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DaAxe
(Reseñas de un Butaquero)
«Me ha parecido excelente.
[...]. Tiene mensaje moral, pero no es explícito y deja que sea
el espectador el que se haga las preguntas y llegue a sus
conclusiones. Tiene una historia de amor, tiene rela-ciones
padre-hijo, tiene escenas de acción (de las mejores que he visto
en el cine en mucho tiempo, violencia en estado puro). Tiene
malos muy malos, transformaciones, redención, culpa, escenas
frenéticas que rompen el ritmo pausado, casi apacible si no
fuera por las circunstancias, coincidencias que arrastran a los
persona-jes, en fin. [...] y, además, está magnificamente
realizada, con unos actores principales que lo bordan y unos
secundarios magnífi-cos. Si hay justicia en Hollywood tendrá
unas cuantas nominacio-nes».
Sonia Puerto
(Lista de Cine)
«A mí me gustó [...].
Cronenberg me descoloca. "eXistenz"
me gustó muchísimo, "Crash" me parece una absoluta tomadura de
pelo y "Naked lunch" permanece en mi neocórtex en el cajón de
las pelis "no entiendo nada". La verdad es que no he visto más,
pe-ro las cosas que he podido ver son muy diferentes entre sí.
Esta úl-tima, la que protagoniza Aragorn (lo siento, pero es que
cuanto más lo miraba más de menos echaba la espada y la melena),
no sé por dónde cogerla. Es decir, me gustó, la disfruté y me
sorpren-dió... pero después de verla me quedó una duda en el
neocórtex que todavía me da golpecitos en el hombro de vez en
cuando: ¿qué narices me dice Cronenberg con todo eso?
Alternativas: 1. ¿Una parodia? Hay momentos en los cuales hace
mucha risa. La familia del principio es de un repugnante que te
mueres. Estaba deseando que llegara alguien muy malo y se los
cargase a todos. El final (la parte de William Hurt, que lo hace
genial por cierto) me lo miré con una sonrisa en los labios
[...]. ¿Aquello iba en serio? 2. ¿Una críti-ca a la sociedad
estadounidense? Puede ser. Hay una clara inten-ción por parte
del director en dejar claro que aquello es EE.UU. ¿Cuántas veces
nombran Philadelphia a lo largo de la peli? Supon-go que
pretende poner delante de sus narices que no es oro todo lo que
reluce... que todos tenemos un pasado. 3. ¿Un reflejo de la
re-alidad? Dicen que la realidad siempre supera la ficción. Yo
me creí aquello que estaba viendo en algunos momentos. Sin ir
más lejos, las escenas de sexo me parecieron de lo más creíbles.
Así como el final, que dentro de su sencillez y a pesar de
parecerme un poco lento porque después del gesto de la niña
todos sabemos qué va a ocurrir, me pareció la vida misma».
Judith Vives
(E-mail a la redacción)
«"Una historia de violencia"
se aleja de las obsesiones fílmicas que configuran el personal
mundo de David Cronenberg. Pero sólo por esa apariencia de filme
realista, formalmente clásico e incluso cercano a las formas del
telefilme, ya que la realidad es que la nue-va pesadilla del
director canadiense aborda, desde una nueva ópti-ca, algunos de
sus temas de siempre: la dualidad, la definición de la propia
identidad, incluso la enfermedad entendida aquí como un mal que
destruye no el cuerpo, sino el alma. El protagonista de "Una
historia de violencia" es un hombre corriente, Tom Stall, amante
marido y ejemplar padre de familia, ciudadano modélico en un
pequeño pueblo de la América profunda. La primera imagen que
vemos de este hombre es la de padre que protege a su hija de los
monstruos que acechan en sus pesadillas. Un plano de tres
adul-tos (padre, madre y hermano mayor) sobreprotegiendo a la
