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CINDERELLA MAN: EL HOMBRE QUE NO SE DEJÓ TUMBAR (Cinderella Man)


Dirección: Ron Howard.
País:
USA.
Año: 2005.
Duración: 144 min.
Género: Biopic, drama.
Interpretación: Russell Crowe (Jim Braddock), Renée Zellweger (Mae Braddock), Paul Giamatti (Joe Gould), Craig Bierko (Max Baer), Bruce McGill (Jimmy Johnston), Paddy Considine (Mike Wilson), David Huband (Ford Bond), Connor Price (Jay Braddock), Ariel Waller (Rosemarie Braddock), Patrick Louis (Howard Braddock).
Guión: Cliff Hollingsworth y Akiva Goldsman; basado en un argumento de Cliff Hollingsworth.
Producción: Brian Grazer, Ron Howard y Penny Marshall.
Música: Thomas Newman.
Fotografía:
Salvatore Totino.
Montaje: Mike Hill y Dan Hanley.
Diseño de producción: Wynn Thomas.
Dirección artística: Peter Grundy y Dan Yarhi.
Vestuario: Daniel Orlandi.
Estreno en USA: 3 Junio 2005.
Estreno en España: 9 Septiembre 2005.

 

CÓMO SE HIZO SE HIZO "CINDERELLA MAN: EL HOMBRE QUE NO SE DEJÓ TUMBAR"
Notas de producción © 2005 BVI

1. La historia de superación de James Braddock: Un breve resumen de la vida y la época de esta leyenda del boxeo

  La Edad del Jazz, los años 20, fue una época dorada para América. Toda la nación celebraba la paz tras la Primera Guerra Mundial y aguardaba un futuro floreciente. También fue una época dorada para el boxeo, un deporte tan brutal como hermoso que supo captar la atención del público por su crudeza y su lucha cuerpo a cuerpo sobre el ring. A comienzos de los años 20, la multicultural sociedad americana contaba con una gran variedad de grupos de inmigrantes que tomaron el relevo de los boxeadores “nativos”. Cada vez que un boxeador se subía al ring ataviado con los colores nacionales o algún otro símbolo, las comunidades de inmigrantes, sobre todo las más arraigadas al Viejo Mundo, se sentían más cerca de su tierra.

  Fue precisamente en esta época cuando James J. Braddock, un amateur de Nueva Jersey conocido por su mortífero gancho derecho se convirtió en profesional. Como muchos otros muchachos de clase obrera, Braddock veía en el boxeo un billete a una vida decente. Era lo único que se le daba bien y durante un tiempo fue uno de los mejores.

  Durante los primeros años, su carrera parecía muy prometedora y llegaron a apodarle “el Bulldog de Bergen” por su inquebrantable tenacidad que le llevaba a enfrentarse a los más duros contrincantes. Pero tras sufrir una grave fractura en su mano derecha, su carrera empezó a caer en picado. En 1929 sufrió una derrota aplastante a manos del campeón de los pesos pesados ligeros Tommy Loughran, que le venció en una ronda de 15, desencadenando una racha de mala suerte y estrepitosas derrotas. Braddock nunca volvió a ser el mismo.

  El país tampoco. Ese mismo año se produjo el crack de la Bolsa, que perdió el 40% de su valor. A medida que la crisis se iba extendiendo, las familias americanas de todas las clases sociales perdieron sus ahorros, sus negocios, sus hogares y sus granjas. En 1932, uno de cada cuatro norteamericanos estaba en paro.

