CÓMO SE HIZO
"CINDERELLA MAN: EL HOMBRE QUE NO SE DEJÓ TUMBAR"
Notas de producción
© 2005
BVI
1. La historia de superación
de James Braddock: Un breve resumen de la vida y la época de
esta leyenda del boxeo
La Edad del Jazz, los años
20, fue una época dorada para América. Toda la nación celebraba
la paz tras la Primera Guerra Mundial y aguardaba un futuro
floreciente. También fue una época dorada para el boxeo, un
deporte tan brutal como hermoso que supo captar la atención del
público por su crudeza y su lucha cuerpo a cuerpo sobre el ring.
A comienzos de los años 20, la multicultural sociedad americana
contaba con una gran variedad de grupos de inmigrantes que
tomaron el relevo de los boxeadores “nativos”. Cada vez que un
boxeador se subía al ring ataviado con los colores nacionales o
algún otro símbolo, las comunidades de inmigrantes, sobre todo
las más arraigadas al Viejo Mundo, se sentían más cerca de su
tierra.
Fue precisamente en esta
época cuando James J. Braddock, un amateur de Nueva Jersey
conocido por su mortífero gancho derecho se convirtió en
profesional. Como muchos otros muchachos de clase obrera,
Braddock veía en el boxeo un billete a una vida decente. Era lo
único que se le daba bien y durante un tiempo fue uno de los
mejores.
Durante los primeros años, su
carrera parecía muy prometedora y llegaron a apodarle “el
Bulldog de Bergen” por su inquebrantable tenacidad que le
llevaba a enfrentarse a los más duros contrincantes. Pero tras
sufrir una grave fractura en su mano derecha, su carrera empezó
a caer en picado. En 1929 sufrió una derrota aplastante a manos
del campeón de los pesos pesados ligeros Tommy Loughran, que le
venció en una ronda de 15, desencadenando una racha de mala
suerte y estrepitosas derrotas. Braddock nunca volvió a ser el
mismo.
El país tampoco. Ese mismo
año se produjo el crack de la Bolsa, que perdió el 40% de su
valor. A medida que la crisis se iba extendiendo, las familias
americanas de todas las clases sociales perdieron sus ahorros,
sus negocios, sus hogares y sus granjas. En 1932, uno de cada
cuatro norteamericanos estaba en paro.
El país entero estaba
conmocionado y muchas familias de clase trabajadora tuvieron que
recurrir a la beneficencia. Colas para conseguir comida, colas
para conseguir trabajo, colas en centros de caridad... algo que
los americanos creían que jamás verían en su propio país se
convirtió en una estampa habitual. El más pobre entre los pobres
se veía obligado a vivir en los llamados “Hoovervilles”,
sombríos barrios de chabolas fabricadas en cartón y hojalata que
se ubicaban a las afueras de las grandes ciudades. Estos
suburbios se denominaron así "en honor" al Presidente Herbert
Hoover, quien antes de perder las elecciones en 1932 ante
Franklin Delano Roosevelt, no fue capaz de crear programas de
ayuda federal para las familias más necesitadas). Miles y miles
de individuos vagaban por el país en busca de cualquier trabajo,
sin importar cuan duro, humillante y peligroso fuera. Por
primera vez en su historia, desde la llegada de los primeros
colonos al país, los americanos conocían de primera mano el
significado de las palabras hambre y desnutrición. El número de
suicidios entre los hombres que habían perdido su trabajo creció
de manera descomunal.
Al igual que muchos
banqueros, carniceros, granjeros y obreros, la vida de Jim
Braddock comenzó a hacerse trizas. Cuando la comisión local de
boxeo le obligó a retirarse tras revocar su licencia, Braddock
comenzó a buscar trabajo desesperadamente, aunque no había
demasiado donde elegir. Aceptó todo tipo de trabajos
infrahumanos, arrastrando sacos o cualquier cosa que saliera.
Pero la paga era tan miserable que Braddock tenía que alimentar
a una familia de cinco miembros con tan sólo 24$ al mes. Se
trataba de una batalla perdida de antemano. Cuando la familia no
podía hacer frente a los gastos más básicos -leche, gas y
electricidad- Braddock se veía obligado a recurrir a la
Beneficencia. Aquello era algo que le hería profundamente en su
orgullo, un sentimiento de vergüenza que experimentaron todos
aquellos que siempre habían trabajado duro por sacar adelante a
sus familias.
Hasta que en 1934,
coincidiendo con la promulgación del New Deal de Roosevelt, la
suerte de Braddock también comenzó a cambiar. Inesperadamente,
le surge la oportunidad de enfrentarse a John “Corn” Griffin
aunque Braddock tenía todas las de perder. Pero no fue así. Sus
ágiles movimientos y sus puños le condujeron hacia la victoria
contra todo pronóstico... en parte gracias a la fortaleza que
había adquirido en la mano izquierda cuando trabajaba en los
muelles. Poco después, demostrando que no se trataba de un golpe
de suerte ocasional, se impuso en una ronda de diez a una de las
grandes figuras de los pesos pesados ligeros, John Henry Lewis,
que contaba con su propio espacio en el Hall de la Fama.
Después, derrotó a Art Lasky, que atravesaba uno de sus mejores
momentos tras haber perdido un solo combate de los últimos
quince que había disputado: Braddock le despachó en una ronda de
quince.
