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LA MEMORIA DEL ASESINO
(De zaak alzheimer)


cartel
 
Dirección: Erik Van Looy.
País:
Bélgica.
Año: 2003.
Duración: 123 min.
Género: Thriller, acción.
Interpretación: Jan Decleir (Angelo Ledda), Koen De Bow (Eric Vincke), Werner De Smedt (Freddy Verstuyft), Jo De Meyere (Gustave de Haeck), Gene Verboets (Seynaeve), Dirk Roofhooft (Vader Cuypers), Laurien Van den Broeck (Bieke Cuypers), Deborah Ostrega (Anja), Hilde De Baerdemaeker (Linda), Geert Van Rampelberg (Tom Coemans).
Guión: Carl Joos y Erik Van Looy; basado en la novela de Jef Geeraerts.
Producción: Erwin Provoost y Hilde De Laere.
Música: Stephen Warbeck.
Fotografía:
Danny Elsen.
Montaje: Philippe Ravoet.
Dirección artística: Johan Van Essche.
Vestuario: Kristin Van Passel.
Estreno en Bélgica: 15 Octubre 2003.
Estreno en España: 24 Junio 2005.

 

CRÍTICA
por Tònia Pallejà

Mínima originalidad, máxima eficacia

  "La memoria del asesino" es la historia de un profesional del cri-men sobre el que pende la amenaza del Alzheimer y la exhuma-ción de un pasado difícil de reconciliar. A alturas avanzadas de su carrera, si no a punto de iniciar el declive como consecuencia de la enfermedad, a Angelo Ledda se le presenta un dilema ético y moral para el que no alberga ninguna duda. Es entonces cuando el grana-do liquidador decide volver el arma contra aquellos que le dan de comer, contribuyendo desde la sombra a que la policía resuelva sus pesquisas a modo de expiación crepuscular.

  La premisa argumental de esta mo-desta producción belga que supuso uno de los mayores fenómenos co-merciales del 2003 por aquellas latitu-des no es, ni mucho menos, un de-chado de originalidad, como muy tran-sitado ha sido su desarrollo por esce-narios trasnochados llenos de perso-najes que conocemos mejor que a nuestra familia. Como anuncia el pro-pio título que se le ha adjudicado para la distribución española, nos encon-tramos delante de un patchwork de lugares comunes y motivos clási-cos del suspense policial, el thri-ller de acción y el cine negro que otros largometrajes han re-visitado antes y con bastante más ingenio. Sobre el relato se extiende la alargada sombra de "Memento" —con el socorrido re-curso de la memoria, alterada o ausente, que Nolan reavivó para que sus sucesores lo explotaran hasta lo cansino; si el cuerpo de Leonard Shelby estaba cosido de tatuajes, los post-its de Ledda no pasan de ser la chuleta que cualquier colegial almacena en su bra-zo a golpe de rotulador—. Pero también nos tropezamos con la preadolescente aventajada que altera los planes del matón a sueldo como en "Leon (El profesional)"; la relación de respeto y compren-sión, incluso complicidad, que aproxima al inspector al cargo y al delincuente, siguiendo la dinámica de "Heat"; o esa soledad del justiciero que toma consciencia al igual que sucedía en "Ghost dog. El camino del samurai" —residuos de paloma incluidos... co-mo lo oyen—, entre otras referencias dispuestas al reconocimiento —no faltarán, tampoco, las pinceladas a lo "Seven" o "El silencio de los corderos", aunque esto no vaya exactamente de psicópatas desequilibrados que actúan por amor al arte o a sí mismos—.

  A todas luces, el panorama pinta desolador, sin embargo, sus responsables han tenido el acierto de incorporar ciertas variaciones en la combinación, concediéndole un tratamiento lo suficientemen-te fresco y personal como para que su olor a refrito no resulte mo-lesto. Consciente de sus limitaciones, la película se suma a la tra-dición anglosajona intentando construir una suerte de homenaje lo más digno y satisfactorio posible, meta que alcanza sobradamente. Porque, si bien su creatividad es reducida, no podemos ha-blar más que de una altísima eficacia, que convierte "La mente del asesino" en un film disfrutable para todos los amantes del género.