peque-ña de unos monstruos ficticios da paso al plano detalle
del buzón que presenta a los Stall. Aparentemente, tienen todo
lo que cual-quiera puede desear: una casa acogedora, una vida
tranquila, una familia feliz. Pero la vida de Tom y los suyos
cambiará cuando el primero se convierta en héroe accidental (el
tema musical épico de Howard Shore incide en este aspecto)
después de matar en defen-sa propia a dos ladrones que trataban
de robar en su cafetería, y cuya sangre fría es mostrada en la
dura secuencia que abre el film. La notoriedad que este suceso
le dará a Tom se convertirá también en el fatídico reclamo de un
pasado lleno de monstruos reales que Tom creía enterrado en el
olvido. Así es como saldrá de nuevo a la luz Joey, una
implacable máquina de matar, una identidad que Tom intentó dejar
atrás reinventándose como marido y padre modélico. Con Joey
reaparece también su hermano Richie, un poderoso gángster de
Philadelphia (interpretado por un sorprendente William Hurt) que
no está dispuesto a perdonarle a su hermano el desaire de haber
desaparecido sin explicaciones. Ante esta situación, Tom/Joey
decide entonces atacar el problema en la raíz y eliminar, con
cruda violencia, todo rastro de un pasado que amenaza su
equilibrio presente. Cronenberg muestra con ritmo pausado y
abso-luta contundencia la transformación, tanto física como
mental, de Tom en Joey. En este sentido, el peso del filme se
sustenta en la extraordinaria interpretación de Viggo Mortensen,
cuyas miradas y silencios dicen tanto de si mismo como sus
arrebatos de violencia. El director, que siempre ha estado
obsesionado con la transforma-ción de la carne, se detiene
brevemente en los daños que provocan los golpes y puñetazos de
Tom/Joey en sus oponentes. Por ejem-plo, la cicatriz que recorre
el rostro de uno de los esbirros de Richie (interpretado por un
Ed Harris que con su presencia eleva la cate-goría general del
reparto), pero también narices rotas, sesos vola-dos y gargantas
reventadas se muestran sin pudor. Tom arrastrará a su familia en
esta bajada a los infiernos personales y la convertirá en una
víctima muy poco inocente de este Mal, en mayúsculas, que
amenaza la sociedad contemporánea, según parece advertir
Cronenberg en este film. Dos buenos ejemplos muestran la
evolu-ción en paralelo de Tom y su familia. Las dos secuencias
de sexo entre Tom y su mujer (notable también la interpretación
de Maria Bello), la primera en el lecho matrimonial, llena de
inocencia; y la segunda, cuando Joey ha hecho su aparición, y
que adopta la for-ma de una agresión violenta. Significativa
resulta también la trans-formación del hijo mayor, que es
víctima de abusos (o bullying) por parte de un compañero
de clase. Al principio se muestra cómo el joven se defiende a
partir de argumentos para pasar, después, a los puñetazos y la
agresión. De esta forma, la violencia que Tom trató de enterrar
junto a su anterior identidad empieza a teñir la vida coti-diana
de esta familia modélica, hasta llegar a la última y
angustian-te secuencia en la que el marido, después de un baño
de sangre, regresa al hogar. Ya no se distingue a Tom de Joey:
el hombre se ha valido de la violencia como paradójico medio
para librarse de ella, sin duda en una maniobra que se demuestra
absolutamente inútil. La violencia no es más que un círculo
vicioso del que resulta imposible escapar, según parece decir
Cronenberg, porque no se puede combatir externamente un mal que
anida en lo más profundo del ser humano».
