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BATMAN BEGINS


Dirección: Christopher Nolan.
País:
USA.
Año: 2005.
Duración: 134 min.
Género: Acción, aventuras, thriller.
Interpretación: Christian Bale (Bruce Wayne/Batman), Michael Caine (Alfred), Liam Neeson (Ducard), Katie Holmes (Rachel Dawes), Gary Oldman (Jim Gordon), Cillian Murphy (Dr. Jonathan Crane), Tom Wilkinson (Carmine Falcone), Rutger Hauer (Earle), Ken Watanabe (Ra's Al Ghul), Morgan Freeman (Lucius), Linus Roache (Thomas Wayne), Larry Holden (Finch).
Guión: Christopher Nolan y David S. Goyer; basado en un argumento de David S. Goyer; basado a su vez en los personajes de "Batman" creados por Bob Kane.
Producción: Emma Thomas, Charles Roven y Larry Franco.
Música: Hans Zimmer y James Newton Howard.
Fotografía:
Wally Pfister.
Montaje: Lee Smith.
Diseño de producción: Nathan Crowley.
Vestuario: Lindy Hemming.
Estreno en USA: 15 Junio 2005.
Estreno en España: 17 Junio 2005.

 

CRÍTICA
por Tònia Pallejà

Mala adaptación, peor película, pésimo ejemplo

  Hay más en común de lo que podría parecer a simple vista entre los tres últimos largometrajes de Christopher Nolan. Dejando a un lado su debut con la desconocida "Following" —una muestra de puro cine negro roda-da con exiguos medios, que puede ser entendida como una avanzadilla de lo que vendría a continuación—, los protagonistas de "Memento", "In-somnio" y la presente película son hombres señalados inequívocamente por el pasado, portadores de una culpa que socava su equilibrio emo-cional y que finalmente reconducirán, para beneficio propio o público, ya sea por la vía de la justicia o de la venganza —si es que en algunos casos no es lo mismo—, te-niendo como propósito primordial dar caza a un malhechor que re-viste toda la simbología propia del villano arquetípico. Y es que no pasa desapercibido que, al igual que sucedía con la mayoría de las obras de Alfred Hitchcock, su actual compatriota y aventajado alumno también emplea esa apariencia de intriga criminal como vehículo para retratar los más oscuros resortes que guían la mente humana y, por extensión, siembran de cadáveres nuestra sociedad. Muy probablemente, junto al rápido prestigio logrado por este joven autor, ése fuera el principal motivo por el que la Warner respaldó la candidatura de Nolan para ponerse al frente de "Batman begins", un film que, con muy ligeras variaciones, vuelve a servir a su perso-naje central, Bruce Wayne, las cartas de la memoria, la identidad, el miedo, el dolor, la marginalidad y la restitución del bien para ju-gar su particular partida —cartas que vienen marcadas por dos epi-sodios clave a los que asiste durante su infancia: un incidente en una cueva que desembocará en un terror atroz por los murciélagos y el asesinato de sus acaudalados padres a manos de un delin-cuente de medio pelo—.

  Estaba claro, por tanto, que a diferencia de las estimables versio-nes de Tim Burton y de las lamentables fantochadas perpetradas por Joel Schumacher, el Batman del siglo XXI iba a ser más perso-na y menos superhéroe. No en vano, se proponían acercarnos al nacimiento del icono gráfico creado por Bob Kane, un ser, para em-pezar, desprovisto de poderes sobrenaturales, que a lo largo de los años ha sufrido revisiones de muy distinta índole en su vasto y de-sigual recorrido a través de las viñetas, la gran pantalla o la tele-visión, oscilando desde lo más pop, kitsch y naif hasta lo más góti-co y severo. La idea de presentar un abordaje más adulto, sombrío y realista, bebiendo en mayor grado del espíritu que Frank Miller y David Mazzuchelli imprimieron a las páginas de "Batman: Año Uno", en contraste con la fanfarria netamente fantástica y ligera de sus precedentes fílmicos, prometía elevar el nivel de la historia ali-mentándola en la misma medida de relieve dramático y acción, y rescatando a su figura protagónica de ese segundo plano al que lo desplazaban, de manera inevitable, toda esa horda de excéntricos malvados casi siempre más atractivos que la supuesta estrella de la función. Se hacía patente, pues, que más allá de ofrecernos una simple precuela, existía la firme decisión de volver a comenzar la saga reconstruyéndola desde una nueva perspectiva; unas intencio-nes que recoge ese título tan explícito y sobradamente premonito-rio.