  Tales aportaciones se traducen, en buena parte, en un guión preocupado por profundizar más de lo habitual en los aspectos dramáticos de la histo-ria, sin desestimar por ello una funcio-nal trama de intriga e investigaciones policiales y buenas dosis de acción; algo que probablemente debamos agradecer a la novela de Jef Geera-erts en que se basa. Al sustento psi-cológico —respaldado por traumas, trastornos y otras dobleces vincula-das entre sí— se viene a añadir un elemento de repercusión social que, por desgracia, inunda la actualidad y que ayuda a elevar el nivel de la cinta. La contribución más distinti-va de Bélgica a la rutina criminal, si tenemos en cuenta que proce-de de una sociedad todavía convulsionada por casos como el de Dutroux, no podría ser otra: una red de pedofilia en la que están im-plicadas insignes figuras públicas. Pero, además, existen otros de-talles que marcan una grata distancia con las fórmulas hollywoo-dienses: ni los policías protagonistas se corresponden con el irri-tante trío de chico guaperas e irreductible, mujer adorno y chistoso colega de turno interpretados por estrellas que eclipsan cualquier conato de credibilidad —no hay nada como las caras anónimas y los egos contenidos para transformar unos papeles arquetípicos en unos personajes convincentes y matizados—, ni el asesino encaja con el manoseado cliché al que nos han acostumbrado —no es bueno, ni malo, ni loco, ni cuerdo, sino todo lo contrario—. Y las correctísimas actuaciones del reparto —a Jan Decleir quizás se le vaya un pelín la mano con la afectación a la que le obliga un libreto más físico que verborreico— terminan de perfilar unos caracteres que son algo más que planas marionetas, aunque entre los secun-darios hallemos algún que otro tópico que chirría.

  Tampoco quiero inducir a confusión: no es éste un soberbio estu-dio de personalidades, ni una profunda reflexión sobre el recuerdo y la perversión, ni existe una postura de denuncia relevante, los diálo-gos tienen poco de literatura y las soluciones por las que opta no quitan el hipo, pero por lo menos el espectador no se sentirá abru-mado por sus pobres contenidos y hueca evolución. Adicionalmen-te, se ponen de manifiesto algunos aspectos locales en torno a la convivencia de las distintas lenguas oficiales y a las rivalidades en-tre los dos cuerpos de policía —hermanas gemelas de las que so-lemos ver en los films yanquis—, oxigenando las tensiones con los inevitables toques de humor.

  Con todo, es el apreciable trabajo de su director el que otorga una calidad superior a la película. Cur-tido en el cortometraje y las series de televisión, Erik Van Looy se presenta oficialmente en España con su tercer largometraje dejándonos patente una destreza destacada con la cámara y un insobornable nervio para la narra-ción. Su estilizado sentido visual, fo-tografiado con la gelidez característi-ca de las filmografías del centro y nor-te de Europa, nos atrapa con un surti-do de vistosas imágenes y atmósfe-ras creadas con habilidad, tan oscuras como los dobles fondos de sus personajes. A pesar de ello, no puede evitar verse arrastrado por la moda de introducir ciertos efectismos de manera puntual, como la ralentización-aceleración o la edición videoclipera, sobre todo para ilustrar aquello que pasa dentro de la mente del minado protagonista, aunque el resultado no sea del todo inconsecuente.

  Lo importante, en cualquier caso, es que la película ofrece lo que se espera de ella, si no más, y ahí es donde se lleva el gato al agua. A pesar de que conocemos de antemano lo que nos de-parará, engancha desde el principio, y tiene la virtud de do-sificar bien la información y administrar los tiempos con jui-cio para conservar nuestra atención hasta el final. El arranque es ciertamente potente, metiéndonos de lleno en el fondo de la cuestión, y se mantiene en un nivel excelente durante su interesan-te primera parte. Lástima que pierda algo de gas en el segundo tra-mo y que le cueste encontrar la conclusión definitiva, trampeando con varios desenlaces consecutivos que la deslucen. Más no es siempre mejor, y prescindir de esos últimos veinte o treinta minutos le habría dado un acabado más redondo.

  Para no conducir a engaños, "La memoria del asesino" cuaja mejor co-mo producto televisivo para pasar una entretenida velada que como respues-ta a esas ambiciones algo mayores que podemos exigirle a un film conce-bido para estrenarse en las salas. No innova, reproduce, pero intriga y divierte, afianzándose como una muy buena alternativa al cine nor-teamericano del género y, en defi-nitiva, entregándonos una plausible propuesta para subsanar la desértica cartelera veraniega. No deja de sor-prender que este, en el fondo, discre-to proyecto fuera el elegido para representar a su país en los Os-cars® del 2004. Estaba claro que no iba a ganar, y ni siquiera se coló en el grupo de finalistas. Aun así, ha recaudado algunos reco-nocimientos en festivales del circuito franco-belga-alemán, y el au-tor de su banda sonora, Stephen Warbeck, más popular por sus trabajos en "Shakespeare in love", "Billy Elliot", "La mandolina del Capitán Corelli" o la española "Deseo", llegó a ser nominado en los Premios del Cine Europeo, por más que su saldo sea aquí poco so-bresaliente.

Calificación:


Imágenes de "La memoria del asesino" - Copyright © 2003 MMG Film, TV1, Tros y Bridge Entertainment Group. Distribuida en España por Flins & Pinículas. Todos los derechos reservados.

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