CRÍTICA
por
Leandro Marques
Canje de
mística por misterio
El cine
contemporáneo vive un mo-mento caracterizado por la fuerte
in-fluencia del cómic de superhéroes, que ya llevó y revitalizó a varios de sus
personajes más famosos y no tanto en la pantalla gigante ("Spider-man",
"Hulk"
o "Daredevil", entre otros). Incluso, para no ir
más lejos, es casi inminente el estreno de la nueva versión de
Superman. Esta nueva influencia, en súper abundan-cia, corre el
peligro de ocasionar satu-ración y desgaste, exceso de lugares
comunes y otros malos acostumbra-mientos capaces de conducir al
abu-rrimiento. Ni tiempo hay para que con "Batman begins" siquiera
se esboce un pensamiento de que pueda suceder
algo así porque, desde el mismo principio, la película se
encarga de dejar bien en claro su fuerza y de sacudir sus
propios horizontes de previsibili-dad.
Ni bien
comenzada, en el arranque, se realizan dos
despla-zamientos que desarticulan cualquier expectativa previa.
El primero se puede observar en la segunda imagen de la cinta.
Allí, en contraposición a la tradicional visión de la misteriosa
oscuridad de Gotham, se muestra a un niño jugando y
corriendo en un verde jardín junto a una pequeña amiga. La
cámara en movimiento y la música construyen el ritmo de la
escena. Él le arrebata a ella un pequeño objeto y corre a
esconderse detrás de unas plantas. De repente, el suelo cede y
el chico cae en un pozo profundo. Mien-tras espera ser rescatado
por su padre, se producirá un suceso que será determinante en su
vida: cientos de murciélagos irrumpi-rán como desesperados sobre
su aterrada humanidad.
El segundo
desplazamiento se realiza inmediatamente después. La cámara se
transporta a una prisión ubicada en algún país lejano. Allí,
Bruce Wayne pelea y saca de combate rápidamente a seis hombres.
Como castigo, es enviado a un calabozo donde lo espera un
desconocido: será quien le proponga iniciar un largo
entrena-miento que le permita al desorientado Wayne estar listo
para en-frentar a sus miedos más profundos, a controlar la furia
de su eno-jo. A luchar contra la injusticia del mundo. A
encontrar un camino.
Estos dos
primeros momentos de la película marcan una clara intención
narrativa del guión compuesto por quien es también el director,
Christo-pher Nolan ("Memento"), junto a
Da-vid Goyer. A través de
esas dos si-tuaciones, alejadas del paisaje neta-mente urbano que
caracteriza a las demás películas de la saga, se des-cubren dos
de los rasgos de identidad de Bruce Wayne más influyentes para
su transformación en Batman. No son los únicos, porque toda la
primera tra-ma del film está dedicada a explorar casi en detalle
la vida del joven Way-ne. Esta decisión de parte de la
realización, además de quedarse lejos de saturar o aburrir, por
la dinámica con que está con-tado, por sus permantes y bien
logradas escenas de acción, habilita a una comprensión
fundamental del personaje nun-ca antes desarrollada en los filmes
anteriores. Y también implica un riesgo de los realizadores: el
de hacer añicos el aura de misterio e interrogantes que rodeaba
al personaje Batman.
“¿Por qué
murciélagos?”, preguntó el genial mayordomo Alfred, in-terpretado
por un no menos genial Michael Caine,
mientras su adorado Bruce le señalaba el símbolo que había
elegido para repre-sentarlo. “Porque me asustan y quiero
compartir ese temor”, res-pondió el inminente Batman. En este
pasaje, queda claro el riesgo del director: apuesta a explicitar
lo que siempre constituyó una de las características más
intrigantes del personaje. A medida que se desarrolla, la trama
se va encargando de completar los baches his-tóricos que no
explicaban por qué Batman es Batman, y si bien en ese pasaje se
pierde de alguna forma el misterio de no saber, y con eso la
posibilidad de cada uno de imaginar qué había pasado, esa
pérdida de misterio en definitiva no sólo no aplaca sino que
po-tencia el poder místico del personaje, apoyado justamente en
su pasado neblinoso y sobrecargado de rabia.
La paciencia con que se va hilando el relato, y la fluidez casi
natural entre escena y escena, completan el espa-cio y las
imágenes, aumentando pau-latinamente la tensión narrativa.
Lue-go de un primer tramo dedicado a la génesis de Batman, se
empieza a in-tercalar su entrenamiento y prepara-ción con
imágenes de la ciudad góti-ca,
sus problemas, sus villanos. Dete-ner la corrupción es el
objetivo que moviliza el accionar del hombre mur-ciélago. No
faltan escenas de acción, no faltan los detalles del fabuloso
equipo de objetos que usa Batman —siempre aliado de la última
tecnología— ni una fabulosa ambientación de la ciudad, casi
atem-poral. Tampoco se extrañan los momentos dedicados a conocer
los movimientos del perverso doctor que se convertirá en un gran
enemigo. No faltan los momentos en que Bruce Wayne se burla de
su mundo, para enfrentar su soledad y su apariencia, y se vuelve
a conectar con el imperio creado por su padre. Sin embargo, todo
eso es ubicado en un plano secundario, en pos de la creación de
una atmósfera que va incrementando en oscuridad momento a
momento, generando a veces tramos verdaderamente hip-nóticos, a
veces otros escalofriantes. Quizás ese sea uno de los
principales méritos de Nolan, su habilidad para captar en
plenitud la oscuridad de Gotham, de la mansión Wayne,
de los murciélagos y de los villanos. Y principalmente de Batman
(aunque tal vez se lo haga hablar demasiado). Como si todos
formaran par-te, de alguna forma, de una misma cosa.
Por otra
parte, las participaciones de Gary Oldman
y Morgan Freeman,
sumadas a la ya mencionada de Caine, son sobresa-lientes. Sus
personajes aportan frescura y una buena cuota de hu-mor que sirve
para compensar en alguna medida cierta dureza del nuevo nombre
que encarna a Batman: el ex Psicópata Americano
Christian Bale.
La
película nunca se diluye. Pese a sus más de dos horas de
du-ración, transcurre casi sin perder consistencia de principio
a fin. Una de las razones es que la intención del guión de
explorar los rincones más profundos del personaje principal, sus
miedos, su fu-ria, está más que bien lograda y construida,
siempre correspon-diéndose, por otra parte, con los climas que
logran construirse en cada pasaje del film. Porque de alguna
manera, la evolución del personaje Batman, lenta, gradual,
siempre intensa, podría tomarse como el termómetro de los
sucesos de la película.
De todas
maneras, la clave para entender "Batman begins" como una
de las mejores de todas las otras secuelas, es el riesgo
que to-man guión y dirección para apos-tar por la sorpresa, para
desequili-brar varios de los puntos comunes del género y, sobre
todo, para ha-cerse cargo, con mucha responsa-bilidad y
verosimilitud, de los ma-tices que construyen la personali-dad del
superhéroe. En este senti-do, esto implicaba una apuesta nada
sencilla: por un lado, sacrificar algo de la cuota del misterio e
intriga que aporta el no saber, para poder, por el otro, elevar el
aura místico de un personaje sin igual.
Calificación:
    
Imágenes de "Batman begins" - Copyright © 2005 Warner Bros.
Pictures y Syncopy. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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