  Por desgracia, del dicho al hecho hay mucho trecho, y el resultado vie-ne a corroborar una vez más el refrán. Porque, si bien es cierto que este nuevo principio apuesta en cierto mo-do por profundizar en las razones de los personajes, contextualizando, asi-mismo, el relato en unos cauces más mundanos, y que se desvincula hasta determinado punto de los convencio-nales contenidos que malbaratan el cine comercial, esta engañosa volun-tad sólo se aprecia muy a grosso mo-do como punto de partida, pues, en realidad, su tosco, predecible y anodino desarrollo no hace sino reincidir en los consabidos tópicos del peor cine de género, adoptando un tratamiento tan infantil, torpe y superficial, mediante una puesta en esce-na del todo incompetente, que finalmente nos encontramos con más de lo mismo de siempre, pero encima con una calidad y una factura inferiores a lo habitual. El caso despierta no poca ironía, teñida de perplejidad, si tomamos en consideración los exor-bitantes medios y contrastados talentos que se han congregado para la ocasión, amén de las expectativas sostenidas por sus res-ponsables durante meses, que no han cesado de publicitar este despropósito como mejor adaptación de un cómic, digno entreteni-miento y película de altura... Pues va a ser que ninguna de las tres. Si el cine es el arte de contar historias, el trabajo de Nolan y su coguionista David S. Goyer es tan poco potable que no pasaría el examen final de cualquier escuela de audiovisuales que se tuviera en estima.

  De entrada, el flojo argumento que empuja "Batman begins" no es más que un cúmulo de rutinas y clichés vistos hasta la saciedad, a los que se vienen a agregar ingredientes impor-tados con descaro de otros tantos archiconocidos. No cuesta reconocer dentro de esta cara coctelera elementos de la saga "Star wars", James Bond y de cualquier mediocre telefilm de acción, artes marciales o melodrama al estilo "los ricos también lloran". La película se divide en dos partes claramente diferenciadas que la de-sequilibran: una primera que podríamos denominar los orígenes y la forja del personaje, y una posterior, iniciática, en la que asistimos a las primeras aventuras nocturnas del enmascarado Hombre Murcié-lago. Al primer tramo le pesa la repetición y esos continuos flash-backs que nos transportan a la feliz infancia del protagonista junto a sus padres, debilitando considerablemente el ritmo y la estructu-ra, mientras que el segundo nos depara una desechable trama en torno a unos terroristas más propia de una cinta de Steven Seagal, que cae en el recurso fácil de la catástrofe y el caos como sinóni-mo de espectáculo, y a la que los autores no saben muy bien có-mo y cuándo ponerle fin, arrastrándonos por varios desenlaces gra-tuitos que  traban el metraje. Así, la narración evoluciona a trompi-cones, titubeante y deslavazada, sin fluidez alguna. La construc-ción de los personajes dista mucho de ser ejemplar. Villanos y alia-dos carecen de dimensiones y carisma porque se ha querido dar magnitud al protagonista a costa de sacrificar a sus compañeros, y por eso todas sus acciones y motivaciones están desposeídas de sentido o convicción. Los diálogos son tan pueriles y autoconve-nientes que sonrojan, y, por supuesto, tampoco faltan los cansinos chistes para caer en gracia sin tener gracia alguna.

  Pero, de hecho, su total ausencia de originalidad o la burda manera en que se combinan e integran todos estos motivos serían disculpables si el guión por lo menos dispusiera de una coherencia interna y del suficiente va-lor explicativo, requisitos que no cum-ple. El libreto es inaceptable por-que está tan mal contado y tan re-pleto de inconsistencias que sólo se entiende por el bajo nivel de interpretación que requiere del público, echando mano de los re-dundantes diálogos para aclarar aquello que las imágenes son in-capaces de resolver en solitario o dejando huecos sin cubrir. Estos déficits que minan su credibilidad están presentes desde el arranque, pero se hacen más evidentes en momentos cumbre, tal y como sucede con todo el asunto que rodea a esa máquina que amenaza a la población, o en la escena en la que la chica se ve inexplicablemente acorralada por un puñado de convictos, cuya fun-ción tampoco queda clara, sin que el niño que la acompaña sufra las mismas consecuencias que el resto de ciudadanos. Por no mencionar las incongruencias que afectan al propio Batman: ¿tiene mucha lógica que intenten concederle tanto realismo a la edifica-ción del mito, llegando a niveles innecesarios que bordean el ridícu-lo —el tuneado del traje con un aerosol, o la adquisición mediante catálogo de las máscaras, al por mayor para disimular, no tienen desperdicio— para que luego dejen otros cabos sueltos como la transformación que sufre su voz?

