CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Soledad en
color rosa
Aunque
Jarmusch abandone el blanco
y negro, su mirada cine-matográfica sigue gozando de todos los
matices que la propia reali-dad contiene. Con sobriedad visual y
narrativa, sabe retratar a sus personajes y a la sociedad en que
vivimos con una precisión e inci-sión admirables. Reflexión en
torno a la soledad y al fondo que se esconde tras un envoltorio
rosa de unas vidas aparentemente exitosas. Y también viaje de
encuentro con uno mismo, de un hom-bre inmaduro y apático que
cuenta sus años por amores conquista-dos y abandonados: es un Don
Juan moderno —y caduco—, triun-fante en los negocios y con las
mujeres, siempre dispuesto a hacer una nueva conquista que no
conlleve compromiso.
Un
acomodado Don Johnston recibe un día una carta anónima y rosa,
justo cuando una última aventura amorosa toca a su fin. Su
contenido le depara una sorpresa y uno de los misterios que la
vida trae consigo: la remitente le comunica que pronto le
visitará su hijo de diecinueve años —fruto de una antigua
relación que tuvieron—, que ahora quiere conocer a su padre.
Alentado por su amigo y veci-no Winston —novelista que busca una
trama detectivesca para un nuevo libro, polo opuesto a Don y
padre de cinco hijos— tratará de averiguar la identidad de esa
mujer: decide visitar a cinco de sus amantes de aquel momento, y
descubrir el enigma que amenaza su futuro.
El paradigma de director indepen-diente americano que es
Jarmusch no puede hacer sino un cine inteli-gente, cuidado en la
forma, y re-flexivo y crítico con lo que cuenta. Su magistral
retrato de seres sin afec-tos, vacíos y de vuelta de todo, es el
mejor espejo de una sociedad a la que saca los colores al
mostrar el re-sultado en que desemboca una men-talidad hedonista y
egocéntrica: la so-ledad. El viaje de Don y el encuentro con sus
ex-amantes no es más que un repaso a distintas actitudes —en
realidad la misma bajo formas diver-sas— ante la vida: la
frivolidad y ligereza de una viuda o de su hija Lolita, la
frialdad y sequedad de una esposa reprimida, el subterfu-gio
alienante de una comunicadora de animales y su celosa
secre-taria, la furia primitiva e instintiva de una mujer
marginal, o la silente presencia de una novia difunta... las
cinco mujeres reflejan la falta de afecto y de vida, sentimiento
ejemplarmente sintetizado por un Bill
Murray de tremenda parquedad de palabras y gestos,
pero de una expresividad elocuente. Triste y lacónico, estólido
e impertur-bable, sus miradas melancólicas dejan ver el vacío de
un pasado tormentoso, a la vez que el temor a un futuro
imprevisible y el de-seo de permanecer en un presente efímero:
con esta máxima se ha conducido nuestro Don (Juan), y la vida le
amenaza ahora con una de sus sorpresas.
Aunque la unidad narrativa de esta road movie es
evidente, tam-bién lo es su estructura de capítulos, pues —aun no
tratándose de los cortometrajes de
"Coffee
and cigarettes"—, tras el prólogo en que se plantea
la historia y los dos vecinos traman su “investiga-ción”, los
distintos encuentros vienen a ser miradas poliédricas de la
sociedad y de sus tipos humanos, hábilmente engarzados por
fundidos en negro cuando se trata de trozos de realidad, y por
fun-didos en blanco cuando lo mostrado son imágenes oníricas
—quizá más luminosas que la propia vida real—. Resulta
ilustrativo, a modo de ejemplo, el recurso del travelling
empleado por Jarmusch: la pe-lícula comienza con un prolongado
plano-secuencia lateral para adelantarnos el viaje que Don
tendrá que emprender, y termina con un travelling anular
en que la cámara gira en torno a un egocéntrico y desconcertado
personaje, perdido en su subjetividad cuasi-enfer-miza: una vez
más, un final abierto y ambiguo para los misterios de la vida.
La sobriedad de la puesta en escena que se corres-ponde con la
visión analítica y nada emotiva de la historia, y se complementa
con varias referencia cinéfilas y literarias, y una música
selecta que sirve de elemento de engarce entre las subtramas.
También hay lugar para una reflexión acerca de la labor creativa
del escritor y del cineasta, así como de las conexio-nes entre la
realidad y la ficción en su mutua tarea de retroalimen-tarse.
Película de culto, más rica y
profunda de lo que parece, fría y con-ceptual, en la que se nota
la mano de un artista independiente y la presencia de un gran
actor capaz de dar vida a quien ya no la tiene. Ganó el Gran Premio
del Jurado en el pasado Festival de Cannes.
Calificación:
    
Imágenes
de "Flores rotas" - Copyright © 2005 Focus Features y Five
Roses. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
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