CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Mínima originalidad, máxima
eficacia
"La memoria del asesino" es la historia de un profesional
del cri-men sobre el que pende la amenaza del Alzheimer y la
exhuma-ción de un
pasado difícil de reconciliar. A
alturas avanzadas de su carrera, si no a punto de iniciar el
declive como consecuencia de la enfermedad, a Angelo Ledda se le
presenta un dilema ético y moral para el que no alberga ninguna
duda. Es entonces cuando el grana-do liquidador decide volver el arma
contra aquellos que le dan de comer, contribuyendo desde la
sombra a que la policía resuelva sus pesquisas a modo de
expiación crepuscular.
La premisa argumental de esta
mo-desta producción belga que supuso uno de los mayores fenómenos
co-merciales del 2003 por aquellas latitu-des no es, ni mucho
menos, un de-chado de originalidad, como muy tran-sitado ha sido
su desarrollo por esce-narios trasnochados llenos de perso-najes
que conocemos mejor que a nuestra familia. Como anuncia el
pro-pio título que se le ha adjudicado para la
distribución española, nos
encon-tramos delante de un patchwork de lugares comunes y motivos
clási-cos del suspense policial, el thri-ller de acción y el cine
negro que otros largometrajes han re-visitado antes y con
bastante más ingenio. Sobre el relato se extiende la alargada
sombra de "Memento" —con el socorrido re-curso de la memoria,
alterada o ausente, que Nolan reavivó para que sus sucesores
lo explotaran hasta lo cansino; si el cuerpo de Leonard Shelby
estaba cosido de tatuajes, los post-its de Ledda no pasan
de ser la chuleta que cualquier colegial almacena en su bra-zo a
golpe de rotulador—. Pero también nos tropezamos con la
preadolescente aventajada que altera los planes
del matón a sueldo como en "Leon (El profesional)"; la relación
de respeto y compren-sión, incluso complicidad, que aproxima al inspector al
cargo y al delincuente, siguiendo la dinámica de "Heat"; o esa
soledad del justiciero que toma consciencia al igual que sucedía
en "Ghost dog. El camino del samurai" —residuos de paloma
incluidos... co-mo lo oyen—, entre otras referencias dispuestas
al reconocimiento —no faltarán, tampoco, las pinceladas a lo
"Seven" o "El silencio de los corderos", aunque esto no vaya
exactamente de psicópatas desequilibrados que actúan por amor al
arte o a sí mismos—.
A todas luces, el
panorama pinta desolador, sin embargo, sus responsables
han tenido el acierto de incorporar ciertas variaciones en la
combinación, concediéndole un tratamiento lo suficientemen-te fresco
y personal como para que su olor a refrito no resulte
mo-lesto. Consciente de sus limitaciones, la película se suma a
la tra-dición anglosajona intentando construir una suerte de
homenaje lo más digno y satisfactorio posible, meta que alcanza
sobradamente. Porque, si bien su creatividad es reducida, no
podemos ha-blar más que de una altísima eficacia, que convierte
"La mente del asesino" en un film disfrutable para todos los
amantes del género.
Tales aportaciones se traducen, en buena parte, en un guión
preocupado por profundizar más de lo
habitual en los aspectos dramáticos de la histo-ria, sin
desestimar por ello una funcio-nal trama de intriga e
investigaciones policiales y buenas dosis de acción; algo que
probablemente debamos agradecer a la novela de
Jef Geera-erts
en que se basa. Al sustento psi-cológico —respaldado por traumas,
trastornos y otras dobleces vincula-das entre sí— se viene a
añadir un elemento de repercusión social que, por desgracia,
inunda la actualidad y que ayuda a elevar el nivel de la cinta.
La contribución más distinti-va de Bélgica a la rutina criminal,
si tenemos en cuenta que proce-de de una sociedad todavía
convulsionada por casos como el de Dutroux, no podría ser otra:
una red de pedofilia en la que están im-plicadas insignes figuras
públicas. Pero, además, existen otros de-talles
que marcan una grata distancia con las fórmulas hollywoo-dienses: ni
los policías protagonistas se corresponden con el irri-tante trío
de chico guaperas e irreductible, mujer adorno y chistoso colega de turno
interpretados por estrellas que eclipsan cualquier conato de
credibilidad —no hay nada como las caras anónimas y los egos
contenidos para transformar unos papeles arquetípicos en unos
personajes convincentes y matizados—, ni el asesino encaja con
el manoseado cliché al que nos han acostumbrado —no es bueno, ni
malo, ni loco, ni cuerdo, sino todo lo contrario—. Y las
correctísimas actuaciones del reparto —a
Jan Decleir quizás se le vaya
un pelín la mano con la afectación a la que le obliga un libreto
más físico que verborreico— terminan de perfilar unos caracteres que son algo más que
planas marionetas, aunque entre los secun-darios hallemos algún
que otro tópico que chirría.