  Pero, en última instancia, si este Batman no cuaja es porque ni cae bien ni invita a la identificación: el Señor de la Noche es un heredero ricachón alzado a golpe de talonario, sofisticados en-trenamientos y rentables contactos, un cobarde que persigue sub-sanar su trauma, un enchufado, un caprichoso, un pijo... a quien si ya cuesta corresponder con empatía, bastante menos con simpa-tía.

  Se puede aducir que en un film de estas características lo que se explica es lo de menos mientras entretenga, afirmación con la que estoy en completo desacuerdo —véase, si no, la modélica "Spider-Man", capaz de cumplir al mismo tiempo como diversión y válido discurso— y todavía menos cuando esos contenidos se venden co-mo un hecho diferencial, como sucede en "Batman begins". Pero aun admitiendo  que una trama agotada y endeble no tiene por qué lastrar necesariamente a una película que sepa compensarlo con una narración amena y resultona, la triste realidad es que eso tam-poco pasa aquí. Christopher Nolan, quien había despuntado co-mo un director inteligente y mesurado en sus anteriores lar-gometrajes, pierde totalmente el norte en un género con unas exigencias particulares para las que no parece desti-nado, castigándonos con un estilo visual que es la ineficacia, la incomodidad y la inconsecuencia personificadas. Sólo hace falta prestar una mínima atención, antes de que nos venza el ma-reo, a cómo plantea las escenas de acción, reducidas a un borrón en el que es difícil dilucidar lo que está ocurriendo debido a los mo-vimientos desorbitados de una cámara que parece haber sido arro-llada por una manada de bisontes y al montaje precipitado de pla-nos fugaces. Pero es también visible en el resto de secuencias, donde el realizador, incomprensiblemente, se recrea en lo banal y da un relieve plano a lo trascendente, consiguiendo un efecto con-traproducente. El lenguaje cinematográfico que resulta de encua-dres, óptica, movimiento y edición es la mitad de una película, y Nolan se comporta como un inexperto que no domina su intencio-nalidad comunicativa, por eso "Batman begins" queda convertida en un ejercicio vulgar, monótono y distante que no desprende ningún tipo de atractivo.

  Sin embargo, desbarajusta hasta tal extremo la amplitud y claridad de lo que nos está contando que repercute negativamente en los demás aparta-dos. El diseño de producción y la dirección de arte son quizás más pobres de lo que cabría esperar, evocando un molesto tufillo a car-tón-piedra en demasiados momen-tos, aunque cabe reconocer que los efectos digitales han sido intro-ducidos de manera cabal, no co-mo fin, sino como medio. Pero su voluntarioso trabajo pasa por entero desapercibido al quedar ahogado por las obtusas composiciones de Nolan y la negada fotografía de Wa-lly Pfister, quien confunde siniestro y tenebroso con escasez de luz, obteniendo un desfile de imágenes cuyas principales caracte-rísticas son la opacidad y la confusión. Todo esto se pone de espe-cial relevancia cuando Batman sobrevuela la ciudad —una Gotham más próxima a una de nuestras grandes urbes modernas que al as-pecto estilizado, gótico y fantasioso que venía siendo usual, lo cual en sí mismo no es un inconveniente—, ya que sólo le faltaría pen-der de unos hilos de pescador para completar el nefasto resultado, o en esa otra escena en la que el pseudo-quiróptero aparece sen-tado en lo alto de la fachada de un edificio, recuperando una de sus míticas costumbres, y que lejos de transmitir imponencia y solitud, lo único que percibimos es un conjunto de sombras mal identifica-das.

