CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Se está convirtiendo en una tradición que durante la
época estival se estrene en los Estados Unidos algún
largometraje que busque con afán llamar la atención de un tipo
de público que no siente ex-cesivo aprecio por las mastodónticas
producciones que Hollywood nos brinda por dichas fechas. Así,
estas personas desean introdu-cirse en una sala de cine con el
propósito de ver un filme en el que lo más importante no sean
sus efectos especiales o las apabullan-tes escenas de acción que
se desperdigan a lo largo de su minuta-je, sino sus personajes y
la trama que se desenvuelve a su alrede-dor. Esta estrategia le
ha ido muy bien a títulos como "Camino
a la perdición" o "Seabiscuit.
Más allá de la leyenda", que en su día in-cluso fue
nominada a los Oscar® en la categoría de mejor película.
Entonces, ¿qué es lo que ha sucedi-do para que a "Cinderella
Man: El hombre que no se dejó tumbar" le ha-ya costado tanto
alcanzar los sesenta millones de dólares en Norteamérica y vea
cómo se esfuman sus posibili-dades de obtener algún premio
impor-tante en los próximos meses? La crí-tica le ha dado su
apoyo, su argu-mento nos habla de una historia de superación en
circunstancias difíciles y presenta un reparto atractivo y
com-petente. Ron Howard,
quien aún no se ha repuesto del fracaso comercial de "Desapariciones",
seguramente creía tener en sus manos un éxito del calibre de "Una
mente maravillosa", pero me parece que tendrá que
esperar a que "El código Da Vinci" llegue a las pantallas de
todo el mundo para recuperar el favor del público.
"Cinderella Man: El hombre que no se dejó tumbar" nos cuenta la
vida de James L. Braddock, un boxeador que consiguió sacar
ade-lante a su familia durante los años de la Depresión y
engendrar cierta esperanza en el corazón de millones de personas
que, su-midas como él en el desaliento, necesitaban un sueño que
les hi-ciera olvidar su pobreza. En este sentido, las
intenciones del filme de Ron Howard son idénticas a las de
"Seabiscuit. Más allá de la leyenda", basándose ambos relatos en
hechos reales y desarro-llándose de tal forma que, aunque uno
desconozca quiénes eran Braddock o Pollard, el final de sus
respectivas odiseas ya se pasea por nuestras mentes al poco rato
de comenzar ambas películas.
Y es que lo mejor de esta obra del realizador de "Willow" es que
consi-gue captar nuestro interés a pesar de que ya sabemos
cuál va a ser su conclusión, describiéndosenos con tiento
las necesidades económi-cas de Jim, Mae y sus hijos, aunque
siempre haciéndolo sin demasiada crudeza y buscando conmover al
es-pectador en no pocas de sus escenas (el hurto que comete uno
de los niños de Braddock y la rigurosa moral de éste frente a
semejante circunstancia es un buen ejemplo de ello). Todo es-tos
fragmentos en los que se ahonda en la humanidad de esta fa-milia
se mezclan con las habituales secuencias en las que el
pro-tagonista pelea en el cuadrilátero, momento en el que Ron
Howard demuestra que es un buen artesano al que, sin embargo, le
falta ese toque de genialidad que poseen los grandes maestros
del cine.
Cierto que
aquellos que no somos precisamente unos amantes del boxeo nos
encontramos ante una serie de pasajes que proba-blemente no nos
provoquen ningún entusiasmo, pero la cuestión no es ésa, sino
que "Cinderella Man: El hombre que no se dejó tum-bar" no
aporta nada que no hayamos visto en las innumera-bles
producciones que de alguna manera han abordado este deporte.
Cierto que Howard rueda estas escenas con eficacia y un elegante
clasicismo e imprime ritmo y tensión a la historia, algo que es
de justicia reconocerle, pero al final uno prefiere deslizar su
mirada hacia esa angustiada mujer que aguarda a que finalice una
contienda en la que su marido incluso puede perder la vida. Por
otra parte, y aunque no se hace pesado, es obvio que, en su
deseo de trascender, los responsables del largometraje le han
añadido unos cuantos minutos de más al mismo.
Finalmente, reseñar que el mayor acierto de la película es su
repar-to, empezando por un espléndido
Russell Crowe, que está
perfecto po-niéndose en la piel de un buen hom-bre que desea
cuidar de los suyos, aparte de reconocerle la preparación física
que ha tenido que hacer para afrontar un papel de este tipo.
Renée Zellweger nos ofrece una
correcta in-terpretación, mas quien en verdad les roba no pocos
planos a los protago-nistas es Paul
Giamatti, un actor que en los últimos años está
obte-niendo numerosos y merecidos reconocimientos. Como música
de fondo escuchamos una hermosa y contenida partitura de
Thomas Newman, plagada de temas
delicados que subrayan la relación de los personajes, si bien no
faltan otras piezas más contundentes que se oyen en los momentos
cumbre de los combates.
Calificación película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes y notas
de cómo se hizo "Cinderella Man: El hombre que no se dejó
tumbar" - Copyright © 2005 Touchstone Pictures, Universal
Pictures, Miramax Films e Imagine Entertainment. Distribuida en España por
Buena Vista International. Todos los derechos
reservados.
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