CRÍTICA
por
Leandro Marques
Un retrato de sabiduría sobre el río
Quizás no sea una de sus obras más inspiradas. Sin embargo, una
vez que los créditos de "El arco" anuncien el final de la
película, una fusión de sensaciones y reflexiones variadas irán
provocando en los espectadores el efecto que produce en general
toda la filmografía de uno de los mayores talentos del cine
contemporáneo co-mo es Kim Ki-duk.
Es que el realiza-dor coreano construye un universo tan repleto
de matices, de ángulos y de miradas que resulta imposible no
de-jarse invadir por un sentimiento que puede ser capaz de
combinar la sor-presa y la fascinación, de convertir en
placentero al aburrimiento, y de hacer parecer verborrágico y
recargado de significado a la más simple y silenciosa de las
imágenes.
La estructura del film, la manera en que está contado, es básica
y extremadamente simple. Pero no tan sencilla es la historia,
que es-conde una psicología plagada de tensión y complejidad.
El genio de Kim Ki-duk radica en su capacidad para aprovechar
con llamativa eficacia los recursos que ofrece el lenguaje. Com-pone
imágenes coloridas y bellas. Capta gestos, actitudes y
expresiones en los tiempos justos. Y, sobre todo, cuenta con una
sabiduría extraordinaria para entender la historia y
dejar-se llevar por la dinámica que ella misma propone. El
director imagi-na un mundo, sus personajes, sus conflictos y
plantea un escena-rio visual donde desarrollarse. Luego, su
decisión es desaparecer y dejar que los sucesos de la historia
sigan su curso como si él no tuviera nada que ver al respecto.
El resultado es una fluidez armo-niosa, una musicalidad que
invade cada imagen, que toma como eje el silencio de sus
protagonistas principales, quienes no pronun-cian palabra en
toda la película.
Un viejo dueño de un barco pesquero crió a una pequeña que
encontró no se sabe cómo ni por qué, con la idea de esperar a
que ella creciera para poder casarse y disponer de su amor para
siempre. Para preservarse y ase-gurar el éxito de su misión, la
estrate-gia del viejo era directa y contunden-te: excluyó a la
joven del mundo. No le permitió nunca abandonar el barco, ni
interactuar con otro ser humano. Si no puedes ver lo que te
estás perdien-do, probablemente nunca sepas que te estás
perdiendo de algo… ¿Pero hasta qué punto es posible taparle los
ojos a alguien que cada vez tiene más ganas de mirar? Por
su-puesto, tal como se podía suponer, un buena tarde el bello
rostro de la chica se iluminó al ver llegar al barco a un joven
y apuesto pescador… quien sin querer se interpuso brutalmente en
los planes del viejo.
La película va llevando a desnudar las miserias más profundas
que puede llegar a padecer un hombre solo y obsesivamente
ena-morado. No obstante, no apunta únicamente a despotricar
contra los egoístas sentimientos del casi anciano cuando empezó
a notar que su joven amada no estaba destinada, al menos del
modo en que había planificado, a ser suya. También permite
encontrar ternu-ra y fidelidad en cada uno de sus actos. Además,
el tono del filme va alternando sucesos graciosos con
trágicos y otros sobre-cargados de romanticismo, lo que permite,
de acuerdo al guiño genérico que propone cada pasaje, comunicar
y dispa-rar en el espectador distintos puntos de vista y
reflexiones so-bre la misma situación.
Kim Ki-duk diseña en "El arco", co-mo en el resto de sus filmes,
un vero-símil particular, con sello propio, que es más resultado
de un intento por materializar en imágenes sus deseos e
imaginación que de una pretensión por obtener un entramado
consistente y coherente. En este contexto, todas las
incongruencias en el guión pueden ser perdonadas, dado que
responden a un parámetro que sólo se encuentra en la cabeza del
notable realizador y guionista. El ingreso a su mundo, a su
propuesta, corre por parte del espectador, que una vez allí
in-merso, va a poder ser capaz de completar los silencios,
dia-logar con las imágenes y el relato, y maravillarse con la
composición de cada plano. Tal vez este film no sea el más
ins-pirado de Kim Ki-duk porque, principalmente sobre el final,
el cuer-po del realizador se hace (tibiamente, de todos modos)
presente, y pareciera forzar más de lo debido el fluir natural
de la historia. Pero una vez que los créditos anuncian el final
del film, la sorpresa, las preguntas y la reflexión surgirán en
el espectador de manera cre-ciente, tal como sucede en la mayoría
de los filmes de este sabio director de cine.
Calificación:
    
Imágenes de "El arco" - Copyright © 2005 Happinet Pictures y Kim
Ki-duk Film. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos
reservados.
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