CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
"Desde el
Infierno", "Camino a la perdición",
"American
Splendor" o "Frank Miller's Sin City: Ciudad
del Pecado" son tan sólo unos cuantos ejemplos de las
numerosas películas que en los últimos años están
llegando a nuestras pantallas y cuyos argumentos es-tán
tomados de algunos cómics, si bien ahora se emplea el
califi-cativo de "novelas gráficas" para distinguirlas
de los tebeos de toda la vida, muy en boga gracias a
los superhéroes. Sin embargo, no nos engañemos, la
finalidad que se oculta tras el uso de este tér-mino
es, por un lado, la de llamar la atención de los
lectores que devoran y conocen este tipo de
narraciones y, por otra, la de evitar que aquellos a
los que les repelen las historietas tradicionales se
percaten de que aquí no se encontrarán ante una serie
de indivi-duos con poderes extraordinarios, sino frente
a una obra que vio la luz en un formato igual de
respetable que el cinematográfico.
No soy un ferviente admirador de la filmografía de
David Cronenberg, un autor que me ha llegado a
provocar no pocos bostezos con algunos de sus
experimentos, caso de, por ejemplo, "eXistenZ", siendo
en mi opinión uno de sus mejores trabajos "La mosca",
aquel notable remake de la cinta que en 1958 dirigió
Kurt Neumann. Ahora nos presenta un relato en el que,
tras observar un atroz acto criminal, el rea-lizador
consigue que nos olvidemos de lo que ha sucedido
introduciéndo-nos en la apacible cotidianidad de una
familia que reside en un pequeño pue-blo de Indiana.
Sin embargo, y cuando casi nos habíamos olvidado de
los primeros minutos de la película, Cronenberg nos
imbuye de nuevo en ellos cuando Tom, el patriarca de
los Stall, se deshace con facilidad de los
responsables de la matanza que contempla-mos con horror
en el prólogo de "Una historia de violencia" y que en
esta ocasión pretendían cometer un robo en el
restaurante del pro-tagonista.
El hecho de que Cronenberg nos aísle durante buena
parte del largometraje de los sucesos iniciales
provoca que lo que luego acontece en dicho local nos
impacte aún más, no tanto por su crudeza, pues en este
sentido hay que agradecerle al direc-tor que no se
recree con estas escenas, sino principalmente por su
contenido emocional, por la huella que deja en todos
los que han presenciado semejante acto. Lo que parecía
una vida tranquila se torna luego en una verdadero
calvario para los Stall, primero acosa-dos por los
medios de comunicación y luego hostigados por unos
individuos que dicen conocer a Tom. Se abre entonces
un interro-gante que, empero, no es el aspecto más
sustancial de la película, de tal forma que incluso
podríamos afirmar que su desarrollo resulta
convencional y su resolución previsible.
Es por ello que lo verdaderamente interesante de la
cinta es cómo se nos muestra la reacción de los
perso-najes ante lo que les está sucedien-do, ese
desequilibrio que socava lo que hasta entonces era su
pequeño universo de estabilidad. Todo ello se lleva a
cabo de forma progresiva y a través de un camino que
no tiene vuel-ta atrás, comenzando por la bofetada que
Tom le propina a su hijo y conti-nuando con el instante
en el que aquél le revela a Edie, su esposa, un pasado
que creía olvidado y del que estaba convencido había
conseguido huir. Es cierto que la narración pierde
fuerza durante su tramo final, pues, como apuntaba con
anterioridad, no es difícil intuir qué es lo que va a
suceder y, por tanto, no se puede afirmar que "Una
historia de violencia" sea un buen thriller, si bien
hemos de entender que Cronenberg utiliza como excusa
este género para sumergirnos en la ira, los temores y
la incertidumbre que renace o incluso se despierta en
unas personas que se ven superadas por las inesperadas
circunstancias que les ro-dean.
La labor del director es, sin duda, uno de los
elementos más des-tacables de la película. Su buscada
sobriedad se agradece en una época en la que no son
pocos los cineastas que, quizás creyendo que poseen la
maestría de Steven Spielberg, utilizan la cámara co-mo
si se tratara de un elemento propagandístico de su
supuesto ta-lento. Por suerte, Cronenberg resuelve con
destreza e inteli-gencia las escenas culminantes del
filme y permite que sean los actores los que lleven el
peso del relato, algo que uno puede comprobar en los
fascinantes minutos finales de "Una historia de
violencia", momento en el cual no escuchamos diálogo
alguno, sino que observamos las miradas y los rostros
de la familia Stall, conscientes de que el pasado de
Tom les marcará durante el resto de sus vidas y que ya
nada será igual para ellos. Es, bajo mi punto de
vista, el pasaje más brillante de una película cuyo
ajusta-do metraje también se debería incluir en el
apartado de sus acier-tos.
Respecto a los intérpretes, Viggo Mortensen nos
demuestra que aún tiene mucho que decir más allá de la
trilogía de "El Señor de los Anillos". Aunque ya lleva
unos cuantos años trabajando en la industria del cine,
es ahora, en plena madurez, cuando le llega un
merecido reconocimiento. A su lado nos encontramos con
Maria Bello, siendo su convincente actua-ción toda una
sorpresa, al igual que la del joven y desconocido
Ashton Hol-mes. A estas alturas poco se puede decir de
Ed Harris, cuya presencia siempre llena la pantalla y
que aquí logra intimidarnos sin perder la compostura
(por contra, a quien en-cuentro algo sobreactuado es a
William Hurt). Finalmente, resal-tar los componentes
melódicos de la banda sonora de Howard Shore,
especialmente en el primer tramo de la cinta,
transformán-dose su música de forma gradual y
haciéndose más oscura según avanza la trama.
Calificación película:
     Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes de "Una historia de violencia" - Copyright ©
2005 New Line Productions y Bender-Spink. Distribuida en España
por TriPictures. Todos los derechos
reservados.
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