  El país entero estaba conmocionado y muchas familias de clase trabajadora tuvieron que recurrir a la beneficencia. Colas para conseguir comida, colas para conseguir trabajo, colas en centros de caridad... algo que los americanos creían que jamás verían en su propio país se convirtió en una estampa habitual. El más pobre entre los pobres se veía obligado a vivir en los llamados “Hoovervilles”, sombríos barrios de chabolas fabricadas en cartón y hojalata que se ubicaban a las afueras de las grandes ciudades. Estos suburbios se denominaron así "en honor" al Presidente Herbert Hoover, quien antes de perder las elecciones en 1932 ante Franklin Delano Roosevelt, no fue capaz de crear programas de ayuda federal para las familias más necesitadas). Miles y miles de individuos vagaban por el país en busca de cualquier trabajo, sin importar cuan duro, humillante y peligroso fuera. Por primera vez en su historia, desde la llegada de los primeros colonos al país, los americanos conocían de primera mano el significado de las palabras hambre y desnutrición. El número de suicidios entre los hombres que habían perdido su trabajo creció de manera descomunal.

  Al igual que muchos banqueros, carniceros, granjeros y obreros, la vida de Jim Braddock comenzó a hacerse trizas. Cuando la comisión local de boxeo le obligó a retirarse tras revocar su licencia, Braddock comenzó a buscar trabajo desesperadamente, aunque no había demasiado donde elegir. Aceptó todo tipo de trabajos infrahumanos, arrastrando sacos o cualquier cosa que saliera. Pero la paga era tan miserable que Braddock tenía que alimentar a una familia de cinco miembros con tan sólo 24$ al mes. Se trataba de una batalla perdida de antemano. Cuando la familia no podía hacer frente a los gastos más básicos -leche, gas y electricidad- Braddock se veía obligado a recurrir a la Beneficencia. Aquello era algo que le hería profundamente en su orgullo, un sentimiento de vergüenza que experimentaron todos aquellos que siempre habían trabajado duro por sacar adelante a sus familias.

  Hasta que en 1934, coincidiendo con la promulgación del New Deal de Roosevelt, la suerte de Braddock también comenzó a cambiar. Inesperadamente, le surge la oportunidad de enfrentarse a John “Corn” Griffin aunque Braddock tenía todas las de perder. Pero no fue así. Sus ágiles movimientos y sus puños le condujeron hacia la victoria contra todo pronóstico... en parte gracias a la fortaleza que había adquirido en la mano izquierda cuando trabajaba en los muelles. Poco después, demostrando que no se trataba de un golpe de suerte ocasional, se impuso en una ronda de diez a una de las grandes figuras de los pesos pesados ligeros, John Henry Lewis, que contaba con su propio espacio en el Hall de la Fama. Después, derrotó a Art Lasky, que atravesaba uno de sus mejores momentos tras haber perdido un solo combate de los últimos quince que había disputado: Braddock le despachó en una ronda de quince.

  Ante semejantes victorias, Braddock volvió a recuperar la confianza en sí mismo. Cuando empezó a ganar dinero una de las primeras cosas que hizo fue devolver al gobierno la deuda que tenía con la beneficencia pública. Este desinteresado acto de honor le valió a Braddock un nuevo apodo entre sus seguidores, que no dejaban de crecer: “Caballero Jim”. De repente, su fama comenzó a traspasar los límites del cuadrilátero y un buen día le surgió la oportunidad de enfrentarse cara a cara con el campeón de los pesos pesados Max Baer.

  Cualquier otro boxeador hubiese aceptado sin pensárselo dos veces... pero Braddock tenía muchos motivos para no aceptar el combate. De hecho, muchos entendidos en este deporte advertían de que podría tratarse de un combate mortal. Braddock era mucho más pequeño que Baer, su experiencia era mucho menor y dependía principalmente de su recién descubierto gancho izquierdo, debido a una vieja lesión en su brazo derecho. Por otro lado, Baer acababa de ser procesado por homicidio, tras asesinar sobre el cuadrilátero a uno de sus contrincantes, al que había propinado una letal paliza. Aunque fue absuelto de todos los cargos, algo estaba claro: Baer, cuando se irritaba, era uno de los boxeadores más peligrosos del mundo. (En 1932, también dejó KO a su rival Ernie Schaaf en un combate a diez rondas, dejándole inconsciente; Schaaf murió poco tiempo después durante un combate contra Primo Carnera, y su muerte se atribuyó en parte a la brutal paliza que le propinó Baer sobre el cuadrilátero). En 1933, Baer protagonizó uno de los combates más grandes de todos los tiempos dejando KO a Max Schmeling en diez rondas... Sin lugar a dudas, un combate que ha pasado a la historia. En 1934, la misma noche en la que Jim Braddock se enfrentaba a Corn Griffin, se impuso a Primo Carnera, derrotándole en 11 rondas.

