CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Una puerta
a la esperanza
Walt
Disney se ha querido reincorporar a lo que siempre ha sido su
territorio predilecto: el mundo de la fantasía y el de los
buenos sentimientos. Lo hace con la adaptación de uno de los
cuentos de C.S. Lewis,
primero de la serie de Crónicas de Narnia, y bajo la di-rección
del neozelandés Andrew Adamson,
co-director de las dos películas de Shrek y que ahora lo ha
hecho en solitario. Lo primero que hay que destacar de esta
superproducción es su fidelidad al texto y al espíritu de Lewis,
a su costumbrismo británico y también a su riqueza conceptual
bajo envoltorio infantil y sencillo.
No hay que olvidar que Lewis era uno de esos escritores –junto a
Tol-kien– que se reunían en un pub de Oxford para tener
conversaciones de filosofía y literatura, preocupados por el
hombre y su felicidad. Vemos có-mo, paradójicamente, el autor de
“El
Señor de los Anillos” era católico y creó un universo
cerrado sin referen-cias religiosas claras –aunque sí en el
espíritu que le animaba a él y a sus personajes–, mientras que
el agnósti-co –luego convertido al anglicanismo– C.S. Lewis
escribía otra saga de his-torias infantiles aunque con evidentes
alusiones a la Sagrada Escritura. Pero ambos coinciden en
servirse de la narración fantástica y de la epopeya para hablar
de la necesi-dad de la amistad y el sacrificio, del perdón y de
la familia..., y los dos nos presentan al hombre que debe salir
de su mundo para en-frentarse a la realidad, donde conviven el
Bien y el Mal: ahí tiene que hacerse merecedor de un final feliz
a costa de unas decisiones que reclaman heroicidad y lucha
contra la ambición, traición, sober-bia, egoísmo y demás
inclinaciones destructivas y deshumanizado-ras.
Tolkien y Lewis tienen el enorme mérito de saber construir
mundos y obras que admiten diversas lec-turas, de mostrar
realidades pro-fundas e interiores que trascien-den un lugar y
una época, y de servirse para ello de unas formas inteligibles
para los más peque-ños, atractivas en su propia
construc-ción. Saben despertar en el lector los deseos de hacer
grandes cosas por los demás, de confiar en los aspectos
positivos que la vida ofrece, de elevar la mirada más allá de lo
inmediato. Su intención pedagógica y apologéti-ca –en el caso de
Lewis– les lleva a recurrir a la alegoría y a la fá-bula como la
mejor manera de enseñar al hombre a conducirse por las tierras
de Mordor o de Narnia, y ponen a Frodo, Sam, Peter o Edmund en
circunstancias dramáticas en que deben anteponer los intereses
generales a los propios: ambos literatos son conscientes de que
con estas historias fantásticas –de raigambre en la mitolo-gía
anglosajona y nórdica– el lector disfrutará de unas aventuras
que capturarán su atención y a la vez se formará en un espíritu
soli-dario y luchador. Por todo ello y por su indudable calidad
literaria, ni “El Señor de los Anillos” ni “Las Crónicas de
Narnia” son exclusi-vamente libros infantiles, sino que su
profundidad hace que su lec-tura también sea provechosa para
mayores.
En Narnia
hay gente buena e individuos malvados. Es un mundo de
contrastes, intencionadamente simple para mostrar sin confu-sión
la bondad o maldad de los comportamientos de los hombres, para
quedarse con lo esencial al despojarlo de los matices
acceso-rios. Con esta licencia literaria y cinematográfica, los
castores son presentados como seres dulces y que invitan a la
confianza –de ellos provienen los mejores golpes de humor–,
mientras que los lo-bos se convierten en prototipos de la maldad
y la impiedad. Frente a una gélida y ambiciosa Bruja Blanca se
erige Aslan, el león que sabe del poder del amor para perdonar y
curar las heridas más pro-fundas, que es capaz del ofrecerse en
sacrificio para salvar al joven Ed. Lucha, por tanto, entre el
Bien y el Mal en una batalla sin cuar-tel para que Narnia
recupere su primavera y sus Navidades, o lo que es lo mismo,
para que el Amor vuelva a los corazones de los hijos de Adán y
de Eva y al resto de criaturas.
Como decíamos, la película es muy fiel a la obra de Lewis, y
todo lo dicho hasta aquí es aplicable al trabajo de Adamson, que
mantiene figuras, nom-bres y hechos que aluden sin rubor a la
pasión voluntaria de Jesucristo para salvar al hombre caído, así
como a su lucha con el demonio o a su segunda venida. El
director neozelandés do-ta a sus imágenes de toda la fuer-za
visual de la epopeya heroica, con panorámicas y movimientos de
cámara que surcan cielos y pa-rajes nevados, con una fotografía
que crea ambientes cálidos o si-niestros según convenga, y
con una banda sonora envolvente que lleva a los protagonistas –y
al espectador– a un mundo de ges-tas caballerescas, como en las
mejores películas del rey Arturo. Los efectos digitales también
ayudan en la animación de los fau-nos, centauros y demás
animales –con gestos de gran expresivi-dad, donde se ve el
oficio de Disney–, y donde sólo flojea en algu-nas secuencias a
la hora de insertar las figuras humanas en el en-torno del león,
pues se dejan ver las transparencias y limitaciones informáticas
–por supuesto, siempre que el punto de referencia sea “El Señor
de los Anillos”, que dejó muy alto el listón en este aspec-to–.
Nueva
épica de proporciones fantásticas y riqueza humana, que
encantará al público infantil y juvenil, y que entretendrá a los
mayo-res, pues las más de dos horas se pasan en un suspiro.
Película ideal para estas Navidades, que también invita a leer
las siguientes Crónicas de Narnia, libres de la servidumbre
creativa de Rowling –también “Harry Potter” tiene claras
influencias de Lewis–. Una vez más, sólo hay que echar la
imaginación a volar, perder un poco de escepticismo imperante
para ganar en inocencia y decidirse a acceder a un mundo
distinto, donde la guerra brilla por su nobleza al responder a
la lucha contra lo que rebaja al hombre y no a intere-ses
económicos y mundanos.
Calificación:
    
Imágenes de "Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el
armario" - Copyright © 2005 Walt Disney Pictures y Walden Media. Distribuida en España por Buena Vista
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títulos de los libros, personajes y escenarios originales de los
mismos son marcas registradas de C.S. Lewis Pte Ltd. Todos los derechos
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