Daniel Vargas
(Lista de Cine)
«No coincido con los
comentarios de "las actitudes poco creí-bles", he conocido
chulos de patio de colegio (o acosadores, como los llaman ahora)
mucho peores y más violentos; y que además no se caían al suelo
sangrando cuando les respondías con su propia violencia. Lo que
sí se puede añadir es que es la acertadísima puesta en escena de
Cronenberg es lo que consigue hacer creíble esta historia,
porque, reconozcámoslo, el guión no es un prodigio de
verosimilitud y credibilidad; pensemos por un momento que esta
película se desarrollase en España, no nos la creeríamos ni por
asomo, pero como está ubicada en ese país en el que todo es
po-sible, pues la cosa entra mejor. Y no soy más explícito para
no in-currir en spoilers. Comparemos la película con "Perros de
paja", por poner un ejemplo. En la obra maestra de Peckinpah los
malos son gente del pueblo, gente más o menos normal, y no
"malos pro-fesionales" como el caso que nos ocupa, y el
protagonista de la primera es un hombre normal y corriente,
mientras en la última sólo lo parece. Sus actos terminarán por
descubrirnos que pretende ser normal, pero en el fondo no lo es,
o no le dejan. Por lo tanto, para mí "Una historia de violencia"
parece creíble, o incluso real, pero no lo es en absoluto. Me
encantó la forma en que están planteadas las esceas de sexo y
violencia, sin imposturas ni efectismos. El que vaya buscando
violencia tipo John Woo o polvazos a lo "9 se-mana y media", se
equivoca de película; y eso es lo bueno. La vio-lencia explota
ante nuestras narices, dura un segundo, y nos en-contramos de
bruces con sus desagradables resultados (incluyen-do planos que
de durar un pelín más serían considerados gore). Y por
cierto, impresionante Ed Harris, que con cuatro pinceladas
con-sigue componer un personaje que mete miedo de verdad, como
el Robert Mitchum del "El cabo del terror" o el Joe Pesci de
"Uno de los nuestros", pero con mucho menos material de trabajo
pues el papel es bastante breve aunque importante. Recomendada
para cualquier persona que no confunda calidad con efectos
especia-les».
Bob332de
(Lista de Cine)
«Personalmente me parece una
gran pelicula, un peliculón con algún altibajo razonable pero
que al terminar deja el mal sabor que el tema proporciona y su
realismo propio del cine de hoy, pero tam-bien la sensación de
brevedad; cuando algo parece corto, la mayo-ría de las veces es
bueno para quien así lo siente. Entiendo que el director retrata
en primera instancia una familia normal, en la que las fantasías
de la mujer deberían ser algo no sólo normal después de unos
cuantos años juntos, parece raro para algunos que el ma-trimonio
funcione. Penita amigos para quienes no disfruten de es-tas
terapias, parece demasiado cerrada la influencia del tópico
do-lor de cabeza. El hijo es reflejo de un padre que vive una
normalidad refrenada, como suele suceder con frecuencia, la
educación pru-dente traslada una etica de calma, el machaque que
en estos ca-sos hoy es frecuente del chuloputas que
ejerce de tirano conduce a la autodestrucción, el miedo a fin de
cuentas aliado con la pruden-cia que hace más grandes a los
otros, capaces desde esta postura de agredir gratuitamente o
intimidar para causar pánico. El padre: su comportamiento está
marcado por su propia experiencia, ha tardado tres años
caminando por su desierto, físico y psíquico, pa-ra cambiar al
descubrir una mujer impresionante, que le quiere, que le
acompaña, que le siente, a la que no le duele la cabeza, con la
que es y se siente feliz deseando mantener una vida normal. Este
hombre normal ve que una serie de condicionantes sociales
(auto-defensa de él y su entorno) alteran su comportamiento
racional. El hombre no deja de ser un animal dotado de
inteligencia, pero... Luego se hace más patente la defensa de
esa intimidad más cerra-da que es su familia, se siente el dolor
en la carrera con su pie do-lorido, en el sufrimiento por lo que
entiende sucederá. A partir de este momento nada es evitable, el
hijo cambia su autodestrucción sacando al exterior el miedo,
agrede, nada más logico y lo hace con la misma autodefensa con
que el padre dispara, y cuando éste le reprocha la violencia,
por conocer mejor que nadie en sus lími-tes, el hijo le reprocha
la diferencia, fuerza con las manos contra disparos. Dos formas
de una misma actuación lógica, la agresión en defensa propia,
que guste o no hasta la iglesia legitima. Luego los sentimientos
enfrentados de amor/pasión/deseo que la mujer siente por su
marido se enfrentan en una liturgia sexual, dura apa-rentemente
violenta, ¿pero es que en algún momento la mujer dice dejar de
amar?, o simplemnte se enfrenta al dolor, la angustia de ese
personaje que a mentido, o que no ha conocido al cien por cien.