  El único capítulo en el que es casi imposible levantar repro-ches es en el interpretativo, lo cual no es mérito de nadie más que de los actores, que, obviamente,  ven desperdiciado su talento en unos papeles sin sustancia ni riesgo, pero que a fin de cuentas dotan el conjunto de un calibre superior. Christian Bale, como protagonista indiscutible del film, no acaba de tener el porte suficiente para rellenar a Batman, no obstante, es justo decir que su desempeño no es sólo solvente, sino que dispone de la versatilidad necesaria para dar cabida a los diferentes registros que se le exigen: desde hijo de papá atormentado y niño bien en su descenso a los infiernos hasta ese impostado gigoló de vida alegre, pasando, claro está, por el superhéroe, el galán de acción que co-quetea con el agente secreto y el moderado retrato más humano e intimista. Mucho menos favorecida del entuerto sale su partenaire romántica, y es que ni el personaje de Rachel Dawes pasa de ser la enésima y lamentable chica florero de turno con que el cine nos acostumbra a maltratar, ni Katie Holmes, que es la sosura con-centrada, da el perfil físico e interpretativo para el puesto. Michael Caine, que mejora al mayordomo-cómplice-amigo del protagonista con su saber estar, Tom Wilkinson, esta vez como villano, Rutger Hauer o Gary Oldman, especialmente arrinconados, y los siem-pre estupendos Liam Neeson y Morgan Freeman ejecutan de forma impecable su cometido, a pesar de que el segundo se vea limitado a un rol que suena a déjà vu y en el que puede lucir poco más que su grata presencia —en este caso, como una suerte de Mister Q que abastece de gadgets e ingenios al superhéroe— y que a Neeson le jueguen la mala pasada de convertirlo en una paro-dia de Qui-Gon Jinn, a quien encarnaba en la saga galáctica de Lu-cas —no sólo vuelve a repetir como mentor, con una caracteriza-ción similar y un registro idéntico, sino que para colmo sus líneas de diálogo se asemejan a las que recitaba en "Star wars"... ¿se equivocaría de guión?—. Pese a no figurar en los títulos de crédito, el elenco de murciélagos digitales merece una nota marginal, pues su vistosa coreografía salva algunos instantes.

  Tampoco se puede agregar nada demasiado efusivo sobre la ban-da sonora firmada al alimón por Hans Zimmer y James Newton Howard, y que bien poco tiene que ver con el encanto, sutileza y fuerza con que vistió Danny Elfman a los Batman de Burton. Mien-tras que en los momentos de máxima acción la música se transfor-ma en una caja de ruidos electrónicos más adecuada para una or-dinaria cinta de serie b o un gag cómico, en el resto de fragmentos apenas destaca, más aún si tenemos en cuenta el renombre de sus autores.

  El gran problema de "Batman be-gins" es que Nolan y Goyer creen que respetar una figura emblemática de las viñetas se reduce a incorporar gui-ños a su fuente gráfica y alargar su cuota de pantalla; que Nolan y Goyer opinan que la audacia empieza y aca-ba con sacar al superhéroe una hora más tarde de lo acostumbrado; que Nolan y Goyer piensan que una pelí-cula se convierte automáticamente en madura, profunda y elegante por tocar temas trágicos y trascendentales y despilfarrar mucho dinero, aunque lo hagan a través de patosas fórmulas que tiran de manuales de psi-cología de quiosco, barata filosofía oriental, demagogia política, símbolos alegóricos que pretenden dar unidad y sólo delatan una parca imaginación, culebrones sobre tipos podridos de pasta que no despiertan ninguna lástima y un impostado tono circunspecto que da risa; que Nolan y Goyer conciben que algo divertido es sinó-nimo de agitar bultos de colores delante de nuestros ojos, e ir alter-nando personajes y situaciones, cuantos más y más rápido mejor. Pero eso no es cine,  es un sucedáneo de cine que sólo podrá sa-tisfacer a fanáticos del género o del personaje dispuestos a dispen-sarlo todo o, en general, a espectadores ocasionales y muy confor-mistas.  En definitiva, "Batman begins" es una mala historia pé-simamente relatada, que no alcanza los mínimos valores exi-gibles en una gran producción de esta naturaleza para consi-derarla admisible, y que como experiencia sólo genera abu-rrimiento y bochorno. La idea podría haber sido buena, pero está mal enfocada, peor confeccionada y nulamente lograda. Nos halla-mos, entonces, antes el primer gran descalabro del año y una —una más— olvidable adaptación de un tebeo que tiene como única virtud ser el mal ejemplo que nunca se debería seguir. Sin embar-go, dado el éxito de público y crítica que la apoyan, no albergo dudas de que se está abonando el terreno para que el mal cine continúe prosperando hasta el infinito... y más allá.

Calificación:


Imágenes de "Batman begins" - Copyright © 2005 Warner Bros. Pictures y Syncopy. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados.

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