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LLAMANDO A LAS PUERTAS DEL CIELO
(Don't come knocking)


cartel
Dirección: Wim Wenders.
Países:
Alemania, USA y Francia.
Año: 2005.
Duración: 122 min.
Género: Drama.
Interpretación: Sam Shepard (Howard Spence), Jessica Lange (Doreen), Tim Roth (Sutter), Sarah Polley (Sky), Gabriel Mann (Earl), Eva Marie Saint (madre de Howard), Fairuza Balk (Amber), James Gammon, Marley Shelton (Starlet), George Kennedy (Director), Tom F. Farrell (Cliff Ormsby).
Guión: Sam Shepard; basado en un argumento de Sam Shepard y Wim Wenders.
Producción: Peter Schwartzkopff, Karsten Brünig e In-Ah Lee.
Música: T. Bone Burnett.
Fotografía:
Franz Lustig.
Montaje: Peter Przygodda y Oli Weiss.
Diseño de producción: Nathan Amondson.
Vestuario: Caroline Eselin-Schaeffer.
Estreno en Alemania: 25 Agosto 2005.
Estreno en España: 6 Octubre 2006.

CRÍTICA por Julio Rodríguez Chico

Otro centauro del desierto

  Una película de Wim Wenders siempre acapara la atención de la crítica y también del espectador dispuesto a dialogar sobre temas de actualidad. Es un cine que se apoya en el poder de la imagen para suscitar reflexiones profundas, que nos lleva a plantearnos el sentido de la vida y nuestra presencia en un mundo en que no nos reconocemos. Esa misma búsqueda de la propia identidad y de las raíces, que tuvo en “París, Texas” su obra más acabada, vuelve de nuevo de la mano del dramaturgo Sam Shepard, co-guionista y actor principal de esta especie de western crepuscular con aires de road movie y melodrama.

 

  Para alguien que se cuestiona la relación entre la realidad y su representación, y para quien entiende el cine como una búsqueda continua, introducir escenas del rodaje de una película del Oeste se convierte en el marco idóneo para colocar a su protagonista, aquí un actor de western en franca decadencia. Declive profesional pero sobre todo personal es el que sufre Howard, hastiado de una vida de fama y excesos, vacío de horizontes y con más preguntas que respuestas. A lomos de un caballo del set de rodaje que pronto abandonará, cabalga por el desierto y huye del pasado para refugiarse en una madre a la que no veía desde mucho tiempo atrás. Su particular e indeterminada odisea se definirá entonces, cuando descubra que hace veinte años tuvo un hijo, y decida conocerlo. Más tarde sabrá que no es el único que ha iniciado un viaje de búsqueda, aunque con desigual talante y objetivo.

  No es nueva la propuesta de Wenders, ni tampoco su fuerte carga metafórica. Por encima de la historia personal del desconcertado e insatisfecho Howard, del rechazo y desesperanza de su hijo, de la fe angelical de su otra desconocida hija o de la tenacidad del agente del seguro cinematográfico se esconden distintas actitudes del hombre contemporáneo ante su propia realidad y la del mundo. De fondo, una búsqueda de la felicidad por distintos caminos y con diversas reacciones: de la insustancial existencia del actor abandonado a las aventuras de sexo, juego y droga, hasta la del hijo que un día decidió terminar con esa caída al vacío por no saber quién era su padre; o de esa hija que siempre ha esperado conocer la realidad de lo que ya conocía por el cine, hasta la del frío y escéptico hombre del seguro, asqueado del mundo exterior y encerrado en su empequeñecido en su horizonte egoísta. Posturas vitales para viajantes que siempre están de paso, como nuevos centauros del desierto que no acaban de establecerse y formar un hogar, que huyen con miedo ante el compromiso y responsabilidad de la familia.

  Sin embargo, como ya hiciera en "Tierra de abundancia", Wenders está decidido a hablar de los Estados Unidos, país de adopción al que mira con cariño pero también con perplejidad. Por eso, la película admite otra lectura más sociológica, ante la realidad de un pueblo que no acaba de conocerse a sí mismo, que vive con la misma ingenuidad de siempre pero con un profundo vacío moral y con el miedo añadido tras el 11 de septiembre, sin capacidad para cuestionarse ni para reaccionar con madurez. Es el desconcierto del propio Howard, sentado en el sofá en plena calle del pueblo de Montana, dejando que pasen las horas mientras que la cámara da vueltas en torno a suyo y la bandera americana ondea en lo alto, quizá en la escena más lograda de todo el film. Y es que estamos en el país de los sueños, en la tierra de promisión y donde siempre se ha vivido un poco de la ficción, cuando la realidad siempre es más rica y estimulante. Por eso, no es casual la profesión elegida para el protagonista, ni que se recojan escenas del rodaje en que actúa como galán y del que huirá sin rumbo, harto de la falsedad de lo representado y también de lo vivido.

  Todo en la película está supeditado a esta triple lectura –antropológica, sociológica y metacinematográfica–, y precisamente por ello se resiente la historia contada, en que las subtramas resultan narrativamente algo deslabazadas, innecesarias y un tanto forzadas: aunque completan y explicitan las relaciones con el mundo, lastran y recargan la trama central, y le quitan fluidez y verosimilitud. La historia del agente del seguro resulta un tanto patética y poco armoniosa con el conjunto, mientras que la de la hija que interpreta Sarah Polley podría haberse obviado o integrado en otro personaje, además de que su postrera declaración vital no llega a convencer como elemento desencadenante del desenlace. En definitiva, la entrega de Wenders funciona mejor como metáfora y estudio de personajes que como narración de una historia personal, lo que no impide que asistamos a una obra de cuidada factura –aunque extrañan algunos zooms, picados y contrapicados–, y con una preciosa y sugerente partitura de Bone Burnett, de lo mejor de la cinta. Las interpretaciones están muy conseguidas con un elenco de actores de calidad, entre los que merece un lugar destacado el papel de Jessica Lange y su propio marido Shepard.

  Una nueva aproximación al hombre que se busca a sí mismo y su lugar en el mundo, de indudable interés cultural y cinematográfico, aunque no alcance la altura de sus anteriores obras e incurra en algunos excesos que conllevan una pérdida de sutileza y contención. Sin embargo, gustará a los seguidores del autor de “Cielo sobre Berlín” y a aquellos que aprecien un cine abierto y conectado con la realidad contemporánea.

Calificación:


Imágenes de "Llamando a las puertas del Cielo" - Copyright © 2005 HanWay Films, Reverse Angle Productions y Arte France Cinéma. Distribuida en España por Araba Films y UIP. Todos los derechos reservados.

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