CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
La forja de un mito
De entre todos los innumerables su-perhéroes que el cómic (y por
ende, el cine, sobre todo en los últimos años) nos ha ofrecido a
lo largo de su historia, Batman siempre ha sido un caso
especial. Su innegable atractivo reside en varias aspectos
únicos que le distinguen y a la vez le apartan de esos
aficionados a los trajes de ma-llas de brillantes colores que se
dedi-can a luchar contra el mal. Para em-pezar, Batman carece de
superpode-res, una característica más bien inu-sual en un género
cuyos protagonis-tas adquieren capacidades que les separan de
los humanos corrientes y que les permiten llevar a cabo las más
increíbles proezas. Pero lo más interesante del personaje es sin
duda su complejo perfil psicológico, esa personalidad
frag-mentada y traumatizada por un episodio de la infancia, el
asesinato arbitrario y casual de sus padres, que lleva al
heredero de una in-mensa fortuna a dedicar su vida a aprender
las más variadas artes de lucha cuerpo a cuerpo y a desarrollar
sus dotes detectivescas para, enfundado en una especie de traje
de murciélago gigante y provisto de los más pintorescos gadgets,
combatir la injusticia y dar rienda suelta a su enorme ira a la
vez que intenta saciar su sed de venganza. Su inquebrantable
determinación, la impresionante fuerza de voluntad que demuestra
un personaje como éste y, por supuesto, el lado oscuro que
representa en sí mismo, no tanto por el hecho de que se tome la
justicia por su mano y al margen de un sistema judicial en el
que no confía –rasgo que es común en mu-chos superhéroes–, sino
por su carácter un punto más psicopático de lo habitual y la
necesidad de causar terror e intimidar a sus ad-versarios, son
elementos tan atrayentes que resulta natural pregun-tarse por el
origen de Batman, por el proceso de formación de un superhéroe
tan alejado de los habituales lugares comunes del gé-nero.
Christopher Nolan y su
co-guionista David S. Goyer
tuvieron bastante claro desde un primer momento que el principal
pero de las cuatro películas precedentes del personaje –las
notables "Bat-man" y "Batman returns" de Tim Burton, y las
desastrosas "Bat-man forever" y "Batman y Robin" del nefasto
Joel Schumacher– era que estaban centradas no tanto en la
fascinante personalidad de Batman sino en función del mundo que
le rodeaba o, más concreta-mente, de los villanos con los que se
enfrentaba, némesis que en el fondo no dejan de ser versiones
más o menos extremas del pro-pio Batman. Por mucho que las
películas de Burton ofrecieran inte-resantes apuntes sobre
algunos aspectos de ese complejo perfil de Batman y supieran,
eso sí, captar la negrura intrínseca del mismo a través de
cierta visión gótica de su universo, tan cercano a esa
imaginería propia del cineasta, aquellos que no estuvieran
familia-rizados con obras clave de los más de sesenta años de
historia del cómic original tendrían cierto derecho a
preguntarse por algunos aspectos esenciales del proceso de
formación del personaje que quedaban oscuros o que no había más
remedio que aceptar de forma implícita. "Batman begins"
aprovecha precisamente ese hue-co para hacer tabla rasa de
las cuatro películas anteriores e inaugurar una nueva y
revitalizada franquicia a través de una película notable y
entretenida que ha sido capaz de au-nar las necesidades
comerciales de una gran producción con las claves de la forja de
este mito, centrando su mirada en una ajustadísima y esforzada
recreación de la personalidad de este Bruce Wayne, pobre
niño rico incapaz de enfrentarse al trauma del asesinato de sus
padres sin otras armas que su miedo, su culpa y su ira, las
cuales, convenientemente canalizadas, aca-barán por dar forma a
ese extraño justiciero nocturno y amenazador conocido como
Batman.