Tampoco quiero inducir a
confusión: no es éste un soberbio estu-dio de personalidades, ni
una profunda reflexión sobre el recuerdo y la perversión, ni
existe una postura de denuncia relevante, los diálo-gos tienen
poco de literatura y las soluciones por las que opta no quitan
el hipo, pero por lo menos el espectador no se sentirá abru-mado
por sus pobres contenidos y hueca evolución. Adicionalmen-te, se
ponen de manifiesto algunos aspectos locales en torno a la
convivencia de las distintas lenguas oficiales y a las
rivalidades en-tre los dos cuerpos de policía —hermanas gemelas
de las que so-lemos ver en los films yanquis—, oxigenando las
tensiones con los inevitables toques de humor.
Con todo, es el apreciable trabajo de su director el que
otorga una calidad superior a la película. Cur-tido en el
cortometraje y las series de televisión,
Erik Van Looy
se presenta oficialmente en España con su tercer largometraje
dejándonos patente una destreza destacada con la cámara y un
insobornable nervio para la narra-ción. Su estilizado sentido
visual, fo-tografiado con la gelidez
característi-ca de las filmografías del centro y nor-te de Europa,
nos atrapa con un surti-do de vistosas imágenes y atmósfe-ras
creadas con habilidad, tan oscuras como los dobles fondos de sus
personajes. A pesar de ello, no puede evitar verse arrastrado
por la moda de introducir ciertos efectismos de manera puntual,
como la ralentización-aceleración o la edición videoclipera,
sobre todo para ilustrar aquello que pasa dentro de la mente del
minado protagonista, aunque el resultado no sea del todo
inconsecuente.
Lo importante, en cualquier
caso, es que la película ofrece lo que se espera de ella, si no
más, y ahí es donde se lleva el gato al agua. A pesar de que
conocemos de antemano lo que nos de-parará, engancha desde el
principio, y tiene la virtud de do-sificar bien la información y
administrar los tiempos con jui-cio para conservar nuestra
atención hasta el final. El arranque es ciertamente potente,
metiéndonos de lleno en el fondo de la cuestión, y se mantiene
en un nivel excelente durante su interesan-te primera parte.
Lástima que pierda algo de gas en el segundo tra-mo y que le
cueste encontrar la conclusión definitiva, trampeando con varios
desenlaces consecutivos que la deslucen. Más no es siempre
mejor, y prescindir de esos últimos veinte o treinta minutos le
habría dado un acabado más redondo.
Para no
conducir a engaños, "La
memoria del asesino" cuaja mejor co-mo producto televisivo
para pasar una entretenida velada que como respues-ta a esas
ambiciones algo mayores que podemos exigirle a un film
conce-bido para estrenarse en las salas. No innova, reproduce,
pero intriga y divierte, afianzándose como una muy
buena alternativa al cine nor-teamericano del género y, en
defi-nitiva, entregándonos una plausible propuesta para subsanar
la desértica cartelera veraniega. No deja de sor-prender que este, en el fondo, discre-to
proyecto fuera el elegido para representar a su país en los
Os-cars® del 2004. Estaba claro
que no iba a ganar, y ni siquiera se coló en el grupo de
finalistas. Aun así, ha recaudado algunos reco-nocimientos en
festivales del circuito franco-belga-alemán, y el au-tor de su
banda sonora,
Stephen Warbeck,
más popular por sus trabajos en "Shakespeare in love", "Billy
Elliot", "La
mandolina del Capitán Corelli" o la española "Deseo",
llegó a ser nominado en los Premios del Cine Europeo, por más
que su saldo sea aquí poco so-bresaliente.
Calificación:
    
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de "La memoria del asesino" - Copyright © 2003 MMG
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