Como el final no puede dejar de sentirse condicionado por ese
pasado que le espera, y no es posible la autodestrucción, que
ge-neraría guardar el pánico en el interior, no queda más
remedio que viajar y arreglar ese mundo interior con el
hermano... cuestión de suerte propia de pelicula del oeste. La
vida tiene que continuar pero no sólo depende de uno mismo,
tambien de la aceptación de su entorno, su familia. Nada mejor
en ocasiones que las lágrimas para demostrar que se está vivo».
Jennifer Rey Pangalangan
(Lista de Cine)
«No es que me decepcionara,
pero me dejó una sensación extra-ña. Creo que sabía demasiado de
la película entre leído, visto el tráiler y lo que han
destripado en TV y que es una de esas pelícu-las sencillas que
disfrutas más sin saber nada acerca de ellas. Me dio esa
impresión porque la persona que fue a verla conmigo no sabía
nada acerca de ella y la disfrutó bastante más que yo, creo.
[...] No sé, en general me pareció demasiada película para tan
po-ca trama, pero de ser el mensaje final "si quieres dejar el
pasado atrás tienes que 'eliminarlo', literalmente"... entonces
me parece una buena métafora perfectamente construida en la que
falla un de-talle [...] y es la banda sonora a cargo de Howard
Shore y que sirve para diferenciar los momentos de Tom y Joey
(porque no suena na-da de música ni sonido cuando es este
último, sobre todo en Fila-delfia), no pega ni con cola. Y no
sólo eso, porque podría no pegar pero ser buena como la que el
compositor hizo para "La
habitación del pánico" pero es que además parecen los
acordes que hiciera para "El
Señor de los Anillos" [...]. Y no lo digo porque
distribuya New Line Cinema y protagonice Mortensen, sino porque
verdade-ramente nos sonó así. En definitiva, que todavía no sé
qué pensar sobre "Una historia de violencia" por mucho que haya
escrito, pero aun así la encuentro muy bien dirigida e
interpretada y siempre se-rá algo más visionable que otras cosas
a las que estamos acos-tumbrados».
David Rovira
(Lista de Cine)
«Nos defraudó bastante. Las
escenas de sexo absurdas, los per-sonajes prototípicos hasta dar
asco: el policía del pueblo con sus frases estilo "este es un
pueblo tranquilo, márchense y no vuelvan por aquí", el macarrita
del instituto rodeado de sus compinches, por no hablar de esa
típica hija pequeña rubia que muestra gestos de una inteligencia
impropia para su edad, o del personaje graciosillo por
excelencia (el orejón cocinero del bar del protagonista) al que
sólo habría faltado que lo matasen en el atraco, para rizar el
rizo con los topicazos, pues ya sabéis que el graciosete siempre
la pal-ma. La historia empieza siendo interesante, pero se
desinfla cuan-do cae Ed Harris, el mejor actor con diferencia. A
partir de ahí ya da la sensación de que el resto de película
sobra, no aporta ya na-da más a la historia. Creo que Cronenberg
debería volver por sus fueros haciendo pelis con gente que tiene
pegadas playstations en las espaldas y bizarradas por el estilo,
esperaba mucho más del creador de "Crash" o "eXistenZ"».