A muchos puede que les llame la atención que el encargado de una
su-perproducción de este calibre sea un cineasta como
Christopher Nolan, cu-yo prestigio se ha asentado en dos
películas tan brillantes como de poco presupuesto. Sin embargo,
una vez vista "Batman begins", es fácil darse cuenta de los
elementos que atrajeron a Nolan. En el fondo, "Batman be-gins"
viene a completar una especie de sutil trilogía sobre la
neurosis de lo más coherente: si en "Memento"
la neurosis de su protagonista venía condicionada por su
incapacidad para generar nuevos recuerdos y su bús-queda de la
venganza, y en "Insomnio"
era la falta de sueño y la culpa lo que llevaba a la
desesperación al personaje de Al Pacino, Nolan se dedica ahora a
explorar las consecuencias que tiene en la en principio frágil
personalidad de Bruce Wayne el trauma generado por el asesinato
de sus padres y cierta fobia a los murciélagos que se explica
por un episodio infantil. Resulta un dato de lo más
sorprendente que en una película de Batman, éste no apa-rezca
ataviado con su reconocible traje hasta bien pasada la primera
hora de película, lo que constituye todo un atrevi-miento, y es
un hecho aún más relevante que ello no sólo no reste un ápice de
interés al filme sino que, más bien al con-trario, constituya lo
mejor de la propuesta de Nolan.
Nolan tiene un interés casi obsesivo en que los guiones de sus
películas respondan a un preciso mecanismo de relojería en el
que todo lo que en ellas sucede tenga una razón lógica o una
explica-ción convincente. "Batman begins" no es diferente: desde
la prime-ra secuencia en la que Bruce Wayne se precipita al
fondo de un pozo abandonado repleto de murciélagos que le atacan
–como muy bien apuntará luego su padre, porque le tienen miedo,
algo que pro-voca la sorpresa de su hijo y que introduce uno de
los elementos clave del filme– hasta el retorcido proceso de
aprendizaje al que le somete Ducard (un
Liam Neeson tan ajustado como
acostumbra en su enésimo papel de mentor), en el que empezará a
encontrar la forma de canalizar sus sentimientos hacia su futuro
papel en la vi-da, pasando por el esencial tramo de todo lo que
rodea al juicio del asesino de sus padres, en el que queda claro
la confusión de un personaje que se debate entre la culpa que le
atormenta, la insa-ciable necesidad de venganza y la ira que le
provoca su frustración, Nolan se aplica en una minuciosa y
brillante construcción realista del personaje que permite al
espectador seguir con él un proceso que no tiene nada de fácil,
un cuidado cuadro psicológico que sienta las bases sobre las que
construir la historia. Es destacable además que Nolan introduzca
en la trama a unos villanos, Ra’s Al Ghul y su enigmática Liga
de las Sombras, que no por casualidad están bastante alejados de
los oponentes habituales de Batman (su discurso e intenciones
son mucho más perturbadores que los planes de gente como el
Joker, el Pingüino o demás supervillanos, aunque carezcan, eso
sí, de su carisma), lo que permite marcar bien las distancias
con anteriores películas.
La segunda parte de la película, con Bruce Wayne de vuelta en
una corrup-ta Gotham comenzando sus activida-des como
justiciero, tiene la inteligen-cia, ofreciendo al espectador
medio de una película de estas característi-cas lo que ha venido
a ver –es decir, espectaculares peleas y escenas de acción
servidas con cierta profusión de efectos visuales–, de no
desmar-carse en exceso del tono sombrío es-tablecido en la
primera parte. Para ello, Nolan aprovecha en su beneficio
algunos de los logros conseguidos por Tim Burton –por ejemplo,
la prime-ra aparición de Batman intimidando y aterrorizando a
los criminales, como dando a entender que tiene una serie de
características sobrehumanas de las que en el fondo carece–, y
se aleja en otros –Gotham ya no es esa ciudad gótica y un tanto
irreal, sino que su forma nos resulta mucho más familiar sin que
por ello se pierda la sensación de que es un sitio cierta-mente
siniestro– y saca partido del excelente diseño de personajes
secundarios que rodean al protagonista, entre los que destaca un
majestuoso Michael Caine
como Alfred –un mayordomo que aquí tiene mucho más de figura
paterna y brújula moral que de servil cómplice de las andanzas
de su protegido– y un acertado Morgan
Freeman en un papel que recuerda no poco al que
representa Q en las películas de la serie James Bond,
proporcionando a Bruce Wayne toda la tecnología necesaria para
empezar su peculiar cru-zada. Menos interés despiertan el más
bien anodino personaje que interpreta
Katie Holmes, con mucho lo peor de la película, y
Gary Oldman en un papel clave
en la historia de Batman, cuya impor-tancia se ve reducida
precisamente por el excesivo protagonismo que la película presta
a esa ayudante del fiscal que personifica la tenaz lucha contra
la corrupción generalizada, un aspecto que ha-bría resultado
mucho más logrado si, como en los cómics, se le hubiera
concedido al honesto comisario Gordon.