  A pesar de que los entendidos le advirtieron de lo desequilibrado del combate Braddock-Baer y a su esposa Mae le preocupaba perder a su marido en un combate de boxeo, Braddock decidió seguir adelante y comenzó a entrenar sin descanso para enfrentarse a un de los mayores retos de cualquier boxeador. Toda la expectación creada no hacía si no aumentar la tensión: Max Baer anunciaba a los cuatro vientos una victoria sin complicaciones y en repetidas ocasiones se burló de Braddock llamándole “vagabundo”, un insulto que Braddock no estaba dispuesto a pasar por alto.

  El 13 de junio de 1935 tuvo lugar el tan esperado combate Braddock-Baer ante una multitud de 35.000 aficionados que se dieron cita en el Madison Square Garden. Millones de personas se pegaron a sus aparatos de radio para no perderse el más mínimo detalle del combate. En las primeras rondas Baer se hizo fuerte, pero Braddock no se desanimó en ningún momento: pensar en el bienestar de su familia le daba todas las energías que necesitaba. Cada vez que uno de los luchadores dominaba la ronda, el público anticipaba el final del combate... sin embargo, ambos boxeadores no dejaban de remontar continuamente. Un incesante tira y afloja, un combate irrepetible que se prolongó hasta las quince rondas, algo inédito. Braddock, haciendo gala de su determinación, coraje y resistencia, aguantó estoicamente las quince rondas y finalmente ganó el combate en una decisión unánime.

  Esta hazaña no tardó en considerarse el resultado más inesperado de la historia del boxeo... e incluso del mundo del deporte en general. En los bares y salas de estar de todo el país, la gente celebraba la victoria de Braddock como si se tratase de un miembro de su propia familia. Aquel combate recordaba que a pesar de vivir en un mundo desesperado, los más desfavorecidos intentan siempre sobrevivir y en algunos casos, no sólo se conforman con eso sino que se convierten en los más grandes. El apodo con el que el cronista deportivo Damon Runyon bautizó a Braddock no pudo ser más acertado, porque pasó de la pobreza más mísera al mayor de los triunfos, lo que recordaba bastante al clásico cuento de la Cenicienta. De ahí su apodo “Cinderella Man”.

  Braddock siguió compitiendo y perdió el título de los pesos pesados en 1937 contra Joe Louis en un combate de ocho rondas (en comparación con Louis, que tenía 23, Braddock parecía un anciano a sus 32 años). Mucho tiempo después, Louis reconoció que Braddock era uno de los boxeadores más valientes a los que se había enfrentado jamás). En 1938, volvió a sorprender a todos tras imponerse al talentoso Tommy Farr, por lo que volvía a optar al título. Sin embargo, decidió retirarse. Poco después comentó a los periodistas que el motivo de esta decisión no era otro que su familia.

  Con el paso de los años, Braddock siguió siendo un héroe para todos aquellos que conocieron su historia. En 1964, ingresó en el Ring Boxing Hall of Fame, y en el año 2001, hizo lo propio en el International Boxing Hall of Fame. Prestó servicio durante la Segunda Guerra Mundial y fundó un negocio de equipamientos pesados en el mismo muelle donde se había partido el lomo durante la época de la Depresión. En los años 50, colaboró en la construcción del famoso puente Verrazano de Brooklyn, que en su momento fue el puente colgante más grande del mundo. Murió en 1974 a la edad de 68 años.

2. Redescubriendo la América de Cinderella Man >>


Imágenes y notas de cómo se hizo "Cinderella Man: El hombre que no se dejó tumbar" - Copyright © 2005 Touchstone Pictures, Universal Pictures, Miramax Films e Imagine Entertainment. Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos reservados.

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