos finales, todo, puede
reseguirse hacia atrás, hacia esa esperanza o, más bien, hacia
esa pérdida de la misma.” A medida que experimenta un desengaño
tras otro y sus sueños mueren, el punto de vista de Sam cambia.
Lo que esperaba ganar, o recuperar, deja de ser su prioridad, lo
cual ha ocupado los dos primeros actos del film. Ahora, Mueller
evidencia cómo Sam empieza a “concentrarse más y más en aquellos
que considera responsables”.
Mueller
resalta que incluso en su estado de locura muchas de las
respuestas y acciones de Sam son las normales de la mayoría de
ciudadanos corrientes: Cuando algo va mal, mira a su líder. Y
abundando en este extremo, cuando necesita encontrar algo, lo
busca en la televisión. Nixon, y todos los presidentes después
de él, han usado la televisión en sus campañas electorales y en
su gestión para promocionarse a lo largo de todo el país. “Al
hacer esta película, era extremadamente importante para mí”
—comenta—, “que la relación entre Sam y el Presidente de los
EE.UU. fuera como la relación que casi todo norteamericano
mantiene con su líder, es decir, uno que procede de la
televisión, que ha ido tomando forma en la sala de estar
mientras se está sentado en el sofá. Con respecto a ello, Sam es
un hombre corriente, igual que usted y yo. Cuanto menos, es ahí
donde él comienza”.
Era
importante que el público de Mueller se vinculara a Sam a partir
de estas similitudes, de tal modo que pudiera sentir lo
traumático de la situación cuando el personaje queda excluido de
la sociedad. “Existen dos razones primeras para que el público
se sienta arrastrado por el film hasta el punto que casi se
tiene la sensación de haber entrado en la mente de Sam” —explica
Mueller—. “La primera y más importante, es la interpretación de
Sean. Encarna realmente sus papeles; ciertamente habita el
cuerpo de Sam Bicke. En ocasiones, me sentía un tanto incómodo
en el plató porque me daba la sensación de estar penetrando en
los momentos privados de otro. El mundo que Sean, Naomi, Don, y
Jack crearon transmitía toda la impresión de ser real y dar
latidos, incluso con todas las cámaras, los focos, y el equipo
técnico rodeándoles”.
El segundo
factor que cuenta para incrementar la identificación del público
es de naturaleza más formal. “El director de fotografía y yo
decidimos rodar todo desde el punto de vista de Sam, tanto como
fuera posible. Queríamos que el público estuviera siempre con
Sam. Si se mira la película con esto en la cabeza, se constatará
que casi siempre hay un trozo de Sam en cada plano. Estamos
encima de su hombro cuando sostiene una conversación, así que le
sentimos en el encuadre. Aunque no nos veamos, o más
específicamente, no veamos nuestro propio hombro cuando hablamos
a alguien, creo que en el cine, cuando estamos sobre el hombro
de alguien, nos sentimos más conectados con él. Además,
reservamos los primerísimos planos sin adulterar para Sam. En
otras palabras, cuando se está mirando muy de cerca los ojos de
otro en este film, son los de Sam.” También es interesante hacer
notar que cuando Bicke se sume en la locura, la cámara en si
adopta un ligero desquicie y se hace algo inestable. Se trata de
un movimiento sutil, de un ligero temblor, pero añade una
tensión subliminal en la confrontación y choque finales del
personaje.
¿Cómo puede
explotar de este modo un hombre aparentemente corriente? ¿Cómo
puede llegar a perder su lugar en la sociedad? Éste es uno de
los muchos temas de EL ASESINATO DE RICHARD NIXON que conecta
esta historia acontecida hace treinta años con nuestro tiempo
presente. Definido a grandes trazos, podemos decir que el film
dramatiza la empequeñecida calidad de vida bajo una
administración republicana corrupta que ha lanzado una guerra
impopular, que divide la sociedad, y que ha resultado acusada de
falsificar unas elecciones nacionales. Y como tal cosa, no se
puede evitar percibir paralelismos muy sorprendentes con los
EE.UU. de hoy en día. Sin embargo, Mueller nos recuerda que
escribió su guión años antes del 11 de septiembre, mucho antes
de la presidencia de George W. Bus, y de las elecciones entre
Bus y Gore, y años antes de la Segunda guerra del Golfo.
“Como saben
todos los que han investigado en este proyecto, EL ASESINATO DE
RICHARD NIXON se anunció hace más de seis años.” Existen
artículos de Hollywood Reporter y Variety desde 1999 informando
que Sean Penn iba a protagonizar el film. Sean se comprometió
entonces a apoyar el proyecto, y jamás se retractó de ello, sin
embargo, todavía necesitábamos mucha ayuda para lograr que el
film se hiciera, y ello tiene mucho que ver con el retraso.
Alexander Payne es uno de mis amigos más próximos; nos conocimos
hace veinte años en la Escuela de cine de la UCLA y, sin otra
compensación que simplemente verme hacer mi film, me ayudó a
conducir el proyecto durante cinco años; Leonardo DiCaprio leyó
el guión en cierta ocasión, cuando estábamos teniendo muchas
dificultades para hallar la financiación, y nos ofreció su
apoyo. Y por último, Alfonso Cuarón y Jorge Vergara asumieron el
tremendo riesgo de hacer la película con su propio dinero, que
no era, en su mayor parte, sino las ganancias de Y tu mamá
también”.
Irónicamente,
y debido a esta larga gestación, Mueller cree que “el guión, y
de este modo el film, ha ido adquiriendo una relevancia
creciente, casi mágica, desde que se escribió por primera vez.
Siempre me dio la sensación de que la película era en cierto
modo intemporal. Desgraciadamente, Sam tiene quien le imite,
herederos si se quiere, encarnados en la gran cantidad de gente
que actualmente estalla en una violencia indiscriminada. Sin
embargo, el hecho de que la película opere, ¡y de qué manera!,
como espejo de la sociedad contemporánea y de la historia se
hace un poco increíble. Pero finalmente es ese espejo, las
similitudes entre la Norteamérica mostrada en el film y la
Norteamérica actual, lo que resulta importante para mí, y espero
que también para el público en general”.
“No me
imagino a la mayoría del público que vea una película basada en
hechos reales acerca de un hombre que intenta estrellar un avión
en la Casa Blanca sin pensar acerca de cómo les habla todo eso a
sus propias vidas, y cómo se remite a los hechos actuales que
nos afectan a todos”.
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Anhelo Productions y Appian Way. Distribuida en España por Manga
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