SINOPSIS
El
joven doctor Noboru Yasumoto (Yuzo Kayama) llega a la clíni-ca
del doctor Barbarroja (Toshirô Mifune) para realizar sus
prácti-cas de postgraduación. Pronto, el nuevo interino adopta
una actitud arrogante. Empieza a beber en exceso, se niega a
llevar uniforme y se rebela contra el resto de médicos. El
doctor Barbarroja intentará que recapacite enseñándole lo que
significa ser un buen doctor.
CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Si le preguntáramos a cualquier cinéfilo que nos dijera
el nombre de un cineasta japonés, no hay duda de que
Akira Kurosawa se-ría el primero
en salir a la palestra. Conocido gracias a sus pelícu-las de
samuráis y señores de la guerra, existe en su obra, sin em-bargo,
una serie de relatos que ahondan en la naturaleza del ser humano
y la relación de éste con la sociedad contemporánea, caso de "El
ángel ebrio", "El perro rabioso", "Vivir", "Los canallas duer-men
en paz" o "El infierno del odio", por ejemplo (su último filme,
"Madadayo", también aborda esta temática). No obstante, y bajo
mi punto de vista, "Barbarroja" es la cinta que mejor se
identifica con esta parte de su filmografía.
Son muchos
los realizadores de hoy en día que observan con su cámara el
mundo que nos rodea, siempre plaga-do de injusticias y penurias.
Sin em-bargo, sus trabajos son tan exaltados y virulentos que
rayan o incluso so-brepasan los límites de la credibilidad,
cayendo fácilmente en la demagogia. Kurosawa está del lado de
los débi-les, pero en vez de arrojar cómodas diatribas contra los
poderosos (algo que hacen habitualmente algunos de sus colegas),
confía en la bondad de los hombres y describe las virtudes de
ciertos individuos que, si bien no pueden cambiar el sistema
es-tablecido, al menos hacen todo lo posible por mitigar sus
defectos (no es de extrañar, pues, que podamos comparar al
director de "La fortaleza escondida" con Frank Capra, cuyas
películas rezuman idénticos propósitos).
En
"Barbarroja", un arrogante muchacho llega a la clínica del
doc-tor Kyojio Niide con la intención de abandonar dicho antro a
la me-nor oportunidad. Semejante hospital no es digno de una
persona como él, que ha de sanar las enfermedades de los ricos
antes que tratar las de aquellos que no poseen nada y que viven
en el hospital de ese peculiar samaritano al que todos conocen
por el apodo de Barbarroja. ¿Qué puede enseñarle ese médico que
no haya apren-dido ya? Sin embargo, el joven Yasumoto no se
percata de que a los pacientes no se les puede tratar como si
fueran un mero objeto material, sino que tras sus compungidos y
anónimos rostros se ha-lla el sufrimiento de un alma, la
existencia de un dolor que mitigar. Todo ello lo va aprendiendo
mientras contempla cómo actúa su mentor, quien si bien trata con
delicadeza a sus protegidos, no tie-ne reparos a la hora de ser
descortés con los engreídos y los bella-cos (atención a todo lo
que acontece en el burdel, justo cuando Barbarroja se lleva
consigo a Otoyo, una muchacha enferma que es obligada a
prostituirse).
Es durante
esta parte del filme, que se centra en una chiquilla que jamás
ha conocido lo que es el verdadero cariño y que desconfía de
todos aque-llos que la rodean, cuando el discípulo comienza a
transformarse en maes-tro, pues ahora es él el que tiene que
vencer los recelos de Otoyo para ga-narse su corazón. Se iniciará
enton-ces una cadena que no parece tener fin, pues aparece un
nuevo personaje, un ladronzuelo por el que Otoyo em-pezará a
tener una sentida simpatía y a quien tratará de encubrir, pues
roba los alimentos para dárselos a su necesitada familia. Esa
permisivi-dad proviene de una humanidad que antes no existía en
una joven maltratada por la vida pero que, al igual que
Barbarroja supo trans-mitir a Yasumoto, aquélla hace lo propio
con el pequeño. Es el triunfo de la fe en el individuo, el
hallazgo de diversos oasis en de-siertos plagados de males...
"Barbarroja" es, en definitiva, una primorosa obra de
obligado visionado que incluye en su metraje momentos de tal
belleza que es imposible que el espectador permanezca impasible
ante algunas de sus imágenes y no se emocione con ellas (la
pérdida gradual de la soberbia de Yasumoto, el proceso de
cura-ción de Otoyo o el envenenamiento del niño y su familia son
meros ejemplos de la grandeza de esta película). A pesar de su
duración, unas tres horas, en ningún momento se hace pesada,
convirtiéndo-se además en una muestra del talento de Kurosawa y
de su intér-prete principal, Toshirô
Mifune, con quien no volvería a colaborar en ninguno
de sus siguientes filmes.
Calificación película:
    
Calificación banda sonora
original:
    
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