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Judith Vives
(E-mail a la redacción)
«La personal obra de Kim
Ki-duk llegó a un punto y aparte con el colosal éxito de crítica
y público –colosal para un film coreano– de "Primavera,
verano,
otoño, invierno… y primavera". Para quienes estaban
familiarizados con su obra anterior, este film representó una
sorpresa y un cierto punto de inflexión. Por ello es
significativo que el coreano se reservara un pequeño papel en
este bello film sobre la culpa y la redención. En este capítulo
el protagonista, que acarrea con un crimen de juventud, empieza
a pagar por sus pecados justo antes de la redención final que
le llegará con la madurez. Tras esta expiación pública, que se
presta a múltiples lecturas, parece que Kim Ki-duk se quitó un
peso de encima, tal vez el peso que explicaría la ira y la
contundencia de sus primeros films y la presunta “ligereza” que
ha definido su obra posterior. En este sentido, "Samaritan
girl" e "Hierro
3", aunque muy coherentes en una filmografía marcada por la
violencia y misoginia y por una extraña sensibilidad y lirismo,
se antojan bastante más ligeras que las primeras obras del
director, como "La isla", "Address unknown" o "Bad guy". Por este
motivo, "Samaritan girl" e "Hierro 3" resultan también más llevaderos para
un público que poco a poco se deja cautivar por el peculiar
mundo de este autor. Pero el director coreano también se ha
dejado atrapar por este nuevo público occidental que le aplaude
sin reservas. Y está dispuesto a complacerlo, aunque sea a golpe
de concesiones como parece demostrar con su nueva película, "El
arco". Kim Ki-duk da un paso más en este camino sin
retorno y culmina esta fase de su trayectoria con una suerte de
obra-compendio de lo visto hasta el momento. Y esa vocación de
catálogo, de autorrevisión, constituye al mismo tiempo la
principal virtud y el mayor defecto de este film tan fascinante
e hipnótico en su forma como tristemente vacío en su contenido.
"El arco" propone la extraña relación entre un viejo lobo de mar
que cuida de una chica desde pequeña y con la que pretende
casarse cuando alcance la mayoría de edad. Mientras tanto, la
mantiene aislada en un barco de pesca, con los pescadores
ocasionales que suben al barco como único contacto con el mundo.
Para espantar a los pescadores demasiado atentos a la joven, el
viejo marinero utiliza un arco y unas flechas que tienen como
segunda aplicación la de instrumento musical. Con el arco, y en
complicidad con la joven, el anciano también vive de predecir el
futuro. El frágil equilibrio de esta peculiar pareja –no faltan
las voces remilgadas que entienden esta relación como un caso de
pederastia– se rompe cuando un joven pescador acelera el
despertar sexual de la joven y precipita, al mismo tiempo, el
drama final. La geografía común de la obra de Kim Ki-duk es
fácilmente reconocible en "El arco": desde esos espacios físicos
que representan el aislamiento emocional (aquí el barco flotando
en alta mar), hasta el agua como elemento de purificación
(espiritual), los amantes silenciosos, las relaciones posesivas,
la sensualidad que se tiñe de violencia, la misoginia que
disimula cierta debilidad masculina, la libertad como gran
demostración de amor… Sin embargo, estos lugares comunes están
simplemente apuntados, y funcionan más como citas a películas
anteriores del autor que como auténticos elementos dramáticos.
La austeridad y la crudeza visual también siguen siendo en "El
arco" marcas de la casa, pero con menos fuerza. Se palpa, en
cambio, el creciente interés del director coreano, tan
deliberadamente descuidado con la puesta en escena, por depurar
su propio estilo, limpiarlo de impurezas y cuidar más las
formas, los encuadres, los colores…. Una tendencia que se
apuntaba ya en "Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera",
y que alcanza sus cotas más altas en este film. Este nuevo
interés formal, en algunos momentos, responde a la necesidad de
complacer a su nuevo público. El afán por mostrar la
indumentaria y los complementos nupciales, por ejemplo, que se
describen con obsesivo detalle; o incluso la secuencia de la
boda según el rito tradicional coreano constituyen imágenes para
el recuerdo, pero al mismo tiempo parecen soluciones pensadas
para un público que se deja fascinar por lo exótico, por los
colores y las costumbres de otra cultura todavía muy lejana. En
conjunto, podría considerarse "El arco" como el film con mejor
acabado formal en la filmografía de Kim Ki-duk, pero también
como su película más autocomplaciente, con un contenido
superficial y vacío construido a partir de los restos de las
historias de sus obras precedentes. Es innegable la fuerza del
cine de Kim Ki-duk y su capacidad para crear imágenes de cruda
belleza, pero nada nuevo aporta este título a una filmografía
tan fresca, tan intensa y tan libre como la suya. Puede que lo
confirme definitivamente entre el público más rezagado, el que
le descubrió con "Primavera, verano, otoño, invierno... y
primavera", pero para sus seguidores
más fieles, "El arco" debería ser tan sólo la breve escala de un
viaje que a partir de ahora emprenda un nuevo y muy diferente
rumbo».
Imágenes de "El arco" - Copyright © 2005 Happinet Pictures y Kim
Ki-duk Film. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos
reservados.
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