Ante semejantes victorias,
Braddock volvió a recuperar la confianza en sí mismo. Cuando
empezó a ganar dinero una de las primeras cosas que hizo fue
devolver al gobierno la deuda que tenía con la beneficencia
pública. Este desinteresado acto de honor le valió a Braddock un
nuevo apodo entre sus seguidores, que no dejaban de crecer:
“Caballero Jim”. De repente, su fama comenzó a traspasar los
límites del cuadrilátero y un buen día le surgió la oportunidad
de enfrentarse cara a cara con el campeón de los pesos pesados
Max Baer.
Cualquier otro boxeador
hubiese aceptado sin pensárselo dos veces... pero Braddock tenía
muchos motivos para no aceptar el combate. De hecho, muchos
entendidos en este deporte advertían de que podría tratarse de
un combate mortal. Braddock era mucho más pequeño que Baer, su
experiencia era mucho menor y dependía principalmente de su
recién descubierto gancho izquierdo, debido a una vieja lesión
en su brazo derecho. Por otro lado, Baer acababa de ser
procesado por homicidio, tras asesinar sobre el cuadrilátero a
uno de sus contrincantes, al que había propinado una letal
paliza. Aunque fue absuelto de todos los cargos, algo estaba
claro: Baer, cuando se irritaba, era uno de los boxeadores más
peligrosos del mundo. (En 1932, también dejó KO a su rival Ernie
Schaaf en un combate a diez rondas, dejándole inconsciente;
Schaaf murió poco tiempo después durante un combate contra Primo
Carnera, y su muerte se atribuyó en parte a la brutal paliza que
le propinó Baer sobre el cuadrilátero). En 1933, Baer
protagonizó uno de los combates más grandes de todos los tiempos
dejando KO a Max Schmeling en diez rondas... Sin lugar a dudas,
un combate que ha pasado a la historia. En 1934, la misma noche
en la que Jim Braddock se enfrentaba a Corn Griffin, se impuso a
Primo Carnera, derrotándole en 11 rondas.
A pesar de que los entendidos
le advirtieron de lo desequilibrado del combate Braddock-Baer y
a su esposa Mae le preocupaba perder a su marido en un combate
de boxeo, Braddock decidió seguir adelante y comenzó a entrenar
sin descanso para enfrentarse a un de los mayores retos de
cualquier boxeador. Toda la expectación creada no hacía si no
aumentar la tensión: Max Baer anunciaba a los cuatro vientos una
victoria sin complicaciones y en repetidas ocasiones se burló de
Braddock llamándole “vagabundo”, un insulto que Braddock no
estaba dispuesto a pasar por alto.
El 13 de junio de 1935 tuvo
lugar el tan esperado combate Braddock-Baer ante una multitud de
35.000 aficionados que se dieron cita en el Madison Square
Garden. Millones de personas se pegaron a sus aparatos de radio
para no perderse el más mínimo detalle del combate. En las
primeras rondas Baer se hizo fuerte, pero Braddock no se
desanimó en ningún momento: pensar en el bienestar de su familia
le daba todas las energías que necesitaba. Cada vez que uno de
los luchadores dominaba la ronda, el público anticipaba el final
del combate... sin embargo, ambos boxeadores no dejaban de
remontar continuamente. Un incesante tira y afloja, un combate
irrepetible que se prolongó hasta las quince rondas, algo
inédito. Braddock, haciendo gala de su determinación, coraje y
resistencia, aguantó estoicamente las quince rondas y finalmente
ganó el combate en una decisión unánime.
Esta hazaña no tardó en
considerarse el resultado más inesperado de la historia del
boxeo... e incluso del mundo del deporte en general. En los
bares y salas de estar de todo el país, la gente celebraba la
victoria de Braddock como si se tratase de un miembro de su
propia familia. Aquel combate recordaba que a pesar de vivir en
un mundo desesperado, los más desfavorecidos intentan siempre
sobrevivir y en algunos casos, no sólo se conforman con eso sino
que se convierten en los más grandes. El apodo con el que el
cronista deportivo Damon Runyon bautizó a Braddock no pudo ser
más acertado, porque pasó de la pobreza más mísera al mayor de
los triunfos, lo que recordaba bastante al clásico cuento de la
Cenicienta. De ahí su apodo “Cinderella Man”.
Braddock siguió compitiendo y
perdió el título de los pesos pesados en 1937 contra Joe Louis
en un combate de ocho rondas (en comparación con Louis, que
tenía 23, Braddock parecía un anciano a sus 32 años). Mucho
tiempo después, Louis reconoció que Braddock era uno de los
boxeadores más valientes a los que se había enfrentado jamás).
En 1938, volvió a sorprender a todos tras imponerse al talentoso
Tommy Farr, por lo que volvía a optar al título. Sin embargo,
decidió retirarse. Poco después comentó a los periodistas que el
motivo de esta decisión no era otro que su familia.
Con el paso de los años,
Braddock siguió siendo un héroe para todos aquellos que
conocieron su historia. En 1964, ingresó en el Ring Boxing Hall
of Fame, y en el año 2001, hizo lo propio en el International
Boxing Hall of Fame. Prestó servicio durante la Segunda Guerra
Mundial y fundó un negocio de equipamientos pesados en el mismo
muelle donde se había partido el lomo durante la época de la
Depresión. En los años 50, colaboró en la construcción del
famoso puente Verrazano de Brooklyn, que en su momento fue el
puente colgante más grande del mundo. Murió en 1974 a la edad de
68 años.
2.
Redescubriendo la América de Cinderella Man >>
Imágenes y notas
de cómo se hizo "Cinderella Man: El hombre que no se dejó
tumbar" - Copyright © 2005 Touchstone Pictures, Universal
Pictures, Miramax Films e Imagine Entertainment. Distribuida en España por
Buena Vista International. Todos los derechos
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