Nolan cuenta además con un villano, el Espantapájaros (un serio
Cillian Murphy en su doble
papel), que aunque carece del carisma de otros oponentes de
Batman, le permite sacar aún más partido de uno de los temas
claves de la película como es la necesidad de infundir miedo
irracional en el adversario. Incluso en una escena que
habitualmente se prestaría al desmadre generalizado, como es la
espectacular persecución en el renovado y funcional Batmóvil,
Nolan mantiene intacto su apego por la realidad y por la
necesidad de hacer creíble para el espectador todo lo que sucede
en pantalla, de tal forma que el espectador nunca siente la
tentación, tan ha-bitual en el género, de desconectarse del
filme por abusar de la suspensión de la credibilidad: este
Batman, que se asienta en gran parte en el notable trabajo de un
Christian Bale capaz de hacer
creíble tanto la confusión de un ser perdido entre varias
máscaras superpuestas (la del propio Bruce Wayne in-cluida) como
la fuerza de esa oscura entidad que ha creado, es un personaje
complejo... y repleto de debilidades.
Podrá argüirse que la resolución de la película resulta un tanto
precipitada en su tramo final, con algún exceso que podría
haberse evitado (véase al efecto la secuencia de la fiesta de
cumpleaños en la Mansión Wayne y lo que sucede con posterioridad
a la misma), alguna debilidad de guión (que todo el plan de los
villanos se ar-ticule alrededor de una extraña máqui-na cuya
función resulta un tanto oscu-ra es quizás la parte menos
realista y más forzada de una película en cuyo serio enfoque del
tratamiento argu-mental reside su mejor baza) y cierto empalago
que tampoco casa dema-siado con el tono trágico del personaje
(ya se ha aludido a la debili-dad argumental del personaje que
encarna Katie Holmes, cuya as-cendencia sobre Bruce Wayne no
resulta nada convincente, como lo peor del filme), pero todo
ello no son sino detalles menores en una película comercial
inteligente, respetuosa al máximo con la mi-tología del
personaje y, en fin, sumamente entretenida que presen-ta no
pocos logros notables y hace gala de un saludable sentido del
riesgo, huyendo de tópicos y lugares comunes del género,
en-tendiendo bien que, como argumentaba al principio de esta
reseña, Batman es mucho más que un superhéroe al uso. Nolan
ha sabi-do sentar unas bases ciertamente sólidas para futuras
conti-nuaciones del personaje y no es extraño que, desde esa
se-guridad, el plano final de la película sea, además de un
gui-ño extraído directamente de las páginas de la estupenda
sa-ga Batman: "Year One" de Frank Miller (obra a la que "Bat-man
begins" homenajea abiertamente en no pocos pasajes), un
serio aviso de que quizás no haya nada intocable en esas
entre-gas. Nolan ya ha demostrado de sobra con esta magnífica
película ser algo más que un digno sucesor de Tim Burton.
Esperaremos fu-turos vuelos del murciélago.
Para
terminar,
señalar como otro absoluto acierto que la banda sonora original
de la película haya sabido, al igual que Nolan res-pecto de Tim
Burton, alejarse de la pesada sombra de las maravil-losas
composiciones que en su día concibió el genial Danny Elf-man,
consiguiendo conjugar dos talentos en principio tan opuestos
como el de Hans Zimmer y
James Newton Howard en una
músi-ca que ambienta y complementa a la perfección el tono
oscuro de la cinta.
Calificación:
    
Imágenes de "Batman begins" - Copyright © 2005 Warner Bros.
Pictures y Syncopy. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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