Francisco Quevedo Puchal
(E-mail a la redacción)
«El realizador canadiense
David Cronenberg sigue empecinado en
proporcionarnos minuciosas diagnosis de la condición humana y de
los profundos recovecos de su mente, y en “Una historia de
violen-cia”, según sus propias palabras, parece haber querido
centrar su atención en el fenómeno de la violencia como factor
condicionante y determinante de la vida, y, por ende, de la vida
en sociedad. Esta vez ha dejado de lado su recurrente atracción
por las zonas cre-pusculares que existen entre el mundo de la
fantasía y la imagina-ción y el mundo real (como ya contemplara
en “eXistenZ”, en “Vi-deodrome o incluso en “La mosca”) y se ha
metido de lleno en la realidad más cotidiana, para hacer una
excelente y minuciosa in-trospección del fenómeno de la
violencia en sus distintas vertien-tes. La historia que nos
cuenta, basada en la novela gráfica de John Wagner y Vince
Locke, nos traslada al tranquilo pueblo de Millbrook (Indiana),
donde el apacible propietario de una cafetería (Viggo Mortensen)
se ve convertido en héroe local de la noche a la mañana al
impedir un robo. Un hecho tan simple como éste será el punto de
arranque del proceso de degradación y cambio que sufri-rá, no
sólo Tom Stall, sino también el resto de su familia, y que
cambiará el rumbo de sus vidas de un modo inesperado. La
apari-ción de Carl Fogarty (Ed Harris), un misterioso hombre que
confun-de a Tom con un peligroso asesino, acelerará
indefectiblemente los hechos. La acertadísima elección de Ed
Harris, como contrapartida a un Viggo Mortensen hierático en
exceso, así como el fugaz pero interesante papel que le ha
correspondido a William Hurt, consi-guen que “Una historia de
violencia” no se convierta en un mero di-vertimento moralista. Y
es que Cronenberg se ha apoyado casi ex-clusivamente en su
plantel de actores y en el dramatismo visual de la historia,
desnudándola por completo de otros recursos fílmicos, como
puedan ser la música (sobria y tenue, casi desapercibida) o la
iluminación (completamente natural, como buscando darle mayor
realismo a la historia). A las interpretaciones hay que añadir
la ex-plicitud visual de las escenas violentas, donde Cronenberg
no esca-tima en absoluto, pero sin llegar tampoco a la
brutalidad gratuita. También hace hincapié de un modo sutil pero
claro en la violencia que va ligada a la sexualidad (la escena
de amor-odio en la escale-ra es apabullante) y a la adolescencia
(la pelea de su hijo en el ins-tituto). Nadie está libre de
culpa: la violencia –explícita o implícita– está ligada de un
modo casi inherente a la vida cotidiana y a la condición humana.
En una escena final conmovedora y desoladora por igual, sin
diálogos innecesarios y con unos primeros planos lle-nos de
fuerza visual, Cronenberg nos ofrece un epílogo que queda lejos
de ser un auténtico final, y deja las puertas abiertas a la
refle-xión más profunda sobre la naturaleza animal del ser
humano y la violencia que tanto nos caracteriza».
Dani García
(Lista de Cine)
«Tom Spall es un sereno padre
de familia en un pueblecito de la América profunda (y blanca)
que un buen día se convierte en héroe al salvar su local de un
par de ladrones y asesinos, a partir de ahí se le considera un
héroe y su vida dará un vuelco despertando fan-tasmas del
pasado. Historia sencilla en apariencia (ajuste de cuen-tas con
el pasado) pero cargada de matices por dentro, y cargada de una
violencia seca, sin estilismos para la galería ni texturas,
pe-ro con toda la contundencia que os podáis imaginar, y que de
paso sirve para reflexionar sobre la misma. Cronenberg sorprende
llevan-do una historia nada fantástica de una manera templada y
sin atro-pellos, con un ritmo seguro (no he notado ningún bajón)
y dando to-do el protagonismo a los personajes y su situación,
nada de "la nueva carne" ni experimentos hay en esta película.
Sin duda la más 'normal' que ha dirigido, o que al menos yo haya
visto. Me ha gustado mucho y me ha parecido fantástico, el símil
que ha ido al-ternando al principio entre las experiencias del
hijo y la del padre. Toda una reflexión (repito) sobre la
violencia. El plano actoral está increíble, Viggo Mortensen
[...] está muy solvente en lo físico y lo emocional, pero por
momentos es como si le faltara un poco de 'sangre', por llamarlo
así. Los que sobresalen muchísimo son Ed Harris y su
inquietante, y serena al mismo tiempo, presencia; y el inmenso
William Hurt, con un personaje corto pero bordado de prin-cipio
a fin. Y ahora la única pega, que intento borrarla para no
man-char la película, porque si no para mí sería redonda, es la
reacción de la familia (sobre todo del hijo, incomprensible) una
vez descu-bren lo que está pasando. De verdad que me sacó de la
película y hasta me puse nervioso, encontré tan incoherentes y
fuera de tono esos comportamientos con el resto de la
película... En fin, hago ver que eso no pasó y ya está. Os la
recomiendo de verdad».
Imágenes de "Una historia de violencia" - Copyright ©
2005 New Line Productions y Bender-Spink. Distribuida en España
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